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miércoles, 29 de julio de 2026

ESTA IMPROBABLE TIERRA PROMETIDA

 

Esta improbable tierra prometida

Alma Guillermoprieto

Traducción de Laura Emilia Pacheco

Debate

Barcelona, 2026

271 páginas


 


Escribir una crónica supone, en primer lugar, participar de un descubrimiento. El periodista se entera de todo lo que no sabía, o procura enterarse de todo. Tal vez todo sea demasiado ambicioso, por lo que el propio periodista debería tener muy en cuenta sus limitaciones: todo lo que está a mi alcance, todo lo que puedo percibir, todo lo que puedo leer, todo lo que puedo deducir de las entrevistas. Vamos a ser honestos, eso sí, porque el trabajo consiste, al fin y al cabo, en conseguir que los demás sean los que descubren y yo no soy otra cosa que un instrumento, un medio, un camino. Se trata, en definitiva, de ampliar el mundo para aquellos que no tienen la oportunidad de llegar hasta donde él ha llegado. Y es fácil deducir, a través de ellos, que la ampliación supone incrementar dudas. Ser honesto implica alejarse de los tópicos y las ideas demasiado fáciles, demasiado rígidas, mientras se indaga en la luz y la sombra.

Estamos hablando de Alma Guillermoprieto (Ciudad de México, 1949), a la que si volvemos a leer recibiremos de nuevo una lección de maestría literaria. En este caso, Esta improbable tierra prometida, se reúnen crónicas sobre América Latina escritas a lo largo de los últimos veinticinco años, y muchas de ellas matizadas con postdatas para actualizar la situación o a las personas. El ejercicio de sensatez que vuelve a ser su escritura nos ayuda a construir la fisonomía de una tierra en la que uno puede vivir sin esperanza, pero conservar la ilusión. Guillermoprieto consigue que nos importe lo que narra, aunque sea la receta de los tamales, aunque suele elegir asuntos bastante potentes, desde un retrato de Evo Morales hasta la biografía reducida de un cura pederasta. Se toma a sí misma como centro, eso sí, pero no se coloca como figura protagonista. Es más agua que roca y relata sin abusar de recursos líricos. Busca la brevedad que impresiona, el esqueleto más que lo que pueda operarse mediante cirugía estética. Y no se esconde cuando se trata de hablar sobre lo truculento, o sobre la locura y los crímenes.

La honestidad, como saben los lectores de Guillermoprieto, comienza por la elección del destino. Hay que acercarse a lo difícil, y cuando no es posible físicamente, se hará a través de lecturas. El efecto que consigue la autora es el de recrear la realidad: todo lo que nos cuenta es creíble, pero seguro que cabe más todo en lo que sucede. Si ella ha sido capaz de ampliar así el mundo, eso quiere decir que el mundo no tiene bordes. De hecho, mientras leemos las crónicas, nos damos cuenta de lo bien documentada que está la autora, de la serenidad con que afronta incluso los casos de desapariciones y tortura, y por un momento sentimos la tentación de concluir que sus ideas son incuestionables. ¿Pero qué conclusiones? No existen. Puede que exista objetividad, tanta como es posible en un observador, pero las conclusiones serán obra del lector, y para que sean determinantes, lo mejor es seguir ampliando el territorio. Esa es la única conclusión, la invitación al conocimiento del mundo en que vivimos, una invitación que toca al periodismo, a la política, a la antropología y a casi todas las formas de humanismos que se nos pueden ocurrir. En la literatura de Guillermoprieto está prohibido mitificar, porque el sentido de la justicia con que afronta su labor está en construcción permanente, está siendo afectado por cada idea que recibe, por cada dato que recopila, por cada descubrimiento que se le facilita. Cuando hablamos de voces necesarias, de voces insustituibles, nos estamos refiriendo a gente tan sensible como Alma Guillermoprieto.


Fuente: Zenda

jueves, 2 de abril de 2026

LA VIDA EN UN PLANETA POCO CONOCIDO

 

La vida en un planeta poco conocido

Elizabeth Kolbert

Traducción de Francesc Pedrosa

Debate

Barcelona, 2026

374 páginas



 

Es casi imposible no sentir la tentación de cerrar los ojos cuando a uno le llegan imágenes de hambruna, de cadáveres en tierra bombardeada, del dolor y el sufrimiento de los mendigos o de un perro degollado por un tipo alcohólico que acaba de sufrir el suicidio de su madre. Pero cerrar los ojos no consigue que el mal desaparezca. Hay que atreverse a saber. Lo bueno de mantener los ojos abiertos es que también te permitirás conocer la belleza de un campo de flores, la astucia de las raposas, la magia que transforma a una oruga en crisálida, los cielos despejados y los impactantes cielos de las tormentas, la elegancia de una manta raya nadando o la ternura que brota en el encuentro de una leona con sus crías. Si uno está dispuesto a defender el planeta, es porque previamente se ha enamorado de él. Todavía hay muchas cosas hermosas, un amplio abanico de cosas buenas por las que merece la pena seguir en la brecha. Lo único que no vale es rendirse.

En esta lucha, y por este motivo, es en la que está Elizabeth Kolbert (Nueva York, 1961), reconocida periodista ambiental que publica sus artículos en The New Yorker. De hecho, este libro es una recopilación de ellos y nos muestra que el mejor activismo, el que más merece la pena, también requiere de las buenas palabras, de los mejores relatos, de grandes narradores. Kolbert emprende una serie de viajes bajo una motivación que parece ser la más urgente: uno no puede luchar por mejorar el planeta si no hay planeta, o al menos si no hay un planeta habitable. El eje sobre el que giran los artículos no puede ser otro que el cambio climático, que es el gran enemigo de la naturaleza. Y la naturaleza es lo que nos sostiene. Los viajes de Kolbert recorren una buena parte de la geografía mundial y la redacción de los artículos no se limita a expresar qué es lo que encuentra, pues en todos ellos cuenta, y mucho, con quién se encuentra. Hasta el punto de que los que conforman el último grupo, Todo lo que podemos salvar, podrían catalogarse como perfiles. Destaca la inquietud de la gente con la que se encuentra, pero también el ingenio, que Kolbert nos retrata como no pudiera existir el uno sin el otro. Es cierto que valora mucho el salirse de los lugares comunes para poder atender a la diversidad y afrontar los problemas desde una perspectiva diferente. Lo que atañe a la humanidad debería tener escala humana.

