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jueves, 1 de octubre de 2020

NI FUH NI FAH

 

Ni Fuh ni Fah

Julio Camba

Pepitas

Logroño, 2020

170 páginas

 


El humor surge de un tema tradicional: las costumbres. En realidad, el humor lo practican grandes observadores, porque lo que nos hace reír consiste en la percepción y asociación de lo que está a la vista. Y nada está más expuesto que las costumbres. Por otra parte, el humor es una herramienta de combate. ¿Se combate contra las costumbres con el humor? Es posible, pues todo depende del grado de ironía, de la cantidad de sarcasmo que oculte el locutor, si es que oculta alguna. No es el caso de Julio Camba (Villa Nova de Arousa, 1884 – Madrid, 1962) que no denuncia ni practica el humor con malas intenciones, que parece combatir, pero se encuentra cómodo dentro del mundo que narra, entre otras razones porque le permite practicar la observación de la que disfruta. Esa suerte de felicidad la transmite en estos artículos, que recorren una parte del mundo en el que lo moderno y lo antimoderno se van dando de bruces y se van dando de la mano.

Al leer hoy a Camba nos damos cuenta de cómo participa en una época en la que van naciendo los tópicos que hoy respiramos. Si habla de los ingleses lo hace como colonizador de aquello que hoy nos hace reír, como colonizador del conocimiento de los hábitos ingleses. Pero sabe guardar el equilibrio y no acaparar malos sentimientos: los enuncia, mientras enuncia también los hábitos contrarios de los españoles, como si se tratara de un marciano, como alguien capaz de salir al exterior del ambiente en el que vivimos y mirarnos como se mira el teatro. Los chinos, los americanos y las distintas regiones de España no se escapan a su mirada, a algo que ahora echamos mucho de menos, que es el conocimiento por contacto directo. Ahora conocemos lo grande, el espíritu de las cosas, de los actos, y pretendemos saber que eso, las conclusiones que uno halla en artículos que pueblan internet, es el alma humana. Camba nos devuelve la sensación contraria, la de que cada uno de nosotros sólo puede conocer lo pequeño, los detalles del lugar que habita, y tratar de ampliar ese lugar, aunque con limitaciones. La dimensión de los escritos de Camba es la de una escala humana, real. Por esa razón merece la pena volver a leerlos.

“Se trata de un observador agudísimo y un pensador original”, dice Pablo Martínez Zarracina en el prólogo. “Nunca solemniza. Algunos de sus artículos pueden parecer demasiado anecdóticos o ligeros, pero encierran siempre una subversión tranquila. Consiste en demostrar que la aplicación sobre la realidad de un razonamiento lógico imperturbable también da como resultado el puro disparate”. Eso sí, un disparate en el que destaca la sinceridad y en el que jamás se falta al respeto. Por mucho que Camba piense que poco es lo que debemos tomar en serio.

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