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jueves, 10 de agosto de 2023

LOS DIARIOS DEL OPIO

 

Los diarios del opio

David Jiménez

Ariel

Barcelona, 2023

270 páginas

 



Vuelve a ser la felicidad lo que nos pondrá en marcha. La palabra apenas aparece en toda la obra, pero el concepto fluye a través de lo que motiva a sacar adelante cada una de las vidas que se describen. No se alcanza la felicidad, en casi ningún caso, porque la felicidad no es un absoluto, porque de alcanzarla no sabríamos qué hacer con ella. Pero sí existe la promesa de felicidad y, como consecuencia de ello, la búsqueda de la felicidad. Y esta búsqueda es activa. La felicidad no nos va a pillar sentados, no va a venir a hacernos una visita. El mundo es inmenso y ahí fuera, en algún lugar, debe de estar el momento en que seremos felices. Llegaremos a tocarlo con los dedos y se esfumará, pero saber que existe nos permitirá volver a retomar los remos, a buscar los vientos, a poner en marcha el mecanismo de los sueños y convencernos de que sí es posible concedérnosla. La búsqueda de la felicidad es el primer derecho que uno se debe conceder a sí mismo. De esto trata este libro, este Los diarios del opio, que David Jiménez (Barcelona, 1971) ha escrito con eso que uno se atreve a llamar pasión. Pasión por llevar a cabo el objetivo de buscar la felicidad.

David Jiménez fue corresponsal en Asia durante dos décadas y ahí sitúa el contenido de la felicidad. Él nos habla de misterio, del misterio de Asia, del misterio del extremo oriente, de las otras culturas que tanto llaman la atención de los viajeros y de los turistas, un mercado por el que no siente demasiado aprecio. Para ello se refugia en los incontestables perfiles de varios de nuestros autores favoritos: Somerset Maugham, Conrad, Kipling, Orwell, Alexandra David-Néel, Martha Gelhorn, Graham Greene, Manu Leguineche, Nicolas Bouvier y Tiziano Terzani. Con ellos comparte la sensación de que Asia y el viaje serán el medio para llegar a la felicidad. Pero todos ellos, incluido David Jiménez, son conscientes de que no existe diferencia entre el fin y los medios. De ahí que cuando uno llega a ser feliz, sienta cómo se le escapa la emoción y para recuperarla, porque no la ha entendido ni ha entendido por qué no se queda, recurra al concepto de misterio. El viajero, nuestros viajeros, se mostrarán tal vez cansados de sí mismos, pero no de sus sueños. Con diferentes ánimos, desde el colonial al existencialista, desde el de la denuncia al espiritual, no cesan de luchar, pero esta lucha es el agradecido viaje y la agradecida literatura.

David Jiménez traza unos perfiles que en buena medida ya conocíamos, pero que estamos encantados de volver a recordar. Y junto a ellos, nos habla de su propia experiencia, seleccionando momentos álgidos, días y kilómetros que nos hubiera gustado compartir con él. El mundo se ha ido haciendo más pequeño, pero todavía contiene escondites ajenos a las masas e incluso a Google Maps. Jiménez ha conocido de primera mano y ha leído a los maestros, y también se ha interesado por las leyendas con que se han construido los diferentes países por los que camina: Birmania, Laos, Tailandia, Indonesia, India, Pakistán, Vietnam, China, Filipinas, Japón. La relación de lecturas y de paseos no puede producir otra cosa que no sea envidia. Pero será gasolina de muy alto octanaje en el lector, un claro impulso para que refresque su propio derecho a buscar la felicidad y poner en marcha el motor que le permita perseguir sueños mientras disfruta de tenerlos. ¿No es acaso este el principal y más honesto objetivo de la literatura? No importa que en cuanto creamos que tocamos el misterio, se desvanezca entre los dedos. Lo que cuenta es saber que existe un misterio y concedernos la autoría de una vida en la que vamos a su encuentro.