Pero Kolbert no se limita a mostrarnos a personas de manera que sintamos que cualquiera de nosotros podría pertenecer a esa estirpe. A lo largo de los artículos despliega toda serie de datos, con frecuencia estremecedores. Sabe que conviene enunciar los argumentos que certifican la razón de la causa. Y más si esta causa es tan noble como la defensa y restauración de especies, en la que se empeña tanta gente creativa. Hay que ser optimista, que es una invitación que surge de la energía con que Kolbert desarrolla sus artículos. Si el mundo se está destruyendo, es porque se destruye a imagen y semejanza de alguien que no parece muy humano. La humanidad reside en quien se preocupa por aquello de lo que está enamorado, y uno se enamora de lo que conoce, no se enamora en abstracto. Y conocer el asombroso mundo natural será clave para mejorar el mundo total, y hacerlo más habitable. La vida en un planeta poco conocido es un maravilloso encuentro literario con lo mejor de la lucha por la naturaleza. Una lección magistral de periodismo y anhelo de armonía.

miércoles, 22 de enero de 2025

HE DECIDIDO DECLARARME MARXISTA. VOLUMEN 1

 

He decidido declararme marxista. Volumen 1

Jon Lee Anderson

Varios traductores

Debate

Barcelona, 2024

788 páginas

 

 


Contaminados por los exabruptos, por el parloteo idiota, por los insultos y todos los discursos de muchos fanáticos que nos acosan tratando de hacernos odiar a cuenta de estupideces, volver a leer las crónicas de Jon Lee Anderson (California, 1957) nos hace recordar cuáles son los motivos por los que merece la pena preocuparse, perder el sueño. Estamos frente a un cronista que entiende que el oficio de escribir es una forma de lealtad: hacia las propias líneas que elabora y hacia el propio planeta al que mira. A pesar de enfrentarnos a algunos de los peores momentos que se han vivido en el planeta en las últimas décadas —esta antología recoge artículos publicados entre 1980 y 2024—, uno siente que hay cierto enamoramiento en su capacidad de observación y comprensión, o en la dificultad para comprender. La escritura, que es pensamiento, sirve para intentar poner en orden las ideas que van cruzando por su cabeza de forma caótica. El caos, bien lo sabe Lee Anderson, es imprevisible y el universo es caos. También a pequeña escala, donde sentimos más claro que está caminando, no que se ha llegado a ningún destino.

El lector puede tener la impresión, durante la lectura de las crónicas, de estar asistiendo de nuevo a la historia reciente, por todo lo que le afecta emocionalmente. Lee Anderson es un escritor impecable, alguien que teniendo muy claro a dónde pretende llegar se limita a sugerir, permitiendo que el lector saque conclusiones. Sorprende la facilidad con la que oculta sus ideas previas, como si no existieran, cuando sabemos, concluyentemente, cuáles son los principios ideológicos a los que se agarra Lee Anderson, por haberlos leído en sus entrevistas, donde da buena cuenta de su sensibilidad política e histórica. De hecho, el título de esta antología, He decidido declararme marxista, es una frase que escribió en un diario adolescente pero que no ha sido capaz de olvidar. En cualquier caso, tampoco empaña su labor, en la que nos hace asistir a distintos lugares del planeta para mostrarnos las naturalezas abiertas impregnadas de virus a los que él es receptivo como lo somos frente a una película que nos emociona. En este primer volumen, que reúne textos alrededor de dos centros de interés, por un lado guerras y conflictos, y por otro poder y política, viajaremos por todo el planeta, con esa habilidad que destaca David Rieff en el prólogo, encontrándose con el perpetrador antes que con la víctima para tratar de explicar por qué se perpetra la violencia, sin moralizar, intentando trasladar la información necesaria para que sea el lector quien pueda moralizar. El periodista, nos muestra Lee Anderson con su oficio, es testigo, no fiscal.

Vuelve a sorprendernos la vitalidad que sobrenada en las crónicas de Lee Anderson, a pesar de estar mostrándonos los estragos que ocasiona quien ocasiona los peores conflictos. Para transmitirnos tanta entereza, es imprescindible seguir conservando la fe en la raza humana. Y es que no cesa de encontrar humanidad, rebeldía, allí a donde va este hombre que se confiesa antifascista, escéptico ante la autoridad, que aborrece la injusticia racial y el colonialismo, y es ajeno a los puntos de vista conservadores, que creció en varios países. Sobre este sustrato ha ido creciendo la documentación que va acumulando Lee Anderson para entender que aquello que él refleja no es un paréntesis, pues todo remite al humus del pasado —geopolítico, social, económico y, sobre todo, humano y de fracaso humano—, sobre el que habitan estos protagonistas de los que él habla tras haber empapado con sus vidas y absorbiendo lo frenético. Lo que Lee Anderson consigue transmitir es que aunque un periodista de campo no debe perder nunca el vértigo, para compensar bebe de algo que se asemeja mucho a la amistad: no se trata de ser un héroe, sino de intentar ser uno más, estar cerca de los locos y los sufrientes. Lo que nos seguirá emocionando es la sinceridad. Y ahí es donde se muestra como el gran maestro. He decidido declararme marxista es, posiblemente, el libro más importante que se ha publicado en España este año. Después de su lectura, solo cabe esperar un rato muy largo para recobrar el aliento.


Fuente: Zenda

viernes, 25 de octubre de 2024

LOS LÍMITES DE LA CIENCIA

 

Los límites de la ciencia

Javier Argüello

Debate

Barcelona, 2024

81 páginas

 



La ciencia es amor para unos y dolor para otros. Hay quien piensa que intenta acaparar toda la humanidad y, lo que es más tremendo, todo el universo, y hay quien opina que lo que hace es desmenuzarlo. La ciencia nos habla de lo que nos toca sin que mencione lo que nos atañe. La ciencia es lo principal para descubrir en qué consiste el oficio de vivir. Uno puede opinar sobre ella una cosa y toda la contraria al minuto siguiente. Y eso sin ejecutar el paso previo, que es definir en qué consiste la ciencia. Posiblemente sea un tema sobre el que se pueda crear mucha literatura, pero primero habría que definir en qué consiste la literatura. En un momento de esta ponencia de Javier Argüello (Santiago de Chile, 1972) comenta que lo que nosotros entendemos por literatura es algo que se limita a poner en palabras el verdadero contenido de la literatura, que está en la vida. Ahí afuera convive la literatura con la física. Esa combinación da pie a este pequeño ensayo, creado tras la visita del autor a la Organización Europea para la Investigación Nuclear, con su acelerador de partículas de veintisiete kilómetros, en Ginebra.

Pero la principal preocupación de Argüello en todo esto es el papel protagonista de la belleza. Al fin y al cabo, no será otra cosa lo que nos llevemos de este mundo en el instante en que nos disponemos a saltar al otro lado de la tumba: aquellos momentos en que sentimos belleza justificarán todo lo que hemos sido. Una de las cuestiones que de algún modo justifican el empuje de estas páginas, es descubrir si la belleza está en la oscuridad o en la luz. Y de esa duda saldrán los mejores pensamientos y los sentimientos más queridos. Es muy probable que se encuentre en los dos lugares, y también en todos los grises intermedios, porque la belleza tiene también mucho que ver con el protagonista, que también es espectador, que es quien la percibe. Argüello habla sobre los límites, sobre la exploración, sobre lo desconocido (incluso sobre Dios y los dados), con facilidad, sabiendo que no va a descifrar enigmas, pero sí a ayudarnos a seguir el camino, a despertar curiosidad y saber que esta no tiene por qué ser inquietante. Los límites de la ciencia es un libro pacífico en el que se nos recuerda que la emoción de la belleza procede de las cosas buenas por las que merece la pena seguir luchando.

