Autobiografía
de mis perros
Sandra
Petrignani
Traducción
de Andrés Catalán
Nórdica
Madrid,
2026
219
páginas
El
problema que se destila de la denuncia de este libro de memorias, el asunto que
se denuncia es cuánto hay de farsa en las relaciones personales. Sandra
Petrignani (Piacenza, 1952) elige a los perros como eje vertebrador de la obra,
pero lo que se deduce es el aprendizaje necesario para relacionarse con las
personas, sobre todo con las parejas, aunque también con algún amigo íntimo.
Con los perros las relaciones son más sinceras, especialmente para alguien que
demuestra toda su sensibilidad en el cariño hacia las mascotas, entre las que
también se incluye algún gato: «Y quién sabe, tal vez si hubiéramos llevado
nosotros también una máscara habríamos encontrado el valor de seguir otro
destino aunque solo fuera por el espacio de un día». El comentario, que surge a
partir de una vivencia durante los multitudinarios carnavales de Venecia,
podría ser también una metáfora acerca de nuestra actitud en las relaciones:
gracias a las máscaras podemos disimular, podemos transformarnos, podemos
eliminar de nuestro interior hasta los sentimientos de culpa, pues, al fin y al
cabo, todo fue una actuación.
Autobiografía
de mis perros es uno de esos libros que los autores
consideran imprescindibles, pues algún capítulo ha quedado sin cerrar y les
gustaría revisitarlo. Petrignani hace una demostración de sensibilidad a lo
largo de cada página, en la que despliega un estilo funcional, más de registro
que con intenciones expresivas. Su talento no está ahí, sino en la selección de
episodios significativos, esos que uno atesora, esos que le han modelado y que,
a la fuerza, no pueden haber significado nada malo. De hecho, las asociaciones
y el orden nada cronológico que sigue, nos habla de una persona que por fin se
da libertad a sí misma, y esa libertad, que no es la de las grandes aventuras,
que es cotidiana, la comparte con el lector. Como comparte que el espíritu
creativo tenga muchos vínculos con los catálogos de amores. Aunque el impulso,
la chispa que ha encendido este motor, nos golpea hacia el final del libro, un
episodio que no desvelaremos, pero que justifica con creces la necesidad de
relatar a través de la compañía de las mascotas, mientras nos describe también
la compañía de las mascotas. Petrignani en realidad está hablando de las
dificultades de lo civilizatorio, lo que construimos los humanos, incluidas las
relaciones, frente a lo natural de lo poco salvaje que se nos permite en las
ciudades, que son los animales de compañía. Cada perro y cada gato ha sido una
amistad fiel, constante, sin altibajos, sin farsa, sencilla, mientras que las
de las personas están sujetas a demasiados desencuentros, a demasiados
malentendidos, a demasiados despechos innecesarios.
Al
final conviene poner en su sitio nuestras propias leyendas. Recordamos a cada
persona que hemos conocido con una estatura que, sin darnos cuenta, hemos
adjudicado. Conviene preguntarse si esa estatura es la que les corresponde, si
hemos atinado en la creación de nuestros mitos, si la memoria acierta, si no
nos convendría reconciliarnos ajustando nuestro pasado, que es tanto como decir
los vínculos que fuimos creando y la calidad de esos vínculos. El problema, que
Petrignani trata de solventar, es el de extraer la parte más tierna de cada
relación y ponerla por delante de cualquier tipo de malestar. Sabemos que no
existe posibilidad de decepción cuando hablamos de nuestros perros; sabemos que
el único inconveniente que tiene su compañía es el dolor de la pérdida; sabemos
que nos dirigen un cariño incondicional y que está justificadísimo eso de
llamarlos el mejor amigo del hombre; ahora se trata de poner en su sitio,
precisamente, a quienes deberíamos responder con la misma lealtad, a quienes
deberíamos aprender el sentido de la amistad de estos animales. Autobiografía
de mis perros es un libro sencillo sobre un tema que nos acompaña desde que el
ser humano aprendió que somos seres tan pensantes como sintientes: por qué no
cerramos las heridas que se provocaron en las relaciones con los demás.
Fuente: Zenda








