lunes, 6 de noviembre de 2017

EL BARCO

El barco
Nam Le
Traducción de Ignacio Gómez Calvo y Marc Viaplana Canudas
Mondadori
Barcelona, 2010
301 páginas

¿Híbrido o mestizo?

En alguna medida, el debate sobre una literatura mestiza, e incluso sobre la versión de literatura mestiza a la que se le ven las costuras, que sería la literatura híbrida, entronca con el debate sobre la literatura y/o la vida. En un planeta global, en el que la globalización cultural se produce, lamentablemente, a la baja, no deja de ser loable que alguien se plantee reunir en una obra lo mejor y lo peor de varios mundos, como sucede aquí con Nam Le y esta obra, de pretendida intención mestiza. Nam Le es un joven escritor de origen vietnamita, que se crió en Australia y vive, en la actualidad, en Estados Unidos, donde asiste a talleres de escritura creativa, un dato que resulta bastante fácil de descubrir durante la lectura de estos relatos: el tono formal y austero, de pretensiones impersonales, que busca llegar al lector afilado como una cuchilla, la estructura meditada en la que encajan las piezas, incluidas las elipsis, como si de un puzzle se tratara, o unos personajes que se disponen a darse de bruces con el peor trance que les pueda tocar vivir, son recursos que con frecuencia se aprenden en este tipo de talleres, presididos por un santoral en el que están presentes Carver, Cheever, Tobías Wolf, Richard Ford, etc.
¿Qué aporta un autor asiático educado en occidente a la literatura universal? Esa es la cuestión que Nam Le trata de resolver en el primer relato del volumen, un texto de carácter metaliterario, pues la narración se va construyendo a sí misma a medida que el protagonista, un estudiante de literatura, la vive, y en la que aparece el conflicto entre el planteamiento étnico o el universal, entre el arte que delata lo exótico de su origen, exótico a ojos de occidente, o la atención al amor, al honor, a la piedad, al orgullo, a la compasión, al sacrificio… a los grandes temas que afectan a la humanidad, una enumeración extraída de una frase de Faulkner que fue, en alguna medida, un autor étnico, si consideramos una etnia el tiempo que le tocó vivir y el cerrado ambiente de un sur aislado. Señalemos, antes que nada, que de todos esos grandes temas el que es común a los relatos que aparecen en El barco es la dignidad, cómo convivir con la propia dignidad en un lugar en que se ven obligados a vivir con la propia soledad construida, al tiempo que se encuentran rodeados de gente.
Para no perder de vista esos grandes temas, Nam Le construye unos relatos, que a veces son novelas breves, dada su extensión y la pérdida de un hilo temporal redondo, de intenciones dramáticas e incluso trágicas. Los personajes son perdedores y todos los finales melancólicos. Hasta ahí se delata lo mestizo. La hibridación viene al comprobar que sus intenciones de construir un libro de relatos universal, se plantea al abrir el espectro de geografías y personajes (de todas las edades y todos los orígenes) a todo el planeta: las historias suceden en Vietnam y en Japón, en Colombia y en Irán, en Estados Unidos o incluso en el medio de un mar embravecido, y una tormenta, en un mar desde el que no se vislumbra ninguna orilla que es tanto como decir en medio de ninguna parte, un detalle que resulta más aterrador al conocer las condiciones en que viajan los desesperados pasajeros en un indefenso barco de pesca.
¿Qué cabe rescatar de este libro para que merezca la pena ser leído? En primer lugar el escaso miedo de Nam Le a enfrentarse al horror o a la descomposición; en segundo el compromiso con la memoria del individuo; en tercer lugar, la conciencia de que la literatura sale al encuentro de la vida y no al contrario; están, también, los lazos del amor entrelazados o en combate con el mal, o la educación sentimental de los niños y adolescentes, y el rechazo a los prejuicios sociales y culturales, y por último el compromiso con las decisiones que debe tomar el individuo, aunque sus consecuencias sean críticas. Encontrar un autor que lucha en el frente de la literatura con un nivel de lectura ético, es suficiente razón para acercarse a este volumen de relatos.


Fuente: Quimera

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