miércoles, 4 de septiembre de 2024

LA GUARDIA DEL ALBA

 

La guardia del alba

Maya Jasanoff

Traducción de María Serrano y Francesc Pedrosa

Debate

Barcelona, 2024

430 páginas

 



Venimos de los conflictos. Será la dificultad de vivir, de salir adelante, de fraguar un presente, lo que nos construya. Y esta construcción quiere decir, en esencia, una forja moral. Explicándonos este devenir, Maya Jasanoff (Boston, 1974) comienza una biografía de Joseph Conrad que sorprende por un planteamiento muy diferente al habitual. El lector no encontrará aquí datos y acciones en orden cronológico, un seguimiento más o menos riguroso de los pasos de Conrad, sino una serie de reflexiones que se van hilvanando a partir de la obra del autor y de lo que se ha podido certificar a partir de una búsqueda detallada de documentación. De lo que se trata es de descubrir al autor al tiempo que al mundo en que vivió el autor, tanto el que se podría corresponder al estudio histórico como al de la interpretación de sus novelas y relatos. Conrad ofrece la posibilidad de visitar casi todos los continentes a través de sus vivencias y de su ficción. De hecho, la biografía se organiza en cuatro bloques, cada uno de ellos correspondiente a un lugar, representativo de un continente, anclados por cuatro de las principales obras del autor polaco: El agente secreto, Lord Jim, El corazón de las tinieblas y Nostromo.

Estamos ante una época de cambios, el inicio de la globalización y una nueva forma de entender la literatura. Las tensiones deberían servir, como nos indica la obra de Conrad, como oportunidades para hacernos mejores, dado su impacto moral. La batalla entre hacernos la suerte y no ser dueños del destino es una constante, tanto en la vida real como en la narrativa, de ahí ese principio creativo de Conrad, que sostenía que la literatura debe provocar unas sensaciones tal vitales como la realidad. Sin darnos respuestas de manual, nos vamos dando cuenta de que deberíamos empezar a orientarnos de otra manera, en la que nos afecta más todo lo que sucede en cualquier rincón del planeta. Así es como surge la obra de un autor que es a la vez romántico y existencialista: «La ficción de Conrad suele ordenarse en torno a unos momentos determinados en los que una persona toma una decisión crítica. Son los momentos en los que puedes o bien engañar al destino o bien sellarlo para siempre».

Preocupada por la faceta más sentimental de la humanidad, Maya Jasanoff nos ofrece un libro nada filológico, ni siquiera cuando entra en el ambiente más histórico en la medida en que puede afectar a Conrad. De lo que se trata, da la impresión, es de comprobar cómo nos impacta y modifica lo que percibimos, lo que nos llega por los sentidos o a cuenta, digámoslo de nuevo, del destino. De lo que se trata es de hablar de la experiencia y cómo aprendemos a través de ella, cómo nos sacuden las emociones, que a continuación serán sensaciones y que terminarán por transformarse en sentimientos una vez hayan reposado, o las hayamos digerido o razonado. Porque Conrad se empeñó en ser uno más de nosotros, en crear personajes que también pertenecen a nuestra gente. Para ello, Jasanoff le rodea de las personas que influyeron de una u otra manera en su vida, aunque siempre con afecto, construyendo su hogar y su polis: «la única clase realmente digna de consideración es la de los hombres honrados y capaces, sea cual sea la esfera de la actividad humana a la que pertenezcan», dejó escrito Conrad. Viajero con debilidad por la navegación a vela, Conrad regresaba de sus días por el mundo «con los ojos ablandados y la cabeza endurecida», dice Jasanoff, que añade la paradoja de mostrarle, con cada viaje, como más romántico y más cínico. La guardia del alba es una obra reveladora, en el sentido en que está diseñada para descubrir quién fue Jósef Teodor Konrad Korzeniowski, Joseph Conrad. No es tanto un recorrido por los detalles de su biografía como un desvelamiento de las causas que le afectaron. Por eso es un libro importante para los amantes de Conrad, pero también para quien quiera descubrir todo lo que se puede hacer a partir de los descubrimientos de una investigación sobre alguien a quien nos es inevitable querer, porque nos ha dado algunos de nuestros mejores instantes, algunos de nuestros más sanos sentimientos.


Fuente: Zenda

jueves, 1 de febrero de 2024

EL PAISAJE VACÍO

 

El paisaje vacío

Ricardo Martínez Llorca

Debate

Premio Jaén

160 páginas

 



Por Asunción Escribano

No siempre la literatura traslada a mundos idealizados que cuentan historias ajenas y de lectura agradable. Con frecuencia la novela nos muestra la cara más árida de la realidad, que aunque no se conozca existe. Fue así como hace medio siglo Cela parió La familia de Pascual Duarte, inaugurando un nuevo modo de narrar en nuestra literatura.

Ahora Ricardo Martínez Llorca ha publicado El paisaje vacío, su segunda novela y con la que ha conseguido el Premio de Novela Jaén 2001. Es una obra teñida de realismo social y existencialismo a la vez, en la que nos presenta, con precisión y hábil técnica narrativa, cuatro modos diferentes (uno por capítulo y narrador) de contar una historia y de habituarse al tiempo y a la vida. La obra muestra una atronadora carencia de diálogo, como si el desierto en el que transcurre la trama sólo permitiese la reflexión cansina de la primera persona. Se ve así que Martínez Llorca es un escritor artesanal, que mide palabras y frases para edificar párrafos sin resquicios; una escritura sólida, en definitiva, infrecuente en autores jóvenes.

La acción se desarrolla en una aldea africana, calificada por uno de los personajes como ‘el reverso del paraíso’, en la que confluyen tres personajes desarraigados cuyas vidas se funden coincidiendo en la tragedia con la que finaliza la obra. La densidad de El paisaje vacío es, sin embargo, una realidad muy alejada de las 160 páginas que ocupa, pero tal verdad el lector sólo la aprehende internado en la jungla que el autor crea con frases que hay que comprender para pasar a la siguiente, espesura de palabras con densidad de Amazonia.

Se describe un mundo donde la esclavitud es un hecho real. Un volver a describir al hombre en situación límite, tal y como lo presentaron Conrad o Camus en sus principales obras, y cuya evocación con frecuencia nos eriza el vello a lo largo de la lectura de El paisaje vacío. Si existe algo de autobiográfico sólo el autor lo sabe. Pero ante una gran novela como esta, eso es lo de menos.

Creo que Ricardo Martínez Llorca me permitirá, precisamente, unas palabras de Cela leídas en un diario y que recuerdo ahora, recién concluida la lectura de El paisaje vacío: “Un escritor debe denunciar el mal, pero debe denunciarlo de manera artística”. Quienes lean esta extraordinaria novela sabrán a qué me refiero.

miércoles, 10 de mayo de 2023

EL PAISAJE VACÍO

 El paisaje vacío

Ricardo Martínez Llorca

Debate

Premio Jaén




¿Puede el desierto, escenario simbólico de la soledad, convertirse en cruce de caminos? En una aldea sin nombre, perdida entre las dunas, coincidirán los destinos de tres personajes. Un enfermero que huye de su pasado y que se ve obligado a hacerse cargo de las vidas de unos obreros que trazan las vías ferroviarias destinadas a atravesar el desierto. Un ex boxeador sin olfato que ha sido contratado por un inválido para enterrar en las arenas los restos de un cadáver. Una adolescente embarazada que se une a una caravana de mercaderes y durante semanas viaja en camello hasta llegar a la aldea, cuya existencia nadie parece conocer.

