viernes, 21 de septiembre de 2018

MI DEUDA CON EL PARAÍSO EN 'MARCA'

El explorador que pudo reinar

             JUEVES, 20 SEPTIEMBRE 2018
  • Por Sebastián Álvaro / MARCA
No es muy frecuente que el protagonista de una novela sea un alpinista, aventurero o explorador. Pero esta vez la excepción se encuentra en el nuevo libro del escritor Ricardo Martínez Llorca, titulado "Mi deuda con el paraíso". Como no es cuestión de destriparles la excelente historia que recorre la novela, que les recomiendo, lo que sí puedo descubrirles es el personaje sobre el que está basada, en muy buena medida, toda la trama del libro. Se trata de Luis de Saboya, el Duque de los Abruzos, tercer hijo del que fuera rey de España Amadeo I. De hecho, ahora que tanto se reivindica la memoria histórica, no habrá muchos españoles que sepan que Luis de Saboya nació en 1873 en el palacio real de Madrid y si la situación política de aquellos años no hubiera sido tan dramática quizás ese hombre hubiera llegado a ser rey de España. Afortunadamente para él, su padre abdicó tan sólo quince días después de su nacimiento y la familia de Amadeo regresó a Italia poniendo punto final a su corto reinado. Sin embargo la vida de Luis de Saboya fue una continua aventura.
Con 16 años ingresó en la marina italiana, dando su primera vuelta al mundo y descubriendo la belleza irresistible belleza del Himalaya. Poco después ya escalaba algunas de las montañas más difíciles de los Alpes, como el Cervino que escaló por la arista Zmutt con el gran alpinista británico Alfred Mummery. A los 24 años comandó su primera gran expedición, a Alaska, donde escalaria una de sus más difíciles y peligrosos picos, el Monte San Elias. A partir de ese momento se convertiría en uno de los más ilustres exploradores de su tiempo, capaz de codearse con los más importantes aventureros que, por entonces, estaban tratando de rellenar el espacio en blanco de los mapas. Exploró de forma metódica el macizo del Ruwenzori, las famosas "Montañas de la Luna" de Ptolomeo, escalando más de 15 montañas que superan los cuatro mil metros, haciendo un mapa de la zona y una gran investigación científica. Al acabar su expedición aquella región se había incorporado al conocimiento geográfico moderno. Igual ocurrió poco después con su gran expedición de 1909 al Karakórum, que todavía hoy se pone como ejemplo. Fue el primero en descubrir la ruta de ascensión al K2, que desde entonces lleva su nombre: "la Arista de los Abruzos". Aunque entonces era una tarea imposible, con aquellos medios y materiales, Luis y sus compañeros lograron sobrepasar los seis mil metros en la montaña más imponente de la Tierra. Pero no contento con ello intentarían el Chogolisa, alcanzado los 7500 metros y quedándose a tan sólo 150 metros de su cima. Aquella altitud no sería rebasada durante trece años, hasta que los británicos intentaron escalar escalar el Everest. En la primera guerra mundial tuvo una digna y valiente actuación durante el salvamento de miles de refugiados serbios, pero aquel acto heroico, al margen de las órdenes de sus superiores, le llevaría a chocar con las autoridades italianas y luego con los jerarcas del fascismo italiano. Se refugió en Somalia donde moriría en 1933 alejado de la corte y de cualquier privilegio oficial. Poco antes de morir, ya enfermo de cáncer, un amigo le dijo que porqué no se quedaba en Italia, donde había buenos hospitales y morfina para poder ser tratado. Con cierta melancolia Luis de Saboya le contestó: "Prefiero que en torno a mi tumba se entrelacen las fantasías de las mujeres somalíes antes que la hipocresía de los hombres civilizados" 
Comprar AQUÍ el libro        

No hay comentarios:

Publicar un comentario