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jueves, 16 de mayo de 2019

LEER, VIAJAR, ESTAR VIVOS


Leer, viajar, estar vivos
Pepa Calero
Casiopea
Madrid, 2019
139 páginas

Hace poco leíamos Una huida imposible, de Toni Montesinos (La línea del horizonte), donde el autor creaba una suerte de subgénero de viajes, el viaje por los autores que han pisado la tierra por la que pasa. Ambientada en California, la obra nos trasladaba la necesidad de incluir la lectura en el viaje, sea este del tipo que sea, pues en las condiciones actuales pocos son los viajes que se saltan los márgenes del turismo, incluido el del mochilero. Soltar amarras y partir tiene muchos beneficios, entre otros te permite la concentración más plena en el instante, y eso supone ser mejor lector, ser mejor en la contemplación, ser mejor en las relaciones, ser mejor intérprete del mundo. En esa línea se sitúa este Leer, viajar, estar vivos, aunque su estructura es más acorde al clásico libro de viajes, en este caso con un plural más justificado pues varios son los viajes descritos, que el de Toni Montesinos. Pepa Calero decide sortear algunos de los impedimentos de la actualidad, como los años que han caído o la tensión social atribuida a su rango económico, hace la mochila y se dirige a varias de las ciudades más emblemáticas de Europa. Su ánimo se identifica con estos lugares, por la cultura, por la historia, por la seguridad, por la belleza. Y por ser, en buena medida, ágoras, lugares de encuentro y por tanto pasionales.
También por los autores a los que sigue, escritores consagrados a los que admira sin disimulo y a los que cita con frecuencia: Stefan Zweig, Sandor Marai, Joseph Roth, Italo Svevo, Fernando Pessoa o Paul Bowles, entre otros. La aparición de Bowles se justifica en un Tánger que representa de una manera más o menos decadente, el clásico viaje al sur, emprendido hace décadas por intelectuales y bohemios. Los demás lugares contienen tanto de deseo de caminar por ellos como de literatura: Varsovia, Trieste, Lisboa, Salzburgo, Viena, Budapest, Praga, Berlín. Calero es una lectora lírica, idéntico espíritu al que la acompaña en sus paseos por las calles, pues las protagonistas de sus descripciones son las calles y no lugares bajo techo. Escribir el libro supone para ella volver a los viajes, trabajar en y desde la memoria, habitar un poco en el pasado, aunque sin nostalgia, y el empujón definitivo hacia la descripción, que supone cargarse de ilusión para seguir leyendo, viajando, viviendo.
Asistimos a la confesión de autodescubrimiento, a los sueños que brotan de los sueños y a la meditación que acompaña a la apertura de los sentidos, otro de los síntomas de la enfermedad del viajero, esa que nos ubica en el presente, que nos limpia de rutinas y compromisos. Los lugares por los que pasa pueden haber perdido su encanto a favor de lo comercial, como en el caso de Praga, convertida, en ciertas épocas del año, en un parque temático para turistas melosos. Pero Calero sortea el empujón hacia la crítica y confiesa que eso carece de importancia, pues todo aquello que sucede a su alrededor es nuevo para ella, es descubrimiento, es soledad y aventura. Cita, oportunamente, a Fernando Pessoa, quien resume este fenómeno con la siguiente expresión: “Los viajes son los viajeros. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos”. Pues en eso estamos, en seguir leyendo y viajando para sentirnos vivos.