Tres historias y un encuentro: el origen de una voz que es síntesis de tres vidas, que se erige en la única voz capaz de describir un paisaje vacío.

martes, 8 de febrero de 2022

MIEDO

 

Miedo

Patricia Simón

Debate

Barcelona, 2022

250 páginas

 



Tal vez el futuro se limite a esta noche, tanto para los ricos como para los humillados y ofendidos que toman al asalto su particular Palacio de Invierno. No existe el tiempo, o es materia deleznable, como denunciaba Borges, y por tanto deberíamos actuar como si no existiera. Creemos que la realidad se articula sobre dos pilares, que son el dolor y la locura, por el acoso constante que sufrimos, pero, deberíamos plantearnos, es posible que la realidad no esté del todo bien dibujada. ¿Qué es la realidad? Podemos describir hechos concretos, sucesos, anécdotas o incluso el argumento de una vida particular, pero de ahí a definir la realidad media una gran distancia.

Leemos Miedo. Viaje por un mundo que se resiste a ser gobernado por el odio, de Patricia Simón (Estepona, 1983) y asistimos a un despliegue de recursos inmenso, que intentan abarcar toda la realidad, o al menos lo que un buen reportero entiende por realidad. El concepto de realidad de un reportero es muy necesario, pues sin él, sin esa mirada, sin su curiosidad, ¿qué sería de los que no nos atrevemos a salir de casa? ¿Qué nos quedaría? Patricia Simón abraca toda la enseñanza de su vida como periodista y como lectora, como persona que ve y a través de la mirada reconoce los sentimientos, a partir de epígrafes que vincula al miedo: miedo a los otros, miedo a la pobreza, miedo a la soledad, miedo a la muerte. A la hora de desplegar su literatura, pues de literatura se trata, Simón utiliza estos centros de interés para relatar, para pensar, para nutrir las sensaciones con la técnica de una bola de nieve: a medida que rueda cuesta abajo, va recogiendo más y más masa, más consistencia, más razones.

Su lucha es contra la desigualdad que se impone como realidad. No deberíamos acomodarnos a su presencia, cada vez más aguda. Nos limitamos a percibirla como un estímulo más, sin plantearnos que debería ser interpretada, razonada y combatida. De hecho, en buena medida nos limitamos a actuar sobre ideas recibidas, siguiendo su dictado, reforzándolas: “Corremos así el riesgo de, al engrosarlas hasta la caricatura, terminar siendo presos de ellas, que nos aprisionen en su molde a imagen y semejanza”.  Así pues, de haber una revolución, ésta debería empezar con el individuo. Patricia Simón llama miedo al sentimiento universal que mueve al mundo, al compendio de aversiones que nos inmovilizan o nos llevan al odio, que son hermanos siameses: entre el canalla y el cobarde no existe gran diferencia, si nos atenemos a los resultados sociales de sus actos. Y es sobre el ser social sobre el que reflexiona, a partir de innumerables ejemplos recogidos en los años de aprendizaje pisando la piel del mundo allí donde más se tensa. Contra ese miedo, sólo cabe responder con amor.

Será el amor o, para poder explicarnos sin abstracciones, el hecho de amar y ser amado, lo que nos ayude en la lucha contra el malestar, contra las angustias y ansiedades que resultan de nuestros vínculos con una sociedad que tiende a lo tóxico. Y será esa toxicidad, que está llegando a extremos patológicos en las rutas de comunicación mediática y de política institucional, la que impulse a la autora a no ceder en su tarea, que es periodística, sí, pero que también pretende ir definiendo la naturaleza humana. Ser maleable es un riesgo del que uno sólo se libra siendo consciente de que lo es, arropándose en el diálogo y el sentido crítico. Y mientras tanto, vamos defendiendo una sociedad organizada sensata, humana, crítica y cooperante, que en buena medida se asemeja a otra de las frases célebres de Borges cuando dijo no saber nada de política: “Creo en las personas, no en los Estados. Supongo que eso me hace fundamentalmente anarquista”. De ahí, a Aristóteles y su deseo del bien que es belle y sublime si atañe a un pueblo entero, y a abogar por políticas públicas humanistas.

En un planeta donde sólo está bien visto expresar una emoción, el enfado, nos recuerda que el periodismo puede traernos la fe en las demás, en la salud de expresarlas para poder combatir las injusticias, que nuestra autora no consiente. Si hay un rasgo que caracteriza a quien ha escrito este libro, es, precisamente, este: no consentir la injusticia que siempre ataca a los más vulnerables: “No basta, como sostiene el mítico reportero Robert Fisk, con que «las generaciones futuras no puedan decir que no saben lo que ocurrió». No era nuestra vocación, ni nuestro cometido hablarles a los que aún no han nacido. El periodismo sin capacidad de incidencia, de combatir la impunidad, se vacía de significado. Y entonces, es lógico que sus crónicas, sus palabras, terminen heridas de muerte, y sus destinatarios, la ciudadanía, carcomida por la impotencia, sorda, impasible, en coma”.

jueves, 28 de enero de 2021

LA NOCHE DE LA VERDAD

 

La noche de la verdad

Albert Camus

Traducción de María Teresa Gallego Urrutia

Debate

Barcelona, 2021

428 páginas

 


Uno se enfrenta a diario a dilemas de lo más absurdo y los cataloga de dilemas morales: mantener las maneras en la mesa, frente a los compañeros de trabajo, tal y como las enseñó el abuelo o siguiendo las normas de protocolo, es un debate a la orden del día, y es un dilema carente de interés. Cómo se concilia justicia y libertad, sería, sin embargo, un asunto que a uno le puede ocupar tantas vidas como pueda vivir, e incluso conseguir que se ocupe de ello las vidas enteras de los demás. La justicia no está relacionada con la venganza, como nos hace creer la ética de las películas más taquilleras, sino con la armonía. La libertad es una sensación que se asemeja mucho a la alegría pura, a la felicidad sana. Podrían gastarse ríos de tinta en intentar definir esa impresión de armonía alegre, pero lo que es seguro es que resulta fácil reconocerla cuando surge, porque es un sentimiento muy claro.

