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viernes, 9 de junio de 2023

DESVÍO A TRIESTE

 

Desvío a Trieste

Javier Jiménez

Fórcola

Madrid, 2023

334 páginas

 



Placer es lo que le hace a uno darse cuenta de que no está muerto, y es algo que brota muy de vez en cuando. Si uno sabe dónde encontrarlo, lo mejor es salir en su búsqueda, pues más adelante apenas le quedará otra cosa que el recuerdo de los labios de la primera persona que besó y ver asomar el sol cada mañana. Uno tiene derecho a crear sus propios mitos, que le ayudarán a sentir placer, y hasta tiene derecho a intentar explicarlos, a pesar de que la razón puede liquidar parte del misterio que los sostiene. El mito, por definición, intenta explicar aquello que no puede aclarar la ciencia. En cualquier caso, si se pretende entrar a conversar con él, lo mejor es hacerlo a través de una declaración de amor. Este es el ejercicio que ejecuta Javier Jiménez (Madrid, 1970) en esta obra, Desvío a Trieste, en la que da fe de sus pasiones, de sus filias, con lo cual uno reconoce que dedicar los minutos a los odios y las fobias es una pérdida de tiempo.

El libro se sostiene sobre los viajes a Trieste, pero no tanto los protagonizados por el autor físicamente, que apenas aparecen mencionados, sino por los que le orientan hacia ese lugar, en un recorrido cultural. Iremos revisando historia, literatura, música, arte, espacios, iremos comulgando con personajes históricos y con conflictos, se nos describirá la vida de aquellos que dejaron registro y, por tanto, son a quienes nos resultará más sencillo conocer, son gente con algo de fama. La formación de Javier Jiménez será la alguien con intereses de erudición, teniendo a la erudición por una cultura elegante, pero que está al acceso de cualquier persona. Aunque la ilustración, pues hablamos de un autor ilustrado, tendrá cierto tono de impostación, dado que la memoria que salta al texto es una combinación de memorias prestadas: el libro está colmado de citas, la aparición de las comillas es una constante, y en ese sentido el mérito está en saber traerlas a colación sin interrumpir las reflexiones ni el interés. Al final del volumen, se nos entregará un índice onomástico de casi veinte páginas.

Aunque esta estrategia nos lleva a pensar, en ocasiones, si el autor no estará sustituyendo cultura por la cultura. Podríamos considerar que hay bastante de academia en las fuentes, que si se nos habla de historia o de mundo artístico, se nos está hablando de la historia oficial o del arte oficial, de aquello que aparece en los libros de texto, pero que Javier Jiménez maneja en profundidad y gestionando las asociaciones oportunamente. Sin duda ha leído muchas biografías y hagiografías, tantas como para llevarnos a pensar que nuestro autor vive el pasado como un deseo. Por utilizar la expresión de Magris de la que se sirve el propio Javier Jiménez, siente «nostalgia de pureza». En la educación sentimental del autor está muy presente eso que conocemos como sensibilidad estética, y que en este caso se traduce en escuchar a Debussy, pasear por el museo del Prado o leer a Mauricio Wiesenthal. Aunque las notas musicales, las lecturas y las miradas parecen no terminarse nunca. Estar enamorado de las sensaciones y emociones que estas experiencias le producen a uno supone, cómo no, un cierto narcisismo artístico del que el lector podrá aprovecharse con gratitud, si siente que este modelo de cultura comulga con el propio o que debería ser mucho más frecuente si se quiere que el mundo sea mejor. En caso contrario, coloca al autor en un lugar diferente y le llevará al lector a preguntarse algo así como: vale, tú allí y yo aquí, y ahora ¿qué? Porque Trieste debe ser, y ha debido ser algo más que Joyce y Svevo, que la ópera y la pinacoteca; Trieste también ha debido ser el barro que pisaban las criadas y los porqueros, sobre el que también nos gustaría tener noticia. Pero esa suele ser labor de novelistas más que de historiadores o de, como en este caso, filólogos de la cultura.

jueves, 12 de diciembre de 2019

HÉROES DE LA ANTÁRTIDA


Héroes de la Antártida
Javier Cacho
Fórcola
Madrid, 2019
355 páginas

¿Existe la literatura geográfica? Javier Cacho (Madrid, 1952) está empeñado en demostrar que la geografía no es una ciencia, o al menos no lo es en el mismo sentido en el que se nos inculcan las ciencias en las academias. Todos sabemos que la literatura histórica refleja los efectos de la historia, pero no la reseña puramente, como se reseña en los libros de texto. Y Javier Cacho nos acerca a una visión semejante en literatura geográfica. Es cierto que hay historia, sobre todo en esta última entrega, en sus Héroes de la Antártida, pero la lectura de los relatos es de un corte de viaje, de aventura, de valor, en función de las condiciones y los descubrimientos de una tierra hostil, fría, dura y magnética. Para Javier Cacho los lugares extremos, los polos geográficos, son a la vez el Edén y el Antiedén, que se puede asemejar al infierno, pero, a diferencia de éste, hay almas capaces de adorarlo.
El libro nos aproxima a la historia de los navegantes y exploradores que se acercaron hasta el continente de la Antártida en una época en la que se desconocía su existencia, en una época en la que todavía se pensaba que más allá de los límites de los mapas conocidos podía haber abismos y dragones. Los abismos resultaron ser farallones blancos, algunos de cien metros de altura, y los dragones una fauna en la que destacaban las focas y las ballenas. Ambos animales, su caza y su explotación, marcaron décadas, condicionaron viajes y supusieron destinos de miles de almas que, ahora se nos antoja que a la desesperada, marcharon a buscar fortuna en aguas tormentosas. Pero antes de llegar a algo que podríamos llamar exploración comercial, y que supone alguno de los capítulos más emotivos del libro por la implicación ecológica que nos maldice al mirar por encima del hombro, Javier Cacho nos habla de los que se atrevían a abrir fronteras, a encender la luz para explorar el final del túnel. Y mientras leemos estas aventuras, con sus desdichas y sus reconocimientos escondidos, no podemos dejar de preguntarnos qué motivación utilizaban como combustible los exploradores. El libro no intenta explicarnos la consistencia de espíritu, la condición humana o los demonios que se apoderaban de estos héroes. En ese sentido, Javier Cacho acierta al mantener un carácter de registro, exhaustivo, didáctico, noble, respetuoso, en lugar de adentrarse en lo que muchos llamaríamos locura desde el calor del sofá. Pero la sucesión de peligros y andanzas nos da lugar a pensar en una necesidad que se nos escapa.
Se trata de la misma necesidad que empuja a subir a los ocho mil metros, a sumergirse en la Fosa de las Marianas, a navegar en kayak todos los afluentes del Amazonas. Se trata de ese motor humano que eleva la curiosidad, sin cual seríamos poco más o menos otro patrón animal. Se llama curiosidad y se lee rebeldía, porque el libro contiene toda la dureza que es capaz de soportar el ser humano, y también todos los dramas a los que se llega a exponer de una forma que no sabemos si llamar voluntaria o que surge de algún lugar de las entrañas, y con idéntica naturalidad que surgen las manzanas en los manzanos. Nos sorprende, eso sí, los cambios que ha experimentado la humanidad en cuanto al sentido del paso del tiempo. Entonces una expedición de tres años se afrontaba con una naturalidad similar a la que ahora nos supone atravesar un fin de semana. Solo es un dato, pero vamos comprobando cómo un solo acto, arrojado, salvaje, duradero, bastaba para justificar toda una vida, en contra de nuestro presente, en el que no podemos dejar de rellenas los minutos con cambios constantes de atención. Aunque solo sea por esa conclusión, merece la pena leer este Héroes de la Antártida.
Luego está la pregunta, porque se trata de una obra que abre más cuestiones de las que cierra, acerca de si deberíamos estar hablando de leyendas que no han tenido su reconocimiento, de mitos sin fraguar. Es posible que no seamos capaces de gestionar el género de este ensayo, si es geografía, historia o biografía, como no sabemos si debemos leerlo como leemos un mito o una leyenda, pero lo que es indudable es que hay épica. Y en una época en la que lo cotidiano nos aturde, en que lo gris desciende a plomo sobre nuestras cabezas, la épica es algo más que una tabla de salvación: es una necesidad, un motivo. Es el equivalente al Edén.

