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viernes, 13 de octubre de 2023

HIDRÓGENO en ZENDA

 

En el aire de la buena ficción

En el aire de la buena ficción

Aníbal, padre de Sofía, protagonista de Hidrógeno, de Martínez Llorca (Lastura, 2023), no leía libros, sino que vivía dentro de ellos. Mientras leía, escribía con una letra diminuta entre las líneas y los márgenes de sus páginas pensamientos e ideas que se apretaban con los post-it de colores que colocaba. Recomponía su existencia en la realidad desde la ficción, aunque resurgió como ave fénix, quién lo sabe, gracias a la biblioteca que como profesor universitario tenía en casa. Era su manera de leer un libro, viviéndolo. Ricardo Martínez Llorca nos invita a socorrer a Sofía con sus primos, o no tan primos, Iñaki y Álex, de la amarga existencia a la que la abocó la hija de puta esa, su madre, Loreto, el hidrógeno, “la molécula básica, la que no se equivoca nunca, la que sabe de todo y tiene que ser la que más sabe de todo”. Y cuando escribo que Martínez Llorca “nos invita” es porque, desde el principio, acontece un cambio estilístico: el narrador de la historia se pergeña como primera persona del plural, encarnada en dos tipos, Iñaki y Álex, que nos invitan, en cierto modo como lo hacía Sherlock y Watson, a que vivamos y resolvamos esta historia junto a ellos.

Sofía presenta una mancha en la cara como la Isla de la Posesión del océano Índico. La comparación parece una hipérbole, pero el defecto no lo oculta ni el maquillaje. El rasgo físico es repulsivo y provoca asco así que Sofía trata de ocultarlo con su melena, sus gorritos y sus graciosas muecas cuando sale a la calle. Este es el motor de la narración. Esta es la isla que aísla a la protagonista, el quid de Hidrógeno. Original. Con esto, al defecto físico solo le queda repartir papeles para jugar a la ficción.

"Hidrógeno trata tantos temas como elementos tiene la tabla periódica. La combinación de elementos está salpicada con exquisitas referencias literarias, cinematográficas y musicales"

¿Es una mancha de nacimiento o fue provocada por un accidente? Los niños, sus primos, gemelos e hijos de una frutera, apodados de niños Conejo y Zanahoria, Iñaki y Álex, tratarán de convencer a su prima para que acuda a un dermatólogo. Este, finalmente, les remite, por la sospechosa etiología de la mancha, a un forense. No era previsible. Buen giro. A Sofía, que estudia o hace Químicas, se la ve con frecuencia ensimismada con los elementos químicos de la tabla periódica y un cuaderno, garabateando fórmulas y símbolos. Sofía parece tímida, pero reflexiona. Una química tímida a la que su madre, la hija de puta esa, ha domesticado para que se acostumbre y se acepte. Aníbal, su padre, que está separado de Loreto, también profesora de Derecho como él, antes de separarse, de divorciarse, quedó atrapado. Era un hombre feliz, melifluo en el trato con las mujeres, donjuán de escarceos amorosos con premio y embarazo. Incluso sin querer –sin querer dice, qué estupidez– se lo hizo a una Loreto recién licenciada, que quedó embarazada sin él llegar a saberlo hasta el día de la boda. En ese estado y desde ese momento, y con una clara intención por cambiar a su marido («pretender que la pareja cambie es un error»), empezó a chantajearlo. De hecho, hasta que nació Sofía, “antes incluso de que se besaran, con el bebé entre los dos, ella ya le había susurrado algo del estilo “ahora sí que tendrán que cambiar las cosas. Te vas a enterar”. Ahí Sofía no se refería todavía a su madre como la hija de puta esa, pero a Aníbal, su padre, se le acabaron las copas con los amigos, las cervezas, los partidos de fútbol y se atuvo a lo que dijese Loreto, puesto que ella le obligó “a ponerla por delante de todo lo que existiera en el mundo”. La hija de puta esa

"El segundo asunto es el clasismo social, tan repugnante, que se muestra con tintes de esperpento, de deformación, desde mi punto de vista"