jueves, 27 de septiembre de 2018

LA VUELTA AL MUNDO DE LIZZY FOGG


La vuelta al mundo de Lizzy Fogg
Elisabeth G. Iborra
Casiopea
2018
530 páginas

El trastorno ciclotímico se trata de una forma de bipolaridad acelerada. Los episodios de euforia y depresión se suceden a toda pastilla, con una frecuencia de taquicardia. Elisabeth G. Iborra (Zaragoza, 1977) ha viajado por buena parte del mundo y el resultado es ciclotímico, sin que esto sea un adjetivo que perjudique a nuestro juicio del libro. Iborra, eso sí, ha decidido reposar al término de la suma de los viajes, y entregarnos el resumen en dos obras: la eufórica y la depresiva, las buenas y las malas experiencias. Esta es la parte que se corresponde a la euforia y como tal se lee. Nos encontramos frente a una viajera en formación, una mujer que está aprendiendo a viajar, que comienza llevándose su maleta y su portátil, sus botas de lluvia y sus botas de tacón, y con la misma ropa que si saliera por las calles de Zaragoza. En ese sentido, hay que alabar la sinceridad de la autora. Desde el principio elimina el disfraz del mochilero. Y los mochileros, al fin y al cabo y sobre todo en países donde el viaje es barato, son una forma de turista un tanto menos sofisticada. En contra, también, del viajero con mochila, ella se desplaza mucho, pero permanece poco tiempo en cada lugar. Queda siempre la promesa de volver, lanzada al viento de los deseos.
Pero no siempre será así. Llegará un momento en que se irá planteando reducir la frecuencia. Lo que ocurre es que no lo confiesa ni lo permite la inmensidad de países como México, donde se detiene, por ejemplo, en San Cristóbal de las Casas, un lugar al que merece la pena dedicarle un mes entero de viaje. Para entonces ya ha reducido algo el equipaje y acepta otra forma de viaje que no sea la del Bon Vivant. A Elisabeth le encanta comer bien y beber buen vino. En ocasiones, su jornada de viaje se reduce a la descripción hedonista del día. Contrata guías, de modo que sus viajes son semiorganizados. Porque su bulimia por ver lugares nuevos es una tentación demasiado latente. De este modo, nos presenta un libro en el que puedes seguirla más a ella que a los lugares que visita. En cierto modo, sirve de guía de viajes, sí, pues te comenta cómo llegar a los lugares, aunque sea con la confusión que reina en China, y los mejores sitios para refrescarse, comer y dormir. El estilo con el que escribe parece destinado a un blog, a un diario de divulgación sobre la marcha para sus amigos. De ahí que frecuente el diálogo con el lector como si quisiera comentarle las cosas sobre la marcha. El estilo es muy optimista, juvenil y, de nuevo sin que sirva de adjetivo que descalifique al libro, casi escolar. Escolar en el sentido de humilde y sencillo, un tanto ingenuo.
Y es femenino, pues no se guarda el pudor de confesar que sus ratos más propios de turista son los de ir de compras, y que para ello acude a la llamada de los centros de moda y diseño para mujeres. Pero también es femenino en lo que atañe a que lo bueno que surge de los viajes se lo debe, en cierta medida, a su sonrisa. Nos gustaría saber cuánto tiene que ver eso con la siguiente entrega, en la que nos hablará de sus malas experiencias, esperemos que también con humor, con este humor para todos los públicos que la caracteriza. Porque aquí se toma a broma todo, pues el resultado es, siempre, una buena experiencia incluso en los momentos más traumáticos. Que apenas duran dos líneas, porque viajamos con ella a una velocidad de la que necesitamos descansar. De hecho, recomendaríamos que el lector no pensara en sentarse para terminar el libro lo antes posible. Tal vez la mejor idea sea ir a capítulo por día y combinar la lectura con otro tipo de literatura o afición.
No nos iremos sin destacar que entre líneas se lee un cambio en Elisabeth, debido a la influencia de los humildes. De las visitas a Suiza uno regresa contento. Pero de países como Laos, que es con el que ella entra a un mundo diferente, uno regresa transformado, con la sensación de querer meter al país entero en tu hogar.

sábado, 15 de septiembre de 2018

SAL&ROCA, SEPTIEMBRE, 2018


Sal&Roca, septiembre de 2018


Diarios de una nómada apasionada
Isabelle Eberhardt
Traducción de Adolfo García Ortega
La línea del horizonte
215 páginas

Este libro es una confesión. Se trata de una recopilación del pensamiento y en sentimiento íntimo de Isabelle Eberhardt (Meyrin, Ginebra, 1904 – Aïn Sefra, Argelia, 1904). Dictado sin cortapisas y con un afán juvenil, el mismo de quien se ve en la tesitura de hacerse adulto y elige hacerse adulto con todas sus consecuencias, es una obra maestra de la duda y la elección, de la observación y la integración del modo de vida elegido en eso que, a falta de otra palabra, llamaremos alma. Viajera y escritora suiza de origen ruso, Isabelle vivió, y murió cuando una riada inundó su casa, en el desierto argelino a la edad de 27 años. Hija ilegítima de Nathalie d´Eberhardt y de Alexandre Trophinowsky, sacerdote armenio amigo de Bakunin, recibió una educación nada convencional. Muy temprano tomó la costumbre de vestirse como un hombre para experimentar una vida libre y sin ataduras. Emuló a Alí-Bey (Domingo Badía) o al mismísimo Richard F. Burton. En 1897 viaja con su madre a Argelia y ambas se convierten al Islam, pero su progenitora muere a los seis meses en Bône y allí quedó enterrada con el nombre de Fatma Mannoubia. Poco después Isabelle se traslada definitivamente al país y comienza una vida en la que se mezcla sus correrías a caballo por el desierto vestida de hombre, sus crónicas de guerra, artículos para medios franceses, y hasta labores de espía para el general Hubert Lyautey. Su encuentro con el suboficial Slimène Ehnni, con quien se casó en 1901, le proporcionó la poca estabilidad emocional que tuvo en vida.
Los años finales de su corta, ambigua, e intensa vida en el desierto argelino son la médula de estas páginas escritas entre 1900 y 1904, el año de su trágica muerte. Cuando Isabelle redacta estas notas no tenía in mente su publicación, por lo que constituyen un documento veraz y espontáneo sobre sus preocupaciones, pero también su personalidad. Apasionada, rebelde, tierna, Isabelle se funde con el desierto y la cultura árabe con una exaltación romántica que lo impregna todo. Vestida de hombre y bajo la identidad masculina de Mahmoud Essadi recorre el desierto, da cuenta de su pasión por la Causa Árabe, se inicia en la espiritualidad sufí y ama locamente a Slimane Ehnni, el soldado argelino con quien se casó en 1901.
Su propia vida fue su mejor novela. Una vida que ha inspirado un par de películas, documentales, novelas y una ópera. Hasta el propio John Berger coescribió un guion sobre su fascinante historia.
“Nómada era ya cuando, de pequeña, soñaba al mirar las carreteras, las blancas carreteras tan atrayentes que conducen, bajo el sol que entonces me parecía más deslumbrante, directas a los encantos desconocidos... Y nómada seré el resto de mi vida, enamorada de los horizontes cambiantes, de las lejanías por explorar”.