Fuente: La línea del horizonte

lunes, 19 de noviembre de 2018

FRAM


Yo, el Fram
Javier Cacho
Fórcola
Madrid, 2018
205 páginas

Hasta la lectura de este Yo, el Fram, no nos hemos dado cuenta de en qué consiste el proyecto literario de Javier Cacho. Ha tenido que ser un giro en su voz narrativa, que de la segura del biógrafo pasa a la personal de un barco con alma, para que podamos percibir que todas las aventuras que nos ha narrado, las expediciones árticas y antárticas, en realidad versan sobre el mito de Prometeo. La paradoja está servida: nada hay más alejado del fuego que las superficies eternamente heladas. Pero ese territorio es, en sus obras y aquí expresado desde un punto de vista que permite mirar a los hombres sin participar de sus costumbres y las fuentes de la educación, un lugar al que los aventureros se arrojan para robar el fuego de los dioses. Ese fuego es la pasión; pasión por sentir la vida hasta en las raíces de los dientes. Ese fuego es lo que podemos robarle a los dioses para ser, como ellos, algo más eternos. Es un resto de locura, sí, tanto por el hecho de intentar el latrocinio como por la suerte de quien lo consigue, aunque sea de manera efímera: pasará la vida encadenado, mientras un buitre le roe el hígado. Ahí están todas las biografías de Robert Scott, en la que el factor común es la desgraciada muerte, o las de Amundsen, tan elevado a los altares por el éxito, pero maldito en su última suerte: nadie, excepto él, podía intentar el rescate de alguien por quien no sentía cariño, y fallecer en el intento. Algo diferente es la de Nansen, cuya astucia permitió el desarrollo de las posteriores expediciones polares, si bien terminó sus días alejado de los grandes territorios, en despachos diplomáticos.
Fue la astucia de Nansen, precisamente, la que concibió la construcción del protagonista y narrador del libro, el buque Fram. Su idea partió de una cáscara de nuez, algo de tamaño pequeño, pero más difícil de hundir que un portaviones. Era una época en la que por los astilleros corría mucha madera y apenas el hierro forjado de los clavos. La época en que las expediciones no duraban meses, o incluso semanas, sino años. Cuando las posibilidades de no volver a ver a alguien eran altísimas. Esa época de la exploración tuvo por buque insignia al Fram. Creó un modelo del que muchos otros copiarían las ideas. Pero nadie superaría. Con él Nansen batió el registro de aproximación al Polo Norte y Amundsen haría del barco su campamento itinerante durante su conquista del Polo Sur. Será el propio Fram el que nos hable sobre los hombres y las bestias en la cubierta, sobre la pasión y la codicia, que se conjugan en el interior de sus pobladores. Y lo hará con toda la entereza de ese sentimiento que tanto nos mueve, y que a falta de un nombre menos gastado llamamos amor. El narrador se descubre ante el ingenio de los hombres, reza por ellos y siente sus alegrías y sus dolores. Es un buque compasivo, alguien que sin tener los órganos de los sentidos, siente con los cinco propios del hombre a través de cada parte de su cuerpo.
El Fram nos mostrará el orgullo que supone tener una patria sin nación. Vino al mundo para dar testimonio de los hielos, sí, pero también del océano. De hecho, la obra podría integrarse en la literatura del mar sin complejos. Como todo este género, nos habla de la aventura, de gente que olvida el pasado para construirse una vez que deja de ver las costas donde nacieron. Es, también, una especie de novela de iniciación, y al final un canto a un tiempo que nos hubiera gustado conocer más de cerca, en primera persona o a través de las conversaciones con quienes navegaron en él. Como el capitán Oscar Wisting, quien viéndolo ya anclado en la nave que le sirve de museo, pidió permiso para dormir una última noche en su antiguo camarote; y allí cerró los ojos hasta el fin de los días. Es una obra nostálgica, en la que, por suerte, Javier Cacho no se deja llevar por el sentimiento de tristeza, sino por el orgullo de reflotar el Fram durante unas pocas horas.

miércoles, 2 de mayo de 2018

LA MONTAÑA Y EL ARTE

La montaña desde la pintura, la música y la literatura

Eduardo Martínez de Pisón nos vuelve a demostrar que la vida de contemplación es tan intensa como la vida de acción con ‘La montaña y el arte’, un ensayo enciclopédico que se define por el subtítulo del libro: Miradas desde la pintura, la música y la literatura.