Fuente: Zenda

martes, 20 de octubre de 2020

DIOSES CONTRA MICROBIOS

 

Dioses contra microbios

Alejandro Gándara

Ariel

Barcelona, 2020

221 páginas

 


“O vivimos para construir nuestro carácter o vivimos para defender nuestros intereses”.

El dilema, añade Alejandro Gándara, es sencillo. Pero no deja de ser una decisión que, tristemente, no siempre está en nuestra mano elegir. Vivir para defender nuestros intereses tiene mucho de construcción social. Al igual que la conciencia, por ejemplo. Lo cual no implica que no podamos vivir para construir nuestro carácter, es decir, para intentar ser mejores de día en día, sin una meta fija. La vida es conflicto y pensar que éste tiene solución sirve para crear tensiones. Eliminar estas tensiones y aprender a vivir en el conflicto, que nos servirá, pues, como impulso ético, es la enseñanza que nos trae este libro, estos dioses contra microbios, que nos devuelven a la forma de entender el oficio de vivir que sentían los griegos. El libro puede parecer oportunista, embarcado en la ola de ensayos sobre pandemias y confinamientos al que nos vemos abocados. Nada más lejos. Se trata de un ensayo que podría haber sucedido sin el malestar que ha empañado el 2020. Porque la referencia a la sabiduría de los clásicos no deberíamos de haberla perdido nunca, pues ha implicado deshumanización, pérdida de identidad, vagar en la noche sin una linterna.

Gándara se centra en dos tipos de lucubraciones: las que tienen lugar dentro y entorno a su cuerpo a cuenta del confinamiento y las que hacen referencia a cómo afrontaban el trance, los trances, los griegos. Los centros de interés van variando, pero no pueden ser más universales, más eternos: el estrés, el héroe, los ritos, la belleza, el alma, el sueño, los números, los sentimientos, el miedo, la poesía. Saca a la vista los monstruos contemporáneos, los individuales y los sociales, y va, poco a poco, reflejando las pérdidas que nos ayudarían a solventar este tedio y este dolor, enfrentando, constantemente, el pensamiento a partir de dilemas: los cotidiano contra lo mítico, las palabras como mensaje y como contenido, el conocimiento frente a la divulgación mediática, el control del medio contra el reposo de la verdad, la comunidad o tribu frente a la sociedad o degeneración de la polis. La vida, nos viene a decir, es contradictoria: nada es del todo bueno y nada es malo por completo. Ante el acoso de los espacios subjetivos, se expone la necesaria investigación sobre los espacios objetivos, siempre y cuando seamos conscientes de que será la investigación y no las conclusiones donde se halle lo que precisamos: aquello que nos hará sentir más enteros, menos desgraciados.

Las interpretaciones constantes de mitos, desde Eros y Tánatos a los protagonistas de la Odisea, está llena de una inteligencia transversal: Gándara posee el don de mirar desde ángulos diferentes, de “captar lo que se escapa a la aritmética del control”. Sobre la verdad nos indicará que, por cruda que sea, es hospitalaria. Sobre el equilibrio sentimental nos afirmará que solo el amor es capaz de infundir a la vez la inspiración para la acción y la libertad para llevarla a cabo: “Nunca te sientes más audaz ni más dueño de tus elecciones”, afirma. De la poesía nos recordará que para los griegos antiguos era la sabiduría que engendró la ciencia y la filosofía, el arte que inspiró la ciudad, hizo posible la tragedia y construyó la memoria. “Hasta donde llego, cuáles son mis límites, la medida de mis fuerzas, de mi inteligencia, de mi capacidad de amar” son preguntas que si uno responde honradamente lo transforman en un héroe. El héroe es el que desafía a la vida, nos dice, algo que deberíamos recordar fuera de este tiempo.