Reporteras españolas, testigos de guerra
Ana del Paso
Debate
334 páginas

"Cuando una periodista es destacada a una zona de conflicto no viaja pensando en vivir o morir, sino con el objetivo de contar lo que sucede", afirma en Reporteras españolas, testigos de guerra Ana del Paso, doctora en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense y durante años periodista internacional en la agencia EFE. "A mí me ha costado mucho llegar a donde he llegado y me preguntaba si a otras compañeras les había pasado lo mismo: lo duro que es hacerse un hueco, ser enviadas o proponer y elegir temas", añade tras haber sido corresponsal en Oriente Próximo o enviada a la Guerra del Golfo.
Como respuesta nació esta obra, fruto de la primera tesis dedicada a las reporteras y enviadas especiales españolas que a lo largo de la Historia han informado sobre conflictos armados: desde Francisca de Aculodi, la mujer que en 1687 se convirtió en la primera periodista de nuestro país, y sus colegas de finales del siglo XIX y principios del XX Carmen de BurgosTeresa de Escoriaza o Josefina Carabias; hasta 34 periodistas contemporáneas, pioneras como Rosa María Calaf y Carmen Sarmiento, de TVE, o colegas de EL MUNDO como Mónica G. Prieto o Rosa Meneses.
"Han sido tres años de pedir datos, contrastar información, hacer entrevistas, elaborar fichas, comparar sus crónicas... Cada una en nuestra época hemos tenido problemas, mucha presión por parte de los jefes, las redacciones o los compañeros, pero ahí estamos", explica sobre el machismo imperante en la profesión.


Si levantase la cabeza Francisca de Aculodi, la española que en 1687 se convirtió en la primera periodista española, se quedaría perpleja al ver el número creciente de reporteras y enviadas especiales que informan de conflictos armados. Son testigos de excepción que trabajan al límite en situaciones de horror y muerte. Describen la guerra, la fotografían y la filman, la analizan, entrevistan a uno y otro bando, se esfuerzan para que no permanezcamos impasibles ante las injusticias humanas. Este libro habla de cinco siglos de periodismo de guerra hecho por mujeres que han informado de acontecimientos históricos. Desde las pioneras como Carmen de Burgos, Teresa de Escoriaza o Josefina Carabias, por citar algunas, hasta las jóvenes reporteras españolas que informan desde Oriente Próximo, África, América y Asia. Todas han conseguido romper moldes, hacerse un hueco en este difícil sector y convertir su vocación de periodista en su medio de vida; ser ellas, y no otros, las que informen del territorio hostil.
Esta es la primera obra que recoge testimonios de treinta y cuatro periodistas contemporáneas, que hablan alto y claro. Han sobrevivido a guerrillas, mercenarios, terroristas, sátrapas, dictadores, francotiradores, políticos corruptos y traficantes de personas. Han sido detenidas, expulsadas del país, amenazadas de muerte y tiroteadas, pero todas cuentan con el respeto profesional que se han ganado a pulso. Han demostrado su valía como nadie y, a pesar pertenecer a décadas tan alejadas, comparten muchos de los impedimentos que sufrieron las pioneras de esta profesión.