Hidrógeno trata tantos temas como elementos tiene la tabla periódica. La combinación de elementos está salpicada con exquisitas referencias literarias, cinematográficas y musicales. Muy pertinentes, por cierto, que dotan de una original cohesión al relato. Así, las relaciones familiares son el tema principal: las de la madre con la hija, desde el desprecio y el desdén hasta el sometimiento. La del padre con la hija, desde el cariño y la protección hasta la admiración. La de la madre con el padre, desde el odio, el interés y el poder, hasta la angustia y la alienación. Si bien me costó entrar en la novela, fue a partir de su página 25, cuando leí lo que transcribo a continuación, y ya no la dejé hasta el final: “Y cuando se elige querer a alguien se le quiere más que cuando uno está obligado a querer por la cochina tradición de los lazos de sangre […] ¿Por qué ha de ser obligatorio querer a un hermano, incluso querer a una madre? Incluso hay cientos de miles de madres que se quieren cientos de miles de veces más que a sí mismas que a sus hijos”.

Hidrógeno trata el alcoholismo, la violencia psicológica y el chantaje que ejerce la mujer sobre el hombre, las complejas relaciones entre padres e hijos «hemos venido al mundo a través de nuestros padres, no para ser una extensión de ellos», pero se plantean dos temas bisagra. El primero, la prostitución y las MILF (Mother’s I’d Like to Fuck) que sirven para mostrar algunos prejuicios que la sociedad aún mantiene: «tendrá que pagar para follar», «tendrá que acudir a un banco de semen si quiere tener hijos»… «No vengas. Es demasiado horrible. Huye, huye», como escribiría Lovecraft. El segundo asunto es el clasismo social, tan repugnante, que se muestra con tintes de esperpento, de deformación, desde mi punto de vista. La bambolla social traerá vicio que corrompe, infelicidad, desestructuración familiar, criadas pobres manoseadas y embarazadas y señoritos casados con ricas al grito de un «te lo juro por Snoopy».

Acabo con un último apunte. La escritura de Hidrógeno tiene mérito. Mérito por su cadencia narrativa, parsimoniosa durante las primeras páginas, pero fulgurante y dinámica después. Hidrógeno me recordó a lo que me dijo una vez un editor: «¿Quieres saber qué es lo que más les cuesta a los escritores? Dosificar la tensión de sus novelas, entregarle al lector lo que necesita en cada momento del libro». Es lo que se llama «la paradoja del lector», que consiste, básicamente, en jugar con los niveles de ignorancia que el lector tiene mientras lee. Pues bien, Ricardo Martínez Llorca ha aplicado esta técnica con la suficiente maestría que le ha permitido dotar de verdadera calidad narrativa a Hidrógeno, novela que pasará a formar parte como componente del aire que respira la buena ficción.

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Autor: Ricardo Martínez Llorca. Título: Hidrógeno. Editorial: Lastura. Venta: Todos tus librosAmazon y Casa del Libro.

viernes, 6 de octubre de 2023

HIDRÓGENO en UN LIBRO AL DÍA

 

lunes, 4 de septiembre de 2023

Ricardo Martínez Llorca: Hidrógeno




Este es el cuarto libro que leo y reseño de Ricardo Martínez Llorca y, si bien se observan en él algunas de las constantes que pueblan sus anteriores textos, creo que este es el más arriesgado de todos ellos tanto en lo formal como en lo estilístico.

El principal riesgo que asume el autor es el de elegir como voz narrativa la primera persona del plural; apuesta arriesgada con la que no parece difícil descarrilar y de la que el autor sale, si exceptuamos algún pequeño desliz, ciertamente airoso.

El segundo riesgo del que debemos hablar es el alejamiento de la tradicional zona de confort del autor. Quien ya conozca algo de su obra sabrá que Martínez Llorca es un apasionado de los viajes y la escalada, pero Hidrógeno es, fundamentalmente, una novela negra y psicológica (o viceversa), plagada de referencias y homenajes siendo el de Raymond Chandler uno de los más claros. Eso sí, lo anterior no es óbice para que viajes y escalada aparezcan en la novela como si fuesen una especie de refugio.