En lo que atañe al momento que estamos viviendo, cuando Gándara atiende a los mensajes que recibimos no cesa en un empeño crítico, como si respetara, con frecuencia, al cuerpo, que es donde sentiremos la sanación, y denuncia al mal que nos sacude por el pésimo gusto contemporáneo: “Cuanto más fuerte sea el contagio de las palabras, más intenso es el deseo de libertad física y, proporcionalmente, más difícil de cumplir o de satisfacer”. A estos males no le queda más remedio que consagrar unos cuantos párrafos, entre salto y salto por los beneficios de recordarnos que deberíamos leer a los clásicos griegos, volver a los clásicos griegos, estudiarlos y, sobre todo, pensar mucho y sentir mucho con ellos.

domingo, 21 de mayo de 2017

Cuatro formas de romper suelas

Este es el artículo con la selección de libros del mes de mayo para Sal&Roca.Cuatro recomendaciones amigas para romper suelas. 


Este mes nos centramos en cuatro formas de viajar. Cada una de ellas reflejada por un autor español. Porque no todo se reduce a los testimonios de grandes expediciones, de grandes alturas, de inmensas rutas oceánicas. Porque no todo es competición, porque viajar por viajar, y a ser posible caminando, sigue conservando el valor de lo auténtico, la medida por la que nos debemos regir, que es la vida humana.



En la ciudad sumergida
José Carlos Llop
Alfaguara
Madrid, 2017
338 páginas
No es fácil encontrar a eso que se conoce como aventurero urbano. Ni siquiera podemos certificar que exista. Existe, eso sí, el paseante. En Francia y Alemania se les conoció como flaneurs, un término que no acaba de encajar en el caso de José Carlos Llop (Palma, 1956). Llop no es un hedonista recorriendo calles. Llop es un poeta. Y la primera ciudad que debe descubrir, esa que todos damos por supuesto que conocemos y de ahí que no nos adentremos en ella, es la ciudad en donde vive. En este caso, Palma de Mallorca. Con mucho lirismo, con una mirada que ve a través del asfalto y las paredes hacia el pasado, con una inteligencia que reconoce el sentido de cualquier gesto en las personas con las que se encuentra, Llop nos descubre que los lugares tienen su espíritu, y que el espíritu, dado que es humano, se lo regalan los que por allí pasaron. Palma es la ciudad que ve, pero también la que pudo ser. Un libro hermoso.
Sinopsis:
«A principios del siglo XXI, la ciudad donde nací dejó de ser la ciudad donde había nacido. La ciudad real se convirtió en la ciudad de la memoria y sus calles, en el eco de las calles donde yo había vivido. Sólo el eco -como los pasos en un escenario vacío-, y su recuerdo, un espejismo. Pensé en la ciudad distinta y en la literatura como en un testamento del tiempo. Y supe que debía escribir este libro.»
Escrita con el poder evocador y la belleza que definen la literatura del autor, esta obra es la crónica de una ciudad -Palma de Mallorca-, situada en la encrucijada entre Oriente y Occidente y con el mar como frontera inmóvil. Una emocionante elegía por un lugar que tal vez nunca más podrá volver a ser lo que fue en las brillantes décadas de los sesenta y los setenta, cuando artistas e intelectuales, aristócratas, testigos de la Segunda Guerra Mundial, hippies, espías, exiliados y soldados estadounidenses entrecruzaron sus vidas con los habitantes de la isla.