La vuelta al mundo de Lizzy Fogg
Elisabeth G. Iborra
Casiopea
530 páginas

El libro lleva el subtítulo de Consejos para mujeres que viajan solas. ¿Se necesita algo más? Sí, un sentido del humor y del compromiso con el lector, porque en este volumen Iborra nos hablará de los mejores tiempos, al menos de los mejores tiempos para sus viajes con la mochila. Y todos nos podemos identificar con ella.Creo que a todos suele acabar cambiándonos la vida porque, en tanto tiempo a solas contigo mismo y poniéndote a prueba cada día, aprendes realmente quién eres por dentro y vuelves con las ideas bien claras de lo que quieres y lo que nunca más volverás a aguantar. A todos los niveles”, ha dejado dicho la autora, que se propone realizar el sueño de dar la vuelta al mundo y sugiere, a quien lo tenga, que no se ponga escusas, que, sencillamente, se ponga en marcha. “Espero que mi relato os despierte la curiosidad, las ganas, la pasión por conocer lugares y gentes que os llenarán el alma sólo de leer cómo son, imaginaos si los conocierais en persona”. Durante su periplo se encuentra con gente impresionante que da lecciones de humanidad y generosidad. De país en país vive mil aventuras, descubre rincones mágicos que la llevan hasta las lágrimas y se descubre a sí misma en todas las situaciones, desde lo cotidiano al riesgo. Crece emocional e intelectualmente. “Para mí, esta vuelta al mundo ha sido mi Postgrado… en Inteligencia Emocional”.
No se sabe si emprendió antes la aventura de escribir o la de viajar. Porque Elisabeth G. Iborra lleva ambas cosas en las venas. Autora de un bestseller (Anécdotas de enfermeras), y de otros libros que han sido superventas (La medicina todo lo cura, El amor me persigue, pero yo soy más rápida, a ti te encontré en Internet, o Este año si!). Elisabeth, vividora, transgresora, con un sentido del humor que lo llena todo, periodista especializada en temas de sexología y en relaciones sentimentales, recuerda una de esas pioneras victorianas adelantada a su tiempo. Porque todo cuanto hace, o la forma en la que lo hace, tiene algo de rompedor. 

La trenza
Laetitia Colombani
Traducción de José Antonio Soriano Marco
Salamandra
208 páginas

Porque esta es una sección literaria, recomendamos algo de ficción. No es lo habitual, pero en este caso nos ha parecido que no carece de interés. Para construir esta hermosa y lírica novela, Colombani se sumergió a fondo no solo dentro de la piel de las tres mujeres protagonistas, sino también del mundo que les rodea. Las sociedades, el aspecto y las costumbres, la maldición de las tradiciones y la buena o mala suerte de no haber elegido dónde nacer, imponen el devenir de las protagonistas de esta novela. Una buena compañía para el viaje, al mar o a la montaña. Una obra sobre las bifurcaciones que nos presenta el hecho de vivir y el riesgo de la elección, sobre el coraje necesario para poner en marcha un orden diferente.

La trenza fue uno de los fenómenos editoriales de 2017. En esta narración vibrante y conmovedora, Laetitia Colombani —guionista, directora y actriz de reconocido prestigio— aborda las historias de tres mujeres que, nacidas en continentes muy dispares, comparten unas ideas y sentimientos que las unen en un poderoso anhelo de libertad.

INDIA. En Badlapur, la intocable Smita sobrevive recogiendo los excrementos de una casta superior. Resignada a su condición, está decidida en cambio a que su hija no siga sus pasos: la pequeña irá a la escuela y su vida será digna y provechosa, aunque para ello Smita tenga que desafiar las normas establecidas.
ITALIA. A Giulia le encanta trabajar en el taller familiar, el último de Palermo que confecciona pelucas con pelo auténtico. Hubiera podido ir a la universidad, pero dejó el instituto con dieciséis años para iniciarse en los secretos de este oficio. Cuando su padre sufre un accidente y Giulia descubre que el negocio está al borde de la quiebra, afronta la adversidad con valentía y determinación.
CANADÁ. Sarah es una abogada de éxito en Montreal que lo ha sacrificado todo por su carrera: dos matrimonios fallidos y tres hijos a los que no ha visto crecer. Un día, tras caer desmayada en el transcurso de un juicio, Sarah comprende que su vida ha dado un vuelco y que deberá escoger lo que de verdad le importa.
Smita, Giulia y Sarah no se conocen, pero tienen en común el empuje y el tesón de las mujeres que rechazan lo que el destino les ha reservado y se rebelan contra las circunstancias que las oprimen. Como hilos invisibles, sus caminos se entrelazan, formando una trenza que simboliza la voluntad inquebrantable de vivir con esperanza e ilusión.

martes, 3 de julio de 2018

SAL&ROCA, JUNIO, 2018



Estas son nuestras recomendaciones definitivas para el verano. Nos hemos preocupado en alcanzar a todo posible lector con una gran variedad de formas de aventura. La montaña viene en vertical y en dos formatos diferentes para relacionarse con ella. Pero también en horizontal, a través de los lugares donde se practica el alpinismo sin desnivel, aunque en este caso hemos eliminado el factor deportivo. Y del mar, nos llega lo más extremo: el frío norte y el monstruo marino por excelencia.

