La
vida en un planeta poco conocido
Elizabeth
Kolbert
Traducción
de Francesc Pedrosa
Debate
Barcelona,
2026
374
páginas
Es
casi imposible no sentir la tentación de cerrar los ojos cuando a uno le llegan
imágenes de hambruna, de cadáveres en tierra bombardeada, del dolor y el
sufrimiento de los mendigos o de un perro degollado por un tipo alcohólico que
acaba de sufrir el suicidio de su madre. Pero cerrar los ojos no consigue que
el mal desaparezca. Hay que atreverse a saber. Lo bueno de mantener los ojos
abiertos es que también te permitirás conocer la belleza de un campo de flores,
la astucia de las raposas, la magia que transforma a una oruga en crisálida,
los cielos despejados y los impactantes cielos de las tormentas, la elegancia
de una manta raya nadando o la ternura que brota en el encuentro de una leona
con sus crías. Si uno está dispuesto a defender el planeta, es porque previamente
se ha enamorado de él. Todavía hay muchas cosas hermosas, un amplio abanico de
cosas buenas por las que merece la pena seguir en la brecha. Lo único que no
vale es rendirse.
En
esta lucha, y por este motivo, es en la que está Elizabeth Kolbert (Nueva York,
1961), reconocida periodista ambiental que publica sus artículos en The New
Yorker. De hecho, este libro es una recopilación de ellos y nos muestra que
el mejor activismo, el que más merece la pena, también requiere de las buenas
palabras, de los mejores relatos, de grandes narradores. Kolbert emprende una
serie de viajes bajo una motivación que parece ser la más urgente: uno no puede
luchar por mejorar el planeta si no hay planeta, o al menos si no hay un
planeta habitable. El eje sobre el que giran los artículos no puede ser otro
que el cambio climático, que es el gran enemigo de la naturaleza. Y la
naturaleza es lo que nos sostiene. Los viajes de Kolbert recorren una buena parte
de la geografía mundial y la redacción de los artículos no se limita a expresar
qué es lo que encuentra, pues en todos ellos cuenta, y mucho, con quién se
encuentra. Hasta el punto de que los que conforman el último grupo, Todo lo
que podemos salvar, podrían catalogarse como perfiles. Destaca la inquietud
de la gente con la que se encuentra, pero también el ingenio, que Kolbert nos
retrata como no pudiera existir el uno sin el otro. Es cierto que valora mucho
el salirse de los lugares comunes para poder atender a la diversidad y afrontar
los problemas desde una perspectiva diferente. Lo que atañe a la humanidad debería
tener escala humana.
Pero
Kolbert no se limita a mostrarnos a personas de manera que sintamos que cualquiera
de nosotros podría pertenecer a esa estirpe. A lo largo de los artículos
despliega toda serie de datos, con frecuencia estremecedores. Sabe que conviene
enunciar los argumentos que certifican la razón de la causa. Y más si esta
causa es tan noble como la defensa y restauración de especies, en la que se
empeña tanta gente creativa. Hay que ser optimista, que es una invitación que
surge de la energía con que Kolbert desarrolla sus artículos. Si el mundo se
está destruyendo, es porque se destruye a imagen y semejanza de alguien que no
parece muy humano. La humanidad reside en quien se preocupa por aquello de lo
que está enamorado, y uno se enamora de lo que conoce, no se enamora en
abstracto. Y conocer el asombroso mundo natural será clave para mejorar el
mundo total, y hacerlo más habitable. La vida en un planeta poco conocido es un
maravilloso encuentro literario con lo mejor de la lucha por la naturaleza. Una
lección magistral de periodismo y anhelo de armonía.

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