Ese sentimiento se va convirtiendo en una obsesión necesaria en la voz de un Albert Camus que sobrenada el final de la Segunda Guerra Mundial: Francia tiene que reconstruirse y alguien debe dar voz a una moral que nos impida caer en cualquiera de las sartenes de Satanás. El Diablo tentó a Jesucristo desde la colina, ofreciéndole el reino del mundo, porque el reino del mundo le pertenecía y es ese dominio el que vuelve a ser imprescindible evitar en tiempos de crisis. Camus intenta ser claro y hablar sin amargura en estos artículos publicados en la revista Combat entre 1944 y 1947: “Ese esfuerzo, por último, exige clarividencia y esa pronta vigilancia que nos avisará de que hay que pensar en el individuo en todas las ocasiones en que regulemos la cuestión social y de que hay que volver al bien común en todas las ocasiones en que el individuo requiera nuestra atención”.

Como portavoz del país, Camus se muestra un periodista que tiene claro dónde está el bien en esta temporada, en un territorio que es un paisaje después de la batalla y habla para la gente, para el pueblo. Y para Camus el país no es la élite, es el más humilde de los ciudadanos y la suma de las almas de los ciudadanos. De ahí ese tono de alocución, casi de mitin político, con el que va exponiendo sus ideas sobre la libertad y la muerte, sobre la rebelión y sobre la revolución. Se nos muestra como un ideólogo de la revuelta que mejorará el mundo, que debe ser obrera y más bien jacobina –“El orden es el pueblo que consiente”, dirá- en el sentido en que el jacobinismo propugnaba el sufragio universal y un Estado fuerte:

“Lo cual equivale a decir que los asuntos de este país deben gestionarlos quienes pagaron y respondieron por él. Lo cual equivale a decir que estamos decididos a suprimir la política para sustituirla por la ética. Eso es lo que llamamos revolución.”

Pensar bien tiene todos los significados posibles en las frases de Camus: pensar siendo bueno, pensar para el bien, pensar con inteligencia y pensar sin olvidarse de expresarnos con claridad: “Basta con que os digáis que a él aportamos todos juntos esa magna fuerza de los oprimidos que es la solidaridad en el sufrimiento. Es esa fuerza la que, a su vez, matará la mentira…”.

Es posible que el libro hubiera ganado en interés, al menos para el lector no especializado, de habernos ofrecido una selección en lugar de los artículos completos, pues algunos nos quedan alejados, como si su publicación estuviera destinada a ciertos historiadores. Pero no dejan de reflejar una época, la más triste, y de ella vamos viendo cómo surge la vehemencia que implica ganas de vivir y ganas de pensar para vivir. Puede faltas actualidad en algunos momentos, pero sobra eternidad en las frases en ocasiones grandilocuentes, en esa búsqueda de lo él llama verdad una y otra vez, una verdad política, una verdad que afecte a los movimientos sociales de los hombres y en la que se llegue a un acuerdo unánime. Son textos candentes que responden a una época en la que las ideologías totalitarias malearon cualquier sentido ético y confundieron la búsqueda de la libertad y de la justicia.

sábado, 30 de noviembre de 2019

EL PLANETA INHÓSPITO


El planeta inhóspito
David Wallace-Wells
Traducción de Marcos Pérez Sánchez
Debate
Barcelona, 2019
349 páginas

El concepto que más llama la atención, y que ya habíamos leído en escritos de Edward O. Wilson, es el de Eremoceno: nuestra época no se define tanto por el hombre como centro, que es lo que se correspondería con el Antropoceno, como por una de las enfermedades del hombre, que es la soledad. A partir de ahí tal vez se consiga explicar lo inexplicable: que ya se ha hecho demasiado tarde, pero que todavía podemos rescatar algunos harapos de la Tierra, los bastantes, quién sabe y quién lo desea, como para facilitar una vida habitable en los próximos años, con suerte durante décadas, con mucha voluntad, durante siglos. Sobre este humus, David Wallace-Wells construye este ensayo, que es también un alegato. Subtitulado La vida después del calentamiento, la obra se centra en una sola forma de vida, la humana. Ya conocíamos las previsiones acerca del resto de la naturaleza, así como las relaciones actuales de pérdida y dolor. Wallace-Wells reúne lo concerniente al hombre en un texto de una potencia arrolladora que nos pone los pelos de punta. Entre otros motivos, porque consigue explicarlo en un formato apto para todos los públicos. Pero, mayormente, porque la situación es tan alarmante, que no se puede encarar de una forma lenitiva. Wallace-Wells es didáctico y es genuino, y nos presenta la relación de calamidades a través de ejemplos, no poniendo en abstracto la defensa del planeta: “Parecemos incapaces de reconocer que el significado del cambio climático trasciende las parábolas”.
El libro se va desarrollando en capítulos que atañen al agua, al aire, al hambre, al océano, a las ciudades, a la salud mental e incluso a los colapsos -también el económico-, que es hacia donde se deriva nuestro actual trazado. Jamás se ha producido a escala global, pero civilizaciones enteras murieron colapsadas por el destrozo ecológico: los mayas, los habitantes de Rapa Nui, los vikingos de Groenlandia… Jared Diamond nos habló con contundencia sobre ello. De hecho, durante la lectura de una de sus obras maestras, Colapso, uno no puede dejar de sentir una emoción parecida a la crueldad que no sabe a qué atribuir. Wallace-Wells sí apunta hacia motivos de esta derrota, a funciones que él llama, por ejemplo, sistema climático de castas, o al nihilismo indefinido que es consecuencia del gran capitalismo industrial: “Para el mercado, esto es crecimiento; para la civilización humana, es casi un suicidio. Ahora quemamos un 80 por ciento más de carbón que en el año 2000”.
Los relatos, que también son objeto de estudio tras la abrasión que nos empaña al leer unas previsiones cuya única duda no es si tendrán lugar, sino cuánto demorarán en aparecer, como consecuencia del aturdimiento, no pueden tener otro carácter que no sea el del existencialismo climático. Son proyecciones de estudios, que se corresponden a un registro exhaustivo, sobre todo americano. Wallace-Wells no elude su malestar como miembro activo de este desastre y advierte contra las posiciones cómodas, como la confianza en la tecnología o la disociación cognitiva: “Pero lo clausuramos (la mirada hacia los horizontes a los que nos dirigimos) cuando afirmamos que cualquier cosa relacionada con el futuro es inevitable. Lo que podría pasar por sabiduría estoica es a menudo una coartada para la indiferencia”. Resulta complicado encontrar una definición mejor de cobardía, y hace falta mucho valor para leer este libro y para afrontar, a continuación, lo cotidiano: “Resulta que el problema no es la superabundancia de humanos, sino la escasez de humanidad”, dice, citando a Sam Kriss y Ellie Mae O’Hagan, y volviendo, casi sin proponérselo, al concepto de Eremoceno. Es posible que sea por este grado de entendimiento por el que debamos empezar a construir la solución, como apunta al recoger las palabras de Roy Scranton: “La mayor dificultad que afrontamos es filosófica: comprender que esta civilización ya está muerta”.

miércoles, 10 de julio de 2019

CUBA. VIAJE AL FIN DE LA REVOLUCIÓN


Cuba. Viaje al fin de la revolución
Patricio Fernández
Debate
Barcelona, 2019
411 páginas