Soy Trailrunner
Luis Alberto Hernando y Jordi Jorquera
Desnivel
208 páginas

¿Demasiado joven como para que se publique su biografía? Tal vez. Pero el mundo de las carreras por montaña está sediento de conocer a sus héroes. Y en esta ocasión, la siempre alerta editorial Desnivel ha buscado a un hombre humilde, Luis Alberto Hernando, campeón mundial y representante de los corredores de fondo voluntariosos. Nadie duda de su capacidad innata, pero el sacrificio, la dedicación y la entrega a un deporte que compagina con su actividad, pues se trata de uno de nuestros Greinman, los operativos de rescate de la Guardia Civil, bien se iban mereciendo ya un homenaje como este. Si no puedes correr, haz como que corres mientras miras a la montaña y lees este libro. Para disfrutar de la naturaleza.
¿Cómo puede una persona aparentemente normal convertirse varias veces en campeón del mundo de ultratrail, uno de los deportes más duros del planeta?


¿Qué hay que tener para aguantar carreras de 170 km? ¿Cómo puedes ganar algunas de las pruebas más prestigiosas del mundo, como Transvulcania o Ultra Pirineu, y seguir manteniendo la humildad y la sencillez? ¿Cuántas horas de soledad y duro entreno quedan ocultas tras las cámaras y los flashes?


Estas son algunas de las claves que desvela Soy trailrunner, un libro que repasa en primera persona la vida del corredor de montaña Luis Alberto Hernando. Desde su infancia a su menos conocido paso por el biathlón –deporte en el que llegó a ser olímpico pese a que cuatro años antes de los Juegos no sabía ni esquiar–, hasta su rica trayectoria en el mundo del trail y sus brillantes triunfos. Pero también recorre sus decepciones, anécdotas, lesiones, gamberradas, su desenfadada manera de ver la vida…


Un libro que, a través de la pasión por el trail, pretende entretener, divertir y hablar de esa llama interna que, cuando parece imposible, te permite dar una zancada más.


Push
Tommy Caldwell
Desnivel
384 páginas

Vertical y desplomado. Tommy Caldwell se equipa de un estilo ligero para narrarnos su vida como escalador de élite. Estamos frente a uno de los hombres equipado para romper barreras, tanto físicas como mentales. Con una cabeza bien amueblada, un estilo de vida austero y una sabiduría que vincula la escalada con la meditación, Caldwell ha superado los límites de la escalada y ha hecho de los Big Wall un territorio donde es posible la vida humana. Es más, leyendo este libro a uno le entran ganas de subirse a la pared, colgarse de una guindola con el saco de dormir y dos latas de atún, y pasarse allí la mayor parte de los días y de las noches. Todos sentíamos ya reverencia por los otros tres elementos naturales: el fuego, el aire y el agua, pero Caldwell nos enseña que la roca se merece la misma veneración, las mismas reverencias. Sujeto a una experiencia hipnótica, quien haya practicado la escalada sabe a qué nos referimos. Y para los no iniciados, una experiencia que les abrirá la mirada a una nueva forma de vivir.

En atractivo estilo autobiográfico, este libro relata el recorrido vital de un niño tímido cuyo padre, se propuso inculcar en su hijo fortaleza mental y física, forjando así un adolescente cuya naturaleza obsesiva lo llevó a lo más alto de los circuitos de la escalada deportiva. La inclinación de Caldwell hacia la aventura lo llevó después al mundo vertiginoso, aunque poco comprendido, de la escalada en libre de grandes paredes, una modalidad en la que consiguió realizar varias primeras ascensiones en montañas de todo el mundo. Pero su evolución fue densa en desafíos. Siendo un joven veinteañero, él y otros tres escaladores fueron tomados como rehenes por unos rebeldes en las montañas de Kirguistán. Para salvar sus vidas Caldwell empujó a uno de sus captores al vacío: tuvo que elegir entre matar o morir. Poco después perdió el dedo índice izquierdo en un accidente —una lesión demoledora para un escalador— y más tarde su esposa lo dejó.


Caldwell superó todas estas dificultades con una renovada actitud vital de propósito y determinación. Se marcó el objetivo de escalar en libre la Dawn Wall, la pared más grande, lisa y vertical de El Capitán. Crear y escalar aquella ruta en semejante océano de granito le llevó más de siete años de preparación, durante los cuales Caldwell redefinió el deporte de la escalada, volvió a encontrar el amor y se convirtió en padre de familia. Su hazaña fue contada día a día por el New York Times cautivando a los estadounidenses hasta el punto de destronar a la Super Bowl. Esta escalada de Caldwell, que lo obligó a vencer todo tipo de dificultades, fue la culminación de toda una vida luchando para superar sus propios límites


Confines
Javier Reverte
Plaza y Janés
312 páginas

La última frontera. Al menos si entendemos las fronteras a vista de pájaro. Ahí están las aguas del Ártico y el continente de la Antártida, que por muchas expediciones que enviemos seguirán siempre vírgenes. En este caso, el bueno de Javier Reverte elige estos destinos porque ya no sabe qué lugar visitar en un planeta que tiene bien pateado. Su estilo es ya un clásico dentro de la literatura de viajes, y aunque, como él mismo reconoce, su viaje comparado con los de los pioneros no deja de ser una forma un poco más sofisticada de turismo, su relato vuelve a estar lleno de esos personajes cuyo magnetismo nos impide abandonar la lectura. Reverte vuelve a ampliar horizontes, esta vez llevándonos a los confines, siempre con una amabilidad absoluta, la de los buenos hombres buenos. Aunque solo sea por eso, merece la pena frecuentar sus libros.

