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miércoles, 20 de mayo de 2026

ELOGIO DE LA LITERATURA. OBRAS PARALELAS

 

Elogio de la literatura. Obras paralelas

Santiago Alba Rico

Akal

Madrid, 2026

550 páginas

 

 


Habíamos leído Nadie está seguro con un libro en las manos y Leer con niños, que nos dieron el tono con que Santiago Alba Rico (Madrid, 1960) defiende la literatura y la ficción como parte de la obra que nos ayuda a crecer, cuando, para la mejor de las satisfacciones, llega esta otra entrega, Elogio de la literatura. Obras paralelas. Alba Rico vuelve a plantearse que la ficción, la autonomía de la ficción, es el mejor camino para acceder a la verdad. A tal fin, selecciona doce obras y a sus autores, elaborando una serie de parejas sorprendentes con el fin de demostrar que los clásicos no terminan nunca. De la pareja que forman Kafka y Beatrix Potter concluirá que antes de reconstruirnos, tendremos que sufrir desasosiego, pasar por lo onírico y lo distópico, por la fragilidad que nos hace sentir la violencia contemporánea. La libertad será el asunto que unifique a Tintín con Moby Dick, ese sentimiento ambiguo que nos habla de cadenas a través de la ironía o la ingenuidad. En cuando a Los dos idiotas, que es como se titula el capítulo dedicado a El idiota y El buen soldado Svejk, cabe destacar el trato con el dolor y con la juventud, aunque uno sea idiota por no encontrar su sitio en el mundo, y el otro porque el mundo es su sitio; pero con ambos nos podemos reír a cuenta del lío que han organizado los más listos. Tanto Pickwick como Don Quijote serán personajes que traten, de manera muy diferente, con la fuga, con la lucha y contra el destino, ese que han creado las instituciones que a su vez crearon los humanos y que tanto se asemeja a ruinas. Tanto el monstruo de Frankenstein como los que aparecen en El corazón es un cazador solitario, tratan con las dificultades del amor, con la soledad, con los medios cuerpos que en realidad somos. Para finalizar, hablaremos de Jane Austen y de Marcel Proust, dos enormes observadores que nos llevarán a conclusiones estremecedoras: «En el momento de nuestra muerte no se nos preguntará si habríamos preferido no nacer; tampoco si habríamos podido hacer menos daño del que hemos hecho; se nos preguntará si habríamos preferido, condenados a estar vivos, no haber conocido el dolor, el amor, el jeroglífico del color rojo, el alivio repentino de la lluvia».

El estudio de Alba Rico es exhaustivo y su expresión formada por los mejores profesores de retórica. Ya conocíamos su estilo, su tendencia a la glosa, sus sorprendentes asociaciones, sus enunciados explicativos, todo ello ordenado de manera que podríamos afirmar, por delante de todo lo demás, que estamos ante alguien cuya especialidad es la construcción del pensamiento. Pero esta obra es mucho más que eso. Es un compendio que invita a comprender, no a criticar o a analizar: aquí entra en juego la psicología, la filosofía, los valores poéticos, la política, la sociología y hasta la teología. Todo interpelando al lector de manera que lo que propone es una invitación al descubrimiento, busca la complicidad del lector y propone a este como autor del texto que va leyendo, pues leer es construir el texto. Alba Rico es subjetivo, sí, y de vez en cuando nos lo va reconociendo, no se esconde y nos lleva a preguntarnos si la realidad, que debería ser objetiva, se puede componer a partir de la suma de las únicas formas que tenemos de conocer, que son subjetivas. Y, aun así, y como los autores a los que se refiere, se rebela contra el relativismo, porque sabe que existe el sol y que existen las mareas. Alba Rico hablará de los procesos de creación y de la humanidad, de todo lo humano, entre lo que se encuentra la gran literatura, llegando a tomar la postura de Don Quijote, sobre la que el propio Alba Rico expresa que «empieza defendiendo la realidad de los relatos y acaba defendiendo su verdad». Realidad, relato, verdad, humanidad, todo lo que contiene, siempre, el buen hacer de uno de nuestros escritores más inquietos. Un libro para leer varias veces antes de volver a leer los que el autor propone.


Fuente: Zenda

lunes, 19 de marzo de 2018

GRAND TOUR

El Grand Tour’ es un libro de labor histórica encomiable que Daniel Muñoz de Julián ha concebido a modo de guía práctica para esos viajeros ilustrados que partían hacia Italia, Oriente y España durante meses y hasta años, en busca de arte, ideas, experiencias y nuevos horizontes. ¿Cómo era ese largo viaje?