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Además de los dos aspectos ya citados, creo que el principal mérito de la novela radica en su personaje central, en Sofía. Creo que su evolución psicológica está bien trazada y que la exploración de sentimientos tales como la culpa o el miedo es bastante exhaustiva y completa.

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el resultado global es más que satisfactorio y sirve para demostrar que Ricardo Martínez Llorca es un autor solvente y bastante más versátil de lo que inicialmente se podría suponer.

jueves, 7 de septiembre de 2023

TODOS LOS ELEMENTOS DEL SISTEMA PERIÓDICO

 

Todos los elementos del sistema periódico

Todos los elementos del sistema periódico
Ricardo Martínez Llorca ha escrito una novela psicológica, Hidrógeno, cuya protagonista es una chica que sufre una deformación facial: tiene media cara cubierta por una mancha cuyo origen la medicina no sabe explicar. Unos gemelos —que además son los narradores— se propondrán resolver el misterio del estigma y, ya de paso, de su identidad.

En este making of Ricardo Martínez Llorca explica el origen de Hidrógeno (Lastura).

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Lo demostró Mary Shelley en su novela más famosa, cuando el doctor Frankenstein crea a una criatura a partir de diversas partes y esta criatura reivindicará ser más, mucho más, que la suma de las partes. Se trata de crear vida y no de provocar que exista un organismo. Pero el trabajo del creador partía de la unión de tantos retazos como fueran precisos para completar una obra. Aquí está una pequeña relación de ellos: reproducir la estructura de una novela policíaca, con sus periodos de investigación; programar los elementos sorpresa para distribuirlos a lo largo de la trama; poner sobre el tapete aquello que no nos gusta de la ciudad, sobre todo que la gente no se conoce, y sostener a los personajes sobre ese sustrato; maldecir las instituciones y colocar esa maldición como decorado; crear unos personajes contradictorios y hacer que sobrevivan en un tiempo convulso, casi me atrevería a decir que necesariamente convulso, como el que sucede a partir de septiembre de 2001; creer que sí existe el bien y el mal, y que en realidad podemos elegir mucho más de lo que nos figuramos, como el hecho de vivir sobre la pierna que nos falta o sobre la que tenemos si nos quedamos cojos; negarse a que la muerte sea el gancho que meta al lector dentro de la novela, y a cambio crear un motivo con el que todos podemos sentirnos identificados, que es el de vernos como diferentes y, por momentos, como monstruosos; y, lo que es tal vez más complicado a la hora de construir un relato, crear una voz y mantenerla a lo largo de las páginas, una voz que en este caso es plural —de hecho comienza siendo primera persona del plural— pero se desdobla para que así el narrador, que participa y lleva a cabo la investigación, pueda estar hasta en dos sitios al mismo tiempo.

"Una novela está por entero dentro de la cabeza de su creador, lo que sucede es que uno no ve los detalles hasta que va arrimándose a ella, incluso caminando por sus calles"

Todo esto está muy bien, es un reto, pero podría parecerse a una nevera en la que alguien guardara órganos clonados como reserva para sus propios trasplantes y así ganarse la inmortalidad. La inmortalidad no debería ser una idea biológica, o no debería resolverse a través de la biología. La inmortalidad significa vivir como si el tiempo fuera un sentimiento y no la suma de minutos. Estamos convencidos de que el tiempo se puede contar, pero esta idea pertenece al reino de los mercados, en el que se creó el reloj, donde se suman los días y las semanas, las partes, lo que se puede medir. ¿Cómo escribir pensando que uno no está venciéndose hacia ese reino? No teniendo prisa. Una novela está por entero dentro de la cabeza de su creador, lo que sucede es que uno no ve los detalles hasta que va arrimándose a ella, incluso caminando por sus calles. No es necesario tener prisa, porque la prisa también pertenece a los mercados. Si quieres acabar pronto, escribe aforismos o microrrelatos. Aquí puedes dominar el tiempo narrativo, y conviene demostrar que eres capaz de hacerlo. Para los que estamos acostumbrados a escribir novelas más bien cortas, colocar una nota en la pantalla del ordenador sugiriendo «no tengas prisa, nadie te espera en ninguna parte» es fundamental.

