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jueves, 30 de noviembre de 2017

AGUAFUERTES ESPAÑOLAS

Aguafuertes españolas
Roberto Arlt
Renacimiento
Sevilla, 2015
200 páginas

La pobreza cabal

De lo que se trata, finalmente, es de intentar ser verídico. Tanto en la vida real como en la literatura. De lo que se trata es que en la medida de lo posible, las existencias sean cabales, espontáneas, limpias. La existencia propia. Las existencias de los que nos salen al paso. Las existencias de los personajes literarios. Y lo que juzga Roberto Arlt (Buenos Aires, 1900 – 1942) como espontáneo, limpio, cabal, es algo que no parece tener lugar fuera de la dignidad de la pobreza.
En 1936 emprende un viaje por el sur de España y el norte de Marruecos, todavía bajo protectorado español y más vinculado a Andalucía que a Galicia. Roberto Arlt es uno de esos viajeros insólitos. De entrada, él abandona su país reconociendo los prejuicios que allí aprendió acera del territorio que va a visitar. Y reconociendo, al mismo tiempo, de dónde viene él. Y a lo largo del viaje, manifiesta sin cortapisas las comparaciones entre lo que presuponía y lo que va encontrando. Relaciona las diferencias entre ambos mundos, al indagar buscando esas estampas tradicionales. Luego las desgrana y las descripciones de Arlt son una demostración de por qué fue uno de los grandes escritores argentinos del siglo XX: cada descripción es una fotografía empática. Arlt viaja con todos los sentidos y extrae una experiencia que podríamos llamar, con riesgo de ser cursis, como sentimiento. Sin descanso, no cesa de enunciar su viaje; pero ya la selección de lo que encuentra es toda una declaración de la forma de mirar. Y en ella impera la sorpresa. Para Arlt no tendría sentido viajar sin sorprenderse. De ahí que separe lo turístico de lo real, de ahí esa atracción por las castas bajas, por las mujeres sufrientes bajo una idiosincrasia que los hombres llaman cultura o tradición, para justificar su holgazanería. De ahí, también, ese gusto por relacionarse con los oficios que le llevan a un mundo medieval.
Roberto Arlt para primero en Cádiz para romper suelas en las calles, para acompañar a los pescadores, para contemplar la agricultura presidida por los molinos de viento. A continuación, sufre los prolegómenos de la Semana Santa sevillana; el exceso de folclore sin auténtica fe, el fervor cuyo único objetivo es ser barroco por la ambición de ser barroco. Y va prestando atención a la España mozárabe. Lo cual no terminará de servirle de orientación en su paso por Marruecos, por las muchedumbres de Tánger, por los beligerantes de la supervivencia, que para los turistas son pintorescos y para él luchadores. A lo largo de varios capítulos, los datos se suceden en cascadas visuales, productos de la emoción. Hasta que llega a Tetuán donde termina por sentir tan vívidas las sensaciones que confiesa enamorarse del lugar.
Finalmente, durante sus días en Granada se olvida de los monumentos. Incluso muestra algo más que una decepción agresiva frente a la Alhambra, porque nada hay más mezquino que los tópicos con que intentan venderle esas estampas. Y alejándose del arte, termina su viaje mostrando el gusto por la compañía. En este caso, por los gitanos que viven en cuevas. En 1936 todavía se trataba de un barrio marginal, lleno de gente pobre y por tanto cabal. Hoy es una atracción turística más.
Arlt fue un escritor con un estilo en ebullición, enérgico y con más voz que canto. Fue un gran escritor tanto en la ficción como en sus crónicas. Uno de esos escritores de los que se podría leer, sin decepcionarse en más de dos párrafos, las obras completas. Resulta un gran acierto recuperar sus Aguafuertes españolas.

 Fuente: La línea del horizonte

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