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jueves, 21 de junio de 2018

LEILA GUERRIERO

Leila Guerriero

La periodista que regresó desde la sabiduría que dan doscientos años de vida

Ricardo Martínez Llorca - 22-06-2018

Si uno ha leído a Leila Guerriero y le dicen que ronda los cincuenta años piensa que no es que haya llegado a esa edad sino que, más bien, alcanzó los doscientos y luego fue retrocediendo, hasta volver a quedarse en los cincuenta, una edad en la que uno ha superado todas las crisis, excepto la de envejecer: ella envejeció doblemente para retornar a la madurez. De sus trescientos cincuenta años vividos, Leila ha conservado la magia de un cabello que triunfó en la adolescencia y una personalidad descorazonadora en la escritura, tan depurada y precisa como tensa, excepto en algunos brochazos de color que nos sirven de descanso y adición. En una de sus columnas, reza: “De pronto, en mitad de un tema, ella se cuelga de su cuello y lo besa seminalmente, como si quisiera matarlo”. El texto versa sobre un hombre que ha perdido el amor hacia su novia, pero la que besa seminalmente es ella. El adverbio de modo es tan sorprendente como los que encontramos en la prosa de su compatriota Borges. Solo que nuestro queridísimo escritor nunca hubiera utilizado la palabra seminalmente por pudor, a pesar de que a él, a Borges, se le permitían las licencias de la poesía y de la ficción. Pero Leila trabaja sobre las representaciones de la realidad. Y si la imagen de que un chico bese seminalmente nos resulta sobrecogedora, pues se nos antoja que se están corriendo riesgos, que ese modo provenga de la novia y en los estertores de la relación hace que la mantequilla se evapore mientras leemos la columna, a la hora del desayuno. Y es la única metáfora de todo un texto que funciona como una amenaza lírica.