"Contra esa manera de crear lugares comunes, de intentar explicar asuntos complejos con razones demasiado sencillas, está escrita esta novela"

Así y todo, falta por saber cómo dar vida a la narración. Uno debería escribir sobre los temas que se le imponen. Acostumbrados a las notas de prensa en las que claramente se describe quién es víctima y quién victimario, si uno ha conocido algún caso próximo se da cuenta de que lo que necesita conocer es el relato completo, pues nadie es del todo bueno ni malo del todo. Contra esa costumbre, contra esa manera de crear lugares comunes, de intentar explicar asuntos complejos con razones demasiado sencillas, está escrita esta novela, titulada con el nombre del primer elemento del sistema periódico, pero en la que espero haber introducido más, muchos más, incluidas las tierras raras.

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Autor: Ricardo Martínez Llorca. Título: Hidrógeno. Editorial: Lastura. Venta: Todos tus librosAmazon y Casa del Libro.

martes, 4 de julio de 2023

Carta abierta sobre HIDRÓGENO

 


Querido Ricardo: he leído tu libro, concienzudamente, como se leen los libros de los amigos y creo que has escrito un libro extraordinario. O al menos uno de los que yo calificaría como tal muy alejado afortunadamente del aluvión de libros que nos invaden. Un libro extraordinario en la trama, en los personajes, ese comienzo cuando caen las torres gemelas, ese ritmo pausado del día a día, esa chica marcada que se nos escurre entre los dedos, y esos gemelos a los que tenemos que adorar desde el comienzo, personajes fuertes, decididos y siempre dispuestos a la ternura que nos enamoran desde la primera página. Llevas la trama con mano firme, sin desviarte ni un milímetro de lo que quieres decir, y consigues que nos quedemos a vivir con ellos, que acompañemos en su investigación a esos chicos, que vivamos desde el corazón cada página mientras intentamos adivinar la siguiente curva. Un acierto absoluto esa primera persona del plural, ese desdoblamiento que nos mete más en la novela si cabe.

Pero no nos engañemos has escrito un libro durísimo, sin tregua para los "malos" o debería decir "las malas", has metido el escalpelo en la herida sin ninguna piedad, queriendo abrir sus bordes ¿puede sanar?... Y ese abrir y desinfectar resulta doloroso, muy doloroso
Me ha gustado todo del libro, la trama, el planteamiento, el lenguaje, los guiños (o los palos) a las diferentes cosas, política, universidad, psicoanálisis, maternidad, sociedad llena de trampas, los personajes ya te he dicho, el tono muy medido sin perder nunca el horizonte, pero me duele y esto es absolutamente personal, ver que todavía hay heridas que no han cicatrizado, ni lo harán seguramente y que vas poniendo tiritas porque lo mismo que te hiere tanto, te hace un grandísimo escritor.

Charo Ruano

jueves, 22 de junio de 2023

HIDRÓGENO en CULTURAMAS

 

Hidrógeno

Ricardo Martínez Llorca

Lastura

Madrid, 2023

200 páginas

 



Por Suso Alonso

El infierno son los demás, dijo el sabio francés. La boutade tiene una fácil pregunta consecuente: entonces ¿qué es el cielo? O quiénes son el cielo, porque ese estado del alma tiene que tener su cara y su cruz, su luz y su sombra.

Una muchacha lo pasa mal, muy mal, y el origen en realidad no tiene tanto que ver con su deformación como con el sentido de culpa. Y no hablamos del propio, sino el heredado, el que ha mamado, el de los padres. Pero en este planeta hay buenos seres buenos que pueden ayudarte queriendo y sin querer. Esta es la base de esta novela que es, digámoslo sin más tardanza, una obra magnífica, deslumbrante, emocionante, divergente y que sería rara de no reconocerse su estructura y su fundamento.