Hace varias décadas, un periódico inglés solicitó a un intelectual de cada país de Europa un artículo en el que expresara su parecer sobre Inglaterra. El redactor encargado tuvo la fortuna de elegir, de entre los escritores franceses, a Jean Genet. Genet no se anduvo por las ramas y expresó todo lo horroroso que tiene un país de gente con jóvenes de piel lechosa, pan blando y comida sin sabor, un clima gris y toda suerte de realidades por las que no se le ocurriría, jamás, ir a vivir a Londres. Genet, debemos recordar, estaba enamorado de los hombres magrebíes, entre los que encontraba con frecuencia amantes. El traductor del artículo, una vez hecho su trabajo, le envió una copia a Genet para que la corrigiera. En la carta añadía una postdata en la que indicaba que, en su opinión, Genet no había entendido las virtudes inglesas, como por ejemplo el sentido de estado. Mientras que en países como Italia, le comentaba, la gente hace todo lo que puede por estafar al fisco, en Inglaterra nadie engañaba al recaudador del erario. Genet le devolvió el artículo al periódico con una única modificación. Al final del artículo había añadido una frase: “Inglaterra es un gran país porque los italianos no pagan sus impuestos”.
La doble lección que dio Genet al periódico fue la de responderles con humor, sí, pero con ese tipo de humor que uno llamaría británico. Ese es el sentido con el que está escrito este El Grand Tour, en el que su autor, Daniel Muñoz de Julián (Madrid, 1982) se pone en la inteligencia de un mentor inglés que da lecciones a su pupilo, o a su pupila escondida bajo el disfraz de chico, sobre cómo atravesar Francia e Italia. Parte de la única razón posible para emprender un viaje, la de conocer, aprender, juzgar, discurrir, frente a las que otro humorista británico, Sterne, afectaba: “En realidad solo se deja el país por tres causas: enfermedad del cuerpo, imbecilidad mental o inevitable necesidad”. Y sitúa a su viajero y a su mentor en la época de la que más merece la pena reírse: la Ilustración. Son los años de lo solemne: “La solemnidad es el disfraz que usa la estupidez para hacerse pasar por respetable”, dictó un clásico latino.
“Este libro tiene apariencia de pastiche, y recordará al extravagante Montaigne, pero en realidad está presidido más bien por el espíritu de Plinio. Como no conoces ni a uno ni a otro, tanto da, pero el caso es que esta, que desconoce la inmodestia, puede ser la guía de las guías”. Porque la estructura, eso sí, se corresponde en cierta medida a las de los apartados de las Lonely Planet en que sugieren un itinerario, cuyo interés sigue siendo la anglofilia: “Ahora, los ritmos lentos de Inglaterra no deben hacer tampoco que la desvalorices. Justamente, la tarea que te espera es convertirla en algo mejor”, se comenta en las conclusiones. Conclusiones que vienen de unos consejos que a lo que más se asemejan son a los que Don Quijote soltó a Sancho la noche antes de que le nombraran gobernador de la ínsula de Barataria, pero adaptados a las condiciones de las ciudades y los parajes por los que atravesará el joven viajero.
Muñoz de Julián ha hecho, para este aparente ejercicio de humor, un inmenso trabajo de documentación y proyección sobre la época de la Ilustración, desde los padres de la Enciclopedia a la picaresca. Destaca, por encima de todo, la labor de historiador social, de conocedor de la vida mundana de la gente. Se nombran, sí, a los embajadores y filósofos, de los que siempre se extrae algún detalle burlón, al igual que lo hace a través de la selección de imágenes con las que ilustra el libro. Pero cuentan más los estafadores y sacacuartos, los vividores y los campesinos, los pendencieros y la decadencia de la clase culta… excepto en Venecia y en el orientalismo con que se mira a Nápoles. Entre otras razones, porque da por supuesto que una de las intenciones de su pupilo será comprar arte durante el viaje. Así, al tiempo que caricaturiza a los expertos y comerciantes, da cuenta de las obras ante las que merece la pena detenerse. Y del regateo como una burla a la inteligencia. Siempre, eso sí, desde la consideración de hombría que tiene un inglés, uno de esos muchachos que ya desde niño aprendió que no se debe escatimar a la hora de pagar impuestos, porque el sentido de estado y de pertenencia está a la altura de la cualidad más honesta posible.

Fuente: La línea del horizonte

domingo, 7 de enero de 2018

GUÍA PARA VIAJEROS ILUSTRADOS

Guía para viajeros ilustrados


‘El Grand Tour’ es un libro de labor histórica encomiable que Daniel Muñoz de Julián ha concebido a modo de guía práctica para esos viajeros ilustrados que partían hacia Italia, Oriente y España durante meses y hasta años, en busca de arte, ideas, experiencias y nuevos horizontes.

Hace varias décadas, un periódico inglés solicitó a un intelectual de cada país de Europa un artículo en el que expresara su parecer sobre Inglaterra. El redactor encargado tuvo la fortuna de elegir, de entre los escritores franceses, a Jean Genet...