¿Adónde ir cuándo se ha pateado tanto mundo como Javier Reverte?
Como él mismo dice, el planeta se hace mucho más grande conforme vas conociéndolo mejor y siempre hay nuevos paisajes que se abren al sueño y a la vocación de conocer. Por eso ha escogido como destino en esta ocasión los extremos boreal y austral del globo: dos navegaciones por los mares árticos y antárticos, realizadas con pocos meses de diferencia, que constituyen la entraña de este nuevo libro viajero.
Una primavera polar transcurre a bordo de un barco de investigación noruego, se adentra en las islas árticas de Svalbard y continúa hacia el norte, en latitudes ya muy próximas al Polo Norte. En su relato, no solo nos habla de las peripecias de la navegación, sino de las exploraciones en busca del extremo septentrional del planeta, de los efectos del cambio climático, del calentamiento global y de las amenazas que penden, por causa de todo ello, sobre la humanidad.
Octubre en el Cabo de Hornos recorre los canales, islas, estrechos, penínsulas, cordilleras y mares recoletos de Tierra de Fuego, y llega a la isla del Cabo de Hornos. Nos habla de los viajes de Magallanes, Raleigh, Fitz-Roy, Darwin y otros exploradores, y de Ushuaia, la ciudad del fin del mundo, y de su famoso penal.

Todos los caminos llevan a los polos
Ana Alemany
Casiopea
200 páginas

En formato de libro ilustrado, Ana Alemany, que ya tiene experiencias en viajar para conocer a mujeres excepcionales, se nos relata las incursiones en los confines siguiendo varios motivos. Desde el amor a lo que uno podría llamar como ganas de sufrir, las mujeres que protagonizan este libro, como las que aparecían en Todos los caminos llevan a la India, pertenecen al género de personas que llevan la linterna para iluminar nuestros caminos. Siempre atentas al espíritu humanista y, sobre todo, al humanitarista. Porque no solo en los lugares que aparecen en los medios de comunicación es necesaria nuestra presencia. También en el hielo, en condiciones extremas. Mujeres enamoradas del hielo y de los habitantes del hielo, cuyas vidas se resumen en crónicas escritas con mucho oficio, separando el grano de la paja y dejando que el viento se lleve lo que sobra, este es otro de esos libros que a los que habitamos de una forma más cómoda en el planeta nos deja intranquilos. Es imposible conocer a estas mujeres y no sentirse acomplejado.

¿Qué puede mover a una mujer a dejar su hogar, su ciudad, su familia y amigos y adentrarse en un mundo tan inhóspito como es la Antártida?
¿Qué fascinación causa el Ártico cuando muchas mujeres se ponen como reto alcanzarlo? ¿Qué lleva a una española a cruzar andando el Polo Sur en solitario?
Ellas nos lo cuentan a través de las páginas de “TODOS LOS CAMINOS LLEVAN A LOS POLOS“, un nuevo episodio de esta colección, que se inició con África, luego siguió con la India y ahora recoge historias sorprendentes que tienen como escenario los lugares más fríos del planeta. Este nuevo título, prologado por Pilar Marcos, bióloga marina y experta en Geenpeace sobre el Ártico.
Estas son algunas de las protagonistas:
Pepita Castellví.  España firmó el Tratado Antártico gracias a su tesón. Primera mujer en dirigir una Base en la Antártida.
Ana Payo y Uxua López. Del proyecto internacional Homeward Bound Project, para crear mujeres científicas líderes, en cargos de alta dirección, en la toma de decisiones a nivel mundial.
Belén Rosado, experta en geodesia, ciencia que estudia las variaciones de la tierra, su estructura, la temperatura y las corrientes marítimas para predecir las erupciones volcánicas.
Jerri Nielsen, única médica entre 41 científicos y personal de apoyo destacada en la base polar Amundsen.
Dominick Arduin, desaparecida. Su pasión era el Ártico. Se fue a vivir a Laponia y, en un intento de cubrir la distancia entre Laponia y el Polo Norte, desapareció.
Louise Arnold Boyd, pionera y aventurera de principios del S XX.
Mª Carmen Domínguez, creadora de GLACKMA (Glaciares, Criokarst y Medio Ambiente) que desde 2011 estudia el calentamiento global en los glaciares a través de estaciones en la Patagonia, la Antártida, el Ártico, Islandia y al norte de los Urales.
Cayetana Recio, glacióloga. Pasa los veranos australes en compañía de témpanos y volcanes, estudiando su comportamiento.
Mª Ángeles Campos, capitana del BIO Sarmiento de Gamboa.
Bárbara Hillary, primera afroamericana y la mujer de más edad en alcanzar los dos polos.