El final de una vida se representa con la carencia de luz, con el apagón, con la mirada que no es capaz de encontrar otra cosa que no sea oscuridad. De alguna manera, todos comenzamos a perder esa capacidad de ver en un momento y nos quedan colores sin formas o sombras sin objeto. Uno es muy superficial y confunde el alma con la mirada. Según esa teoría, quedarse ciego es casi lo equivalente al alzheimer, perder los veintiún gramos, que se te escape el alma. Pero mientras exista la memoria, pura paradoja, basta con cerrar los ojos para reproducir los cuadros. Eso por no hablar de los sonidos, desde la música de réquiem, de la que todavía nos burlamos, hasta la del narrador que relata su hazaña en la montaña. Esta mañana, el narrador ha descubierto una seta de veinte kilos agazapada bajo un roble. Con esa memoria de lo más sagrado, del alma, es con la que Eduardo Martínez de Pisón (Valladolid, 1937) afronta este ensayo, tal vez el último, tal vez la coda a toda una vida. Si hasta la fecha le habíamos leído con su inconfundible estilo oral, didáctico, pedagógico, emotivo, en esta ocasión son demasiados los homenajes a los que debe dedicarse como para que el estilo se imponga. Lo que acontece se llama enciclopedia. Una enciclopedia que se define por el subtítulo del libro: Miradas desde la pintura, la música y la literatura, pero cuyo contenido es la alegría. La alegría única, la sincera, la sagrada, que es la alegría de haber vivido.
Esas son las montañas que él ha conocido, con tanta intensidad como un gran atleta. Es posible que Denis Urubko o Simone Moro sean millones de veces mejores alpinistas que Martínez de Pisón. Es seguro. Pero ese no es el fin de la vida y la obra de nuestro catedrático. Eduardo Martínez de Pisón nos ha demostrado, a lo largo de sus días y sus noches, que la vida de contemplación es tan intensa como la vida de acción. De eso versa este libro, de eso y de las formas que toma la visión de la montaña, de la alegoría, de la metáfora, de la mitología, del concepto de la inteligencia emocional, de la imagen que nos construye y nos modifica para hacernos mejores. Su forma de exploración, a pesar de todos los conocimientos geográficos que almacena en su cerebro y en su buhardilla, ha sido más poética que cartográfica. Para él no hay sabiduría sin entusiasmo, que puede surgir no solo en la montaña, sino frente a la representación de la montaña. La ciencia que estudia la montaña será, por tanto, algo que surja del asombro y termine en el respeto.
Eduardo Martínez de Pisón
En cuanto al contenido, basta echar un vistazo al índice y saber que seguirá un registro cronológico. El Romanticismo precederá al Impresionismo, y éste al Expresionismo, tanto en música como en pintura. Pero siempre tomando como referencia las que para él son las montañas por antonomasia: los Alpes.
Más espacio ocupa el terreno dedicado a la literatura. Entre otras razones, porque donde no existen obras maestras, Eduardo busca lo significativo. Es capaz de adjudicar el género de literatura de montaña a La Divina Comedia, solo para equilibrar a la literatura del mar, que se presenta con La Odisea. Ni una es literatura de montaña ni la otra literatura del mar. El viaje de Ulises sucede en el Mediterráneo porque no había otra forma de desplazarse más rápido por tierra en aquella época. En todo caso, sería literatura itinerante. Y la obra de Dante presenta sus cuestas, sus conos ascendentes y descendentes, pero aunque tome el aspecto de montaña, es poesía que intenta representar algo que, perdonen el arrojo, uno llamaría literatura espiritual. Ahí sí que Martínez de Pisón acierta, ya que la montaña ha representado, en todas las culturas, la ascensión a lo divino. Mientras que la versión negativa de la montaña, que son los conos volcánicos, directos a la lava, representan la caída a los infiernos.
Pero la montaña está no solo en los registros de literatura religiosa. Martínez de Pisón indaga en su biblioteca personal para incluir en la relación tanto el Nature Writting como las ficciones de los montañeses; los libros de los guías más sensibles, como los clásicos franceses, y alguna ficción entre la que no sabemos por qué razón, al margen de la conciencia de su memoria, considera que Primero de cuerda es mejor literatura que En solitario. Frisson-Roché está a años luz, en términos literarios, de James Salter, aunque En solitario no sea su mejor obra y Gary Hemmngs todavía esté esperando una biografía con el estilo beatnikque se merece.
En realidad, Martínez de Pisón relaciona sus filias. Su predilección por Samivel y Buzzati, por la montaña interior, sus dudas a partir de los textos de Chateaubriand y Ortega y Gasset, a quienes no les interesó la montaña tanto como creemos que se merece. Las secuelas de Horizontes perdidos, Pearl S. Buck, Erri de Luca y un libro para partirse de risa, una parodia de las grandes expediciones, escrito por W.E. Bowman: Hasta arriba. También aparecerán, en los capítulos que no le queda más remedio que dar cuenta, los pirenaicos y el resto de España, Unamuno, George Sand, Víctor Hugo, los campesinos, el norte, Guadarrama, los balnearios o el contrabando como motivo de ficción, y esa obra fallida pero bienintencionada que es La lluvia amarilla. En cualquier caso, el libro, como él mismo comenta en algún pasaje, parte de un principio básico: en una época en que consideramos héroes a los atletas del Himalaya, hay que reivindicar que el montañismo necesita de la naturaleza y del paisaje.

domingo, 25 de febrero de 2018

SHACKLETON


Shackleton, el indomable
Javier Cacho
Fórcola
Madrid, 2013
508 páginas



En una entrevista que concedió mientras preparaba la expedición del Endurance a la Antártida, Ernest Shackleton (Kilkea, Irlanda,  1874 - Georgia del Sur, 1922) describe los criterios con que se rige a la hora de elegir a los hombres que le acompañarían en una de las mayores hazañas de supervivencia de la historia del hombre: por orden riguroso, su prioridad era el optimismo, seguido de la paciencia; a continuación colocaba la fuerza física, después el idealismo y, por último, el valor. Y luego explicaba que todo hombre es o puede ser valeroso, pero que el optimismo contrarresta la desilusión, la impaciencia lleva al desastre y la fortaleza física no basta para neutralizar las desdichas del ánimo. Al margen del análisis psicológico sobre la tesitura del hombre que pasa por apuros, lo que hace Shackleton, en buena medida, es buscar a Hércules. O transformarse él mismo en Hércules, en un tipo cuya fuerza radica no tanto en su musculatura como en su certeza de la amistad, la lealtad, la bondad, la desesperación entendida como la necesidad de luchar contra el destino que parecen haber escrito para nosotros los dioses. Y la convicción de que la victoria no es derrotar al adversario, sino mantener la dignidad en la lucha.
Con este espíritu es como Shackelton protagoniza un episodio de la exploración que transforma la epopeya en una de las bellas artes. Atrapados en el hielo, con su barco, el Endurance, destrozado y devorado por el océano Antártico, un grupo de hombres se dispone a regresar a casa. Para ello cuentan con unos botes que deben arrastrar, el equipamiento básico, algunos perros y trineos y, sobre todo, un capitán capaz de transmitir la convicción de que ni siquiera la muerte es una derrota, de que si nos caemos es para aprender mejor que nos podemos levantar. Shackleton se nos presenta, en esta biografía escrita por Javier Cacho (Madrid, 1952), como un hombre poderoso, obstinado, puro, un tipo de principios, gran lector, muy religioso, generoso, sincero hasta la hecatombe, testarudo, consciente de su propia fuerza, sabedor de que hay algo especial dentro de él y, por encima de todo, pasional, muy pasional. El debate que nos deja la lectura de este Shackleton, el indomable, se refiere a la cualidad y el tono de la ambición del explorador irlandés.
Para presentarnos o volver a introducir en nuestras vidas a alguien que mereció no salir de ellas, Javier Cacho recurre a una estrategia sencilla, a una presentación cronológica de la vida del protagonista. No hay vaivenes temporales, como tampoco alardes prosísticos. Se trata, en definitiva, de convertirse en un buen divulgador. Anteriormente lo había hecho con el duelo entre Scott y Amundsen (Amundsen-Scott, duelo en la Antártida. La carrera al Polo Sur, Fórcola, 2011), en un programa como escritor que rinde tributo a su propia experiencia científica en la Antártida. Y para cumplir con su proyecto, se embarca en un minucioso estudio documental. Y pasa a ser exhaustivo cuando los personajes participan de las rutas antárticas. Y siempre manteniendo la distancia del narrador que reconoce, pero que no pretende transmitir la emoción con su estilo, dado que la emoción ya la puso Shackleton con su actuación sobre la Tierra. Una actuación que nos lleva a plantearnos la necesidad de este libro. Se trata, al parecer de Javier Cacho, no ya de reivindicar una épica, un lugar donde el sufrimiento físico y el terror, donde pasar hambre, sed, frío y sentir la mugre en la piel alcanzan cotas que bailan de un lado a otro del umbral de lo hermoso, sino de mostrarnos que hay un mundo que ha desaparecido que merece la pena leer. A la espera de que nos llegue la gran obra, posiblemente en forma de película, sobre Shackleton, no está de sobra pasar unas horas en su compañía a través de obras como la de Javier Cacho.