Respecto a la estructura, estamos ante una novela de intriga. Como en las mejores novelas de detectives, hay un misterio que resolver, un misterio sin asesinato. ¿Qué es lo que ha ocasionado la maldición de la muchacha, esa cara marcada? A partir de ahí, la pareja de detectives improvisados va desgranando sus investigaciones, que en ocasiones llegan por casualidad. Antes que nada, debemos aclarar que la novela aparece narrada en primera persona del plural, seguramente en homenaje a El gran cuaderno, de Agota Kristoff, como se reconoce en algún momento del relato. Sin embargo, la voz se va desdoblando y los gemelos que narran, familiares de la muchacha, se turnan en la relación de las averiguaciones como si fueran, efectivamente, una única persona que se despliega y multiplica. El efecto está perfectamente conseguido y el lector reconocerá que da gusto enfrentarse a una voz valiente.

En lo tocante al fundamento, podemos hablar de una obra psicológica en el sentido en que sería psicológica una obra de Thomas Bernhard. No cabe asustarse. Martínez Llorca es muy consciente de que se dirige a todo lector y no escribe con la complejidad del intelectual austriaco. Pero al igual que en Bernhard, la psicología se deduce de las asociaciones que brotan a partir de un acto, de un gesto, de un movimiento.

La novela arranca en el momento en que los aviones se estrellan contra las Torres Gemelas. No es baladí. En casi todas las vidas hay un antes y un después de un acto así de potente. Toda acción empuja a una reacción. Y el malestar social que se generará en los tiempos posteriores, al menos en este país, decidirá también la suerte de nuestros protagonistas, a los que no nos quedar más remedio que ir queriendo más y más a medida que pasan las páginas.

Martínez Llorca nos ha acostumbrado a trabajar novelas sobre viajes y montañas, relatos de aventuras reales e imaginarios. Ahora entra en el mundo urbano y lo desmenuza sin olvidar que para retratar a una ciudad uno debe retratar no sólo sus miserias organizativas y políticas, sino también la característica más propia de la ciudad, en lo que afecta a los personajes, que es que la gente no se conoce.

Hidrógeno bien podría ser, en definitiva, la novela especial que todos los lectores esperan, un lugar donde las angustias se deben reconciliar con el afecto. Es una obra que le encantaría, sin duda, tanto a Dashiell Hammett como a William Faulkner.

miércoles, 7 de junio de 2023

HIDRÓGENO

 


Hidrógeno

Ricardo Martínez Llorca

Lastura

 

«Hidrógeno» es una novela psicológica sobre el miedo a perder la cordura y contra los lugares comunes, que funciona como una novela negra narrada en primera persona del plural. El 11-S de 2001, a mediodía, una joven pasea solitaria por unas calles cubiertas de sol. La muchacha sufre por su deformación: media cara está cubierta por una mancha cuyo origen ningún médico ha sido capaz de descubrir. El atentado de las Torres Gemelas da pie a una reacción debido a la cual sus amigos, los gemelos que narran, se propondrán, casi sin darse cuenta, descubrir el origen del estigma de su amiga y resolver las dudas de identidad. Nada será lo que pareció durante tanto tiempo, como iremos descubriendo a través de encuentros que matizan culpas y redenciones en estos personajes, superados por sus errores. ¿Qué vínculos cruzados de amor y de amantes condicionarán la vida de los afectados? ¿Cuál es nuestra debilidad, esa de la que nos olvidamos cuando todo va bien, como nos olvidamos de la vida que la protagonista precisa hallar para reconstruirse?

 Ricardo Martínez Llorca (Salamanca, 1966) ha sido profesor, ilustrador, traductor, y aficionado al alpinismo y a los viajes. Es autor de las obras de ficción «Tan alto el silencio» (finalista del Premio Tigre Juan), «El paisaje vacío» (Premio Jaén), «El carillón de los vientos», «Después de la nieve», «Cinturón de cobre», «Hijos de Caín», «Hasta la frontera de mi sueño», «Mi deuda con el paraíso» y «Atlas del camino blanco». En el terreno de no ficción ha publicado «Al otro lado de la luz», «El precio de ser pájaro», «Eva en los mundos», «Para huir», «Sueño y verdad», «El viento y la semilla» y «Luz en las grietas»(Premio Desnivel). Colabora en Zenda, FronteraD y Culturamas.