Elogio
de la literatura. Obras paralelas
Santiago
Alba Rico
Akal
Madrid,
2026
550
páginas
Habíamos
leído Nadie está seguro con un libro en las manos y Leer con niños,
que nos dieron el tono con que Santiago Alba Rico (Madrid, 1960) defiende la
literatura y la ficción como parte de la obra que nos ayuda a crecer, cuando,
para la mejor de las satisfacciones, llega esta otra entrega, Elogio de la literatura.
Obras paralelas. Alba Rico vuelve a plantearse que la ficción, la autonomía
de la ficción, es el mejor camino para acceder a la verdad. A tal fin,
selecciona doce obras y a sus autores, elaborando una serie de parejas
sorprendentes con el fin de demostrar que los clásicos no terminan nunca. De la
pareja que forman Kafka y Beatrix Potter concluirá que antes de reconstruirnos,
tendremos que sufrir desasosiego, pasar por lo onírico y lo distópico, por la
fragilidad que nos hace sentir la violencia contemporánea. La libertad será el
asunto que unifique a Tintín con Moby Dick, ese sentimiento ambiguo que nos habla
de cadenas a través de la ironía o la ingenuidad. En cuando a Los dos
idiotas, que es como se titula el capítulo dedicado a El idiota y El
buen soldado Svejk, cabe destacar el trato con el dolor y con la juventud,
aunque uno sea idiota por no encontrar su sitio en el mundo, y el otro porque el
mundo es su sitio; pero con ambos nos podemos reír a cuenta del lío que han
organizado los más listos. Tanto Pickwick como Don Quijote serán personajes que
traten, de manera muy diferente, con la fuga, con la lucha y contra el destino,
ese que han creado las instituciones que a su vez crearon los humanos y que
tanto se asemeja a ruinas. Tanto el monstruo de Frankenstein como los que
aparecen en El corazón es un cazador solitario, tratan con las dificultades del
amor, con la soledad, con los medios cuerpos que en realidad somos. Para
finalizar, hablaremos de Jane Austen y de Marcel Proust, dos enormes
observadores que nos llevarán a conclusiones estremecedoras: «En el momento de
nuestra muerte no se nos preguntará si habríamos preferido no nacer; tampoco si
habríamos podido hacer menos daño del que hemos hecho; se nos preguntará si
habríamos preferido, condenados a estar vivos, no haber conocido el dolor, el
amor, el jeroglífico del color rojo, el alivio repentino de la lluvia».
El
estudio de Alba Rico es exhaustivo y su expresión formada por los mejores
profesores de retórica. Ya conocíamos su estilo, su tendencia a la glosa, sus sorprendentes
asociaciones, sus enunciados explicativos, todo ello ordenado de manera que podríamos
afirmar, por delante de todo lo demás, que estamos ante alguien cuya
especialidad es la construcción del pensamiento. Pero esta obra es mucho más
que eso. Es un compendio que invita a comprender, no a criticar o a analizar:
aquí entra en juego la psicología, la filosofía, los valores poéticos, la
política, la sociología y hasta la teología. Todo interpelando al lector de
manera que lo que propone es una invitación al descubrimiento, busca la
complicidad del lector y propone a este como autor del texto que va leyendo, pues
leer es construir el texto. Alba Rico es subjetivo, sí, y de vez en cuando nos
lo va reconociendo, no se esconde y nos lleva a preguntarnos si la realidad,
que debería ser objetiva, se puede componer a partir de la suma de las únicas
formas que tenemos de conocer, que son subjetivas. Y, aun así, y como los
autores a los que se refiere, se rebela contra el relativismo, porque sabe que
existe el sol y que existen las mareas. Alba Rico hablará de los procesos de
creación y de la humanidad, de todo lo humano, entre lo que se encuentra la
gran literatura, llegando a tomar la postura de Don Quijote, sobre la que el propio
Alba Rico expresa que «empieza defendiendo la realidad de los relatos y acaba
defendiendo su verdad». Realidad, relato, verdad, humanidad, todo lo que
contiene, siempre, el buen hacer de uno de nuestros escritores más inquietos.
Un libro para leer varias veces antes de volver a leer los que el autor
propone.
Fuente: Zenda