 Fuente: La línea del horizonte

viernes, 9 de febrero de 2018

LOS TRES DIOSES CHINOS


Los tres dioses chinos
Toni Montesinos
Fórcola
Madrid, 2015
166 páginas

La mala prensa entre la población viajera se ceba, por encima de todo, en los viajes organizados. Cualquiera que haya pasado dos meses recorriendo Tailandia con una mochila de dos kilos que contenía una caja de aspirinas y un bañador, las chanclas y el cepillo de dientes, se denominará a sí mismo como viajero, o como mochilero si no ha superado los treinta años. A su juicio, esas parejas que emprenden lunas de miel en circuitos organizados se están perdiendo la esencia del viaje. Un recorrido programado desde una agencia es, a sus ojos, una cuarentena. Para conocer la India uno debe haber comido pescado podrido y saturado de especias en un mercado a las afueras de Nueva Delhi, y no limitarse a bajar de un autobús con aire acondicionado para fotografiarse delante del Taj Mahal. Los mochileros, los viajeros que abandonan su país con nada más que el billete de avión y la guía Lonely Planet bajo el brazo, creen que esos otros turistas no están cumpliendo sus verdaderos sueños. Que no se atreven a otra cosa que no sea traicionar los auténticos ideales.
Sin embargo, cualquier forma de viaje, cualquier recorrido atravesando geografías antes desconocidas, no deja de ser una forma más o menos sofisticada de turismo. Como indica Toni Montesinos, que en este libro en que relata su paso por Nueva York, Pekín, Xian, Shangai y Hong Kong en un circuito organizado, el formato no implica que las sensaciones sean más o menos laberínticas o despejadas. O, para igualar cualquier versión del viaje, cita a Schopenhauer: “La vida nómada, que caracteriza al grado más bajo de civilización, vuelve a aflorar en el más alto merced al fenómeno del turismo, que hoy todo el mundo practica. La primera nació espoleada por la necesidad; el segundo, por el tedio”.
Pero, necesariamente, esta elección lleva a Montesinos a un viaje en el que el protagonista es el “yo” que recorre los lugares. No hay apenas encuentros, no hay diálogos, no hay personas. Hay paisaje. Hay hedonismo, que se compensa con la sabiduría de Montaigne o de Thoreau, siempre presente en el pensamiento de Montesinos. Esa combinación es lo que le da su forma de ver, una estética que define cómo ha aprendido a vivir. Para llevarnos de la mano, relata en presente y a un ritmo veloz, con una prosa desatascada. Acumula datos, referencias, registros, sin pausa. Así se obsesiona por dar forma a una voz, porque es la que define lo que ve, que en buena medida son lugares comunes a cualquier turista, pero tamizados por una pequeña dosis de anhelo por ser crepuscular, y por mostrar admiración. Montesinos es consciente de que está visitando la máscara del país. Como ejemplo más claro de ello, se refiere a la transformación del budismo en atracción para los turistas. Así pues, no le queda más remedio que buscar los detalles que hablen del corazón del país: el respeto, la delicadeza. El libro se convierte, así, en un contraste entre la desolación y la ilusión. Una ilusión que implica incrustar digresiones subjetivas, divagar, ensoñar, reflexionar.
Toni Montesinos viaja a China sabiendo con certeza la fecha de regreso. Con demasiada certeza. De ahí esa necesidad de pasarlo bien por la conciencia de lo efímero. Y al igual que cualquier otro turista, en estos tiempos, ve más los paisajes a través del vidrio de la cámara de fotos o de la pantalla del Smartphone, Montesinos siente la compulsión de escribir con inmediatez aquí y allá; para él es fundamental esa sensación de objetividad que da el ser espontáneo. Gracias a lo cual, el lector puede relajarse con la frescura con que está escrito este libro.