El fundamento por el que alguien quiere escribir sobre el final de un sueño puede ser de índole rancia, codiciosa, nostálgica, cómica o, sencillamente, por ira o por amor. Esos dos impulsos empujan al escritor chileno Patricio Fernández a trabar este libro sobre lo que ha supuesto la revolución cubana para sus habitantes y el sueño de la revolución cubana para el resto del planeta. Pero, debemos advertir, de esos dos impulsos solo uno llega al texto, solo uno llega al lector, y este tiene que ver con el cariño. Se trata de un libro puro, en el que no hay más intenciones que las de reflejar la verdad de los amigos y la verdad de las ilusiones. Se trata de un libro que no habla de política en el sentido en que creemos que la política es algo que atañe a estados, que tiene que ver con gobiernos, con fórmulas económicas y decisiones en las que una abstracción, la que designa que hay un grupo de gente capacitada para decidir por todos, simplifica nuestras existencias y da forma a nuestras aberraciones, y nos ofrece un santo lugar en el que colgar la culpa de todo.
Pero de estas crónicas, escritas con un pulso que no permite levantar la mirada del texto, traslucen un principio que nos atreveríamos a calificar como anarquista, o como fundamentalmente anarquista: su autor tiene mucha fe en las personas, pero ninguna en los estados. Con muchos recursos estilísticos, crea imágenes en las que vemos tanto a la gente, con rostros individuales, con personalidad propia, como a los espacios poblados. Y toma partido por ellos. Fernández elude el debate sobre las consecuencias de la obra de Fidel, pues no deja de encontrar gente que le ha amado hasta las cachas. Y el que no evita es el de las consecuencias del embargo, aunque lo hace de forma discreta, sin atacar, de modo que ese parecer dictando que a la revolución no se la permitió ser, queda elíptico, pero queda patente.
En realidad, el autor se centra en lo que conoce, y uno conoce a la gente con quien vive; y aun así, para llegar hasta el fondo de sus almas por momentos tiene que interrogar, y lo hace disculpándose. Mientras acepta las costumbres de vivir en Cuba, se prodiga por un país que va adorando cada vez más, y da cuenta del pasado, del presente y de los cambios que supone la muerte de Fidel. Nos habla de un crepúsculo, sí, pero si hay un crepúsculo quiere decir que antes lució la luz del día. Puede que no con mucha intensidad, pero no hay mayor intensidad de luz en ningún sitio de la que baña el desierto. Y la Cuba que vamos conociendo, de primera mano, puede tener muchos defectos, aunque Fernández los menciona, más bien, como problemas, pero nada hay más alejado del desierto que este país. El calor de las gentes, los colores de la imaginación, el ámbito de expresión del deseo, la pervivencia de las ilusiones, todo ello permite que sea un país transparente y colorido, a pesar de la mala conciencia que tenemos respecto al régimen, una conciencia que nos han impuesto los medios de comunicación.
Pero Fernández no justifica al régimen cubano, ni le culpa. Se pega a la piel de los cubanos, porque se trata de uno de los pocos pueblos que ha eliminado el aura que nos protege de los demás, de personas que nos permiten acercarnos hasta el interior de su alma y de su sexo. Se trata de un pueblo que se desnuda, que ha eliminado los falsos pudores, también los que no permiten opinar para evitar pisarle el callo hasta a los desconocidos. Son los habitantes de una iglesia donde la fe ha muerto. Pero algo tiene que venir a sustituir a la fe, algo que también podamos adorar con cariño, con las llagas abiertas. Y, mientras tanto, quienes no podemos viajar hasta allí, y mucho menos llevar ya años viviendo en el país, como hace Fernández, podemos ver su reflejo en este libro sobre una revolución que ha muerto, pero que no se deciden a enterrar del todo. Porque se trata de uno de los proyectos sociales más inclasificables de la historia humana, del que queda lo bueno, lo malo y, por encima de todo, lo humano. Si tuviéramos que elegir un adjetivo para calificar este libro, sincero es el que más se pega al resultado. Solo por eso merece mucho la pena leerlo. La sinceridad es un valor escasísimo.

viernes, 31 de mayo de 2019

Recomendaciones de CULTURAMAS para la feria del libro

Comienza la feria del libro de Madrid y desde esta sección queremos sugerir cuatro títulos que no deben perderse. Vamos allá:

BUCAREST

Polvo y sangre

Margo Rejmer

Traducción de Ernesto Rubio y Agata Orzeszek

LA CAJA BOOKS
En la gran tradición de los cronistas polacos
Entre polvo y sangre. Así acabó el Padre de la Nación, el Genio de los Cárpatos, el Hijo más Destacado de la Tierra Rumana: Nicolae Ceauşescu, fusilado por su pueblo en la Navidad de 1989. Bucarest es un viaje a la capital que sufrió el hambre, el frío y los horrores de aquel comunismo personalista. Un sistema marcado por el delirio megalómano, la paranoia del espionaje y la delación, y el miedo a un dictador que anheló tener sus propias hormigas, sus propios hormigueros y su propio prado hor­migonado donde las hormigas bailaran en su honor.
Con las armas del mejor periodismo y una escritura desbordante que combina el lirismo con la fuerza de los testimonios, la reportera polaca Margo Rejmer traza el retrato caleidoscópico de una ciudad de neones y cemento gris que conserva la huella del totalitarismo. Un lugar donde los ideales han sido reemplazados por la vida prosaica del capitalismo en crudo. Una urbe donde las esperanzas que sembró la revolución se han tornado desencanto y resignación. Como dicen los rumanos, «asta e»: es lo que hay.
Rejmer pasea fascinada entre hordas de perros callejeros –rastro espectral del periodo socialista– y rememora el mosaico de la Bucarest de entreguerras: judía, griega, rural, burguesa, gitana, seudoparisina y caóticamente balcánica. La autora se sumerge en las historias anónimas de la Rumanía poscomunista y, en la mejor tradición de la Nobel Svetlana Alexiévich, escucha de cerca a sus gentes. Como las mujeres que sufrieron la desconocida atrocidad de los abortos ilegales en masa: un trauma colectivo manchado con la sangre del dolor íntimo y cubierto por el polvo de una Historia que se quiere olvidar.

Roger Deakin

Diarios del agua

Traducción de Miguel Ros González
IMPEDIMENTA
En la gran tradición del Nature Writting británico
Un día de 1996, inspirado por «El nadador» de John Cheever, Roger Deakin emprendió el sueño de su vida: recorrer las islas británicas a nado. El libro que escribió se convertiría en un clásico de culto.
Como buen inglés, Roger Deakin adoraba el agua. Así que un día de 1996 se lanzó al foso de su casa en Suffolk y se propuso recorrer las islas británicas a nado. Playas, pozas, ríos, estanques y lidos. Acueductos, canales, cascadas y canteras inundadas. Deakin recorrió su país contemplando la vida desde la perspectiva de las ranas, y fue interceptado por guardacostas, confundido con un suicida e incluso estuvo a punto de ser engullido por un remolino en las Hébridas.
Una vibrante oda al inconformismo, a la imaginación y a la voluntad de actuar con libertad plena. Un viaje inolvidable y una audaz celebración de la atracción que el agua sigue ejerciendo en todos los seres vivos.