Historias de salacot y fortasec
Enrique Vaquerizo
VAP
Madrid, 2017
320 páginas

Ahora sí, ahora nos vamos de viaje al continente que significa viaje por excelencia: África. Nombrar la palabra exploración y venirse a la mente el mapa de África es una reacción inmediata. Luego vendrán otros viajes, pero primero está África, el país de los dogones, los conflictos étnicos, el Sahel y la selva… Un inmenso territorio donde, más que en ningún otro sitio del mundo, y por más tiempo que uno pase allí, siempre será un extranjero. Para ser africano uno debe haber nacido en Camerún o Zambia. Enrique Vaquerizo no tuvo esa suerte. Pero sí se le permitió ese amor, ese noviazgo que refleja en este libro donde la historia tortuosa del continente se compagina con las sonrisas de los niños. Cualquiera de las dos, es sincera. Enrique Vaquerizo es uno de esos viajeros que vagan, cuyo destino se va perfilando sobre la marcha, contagiado por tal o cual tentación, iluminado por una leyenda o cautivado por una intriga. Vaquerizo consigue transmitir la sensación de que el tiempo en África no transcurre a la misma velocidad que en el resto del mundo. Y se convierte en explorador por ser la primera persona en compartir el fuego y el aire con una anciana o con los habitantes de un arrabal en el que nadie se atreve a entrar.
Sinopsis:
Historias de salacot y Fortasec es una crónica de descubrimiento, desengaño y amor hacia esa África que no suele aparecer en los documentales de sobremesa. Esa parte del continente vacía de animales y safaris, pero llena de caminos polvorientos, alertas de las embajadas, medicamentos para la malaria, enjambres de niños y, sobre todo, vivencias sorprendentes. A través de veintisiete postales repartidas por ocho países de África Occidental, el libro muestra la cotidianeidad del viaje por la región del Sahel, una experiencia más cercana al uso indiscriminado del Fortasec que a las idealizadas estampas africanas de Hemingway en salacot posando bajo las nieves del Kilimanjaro.
Así, subidos a furgonetas atestadas, motocicletas que se caen a pedazos y cayucos que apenas flotan, acompañaremos al autor en su trabajo como cooperante en una leprosería de Níger, en sus intentos por extender las redes sociales por el Sahel, en la visita a un anciano rey de líbido desatada en Camerún o en su encuentro con los últimos pigmeos del continente. Siempre bajo la persistente amenaza del terrorismo en la región y la dureza de la vida de sus habitantes. Este libro supone una incursión en ese género que son los libros sobre África a través de su región menos contada, la occidental. Sus páginas son un viaje rebosante de encuentros humanos e historias desconcertantes y, sobre todo, de mucho, mucho humor.




Mabuhay. Bienvenidos a Filipinas
Ramon Vilaró
Península
Barcelona, 2017
268 páginas

Vilaró (Vic, 1945) es un veterano en esto de los viajes y en esto de escribir. Y se nota el oficio. Durante cuarenta años ha visitado Filipinas en infinidad de ocasiones: como corresponsal, como documentalista, como viajero. Al cabo de ese tiempo y de tomar notas, se ha dado cuenta que viajar a un país es viajar a sus gentes. Es cierto que a sus gentes, a su vez, les ha construido el país: la pobreza, el paisaje, los vínculos, la ética que surge de una forma natural, sin tratados ni enciclopedias. Esas son las Filipinas que lleva Vilaró dentro. Puede haberse entrevistado con políticos de alto rango, con escritores, con empresarios o con cualquier otro personaje destacado. Pero las señas de identidad siempre serán las de los humildes. Al contrario de lo que sucede en África, en estos países de Asia uno se sabe extranjero, pero los siente como un hogar.
Sinopsis:
Mabuhay, bienvenido. Es la expresión con que los filipinos reciben a quienes, como Ramon Vilaró, vienen de lejos. Pocos conocen mejor que este periodista y escritor el nuevo destino de moda del sudeste asiático, de cuyas sacudidas políticas ha sido a menudo testigo directo. Sobre todo de las más recordadas, como el final de la dictadura de Ferdinand Marcos y las revueltas que llevaron al poder a Cory Aquino.
Pese a ello este no es solo un recorrido por la historia reciente de Filipinas. Profundo conocedor del país, Vilaró suele buscar en sus viajes las huellas aún vivas de más de tres siglos de colonización española. En Baler resistieron los últimos de Filipinas y en el valle de Cagayán aún recuerdan las visitas de Jaime Gil de Biedma, empleado de la Compañía General de Tabacos de Filipinas. Perviven los apellidos españoles —impuestos a la población— y, en Zamboanga del Sur, incluso algunos restos de chabacano.
Mansiones señoriales, ingenios azucareros, pequeños poblados en playas paradisíacas, iglesias siempre llenas, un vibrante patrimonio gastronómico y cultural… Mabuhay es sobre todo una invitación a emprender, felices, un viaje a un país tan próximo como lejano, tan desconocido como familiar, intensamente vivo, al que su atractivo turístico y la presidencia del polémico Rodrigo Duterte han vuelto a poner en el primer plano de la actualidad.




