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domingo, 18 de marzo de 2018

WALTER BONATTI


Walter Bonatti
Mi hermano en el alma
Reinhold Messner y Sandro Filippini
Traducción de María Eugenia Frutos
Desnivel, 2015
288 páginas




El lector se enfrenta a este Walter Bonatti. Mi hermano en el alma confiándose al relato romántico de la montaña. Porque un guerrero como Reinhold Messner, coautor junto a Sandro Filippini, pero ingeniero de la obra, indagará en aquello que le hermanaba con Bonatti en lo que a falta de otro nombre llamaremos aventura, aunque el término quede un poco incompleto y, tal vez, demasiado arriesgado. El hilo de Ariadna que recorre la obra hermanando a uno y otro podría ser la soledad. Con algo de desacierto, hablan del espíritu de medirse con uno mismo como parte de la vivencia plena de la montaña. Desacierto, porque la competición aniquila la obra romántica y porque si esta se ejerce contra uno mismo sugiere la lucha a brazo partido por aceptar uno quién es. Con sabiduría, sin embargo, trazan el deseo de saber y esa dimensión de la montaña y los espacios abiertos como un hogar, como el hogar de la niñez, rodeado de un paisaje purísimo, al que los especuladores le rompieron el alma. Y así también rompieron la suya. Todos los lugares son santos para mucha gente, de ahí la necesidad que tenían los antiguos de inventar un dios protector para sus hogares. Una vez perdida la santidad, los ejercicios deportivos en la montaña los ejecutan almas muertas que deambulan pisando muy fuerte. Esa parece ser la conclusión.
Una conclusión que nos lleva a pensar en el gran mito del aventurero solitario que viaja con el anhelo del hogar grabado a fuego sobre su alma. Y este es el espíritu de Ulises. En tanto que Jasón se vio acompañado de los argonautas, hasta el punto de que su búsqueda del Vellocino de Oro les hace inseparables, porque se arrojaron al desafío de la inmortalidad con un tanto de avaricia, a Ulises se le puede entender sin sus navegantes. Todos ellos pretendían lo mismo, encontrar el hogar, con lo cual solo es necesario mitificar a uno, al líder, para comprenderles. Ulises termina por ser un navegante solitario. Messner y Bonatti también.
Pero Messner, de un espíritu mucho más práctico que Homero, señala con precisión los momentos de mayor soledad de Bonatti al retratar su biografía. Sobre todo el polémico vivac por encima de ocho mil metros, cuando la expedición italiana hizo cumbre por primera vez en el K2. Y los años consecuentes, en los que la versión oficial hizo sufrir en silencio a Bonatti unos injustos reproches. Hoy en día, nadie ignora que él se comportó como un héroe. El relato de la expedición se introduce al inicio de cada capítulo, de un libro que no sigue un orden cronológico y en el que podemos seguir la historia del alpinismo, hasta la llegada del fragor de los guerreros. Lo importante, en esta deslavazada estructura, es la asociación de ideas, y estas saltan aquí y allá, de la anécdota de la infancia al encuentro entre los personajes, de la entrevista al relato del oficio, del desafío alpinístico a la otra cuestión que recorre el libro de cabo a rabo: la de si, finalmente, Bonatti fue un hombre que estuvo en paz.
Por parte de Messner, siempre queda ese instinto de supervivencia que se delata en todos los escritos, al que no es ajena la obsesión de desagravio o el orgullo. Dos cualidades que han hecho de él, en contra de lo que pueda parecer, un narrador con potencia. Al igual que la leyenda del hombre solo. Ulises, como hombre solo a pesar de navegar con lo que en el ambiente de montaña llamaríamos compañeros de cuerda, representa mucho mejor los valores humanos que Jasón. Como también lo representan las expediciones a la naturaleza que protagonizó para la revista Época Walter Bonatti. Durante quince años, escribió acerca de los sueños y de la curiosidad, demostrando que somos más sinceros cuando somos más naturaleza.
De esa calidad es la esencia de valores humanos que destilan los emocionantes relatos de una vida, la de Bonatti. Y cualquier emoción, una vez pasada por el tamiz de la inteligencia, una vez que se ha dejado reposar el agua turbia para que la arena acabe en el fondo y se vea clara, se transforma en un sentimiento. Este es un libro sentimental en el que el alpinismo es el símbolo de la aventura. Un libro que nos deja con la impresión de la dificultad que seguirá siendo, para siempre, eso en lo que puede resumirse la sabiduría: separar el trigo de la paja y dejar que las pequeñas cosas se las lleve el viento.

Fuente: La línea del horizonte