martes, 27 de octubre de 2026

SIN ATAJOS HACIA LA CIMA

 

Sin atajos hacia la cima

Ed Viesturs

Traducción de Blanca Mira

Quaterni Extreme

Madrid, 2026

413 páginas

 



Hay catorce montañas de más de ocho mil metros en el planeta Tierra, y hay una gran historia detrás de cada una de las personas que las han coronado. Esas grandes historias tendrán máximo común denominador y mínimo común múltiplo, porque en todas ellas se contiene la misma esencia, la que es común a la aventura, que es algo que nos afecta y consigue incrementar nuestra experiencia vital. Por eso hay que atender a los relatos de los alpinistas no pensando en que son narraciones desconsideradas, en el sentido en que es desconsiderado quien nos habla de lo que nunca podremos alcanzar, sino considerando que hay mucha, muchísima humanidad en su batalla. Y batallas es lo que hacemos todos en cuanto escuchamos el despertador. Antes hemos estado soñando, y en esos sueños hemos visto pasar a nuestros deseos. En la vigilia tenemos presente a esos deseos mientras nos lavamos los dientes y revisamos la agenda, en la que se incluye una visita al médico porque algún asterisco de la última analítica nos ha mosqueado.

En esta iniciativa que abre la editorial Quaterni, Quaterni Extreme, vamos a encontrarnos con la cara y el alma de aventureros, entre ellos esta con la que inaugura el sello, que lleva la firma de Ed Viesturs (Indiana, 1959). Para quien no esté familiarizado con ese nombre, hablamos del primer estadounidense en ascender las catorce grandes cumbres. Para hablarnos de su vida, tirando del hilo de esas conquistas, se ayuda del veterano David Roberts, un periodista especializado en crónicas de aventura, de quien conocemos su oficio y su solvencia. Viesturs nos va a llevar a la que podría considerarse la segunda gran edad dorada del himalayismo, tas la de los pioneros. Si queremos familiarizarnos con esta referencia, basta con saber que los nombres de alpinistas españoles que aparecen, con quienes compartió aventuras, fueron Alberto Iñurrategi y Araceli Segarra. Pero antes de reunirse con ellos en el Annapurna o el Everest, Viesturs tuvo que buscarse la vida en tiempos en los que no era fácil encontrar salidas comerciales para un espíritu bohemio. Eso, junto a la incorporación de la familia, algo que se irá haciendo poco a poco a medida que avanzamos en la lectura, marca lo externo a la pura montaña, define un entorno que nos explica al protagonista, a alguien que es uno más de nosotros, alguien que ama a su mujer y a sus hijos, y que intenta cumplir la parte de sus sueños que se corresponde a los deseos.

Desde la primera página nos daremos cuenta de que estamos frente a alguien muy riguroso en el relato de las ascensiones, alguien empeñado en que le acompañemos desde dentro, alguien que nos invita a pensar con él sobre lo que va sucediendo durante la aventura. Lo que sucede podemos darlo por supuesto: superar los escollos del frío, de la altura, o las dificultades de los pasos de escalada y de hielo, no es nada sencillo. La novedad es incorporar lo que va pensando, lo que va sintiendo, en la que destaca, por encima de todas las cualidades, la obsesión por la seguridad. Reconocemos que nos habla alguien que ha disfrutado, sí, pero también alguien para quien lo más importantes es regresar entero y, además, que regresen enteros sus compañeros, y hasta los desconocidos. Porque algo que sobrenada a toda la narración es la solidaridad. Y esa solidaridad no supone, para nada, poner plomo en las alas. Al revés, reconocemos más libertad en ella que en la del alpinista que puso su triunfo por encima de apoyar a otros alpinistas. Viesturs no olvida, como cabe esperar, las explicaciones más técnicas, que nos ayudan a ambientarnos, pero de lo que se trata es de coordinar todo eso con su vida personal, con una biografía en la que destacan las ganas de vivir, de compartir los días y las noches. De ahí, por ejemplo, la enorme admiración con la que se refiere a otros grandes montañeros. Admirar podría ser el verbo que mejor definiera este libro: una admiración, la que nos provoca, que tiene que ver con las facultades de saber apreciar la vida y que nos contagia con éxito. De ahí que sea tan importante su publicación.

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