Fuente: Culturamas


LOS PAÍSES INVISIBLES


Los países invisibles
Eduardo Lalo
Fórcola
Madrid, 2016
150 páginas

Lo invisible, maldita sea, es sólido. Hasta un país, por muy invisible que sea, es sólido. Lo que tal vez no se solidifique sea un viaje. Un viaje es éter. Nada. Al menos eso parece decir, por momentos, Eduardo Lalo (Cuba, 1960). Porque o lo que uno ve en el viaje es lo mismo que se encuentra en cualquier lugar del mundo, o lo que está visitando se ha convertido en un parque temático. En cualquiera de los dos casos, uno no ve lo singular. El propio Eduardo Lalo no tiene ningún rubor a la hora de confesar que en algún lugar del mundo -Londres, Venecia, Madrid, Valencia- ha comido en un McDonalds. Ese restaurante es tan global como los top manta vendiendo imitaciones de los productos más caros que los ricos ambicionan en todo el mundo. Lo que finalmente sucede, nos viene a decir el autor, es que lo hipervisible termina por no verse.
Para ello escribe uno de esos ensayos que se van construyendo a medida que se redactan: uno tiene muy claro lo que quiere decir, hacia dónde apuntar, cuál es la tesis. Pero no existe viaje en el que no sucedan imprevistos. Y uno de esos viajes es la escritura de este ensayo contundente, hijo de autores que han influido en Lalo de la categoría de Cioran. La forma de expresarse delata al maestro. Los países invisibles es un ensayo psicosociológico que parte de la inexistencia de Puerto Rico, el país donde vive el autor, el primero de los países que pasó de no ser a ser global. Ese malestar le lleva a disputar entre párrafos dos ideas: por un lado la exigencia de hacerse visible, por otro la aceptación de la invisibilidad. De ahí ese extrañamiento que le supone al autor la vuelta a Puerto Rico tras un paso por Europa que le deja marcas como la de Carmen Martín Gaite. Recordar a la escritora salmantina, a la amistad que mantuvo con ella, le ayuda a reflexionar sobre el oficio de escribir. Los que mejor escriben, o los que mejor se expresan, esos sí poseen un discurso. A ellos son a los que mejor se les ve.
Por el contrario, nadie es tan invisible como un condenado, excepto un bendito. Y estos se encuentran, por arte de una cultura fundacional que en realidad es un código de los media, en que la cultura es blanca, europea y anglófona. Al menos la cultura visible. Todos los demás, africanos, hispanos, asiáticos, “tendrán para siempre el adjetivo identitario atado a sus esfuerzos”. “Al final uno se encuentra siempre con el perro de Ulises”, afirma, para resolver eso que le incomoda al regreso. A partir de ahí busca quiénes le pueden salvar, gente que fue exiliada en un país invisible, como Diógenes o Robinson Crusoe. Es así como escribiendo desde la supuesta invisibilidad, Eduardo Lalo confiere al texto una intensidad tan transparente como lúcida y barroca.

Fuente: Culturamas

viernes, 5 de enero de 2018

Cómo afrontar los días con menos sol y más literatura

Fuente: Sal&Roca

Hemos pensado que, en esta ocasión, para los días con menos luz y más frío, para los días en los que uno ha de rascar un poco los bolsillos, merecía la pena buscar algún libro que le haga a uno quedar como un rey si lo regala, y como una reina si lo lee. ¿O tal vez sea al revés?

Este año nos hemos propuesto fomentar la mejor literatura de cara a las próximas vacaciones. Nuestro trabajo es recomendar libros que relacionen la montaña o el mar, con más o menos riesgo, con los libros. Llevamos mucho tiempo dando cuenta de memorias de aventuras en cimas y navegaciones; de experiencias al límite y de programar una vida alrededor de la incertidumbre; de apañarse con cuatro duros para poder dedicarse a la pasión o de rendir homenaje a alguna hazaña. Por aquí han pasado clásicos de la expedición polar o diarios de ruta de algún aventurero occidental. Y siempre hemos querido guardar algo de nuestras fuerzas para los que transmiten tantas ganas de vivir como, por ejemplo, Kilian Jornet, cuyo último libro Summits of my Life (Now Books) recomendamos, sin duda, aunque no aparezca ahora. Aparecerá. Porque hemos pensado que, en esta ocasión, para los días con menos luz y más frío, para los días en los que uno ha de rascar un poco los bolsillos, merecía la pena buscar algún libro que le haga a uno quedar como un rey si lo regala, y como una reina si lo lee. ¿O tal vez sea al revés?
el-atlas-fantasma


El atlas
El atlas fantasma. Grandes mitos, mentiras y errores de los mapas
Edward Brooke-Hitchings
Blume



Entre impostores y torpes, entre navegantes despistados y bebedores que se dejaban llevar por la imaginación, entre cartógrafos presumidos y conquistadores de palacio capaces de cualquier cosa por un ducado real, Edward Brooke-Hitchings rescata historias fantásticas que podrían haberse presentado en otro formato. Pero la editorial Blume ha escogido el del Atlas, con sus mapas clásicos, su papel cuché, su maquetación de lujo, su encuadernación de fábula. Un libro que aparenta ser de los que uno ojea, pero cuyo contenido no decepcionará a todos los que hayan disfrutado de obras como Fuera de mapa (Blackie Books) o Atlas de islas remotas (Nórdica y Capitán Swing). Ojo: estos dos libros también van en el lote de los mejores regalos.
Una recopilación de los «fantasmas» geográficos más destacados que han aparecido en los mapas históricos así como ficciones peregrinas de la historia, razas míticas y bestias destructoras de navíos... entre otros mitos, mentiras y errores cartográficos.
A partir de relatos fascinantes y hermosas ilustraciones, este atlas único presenta las creencias más disparatadas que han pasado a la historia, que mostraban una realidad solo existente en la imaginación de nuestros antepasados.
Se pensaba que en las tierras de la Patagonia abundaban los gigantes de 2,7 m de altura, se creía que la isla de California estaba separada del continente norteamericano y existía la certeza de que las montañas de Kong cubrían gran parte del continente africano.
Sandró-de-Cheguen


El viajero imaginario
Sandró de Cheguen
Fazil Iskander
Traducción de Fernando Otero Macías
Automática





Podríamos hacer un artículo solo enumerando las obras a las que le debe tanto este descubrimiento que Automática pone sobre nuestras mesas: desde El Quijote, claro está, hasta La vida de Kostas Venetis (Dos Bigotes), por decir alguno representativo de los grandes descubrimientos de libros en los que el personaje central se ve abocado a viajar. No son libros puramente de viajes. Aunque, en última instancia, todos los libros son viajes, pero sí pertenecen, por seguir la taxonomía filológica, a la obra itinerante. Así como Alonso Quijano nos llevó por las tierras de algo que ahora llamamos España, así como Tom Jones nos llevó por las británicas, Sandró de Cheguem nos lleva a Abjasia, que es un lugar que, desde que empezamos la lectura, no deseamos abandonar durante una temporada. El libro es una epopeya cómica.
Fazil Iskander es uno de los escritores en lengua rusa más destacados de la segunda mitad del s.xx, y Sandró de Cheguem es su obra más importante. Esta colección de historias, que giran en torno a la figura del tío Sandró, paradigma de la picaresca, y al destino de la ficticia aldea abjasia de Cheguem y sus habitantes, nace con la intención de infundir ánimo entre unos deprimidos compatriotas, mostrándoles una realidad muy distinta del «cruento carnaval de burocracia soviético»: la colorista «poesía de la vida popular», tal y como se respiraba en las alturas de Cheguem. La historia del tío Sandró es también la historia de Abjasia y de su gente, de sus costumbres y folklore, de sus supersticiones, miedos, esperanzas... y, al mismo tiempo, es parte de la historia de Rusia y de la Unión Soviética; por estas páginas desfilan, como uno más entre tantos personajes inolvidables, el Príncipe de Oldemburgo, Stalin o Beria. Con esta edición, que recoge los relatos más representativos del vasto universo creado por Iskander, pretendemos saldar, al menos parcialmente, una deuda pendiente con las letras rusas y presentar al lector en lengua española una de sus obras más universales.
Estambul