El triunfo de los principios. Cómo vivir con Thoreau
Toni Montesinos
Barcelona, 2017
526 páginas

Thoreau es una leyenda. Thoreau es un mito. Uno puede elegir entre la realidad de la vida de Thoreau o su mito. Walden, la cabaña minúscula en la que convivió con la naturaleza, a pelo, durante varios años, está situada a cuarenta, tal vez cincuenta, dependiendo de la nevada, minutos a pie de la ciudad donde vivía la familia de Thoreau. El mito es Walden. Quedarse con la posibilidad que estaba a su alcance de ir a diario a la ciudad para sentarse junto a un buen fuego, es matar el mito. Y por tanto matarnos a nosotros, que tan necesitados estamos de mitos. Toni Montesinos (Barcelona, 1972) es ya casi eso que se conoce como un escritor profesional. Pero no escribe sobre cualquier cosa. Montesinos sabe que para conseguir un buen libro, uno debe escribir teniendo muy claro qué es lo que ama. En este caso el mito: los principios de Thoreau que son los que surgen de caminar, sencillamente caminar, por la naturaleza. Fáciles de reconocer. Complicados de transcribir. De ahí esta empresa que Montesinos resuelve con solvencia: una biografía emocional de Thoreau, que apenas se alejó de su lugar de nacimiento, pero que rompió suelas durante kilómetros y kilómetros de parajes hermosos, de bosques, de costas, de aquellos lugares que simbolizan la libertad.
Sinopsis:
Se asocia frecuentemente a Henry David Thoreau tanto con la desobediencia civil, en un contexto de lucha contra la esclavitud y la guerra en unos Estados Unidos que se estaban formando, como con la atracción que sintió por la vida de los indios. Pero lo cierto es que este observador de la naturaleza y el comportamiento humano abordó en su día todo lo que hoy es importante para nosotros. En Walden, pero también en el resto de sus libros, diarios y cartas, habló desde una perspectiva autobiográfica de la amistad, el amor, la economía, la educación, la política, la religión, la hipocresía social… Siempre asentándose en ideas firmes y practicando la austeridad, confiando en los sentidos y la intuición, con la voluntad de hacer de su presente algo que le trascendiera.
El triunfo de los principios es una biografía de Thoreau y a la vez un recorrido por sus reflexiones y experiencias, un cuestionamiento de nuestra vida actual desde la ocurrida a mediados del siglo xix en un pequeño pueblo de Massachusetts, Concord, donde también residieron Emerson, Hawthorne y L. M. Alcott. La inteligencia y belleza de sus escritos, en los que destaca el tono irónico o contundente sobre sus conciudadanos, su fe en la autoconfianza, en la bondad como la mejor inversión, en la eliminación de las necesidades autoimpuestas, nos sugerirán comprender, por decirlo con sus palabras, la esencia de la vida, y hacer del carpe diem, la sinceridad y la sencillez un faro de comportamiento y pensamiento cotidiano.



jueves, 4 de mayo de 2017

“El triunfo de los principios”