EVA EN LOS MUNDOS

RICARDO MARTINEZ LLORCA
LA LÍNEA DEL HORIZONTE
Un brillante desafío al conocimiento y la identidad
Aquí hay un libro escrito desde la admiración. Habla de ese territorio sutil donde conviven sueño y verdad, pues la realidad suele ser una suma de insinuaciones que deslumbran nuestra percepción en un juego de espejos. La observación abierta de esos destellos, su reflejo y escritura, habría sido territorio de varones de no ser por la presencia de algunas mujeres, brillantes todas, testigos de los ordenadores de última generación y de las perplejidades humanas.
En Eva en los mundos reunimos los perfiles de trece escritoras y cronistas, verdaderas maestras en el arte de esclarecer tiempos de tormentas. Pertenecen a cinco océanos y a momentos históricos diferentes. Sus vidas, y la lectura de sus obras, forman un mosaico que aquí se recompone con la misma pasión literaria con la que escuchamos sus voces. Evas que no ponen las cosas fáciles, porque sus biografías son océanos en los que rescatar peces de todos los colores. Esta recopilación de autoras nos permite ver a través de su mirada e imaginar sus sueños y verdades; mujeres hechas de palabras cuyo factor común tal vez sea el sentido de la justicia.
SVETLANA ALEKSIÉVICH, SOFÍA CASANOVA, CARMEN DE BURGOS, JOAN DIDION, HAYASHI FUMIKO, HELEN GARNER, MARTHA GELLHORN, LEILA GUERRIERO, JANET MALCOLM, EDNA O’BRIEN, ANNEMARIE SCHWARZENBACH, MARINA TSVETAIEVA, REBECCA WEST

Cuba

Viaje al fin de la revolución

Patricio Fernández

DEBATE
Un emocionante reencuentro con la realidad y las ilusiones
¿Cómo narrar el final de uno de los procesos políticos más relevantes ocurridos en Latinoamérica? ¿Qué registrar cuando se visita una isla donde se cede lentamente el paso a la modernización? Ambas preguntas remiten a una cuestión innegable: un capítulo en la historia contemporánea está terminando. Por esta razón, durante los últimos años, Patricio Fernández ha viajado a Cuba para relatar los hechos que han acontecido en la isla antes y después de que Fidel Castro dejara el poder en maos de su hermano Raúl.
Tomando el pulso de la vida cotidiana y describiendo sus pormenores, a la vez que recogiendo testimonios de personajes centrales y de cubanos tan anónimos como singulares, Cuba. Viaje al fin de la Revolución relata el histórico restablecimiento de las relaciones con Estados Unidos, las visitas del papa Francisco y de los Rolling Stones, la muerte de Fidel y el proceso de paz entre Colombia y las FARC mediado por la isla, entre otros hitos.
Este libro es, en suma, el retrato de una sociedad o, como señala su autor, “lo que ha quedado de ella: lo bueno, lo malo y lo inclasificable de uno de los proyectos sociales más ambiciosos de la historia humana, llevado a cabo en esta pequeña isla que hoy habita en compás de espera, aunque sin esperanza”.

sábado, 15 de septiembre de 2018

SAL&ROCA, SEPTIEMBRE, 2018


Sal&Roca, septiembre de 2018


Diarios de una nómada apasionada
Isabelle Eberhardt
Traducción de Adolfo García Ortega
La línea del horizonte
215 páginas

Este libro es una confesión. Se trata de una recopilación del pensamiento y en sentimiento íntimo de Isabelle Eberhardt (Meyrin, Ginebra, 1904 – Aïn Sefra, Argelia, 1904). Dictado sin cortapisas y con un afán juvenil, el mismo de quien se ve en la tesitura de hacerse adulto y elige hacerse adulto con todas sus consecuencias, es una obra maestra de la duda y la elección, de la observación y la integración del modo de vida elegido en eso que, a falta de otra palabra, llamaremos alma. Viajera y escritora suiza de origen ruso, Isabelle vivió, y murió cuando una riada inundó su casa, en el desierto argelino a la edad de 27 años. Hija ilegítima de Nathalie d´Eberhardt y de Alexandre Trophinowsky, sacerdote armenio amigo de Bakunin, recibió una educación nada convencional. Muy temprano tomó la costumbre de vestirse como un hombre para experimentar una vida libre y sin ataduras. Emuló a Alí-Bey (Domingo Badía) o al mismísimo Richard F. Burton. En 1897 viaja con su madre a Argelia y ambas se convierten al Islam, pero su progenitora muere a los seis meses en Bône y allí quedó enterrada con el nombre de Fatma Mannoubia. Poco después Isabelle se traslada definitivamente al país y comienza una vida en la que se mezcla sus correrías a caballo por el desierto vestida de hombre, sus crónicas de guerra, artículos para medios franceses, y hasta labores de espía para el general Hubert Lyautey. Su encuentro con el suboficial Slimène Ehnni, con quien se casó en 1901, le proporcionó la poca estabilidad emocional que tuvo en vida.
Los años finales de su corta, ambigua, e intensa vida en el desierto argelino son la médula de estas páginas escritas entre 1900 y 1904, el año de su trágica muerte. Cuando Isabelle redacta estas notas no tenía in mente su publicación, por lo que constituyen un documento veraz y espontáneo sobre sus preocupaciones, pero también su personalidad. Apasionada, rebelde, tierna, Isabelle se funde con el desierto y la cultura árabe con una exaltación romántica que lo impregna todo. Vestida de hombre y bajo la identidad masculina de Mahmoud Essadi recorre el desierto, da cuenta de su pasión por la Causa Árabe, se inicia en la espiritualidad sufí y ama locamente a Slimane Ehnni, el soldado argelino con quien se casó en 1901.
Su propia vida fue su mejor novela. Una vida que ha inspirado un par de películas, documentales, novelas y una ópera. Hasta el propio John Berger coescribió un guion sobre su fascinante historia.
“Nómada era ya cuando, de pequeña, soñaba al mirar las carreteras, las blancas carreteras tan atrayentes que conducen, bajo el sol que entonces me parecía más deslumbrante, directas a los encantos desconocidos... Y nómada seré el resto de mi vida, enamorada de los horizontes cambiantes, de las lejanías por explorar”.