La ciudad total
Estambul. Ciudad y recuerdos
Orhan Pamuk
Traducción de Rafael Carpintero y Pablo Moreno
Literatura Random House



Podríamos haber buscado algo sobre Manhattan, o una suma de las infinitas obras que ahora mismo uno encuentra sobre Manhattan. Porque parece que no hay escritor que quiera morir sin haber dejado por impreso su idea de ciudad total a partir de la capital del mundo. Pero no. No, porque pensamos que las ciudades totales no son como Manhattan. Porque las ciudades totales contienen el caos total a la par que las dimensiones humanas. Eso es lo que sucede en Ciudad total (Literatura Random House), de Suketu Mehta, que es quien nos permite nombrar este capítulo, aunque, en su caso, trate sobre Bombay. Pero Estambul recoge detalles que son de aventura urbana, sí, de tercer mundo, sí, de la atracción oriental que denunciaba Edward Said por tomar a occidente como referencia del mundo, pero también recoge esa parte de occidente que somos nosotros. El Estambul de Pamuk podría ser también la ciudad de nuestra infancia. Por otra parte, la nueva edición de Literatura Random House merece un puesto de honor a la hora de valorar que todavía se pueden editar libros tan seductores que aturden.
Estambul. Ciudad y recuerdos es sin duda el libro más célebre de Orhan Pamuk. Su publicación en lengua española en 2006 y la obtención del Premio Nobel ese mismo año colocaron al autor en primera línea del panorama narrativo internacional, convirtiéndose en el gran referente de la literatura turca. El autor nació en Estambul y aún hoy sigue viviendo en el mismo apartamento familiar. El retrato de esta ciudad asentada en las ruinas de un imperio perdido, con sus decrépitas mansiones con vistas al Bósforo, así como de la familia de Pamuk y de los escritores y artistas que dieron forma a la percepción de la metrópoli, es a su vez un autorretrato refractado por el hüzün, la «melancolía turca» que comparte con sus conciudadanos, y por su propia memoria.
Desde la publicación original de la obra, Orhan Pamuk ha seguido ampliando su colección de fotografías de Estambul, seleccionando más de doscientas imágenes adicionales, provenientes de sus archivos familiares, de coleccionistas especializados en la ciudad y de fotógrafos como Ara Güler o Henri Cartier-Bresson, para incluirlas en esta nueva edición definitiva que además incorpora una introducción inédita. Como el Dublín de Joyce y el Buenos Aires de Borges, el Estambul de Pamuk es un victorioso y conmovedor encuentro entre un lugar y la sensibilidad de un gran autor de nuestro tiempo.
PORTADA_Dharma


Los clásicos
The Dharma Beats
AA.VV.
Varasek




Este es uno de esos libros que uno lleva recomendando meses y no se cansa de hacerlo. El trabajo de edición que han llevado a cabo Antonio Cordero o Beatriz Rubial, El diseño y maquetación de Javier Narváez y Eva García, al margen de las traducciones y los prólogos, coloca a esta obra entre los mejores regalos del momento. El libro es un homenaje a la generación Beat. Es cierto que fue un movimiento fugaz. Porque eso fue, un movimiento. Nada del estilo de una etapa del arte, no. De hecho, los protagonistas de la generación Beat se hubieran reído de saber que se les consideraría un referente cultural. Ellos se movían con la libertad que podían por las carreteras y por las calles. Y con esa misma libertad escribían bajo una única condición, tuviera la forma que tuviera el texto, ellos estaban reinventando la poesía. Los nombres que figuran en la nómina del libro no dejan lugar a dudas: Jack Kerouac, cuyo On the Road tal vez esté algo sobrevalorado como literatura, pero no como estilo de vida; Gary Snyder, nuestro favorito, el hombre que actualizó el concepto de salvaje y de naturaleza y del que Varasek ya ha publicado La práctica de lo salvaje, un libro precioso; y tres nombres que acompañan a los dos genios y que gracias a la editorial redescubrimos: Lew Welch, Philip Whalen y Michael McClure.
En una mezcla de romanticismo y budismo, los poetas beat abrieron los ojos al aspecto trascendental y luminoso de la experiencia, que en su caso se trasladaba al camino, la naturaleza, la camaradería y una nueva visión espiritual más vasta.
The Dharma Beats, el título de este libro, es un claro homenaje a “Los vagabundos del Dharma”, la obra de Kerouac donde aparecen los poetas que componen esta muestra, su relación con la filosofía oriental y su visión del universo. Reunir por primera vez a Jack Kerouac, Gary Snyder, Philip Whalen, Lew Welch, Michael McClure y Joanne Kyger bajo un mismo libro permite que descubramos poéticas beat en una antología, peculiar y única respecto a las traducciones que hasta ahora se han publicado en España. Una mirada más amplia y diversa a las poéticas de este grupo de escritores. San Francisco como cuna de la revolución cultural y literaria que sería la Generación Beat y también toda la contracultura hippie de los sesenta y setenta.
Nansen


El gran explorador
Nansen, Maestro de la exploración polar
Javier Cacho
Fórcola






Primero fue Nansen. Y con él se terminó todo. Porque nadie ha sido capaz de superarle. La especialidad del explorador noruego fueron los hielos polares. Sus registros se superaron rápidamente, pero no su mayor hazaña: gracias a él, nació la expedición polar como tal. Fue Nansen quien enseñó al Duque de los Abruzos o a Robert F. Scott, por no mencionar a Amundsen, cómo se debía realizar una expedición polar. Fue él quien diseñó el material, la ropa, la estrategia. Mientras en las expediciones al Himalaya los alpinistas llevaban ropa propia de un paseo por la región de los lagos, Nansen ya había ideado cómo afrontar el rigor extremo. Y ahora nuestro querido Javier Cacho, un científico de élite y un escritor que ya ha demostrado su valía, nos narra su historia. Cacho no olvida sus valores humanos, pues gracias a su experiencia, Nansen se hizo valer en la política internacional y creó un pasaporte para refugiados, válido en varios países, que le valió el premio Nobel de la Paz. Con este libro, Javier Cacho da por finalizada su trilogía polar. Si os gusta, que va a ser que sí, recuperan la biografía que escribió sobre Shackleton o la descripción de la rivalidad entre Scott y Amundsen.
Tras seducirnos con el relato de la trepidante carrera por la conquista del Polo Sur protagonizada en 1911 por Roald Amundsen y Robert F. Scott, y conmovernos con la historia de las hazañas y derrotas en la Antártida de Ernest Shackleton, Javier Cacho nos invita a conocer la intensa vida del maestro de la exploración polar Fridtjof Nansen (1861-1930). De porte atlético y distinguido, Nansen fue un magnífico jinete, experto esquiador y mejor cazador; hombre culto y buen conversador que hablaba varios idiomas, su cordialidad, su personalidad y sus dotes de buen orador causaron sensación. Idealista y soñador, como explorador Nansen revolucionó la técnica de los viajes polares y, con independencia de sus logros, se convirtió en la autoridad indiscutible en esa materia, a quien todos acudían en busca de consejo.
De formación científica, destacó por sus estudios de zoología, fue un gran especialista en oceanografía –propuso la teoría sobre los movimientos de las aguas profundas del Atlántico Norte–, y realizó contribuciones significativas en el campo de la neurología. En 1888 afrontó el desafío de atravesar Groenlandia por primera vez, y logró adquirir fama internacional tras alcanzar el récord de latitud Norte de la época —86°13′— durante su expedición en el Fram al Polo Norte entre 1893 y 1896.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