El libro del mar
Morten A. Strøksnes
Traducción de Baggethun Kristensen Kirsti
Salamandra
320 páginas

Un libro sobre el arte de capturar a un tiburón boreal con una lancha neumática. Ahí es nada y eso es todo. Sí, nos teníamos que acercar al mar en época de verano, pero no a la playa ni al Caribe. Hemos elegido un mar que nos devuelve lo más difícil de la vida en las aguas. El autor narra, no sabemos con qué punto de rigor autobiográfico y hasta dónde apoyándose en la ficción, las vicisitudes de los pescadores del mar del Norte cuando se trata de atrapar a una bestia mítica. Un libro que se lee como una novela y que agranda el mito del océano. Un libro que nos dicta que tampoco allí todo está perdido, que el mar no es ese lugar contaminado con paseos turísticos. Que hay mucha agua salada, una en la que se confunde el sudor con el territorio. Una experiencia donde se confunde la belleza y el terror.

Las profundidades del mar de Noruega que rodea las islas Lofoten, al norte del Círculo Polar Ártico, son el hábitat del tiburón boreal. Con cientos de millones de años de evolución, sus casi ocho metros de longitud y sus más de mil kilos de peso hacen de él, sin duda, una bestia temible, un animal despiadado que puede alcanzar los cuatrocientos años de vida y cuya carne contiene una sustancia altamente tóxica, incluso letal.
Obsesionados con la idea de capturar un ejemplar de tal calibre, Morten A. Strøksnes y un amigo, el pintor Hugo Aasjord, deciden empeñarse en cuerpo y alma en el intento. Su equipamiento deja mucho que desear: una lancha neumática a motor, unas cañas de pescar y la carne putrefacta de una vaca escocesa como cebo. Mientras esperan a que el tiburón surja de los abismos, Strøksnes contempla con emoción la impresionante belleza del archipiélago de las Lofoten y reflexiona acerca de todo lo que el océano suscita en los seres humanos: desde la poesía y la mitología hasta la historia, la ciencia y la ecología. Con una erudición asombrosa y un refinado sentido del humor, Strøksnes nos hace partícipes de su aventura descabellada y nos ofrece su cuaderno de bitácora sobre este vasto piélago y sus moradores, que nos han atraído y cautivado desde tiempos inmemoriales, y de los que, en verdad, lo desconocemos casi todo.

Fuente: Sal&Roca

viernes, 2 de marzo de 2018

TODOS LOS CAMINOS LLEVAN A ÁFRICA


Todos los caminos llevan a África
40 impulsoras de un proyecto solidario en África.
Loreto Hernández y Pilar Tejera
Casiopea
Madrid, 2015
197 páginas

A la hora del telediario, un ama de casa bate huevos para una tortilla mientras su marido ojea el periódico. O tal vez sea él quien pase unas gambas por la plancha mientras ella ve cómo caen bombas sobre los desiertos donde nacieron las religiones de un solo dios. Aunque la mayor calamidad parecen ser los truenos de un político que cecea cínicamente. Es entonces cuando uno reconoce que la sociedad está desactivada. Cuando conducen, escuchan los juicios sumarísimos y apocalípticos de un hombre con la voz rayada por los altavoces y el olor a diésel. Así y todo, saben que la dosis de basura en el mundo no es inferior, ni mucho menos, a la que escuchan como si cayera un telón de fondo. Pero están tan inmunizados como para zamparse una tortilla de gambas mientras en la pantalla un buitre se lleva los ojos de un crío muerto por la sequía en algún lugar de África. En algún lugar del África negra.
Al mismo tiempo, a un individuo, que no posee nada más que sus manos, se le entrega un cubo, por orden, tal vez, de alguno de los dioses que nacieron en el desierto, y se le pide que vacíe el océano. “La cosa está chunga”, pensará. Pero la cosa está chunga allí y en la pantalla del televisor. La diferencia es que este renunciará a la tortilla de gambas para no conseguir nada más que sumar agua salada al agua salada: con su sudor repondrá lo que saque del océano. Pero ese sudor curará al menos sus males.
He conocido a cientos de visitantes en distintos rincones del África negra, todos ellos sanados con buenas intenciones. Pero al cabo de un rato, no era imposible separar al iluminado social del que ayuda, o al vividor de la casta de los más sensatos, que posiblemente sean quienes sienten que su lugar es África. No reconocen altruismo en sus empujes, ni voluntad de salvar el mundo. Se trata, más bien, de africanos con la piel blanca. De gente que nació en el lugar equivocado pero, por suerte, esa cuna le facilitará ese mínimo de dinero y de formación como para poder elegir su hogar, su África. “Yo me hice misionero porque era la forma más rápida de venir a vivir a Zambia”, me comentó un amigo cuando fui a visitarle.
De ese calado son las cuarenta mujeres que pueblan este Todos los caminos llevan a África. Mujeres que vinieron al mundo para reconocerse allí. Algunas manifestando vocación religiosa o docente, otras con voluntad de salvar vidas robando antibióticos a occidente o construyendo un canal de agua potable. Hay quienes quisieron trabajar por el bien de las buenas bestias. Pero ninguna de ellas, a pesar de confesar su primera razón para vivir allí, es impermeable a otros motivos: a intentar salvar una vida durante un minuto, sea al coste que sea; a la denuncia y a la especial sensibilidad que surgió de la leyenda: esa que dicta que África es la tierra del humanitarismo por excelencia. Cuarenta son las reseñas de unas vidas que saben bien a las claras que ellas son los demás. Que saben que cansarse significa estar enamorado. Que reconocen la dignidad de las mujeres africanas, como la reconocería el más viril de los descendientes de los grandes exploradores. Todas sus voluntades surgen del mismo tronco. Pero, es más, todas son a su vez todas las ramas de ese árbol que aquí, a través de esta hermosa edición, se nos muestra sin crudeza pero sin eludir la realidad. Porque vivir merece la pena, y hay más vida en limpiar los ojos de un niño centroafricano que en acertar con el punto exacto de sal en una tortilla de gambas.