Reporteras españolas, testigos de guerra
Ana del Paso
Debate
334 páginas

"Cuando una periodista es destacada a una zona de conflicto no viaja pensando en vivir o morir, sino con el objetivo de contar lo que sucede", afirma en Reporteras españolas, testigos de guerra Ana del Paso, doctora en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense y durante años periodista internacional en la agencia EFE. "A mí me ha costado mucho llegar a donde he llegado y me preguntaba si a otras compañeras les había pasado lo mismo: lo duro que es hacerse un hueco, ser enviadas o proponer y elegir temas", añade tras haber sido corresponsal en Oriente Próximo o enviada a la Guerra del Golfo.
Como respuesta nació esta obra, fruto de la primera tesis dedicada a las reporteras y enviadas especiales españolas que a lo largo de la Historia han informado sobre conflictos armados: desde Francisca de Aculodi, la mujer que en 1687 se convirtió en la primera periodista de nuestro país, y sus colegas de finales del siglo XIX y principios del XX Carmen de Burgos, Teresa de Escoriaza o Josefina Carabias; hasta 34 periodistas contemporáneas, pioneras como Rosa María Calaf y Carmen Sarmiento, de TVE, o colegas de EL MUNDO como Mónica G. Prieto o Rosa Meneses.
"Han sido tres años de pedir datos, contrastar información, hacer entrevistas, elaborar fichas, comparar sus crónicas... Cada una en nuestra época hemos tenido problemas, mucha presión por parte de los jefes, las redacciones o los compañeros, pero ahí estamos", explica sobre el machismo imperante en la profesión.


Si levantase la cabeza Francisca de Aculodi, la española que en 1687 se convirtió en la primera periodista española, se quedaría perpleja al ver el número creciente de reporteras y enviadas especiales que informan de conflictos armados. Son testigos de excepción que trabajan al límite en situaciones de horror y muerte. Describen la guerra, la fotografían y la filman, la analizan, entrevistan a uno y otro bando, se esfuerzan para que no permanezcamos impasibles ante las injusticias humanas. Este libro habla de cinco siglos de periodismo de guerra hecho por mujeres que han informado de acontecimientos históricos. Desde las pioneras como Carmen de Burgos, Teresa de Escoriaza o Josefina Carabias, por citar algunas, hasta las jóvenes reporteras españolas que informan desde Oriente Próximo, África, América y Asia. Todas han conseguido romper moldes, hacerse un hueco en este difícil sector y convertir su vocación de periodista en su medio de vida; ser ellas, y no otros, las que informen del territorio hostil.
Esta es la primera obra que recoge testimonios de treinta y cuatro periodistas contemporáneas, que hablan alto y claro. Han sobrevivido a guerrillas, mercenarios, terroristas, sátrapas, dictadores, francotiradores, políticos corruptos y traficantes de personas. Han sido detenidas, expulsadas del país, amenazadas de muerte y tiroteadas, pero todas cuentan con el respeto profesional que se han ganado a pulso. Han demostrado su valía como nadie y, a pesar pertenecer a décadas tan alejadas, comparten muchos de los impedimentos que sufrieron las pioneras de esta profesión.

La vuelta al mundo de Lizzy Fogg
Elisabeth G. Iborra
Casiopea
530 páginas

El libro lleva el subtítulo de Consejos para mujeres que viajan solas. ¿Se necesita algo más? Sí, un sentido del humor y del compromiso con el lector, porque en este volumen Iborra nos hablará de los mejores tiempos, al menos de los mejores tiempos para sus viajes con la mochila. Y todos nos podemos identificar con ella. “Creo que a todos suele acabar cambiándonos la vida porque, en tanto tiempo a solas contigo mismo y poniéndote a prueba cada día, aprendes realmente quién eres por dentro y vuelves con las ideas bien claras de lo que quieres y lo que nunca más volverás a aguantar. A todos los niveles”, ha dejado dicho la autora, que se propone realizar el sueño de dar la vuelta al mundo y sugiere, a quien lo tenga, que no se ponga escusas, que, sencillamente, se ponga en marcha. “Espero que mi relato os despierte la curiosidad, las ganas, la pasión por conocer lugares y gentes que os llenarán el alma sólo de leer cómo son, imaginaos si los conocierais en persona”. Durante su periplo se encuentra con gente impresionante que da lecciones de humanidad y generosidad. De país en país vive mil aventuras, descubre rincones mágicos que la llevan hasta las lágrimas y se descubre a sí misma en todas las situaciones, desde lo cotidiano al riesgo. Crece emocional e intelectualmente. “Para mí, esta vuelta al mundo ha sido mi Postgrado… en Inteligencia Emocional”.
No se sabe si emprendió antes la aventura de escribir o la de viajar. Porque Elisabeth G. Iborra lleva ambas cosas en las venas. Autora de un bestseller (Anécdotas de enfermeras), y de otros libros que han sido superventas (La medicina todo lo cura, El amor me persigue, pero yo soy más rápida, a ti te encontré en Internet, o Este año si!). Elisabeth, vividora, transgresora, con un sentido del humor que lo llena todo, periodista especializada en temas de sexología y en relaciones sentimentales, recuerda una de esas pioneras victorianas adelantada a su tiempo. Porque todo cuanto hace, o la forma en la que lo hace, tiene algo de rompedor. 

La trenza
Laetitia Colombani
Traducción de José Antonio Soriano Marco
Salamandra
208 páginas

Porque esta es una sección literaria, recomendamos algo de ficción. No es lo habitual, pero en este caso nos ha parecido que no carece de interés. Para construir esta hermosa y lírica novela, Colombani se sumergió a fondo no solo dentro de la piel de las tres mujeres protagonistas, sino también del mundo que les rodea. Las sociedades, el aspecto y las costumbres, la maldición de las tradiciones y la buena o mala suerte de no haber elegido dónde nacer, imponen el devenir de las protagonistas de esta novela. Una buena compañía para el viaje, al mar o a la montaña. Una obra sobre las bifurcaciones que nos presenta el hecho de vivir y el riesgo de la elección, sobre el coraje necesario para poner en marcha un orden diferente.

La trenza fue uno de los fenómenos editoriales de 2017. En esta narración vibrante y conmovedora, Laetitia Colombani —guionista, directora y actriz de reconocido prestigio— aborda las historias de tres mujeres que, nacidas en continentes muy dispares, comparten unas ideas y sentimientos que las unen en un poderoso anhelo de libertad.

INDIA. En Badlapur, la intocable Smita sobrevive recogiendo los excrementos de una casta superior. Resignada a su condición, está decidida en cambio a que su hija no siga sus pasos: la pequeña irá a la escuela y su vida será digna y provechosa, aunque para ello Smita tenga que desafiar las normas establecidas.
ITALIA. A Giulia le encanta trabajar en el taller familiar, el último de Palermo que confecciona pelucas con pelo auténtico. Hubiera podido ir a la universidad, pero dejó el instituto con dieciséis años para iniciarse en los secretos de este oficio. Cuando su padre sufre un accidente y Giulia descubre que el negocio está al borde de la quiebra, afronta la adversidad con valentía y determinación.
CANADÁ. Sarah es una abogada de éxito en Montreal que lo ha sacrificado todo por su carrera: dos matrimonios fallidos y tres hijos a los que no ha visto crecer. Un día, tras caer desmayada en el transcurso de un juicio, Sarah comprende que su vida ha dado un vuelco y que deberá escoger lo que de verdad le importa.
Smita, Giulia y Sarah no se conocen, pero tienen en común el empuje y el tesón de las mujeres que rechazan lo que el destino les ha reservado y se rebelan contra las circunstancias que las oprimen. Como hilos invisibles, sus caminos se entrelazan, formando una trenza que simboliza la voluntad inquebrantable de vivir con esperanza e ilusión.