El atlas fantasma, Nansen, The Dharma Beats, Sandró de Chegueim, Estambul

Fuente: Sal&Roca

Compartimos con los compañeros de Sal&Roca y Culturamas las recomendaciones de libros y viajes de cara a estas navidades. Ellos lo divulgan entre los aventureros, nosotros entre los amantes de la literatura. Se trata de una selección de la que es imposible salir mal parado. Si regalas uno de estos libros, la gente te querrá más. Seguro.

Este año nos hemos propuesto fomentar la mejor literatura de cara a las próximas vacaciones. Nuestro trabajo es recomendar libros que relacionen la montaña o el mar, con más o menos riesgo, con los libros. Llevamos mucho tiempo dando cuenta de memorias de aventuras en cimas y navegaciones; de experiencias al límite y de programar una vida alrededor de la incertidumbre; de apañarse con cuatro duros para poder dedicarse a la pasión o de rendir homenaje a alguna hazaña. Por aquí han pasado clásicos de la expedición polar o diarios de ruta de algún aventurero occidental. Y siempre hemos querido guardar algo de nuestras fuerzas para los que transmiten tantas ganas de vivir como, por ejemplo, Kilian Jornet, cuyo último libro Summits of my Life (Now Books) recomendamos, sin duda, aunque no aparezca ahora. Aparecerá. Porque hemos pensado que, en esta ocasión, para los días con menos luz y más frío, para los días en los que uno ha de rascar un poco los bolsillos, merecía la pena buscar algún libro que le haga a uno quedar como un rey si lo regala, y como una reina si lo lee. ¿O tal vez sea al revés?

  1. El atlas


El atlas fantasma

Grandes mitos, mentiras y errores de los mapas

Edward Brooke-Hitchings

Blume

Entre impostores y torpes, entre navegantes despistados y bebedores que se dejaban llevar por la imaginación, entre cartógrafos presumidos y conquistadores de palacio capaces de cualquier cosa por un ducado real, Edward Brooke-Hitchings rescata historias fantásticas que podrían haberse presentado en otro formato. Pero la editorial Blume ha escogido el del Atlas, con sus mapas clásicos, su papel cuché, su maquetación de lujo, su encuadernación de fábula. Un libro que aparenta ser de los que uno ojea, pero cuyo contenido no decepcionará a todos los que hayan disfrutado de obras como Fuera de mapa (Blackie Books) o Atlas de islas remotas (Nórdica y Capitán Swing). Ojo: estos dos libros también van en el lote de los mejores regalos.
Una recopilación de los «fantasmas» geográficos más destacados que han aparecido en los mapas históricos así como ficciones peregrinas de la historia, razas míticas y bestias destructoras de navíos… entre otros mitos, mentiras y errores cartográficos.
A partir de relatos fascinantes y hermosas ilustraciones, este atlas único presenta las creencias más disparatadas que han pasado a la historia, que mostraban una realidad solo existente en la imaginación de nuestros antepasados.
Se pensaba que en las tierras de la Patagonia abundaban los gigantes de 2,7 m de altura, se creía que la isla de California estaba separada del continente norteamericano y existía la certeza de que las montañas de Kong cubrían gran parte del continente africano.


  1. El viajero imaginario


Sandró de Cheguem

Fazil Iskander

Traducción de Fernando Otero Macías
Automática

Podríamos hacer un artículo solo enumerando las obras a las que le debe tanto este descubrimiento que Automática pone sobre nuestras mesas: desde El Quijote, claro está, hasta La vida de Kostas Venetis (Dos Bigotes), por decir alguno representativo de los grandes descubrimientos de libros en los que el personaje central se ve abocado a viajar. No son libros puramente de viajes. Aunque, en última instancia, todos los libros son viajes, pero sí pertenecen, por seguir la taxonomía filológica, a la obra itinerante. Así como Alonso Quijano nos llevó por las tierras de algo que ahora llamamos España, así como Tom Jones nos llevó por las británicas, Sandró de Cheguem nos lleva a Abjasia, que es un lugar que, desde que empezamos la lectura, no deseamos abandonar durante una temporada. El libro es una epopeya cómica.
Fazil Iskander es uno de los escritores en lengua rusa más destacados de la segunda mitad del s.xx, y Sandró de Cheguem es su obra más importante. Esta colección de historias, que giran en torno a la figura del tío Sandró, paradigma de la picaresca, y al destino de la ficticia aldea abjasia de Cheguem y sus habitantes, nace con la intención de infundir ánimo entre unos deprimidos compatriotas, mostrándoles una realidad muy distinta del «cruento carnaval de burocracia soviético»: la colorista «poesía de la vida popular», tal y como se respiraba en las alturas de Cheguem. La historia del tío Sandró es también la historia de Abjasia y de su gente, de sus costumbres y folklore, de sus supersticiones, miedos, esperanzas… y, al mismo tiempo, es parte de la historia de Rusia y de la Unión Soviética; por estas páginas desfilan, como uno más entre tantos personajes inolvidables, el Príncipe de Oldemburgo, Stalin o Beria. Con esta edición, que recoge los relatos más representativos del vasto universo creado por Iskander, pretendemos saldar, al menos parcialmente, una deuda pendiente con las letras rusas y presentar al lector en lengua española una de sus obras más universales.

