jueves, 30 de abril de 2026

SIEMPRE EN CASA, SIEMPRE LEJOS DE CASA

 

Siempre en casa, siempre lejos de casa

Hannah Kent

Traducción de Laura Vidal

Alba

Barcelona, 2026

349 páginas

 



Cuando uno es un ser hipersensible, necesita encontrar dónde refugiarse. Está muy bien eso de tener una cueva o una cabaña en el bosque, pero el refugio no tiene por qué ser siempre un lugar concreto, pues también puede ser el mejor año de tu vida. Esta es una de las funciones salvadoras de la memoria: regresar siempre que quieras a los momentos en que fuiste feliz. Antes, los refugios eran sueños, hasta que la vida, y tu lucha en la vida, te permitió ese año maravilloso en que viviste de forma casi idéntica a como te hubiera gustado que fuera la vida. Nadie dijo que ni siquiera esa etapa fuera a ser del todo sencilla, pero no hay camino sin baches y la memoria sabrá destilar lo que nos interesa, que es una lección de felicidad que tiene que ver con el entorno y, sobre todo, con el entorno humano.

Esto es lo que refleja Hannah Kent (Adelaida, Australia, 1985) en esta obra, que ya revela su intención en el título: Siempre en casa, siempre lejos de casa. Kent viajó a las antípodas de su país, a Islandia, para conocer la nieve durante un año de transición, el equivalente a segundo de Bachillerato en nuestro país. Con diecisiete años quiere conocer lo que se supone que es su antimundo, lo contrario a la zona de confort, para sentirse viva. A estas alturas, ese atrevimiento puede considerarse como una aventura. Aquí habría que definir qué es una aventura, dado que no vamos a explorar selvas ni a subir cumbres vírgenes. Aventura es lo que nos empuja a madurar, aventura es las vivencias que nos son especiales y que podemos compartir, porque los demás pueden identificarse con ellas y sentir envidia, dado que ellos no ponen en marcha los mecanismos para algo tan sencillo y tan significativo. Aventura es un relato de iniciación, de crecimiento de transición al mundo adulto, aunque esto nos obligaría definir en qué consiste ser adulto. En el relato de Kent está claro: adultos son aquellos que se comportan de forma humana, generosa, pacífica, social. Adultos son los que facilitan la integración y te enseñan a querer.

Hay que tener en cuenta que nos habla un adulto, pero la voz trata de reproducir las sensaciones de un adolescente, que es pura emoción. Kent es muy sensible a la belleza, que reconoce en todos los lados, en los copos de nieve, en el viento y en los paisajes. Como es fácil imaginar, Kent es una muchacha que se está enamorando sin que el amor esté dirigido hacia una persona concreta. Esta será la esencia de la primera parte del libro. Luego pasarán los años y Kent regresará en varias ocasiones a Islandia, el país del que sigue enamorada. De hecho, el relato más amplio de sus retornos lo ocupa aquél en que nos habla de la investigación para su primera novela, Ritos funerarios, centrada en el caso de una asesina, bastante popular en el país, que fue la última mujer decapitada por la justicia, a la que Kent se esforzará por comprender.

En realidad, de lo que nos va hablando Kent en esta obra es acerca de los pasos más importantes en su formación, de cómo va creciendo en ella es espíritu creativo, sin que nos aturda con lecturas y ensayos sobre lecturas. Porque demuestra que lo más importante incluso en este ámbito, sin duda, será conocer buena gente.

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