El triunfo de los principios. Cómo vivir con Thoreau

Toni Montesinos Gilbert

Editorial: Editorial Ariel
Cómo vivir. Cómo sacarle el mayor partido a la vida. Cómo libar la miel de la flor del mundo. Ese es mi trabajo diario.
Se asocia frecuentemente a Henry David Thoreau tanto con la desobediencia civil, en un contexto de lucha contra la esclavitud y la guerra en unos Estados Unidos que se estaban formando, como con la atracción que sintió por la vida de los indios. Pero lo cierto es que este observador de la naturaleza y el comportamiento humano abordó en su día todo lo que hoy es importante para nosotros. En Walden, pero también en el resto de sus libros, diarios y cartas, habló desde una perspectiva autobiográfica de la amistad, el amor, la economía, la educación, la política, la religión, la hipocresía social… Siempre asentándose en ideas firmes y practicando la austeridad, confiando en los sentidos y la intuición, con la voluntad de hacer de su presente algo que le trascendiera.
El triunfo de los principios es una biografía de Thoreau y a la vez un recorrido por sus reflexiones y experiencias, un cuestionamiento de nuestra vida actual desde la ocurrida a mediados del siglo xix en un pequeño pueblo de Massachusetts, Concord, donde también residieron Emerson, Hawthorne y L. M. Alcott. La inteligencia y belleza de sus escritos, en los que destaca el tono irónico o contundente sobre sus conciudadanos, su fe en la autoconfianza, en la bondad como la mejor inversión, en la eliminación de las necesidades autoimpuestas, nos sugerirán comprender, por decirlo con sus palabras, la esencia de la vida, y hacer del carpe diem, la sinceridad y la sencillez un faro de comportamiento y pensamiento cotidiano.
Misantropía y soledad
El narrador estadounidense William Saroyan, en su novela sentimental y antibelicista Las aventuras de Wesley Jackson (1946), dijo algo sobre la soledad, la lectura y la vida que ahora nos atañería especialmente: «El hombre es una criatura solitaria. Está solo pese a toda la compañía que tiene en el mundo. Está tan solo que a veces se aparta de la compañía del mundo y busca la de los muertos: lee los libros que escribieron hombres que vivieron hace mucho tiempo. O bien busca la compañía del campo y del cielo y de sus criaturas, siguiendo el ejemplo de Thoreau».1 El recuerdo que tenemos de Thoreau si no hubiera tenido la determinación de pasarse más de dos años en una casa en los bosques sería bastante diferente. Sí, seguiríamos viéndolo como un hombre que paseaba a solas y se alejaba del bullicio de las gentes y las ciudades, al que le encantaban las excursiones de varios días de duración y dormir al raso, sublimando la parte animal y vegetal por encima de la humana, pero la experiencia y la escritura de Walden —los hechos y las palabras que decía Alcoriza— marcan su trayectoria y convierten aquella decisión en un hito personal, incomparable, único. Es la apuesta total por el alejamiento y la soledad persistentes, aunque tuviera contacto frecuente con los habitantes de Concord y su familia estuviera a dos kilómetros de distancia. Thoreau no es un Robinsón gratuitamente desdeñoso sin ni siquiera un Viernes que le pueda hacer compañía, pues en su casita recibirá gustoso visitas de amigos o gentes que van de 46 paso; es un solitario que disfruta de ser y de ser solitario, y que se aparta voluntariamente para colocarse de cara con lo que la vida tiene que decirle o enseñarle sin filtros, sin obstáculos o condiciones regidas por decisiones sociales. No está en una isla. Se diría que él mismo es una isla, impenetrable para los demás, o la cima inaccesible de un monte al que nunca se podrá llegar del todo por culpa de una niebla de fría severidad. Tampoco es el tipo de misántropo que popularizó Moliè- re en su obra teatral de 1666, con su protagonista Alcestes hipocondríaco y enamorado de una mujer coqueta, veleidosa y frívola que al final, con su desdén y burla, lo lleva a reflexiones de corte misógino después de que hayamos ido conociendo sus altas miras morales y el desprecio que siente por la sociedad circundante. La misantropía de Thoreau es más sutil y compleja; por supuesto, fiel a su metódica individualidad, no depende de nadie salvo de sí mismo; no busca el consuelo del amor romántico como excusa en la que apoyarse dentro de un sistema en el que no encaja con vistas a albergar esperanzas; no se limita a denunciar lo que le repele sino a proyectar remedios personales que, sumados uno a uno, se harían globales y mejorarían el mundo al final del año poco a poco.
Toni Montesinos (Barcelona, 1972) es escritor y crítico literario. Ha publicado más de veinte libros de diversos géneros: poesía, novela, ensayo y crónicas viajeras, además de editar o prologar obras de una docena de clásicos españoles, latinoamericanos y estadounidenses.