El
libro moebius
Catherine
Lacey
Traducción
de Nuria Molines
Alfaguara
Barcelona,
2026
220
páginas
Lo
primero que llama la atención, es el doble comienzo; se trata un juego juvenil
original, pero que no aporta gran cosa a la lectura, ya que El libro moebius
está compuesto por dos novelas breves y, al margen de por la que elijas
empezar, necesariamente leerás una detrás de otra. La verdad es que el efecto
de la cinta de Moebius es casi imposible de ser reproducido en una narración:
si uno agarra una tira de papel y la dobla para formar un círculo, girándola
media vuelta, obtendrá una cinta que son dos caras y una sola cara a la vez,
como comprobamos recorriéndola con un dedo sobre la superficie. En cualquier
caso, la innovación formal se agradece, aunque solo sea porque invita a leer la
primera página de ambas novelas antes de decidir por cuál empezar.
Ambos
relatos versan sobre experiencias de amor, en las que el amor es fuente de
acidez, desencanto e incomodidad. Pero los enamoramientos son inevitables. En
una de ellas, la protagonista sale de una relación con otra mujer, junto a la
cual ha tenido dos hijos gemelos, siendo la otra quien se queda con los derechos
de custodia, por motivos adquiridos al haber sido ella la que estuvo embarazada.
Lo primero que cabe concluir, es que nos está hablando de la falta de certezas
que rige el mundo, en el que es complicadísimo aceptar que la vida es un cúmulo
de inseguridades y ambigüedad. Hay, también, un triángulo amoroso en el pasado,
al que se va haciendo referencia, que como todo recuerdo de juventud es una
memoria bastante platónica. Debemos advertir que el texto no es muy narrativo,
y que gana viveza en los momentos en que se muestra más dispuesto al relato. De
hecho, por momentos nos mete dentro de una cabeza que se asemeja a la de un
adolescente autofagocitándose, un efecto del que nos salva que en lugar del yo
se refiera al deterioro hablando de ella, de otra persona diferente a la que
sostiene la voz que nos habla. Y es que el riesgo de cualquier ruptura es el de
obsesionarse con uno mismo. La expresión que la autora pone en boca de la
narradora, y que nos aclara bastante las intenciones, es «su necesidad de
automitología».
En
la otra novela se nos advierte, desde el inicio, que hay un cierto espíritu
metaliterario, que va a escribir sobre escribir, porque eso es lo mismo que
escribir sobre la memoria. Aquí las familias ya serán más complejas, pues al
margen de las parejas se tendrán en cuenta a los abuelos, a los padres. Lo que
sí tiene en común con el otro relato es la necesidad de recomponerse tras un
fracaso amoroso, o tras un fracaso amoroso tras otro. En este caso, se nos
explica un poco más acerca del origen de esas dificultades, pues se habla del
pasado de quien sufre, donde una formación religiosa bastante simple y unos
episodios de autodestrucción juvenil, incluyendo anorexia, han marcado su camino,
su inseguridad. Mientras en su cabeza intenta dar sentido a los sucesos,
intervienen amigos, algunos bastante poco típicos, que la ayudan a moldear el
presente. Pero el asunto básico sigue siendo eso que llamamos tóxico en las
relaciones, un término que tampoco ayuda a concretar nada, porque tóxico es
cualquier cosa que nos envenene, aunque solo sea un poco, y no todos tenemos el
umbral de tolerancia ajustado y en buena línea. Y ese umbral de tolerancia se
vincula, como no podía ser menos, al sentido de culpa.
Ambas
novelas comulgan con el mismo espíritu, el que nos empuja a preguntarnos si no
seremos contra natura, si no seremos algo diferente a la razón y los
sentimientos que deberíamos ser. El libro moebius es una obra que
comulgaría bastante con cierto género juvenil, el que habla del desamor, y que
nos recuerda que en buena medida seguimos y seguiremos siendo adolescentes.
Fuente: Zenda