Fuente: Culturamas

viernes, 26 de mayo de 2017

Naturaleza, Guerra, Cooperación y Jardín

Fuente: Culturamas

La naturaleza es un campo de batalla

Razmig Keucheyan
Traducción de Víctor Goldstein
Clave Intelectual
200 páginas
Vendido o comercializado como un ensayo sobre ecología política, el libro versa sobre cómo interpretar ese oxímoron: la política es el gobierno de la polis, la ciudad. Todo lo que no sea ciudad, o carretera, en teoría es naturaleza. Pero el exceso de polis hace que sea necesario el gobierno de la naturaleza. Porque el colapso ecológico será lo que destruya al mundo. La huella ecológica supera ya el número 1, es decir, consumimos más naturaleza de la que el planeta es capaz de regenerar. Keucheyan toma partido por lo sensato, lo noble, lo humano que, paradójicamente, no es el invento del hombre, la ciudad, para indagar en las opciones de gobierno de ciudad y naturaleza a la par, intentando que la huella ecológica descienda. O conseguimos eso, o morimos todos. Un libro urgente.


La guardia

Joydep Roy-Bhattacharya
Sexto Piso
305 páginas
Primero fue la naturaleza, ahora es la guerra. La guardia es uno de esos libros testimoniales en los que uno ignora cuánto hay de vivido o de autobiográfico. Se diría que su exposición es garantía de testimonios. La verosimilitud se impone y demuestra que la única forma de viajar que no es una versión más o menos sofisticada del turismo, es participar de la guerra. Kandahar, destino maldito, pero destino metafórico de lo que supone la guerra en la actualidad, es la región elegida para poner el desmoronamiento en la voz y los ojos de una mujer. En territorio más hostil si cabe, dado su género, La guardia es un proyecto de alto impacto en el esternón.



En el banco en el jardín

Michael Jakob
Traducción de Rodrigo de la O Cabrera
Abada
224 páginas
Este es el libro del sosiego. Sentarse en un banco, rodeado por un jardín (ojo, por un jardín, no por un parque), es la forma de vida más natural que puede construir el hombre. Los jardines son imitaciones civilizadas de la naturaleza, hechas para ser disfrutadas, no para caminar o jugar sobre ellas, como lo sería un parque. Uno se sienta en el banco del jardín para estar solo, pero para estar en la naturaleza a la vez que es una versión moderada del flaneur: alguien que contempla el espectáculo de la ciudad, pero tiende una mano a la naturaleza. Un libro delicioso.



Todos los caminos llevan a India. 30 impulsoras de un proyecto solidario en India

Loreto Hernández
Casiopea
184 páginas
El enunciado sigue en el aire: dedicar la vida a una vocación solidaria, es intentar vaciar el océano con un cubo. Sí, casi seguro. Pero quien salva una vida, salva el mundo, reza el Talmud. También es cierto. Como lo es que entre los cooperantes existen muchos vividores, gente a la que no se le puede reprochar nada, porque se parapetarían detrás de una tonelada de burocracia para demostrar la razón de su trabajo, pero cuyo objetivo es, al final, vivir bien en el territorio en que disfrutan vivir. Cualquiera que haya visitado la India en condiciones, no en la cuarentena de los viajes organizados, ha podido conocer a cooperantes sinceros, a misioneros testarudos, a los que huyen y encuentran su escondite en la farsa de una cooperación… Porque la India es un compendio de todo. Respecto a los primeros, sobre los que trata este libro, la gente que intenta vaciar el océano con un cubo, uno se atrevería a aconsejarles que arrojaran el cubo al océano, porque salvar una vida es salvar el mundo.