  1. La ciudad total


Estambul. Ciudad y recuerdos

Orhan Pamuk

Traducción de Rafael Carpintero y Pablo Moreno
Literatura Random House

Podríamos haber buscado algo sobre Manhattan, o una suma de las infinitas obras que ahora mismo uno encuentra sobre Manhattan. Porque parece que no hay escritor que quiera morir sin haber dejado por impreso su idea de ciudad total a partir de la capital del mundo. Pero no. No, porque pensamos que las ciudades totales no son como Manhattan. Porque las ciudades totales contienen el caos total a la par que las dimensiones humanas. Eso es lo que sucede en Ciudad total (Literatura Random House), de Suketu Mehta, que es quien nos permite nombrar este capítulo, aunque, en su caso, trate sobre Bombay. Pero Estambul recoge detalles que son de aventura urbana, sí, de tercer mundo, sí, de la atracción oriental que denunciaba Edward Said por tomar a occidente como referencia del mundo, pero también recoge esa parte de occidente que somos nosotros. El Estambul de Pamuk podría ser también la ciudad de nuestra infancia. Por otra parte, la nueva edición de Literatura Random House merece un puesto de honor a la hora de valorar que todavía se pueden editar libros tan seductores que aturden.
Estambul. Ciudad y recuerdos es sin duda el libro más célebre de Orhan Pamuk. Su publicación en lengua española en 2006 y la obtención del Premio Nobel ese mismo año colocaron al autor en primera línea del panorama narrativo internacional, convirtiéndose en el gran referente de la literatura turca. El autor nació en Estambul y aún hoy sigue viviendo en el mismo apartamento familiar. El retrato de esta ciudad asentada en las ruinas de un imperio perdido, con sus decrépitas mansiones con vistas al Bósforo, así como de la familia de Pamuk y de los escritores y artistas que dieron forma a la percepción de la metrópoli, es a su vez un autorretrato refractado por el hüzün, la «melancolía turca» que comparte con sus conciudadanos, y por su propia memoria.
Desde la publicación original de la obra, Orhan Pamuk ha seguido ampliando su colección de fotografías de Estambul, seleccionando más de doscientas imágenes adicionales, provenientes de sus archivos familiares, de coleccionistas especializados en la ciudad y de fotógrafos como Ara Güler o Henri Cartier-Bresson, para incluirlas en esta nueva edición definitiva que además incorpora una introducción inédita. Como el Dublín de Joyce y el Buenos Aires de Borges, el Estambul de Pamuk es un victorioso y conmovedor encuentro entre un lugar y la sensibilidad de un gran autor de nuestro tiempo.

  1. Los clásicos


The Dharma Beats

AA.VV.

Varasek

Este es uno de esos libros que uno lleva recomendando meses y no se cansa de hacerlo. El trabajo de edición que han llevado a cabo Antonio Cordero o Beatriz Rubial, El diseño y maquetación de Javier Narváez y Eva García, al margen de las traducciones y los prólogos, coloca a esta obra entre los mejores regalos del momento. El libro es un homenaje a la generación Beat. Es cierto que fue un movimiento fugaz. Porque eso fue, un movimiento. Nada del estilo de una etapa del arte, no. De hecho, los protagonistas de la generación Beat se hubieran reído de saber que se les consideraría un referente cultural. Ellos se movían con la libertad que podían por las carreteras y por las calles. Y con esa misma libertad escribían bajo una única condición, tuviera la forma que tuviera el texto, ellos estaban reinventando la poesía. Los nombres que figuran en la nómina del libro no dejan lugar a dudas: Jack Kerouac, cuyo On the Road tal vez esté algo sobrevalorado como literatura, pero no como estilo de vida; Gary Snyder, nuestro favorito, el hombre que actualizó el concepto de salvaje y de naturaleza y del que Varasek ya ha publicado La práctica de lo salvaje, un libro precioso; y tres nombres que acompañan a los dos genios y que gracias a la editorial redescubrimos: Lew Welch, Philip Whalen y Michael McClure.
En una mezcla de romanticismo y budismo, los poetas beat abrieron los ojos al aspecto trascendental y luminoso de la experiencia, que en su caso se trasladaba al camino, la naturaleza, la camaradería y una nueva visión espiritual más vasta.
The Dharma Beats, el título de este libro, es un claro homenaje a “Los vagabundos del Dharma”, la obra de Kerouac donde aparecen los poetas que componen esta muestra, su relación con la filosofía oriental y su visión del universo. Reunir por primera vez a Jack Kerouac, Gary Snyder, Philip Whalen, Lew Welch, Michael McClure y Joanne Kyger bajo un mismo libro permite que descubramos poéticas beat en una antología, peculiar y única respecto a las traducciones que hasta ahora se han publicado en España. Una mirada más amplia y diversa a las poéticas de este grupo de escritores. San Francisco como cuna de la revolución cultural y literaria que sería la Generación Beat y también toda la contracultura hippie de los sesenta y setenta.

  1. El gran explorador


Nansen, maestro de la exploración polar

Javier Cacho

Fórcola

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Primero fue Nansen. Y con él se terminó todo. Porque nadie ha sido capaz de superarle. La especialidad del explorador noruego fueron los hielos polares. Sus registros se superaron rápidamente, pero no su mayor hazaña: gracias a él, nació la expedición polar como tal. Fue Nansen quien enseñó al Duque de los Abruzos o a Robert F. Scott, por no mencionar a Amundsen, cómo se debía realizar una expedición polar. Fue él quien diseñó el material, la ropa, la estrategia. Mientras en las expediciones al Himalaya los alpinistas llevaban ropa propia de un paseo por la región de los lagos, Nansen ya había ideado cómo afrontar el rigor extremo. Y ahora nuestro querido Javier Cacho, un científico de élite y un escritor que ya ha demostrado su valía, nos narra su historia. Cacho no olvida sus valores humanos, pues gracias a su experiencia, Nansen se hizo valer en la política internacional y creó un pasaporte para refugiados, válido en varios países, que le valió el premio Nobel de la Paz. Con este libro, Javier Cacho da por finalizada su trilogía polar. Si os gusta, que va a ser que sí, recuperan la biografía que escribió sobre Shackleton o la descripción de la rivalidad entre Scott y Amundsen.
 Tras seducirnos con el relato de la trepidante carrera por la conquista del Polo Sur protagonizada en 1911 por Roald Amundsen y Robert F. Scott, y conmovernos con la historia de las hazañas y derrotas en la Antártida de Ernest Shackleton, Javier Cacho nos invita a conocer la intensa vida del maestro de la exploración polar Fridtjof Nansen (1861-1930). De porte atlético y distinguido, Nansen fue un magnífico jinete, experto esquiador y mejor cazador; hombre culto y buen conversador que hablaba varios idiomas, su cordialidad, su personalidad y sus dotes de buen orador causaron sensación. Idealista y soñador, como explorador Nansen revolucionó la técnica de los viajes polares y, con independencia de sus logros, se convirtió en la autoridad indiscutible en esa materia, a quien todos acudían en busca de consejo.
De formación científica, destacó por sus estudios de zoología, fue un gran especialista en oceanografía –propuso la teoría sobre los movimientos de las aguas profundas del Atlántico Norte–, y realizó contribuciones significativas en el campo de la neurología. En 1888 afrontó el desafío de atravesar Groenlandia por primera vez, y logró adquirir fama internacional tras alcanzar el récord de latitud Norte de la época —86°13′— durante su expedición en el Fram al Polo Norte entre 1893 y 1896.