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viernes, 16 de marzo de 2018

VIAJE POR LA INDIA


Viaje por la India
Gary Snyder
Traducción de José Luis Regojo Borrás y Concepción Catalán Giménez
Varasek
Madrid, 2014
257 páginas



Uno es joven, es austero, se siente libre, entiende que el mapa del mundo no es nada más que una reducción del plano de su apartamento, alegra con flores su cabellera despeinada, se deja barba hasta que esta le llega al esternón y entonces se afeita, escribe poesía y asiste a los recitales poéticos que se ofrecen en salas con mucho humo flotando en volutas vegetales, se preocupa tanto por cómo viste que da la sensación de que cualquier vestimenta le iría bien, hace dietas veganas, lee en función de los adjetivos con que se calificaron al escritor: si este era maldito, porque su biografía era la de un hombre fuera de la sociedad, entonces sus versos merecían la pena, aunque utilizaran la palabra retrete en lugar de la palabra pétalo, o gasolina en vez de envidia. En esa década, el mundanal ruido era un estruendo apagadísimo si lo comparáramos con la fecha actual, porque desde los años sesenta hasta ahora el número de coches se ha multiplicado por millones, al igual que el de cualquier otro vehículo que dependa del petróleo. Por las calles donde ahora circulan diez mil personas entonces paseaban cuarenta gatos, y ya eso les parecía una exageración, una multitud. Y tal vez lo fuera. Al margen de la soledad, cualquier otra cosa significaba alteración. Y la alteración es un mal que consumía algo que uno llamaría energía mística, el Chi, o de alguna otra manera informal o importada de oriente.
Después de vivir el Japón durante unos años, donde todo era respeto y orden, uno decide embarcarse en un viaje a la India, desde donde llegan noticias de fortunas religiosas que no se han materializado en algo tan siniestro como son los crucifijos que presiden la mayor parte de los templos occidentales. Así es como Gary Snyder (San Francisco, 1930) y su pareja, toman un barco hasta Ceylán. Y desde allí recorrerán la India y parte de Nepal en un viaje que se plantea como la mejor academia de aprendizaje. Incluso llegarán a compartir ruta con otros compañeros laureados en la generación Beat, como Allen Ginsberg. La intención es volver con una mentalidad más profunda, amplia aunque entristecida, por todo lo aprendido durante el viaje. Y como el propio Snyder reconoce, lo más significativo es darse cuenta de que un país que según nuestros parámetros se consideraría pobre, está poblado por gente que acaso necesite dólares, pero que no necesitan ni quieren compasión, piedad o aversión.
Aunque sin fechas, Viaje por la India. La generación Beat descubre Oriente, es un diario. Y como tal en el libro se refleja lo que hacen los protagonistas o las improvisaciones a que se ven obligados por los trances que les salen al paso. Sin intención de aventura, en una época en la que los mochileros todavía resultaban unos extraños en la mayor parte del subcontinente, Snyder y sus amigos se dedican a visitar centros espirituales cuestionándose muy poco qué es eso de la espiritualidad. En realidad, temas como el misticismo quedan señalados en el libro, pero no parecen ir siendo recibidos por el interior de los viajeros. Unos viajeros que a lo largo de estas páginas no paran de moverse, siguiendo un itinerario en el que la prioridad son los templos. El lector echa un poco de menos algo más pausado, ya que la descripción de la vida en torno a los templos se relata en un estilo casi telegráfico, cuando no hubiera sobrado dar a conocer los detalles de lo ritual.
Algo semejante sucede cuando se encuentran con los templos humanos, es decir, con las representaciones de quienes eligieron la vida espiritual, los lamas, los shadus. En la India cabe todo, se puede concluir de este periplo. Y también cabe incluir cómo nos transforma, algo que oculta, posiblemente de forma intencionada, el autor. Todo aquello que nos cambia, que nos hace evolucionar, porque es diferente, nos cambia y nos hace evolucionar de manera diferente a cada uno de nosotros. Porque también nosotros somos diferentes. Dicho de otra manera, este libro es más una necesaria invitación que un relato.

Fuente: La línea del horizonte