domingo, 8 de marzo de 2026

LA FOSA ABIERTA

 

La fosa abierta

Brigitte Vasallo

Anagrama

Barcelona, 2026

310 páginas

 



Si la vida tiene mucho de conflicto, también vivir nos ofrece algo con lo que compensar ese daño, y ese algo son las lealtades. Uno es leal a lo que sabe que es bueno, aunque el conocimiento de lo bueno se modifique a medida que comprueba como los actos afectan a las personas. Uno es leal a sus amigos y puede ser leal hasta a su linaje, que es algo que no tendría por qué perjudicar a nadie. Pero es posible que uno sea leal, para siempre, a sus inquietudes, eso que está tan ligado a las pasiones, a los enamoramientos. Esta obra contiene mucho de las lealtades de Brigitte Vasallo (Barcelona, 1973), expresada a través de un intento por explicar lo que supone para ella ser txarnega «desde un lugar que no tenga que ver con la tierra, sino con la emigración», le dirá una amiga. Hay que eliminar todo lo peyorativo que puede contener el término txarnego, para buscar algo más parecido a un asunto de familia, a una identidad familiar.

La piedra que arroja Vasallo al estanque es el intento de contactar con un aristócrata francés, al que atendió su madre como empleada doméstica. La pregunta consecuente, la que se repite en cada mensaje que envía, sin expresarla, es ¿por qué éramos pobres? Ser txarnego, ser pobre. Hablar de los emigrantes, de los campesinos, de los perdedores, y de sus contrarios: «Los que hacen la revolución en la asamblea y después maltratan al camarero. Esos eran, y son aún, los caciques». Y una comparación entre esa emigración y la que ella puede celebrar en propia persona, pues parte de este ensayo está escrito en Roma, donde la autora disfrutó de una beca. En el primer caso, el de los emigrantes, la necesidad era económica; en el suyo será la de establecer distancia, intentar mirar al pasado como se mira a un paisaje.

El espíritu de Vasallo, su inquietud, la llevará a tocar todos los palos, a saltos, transmitiéndonos una aparente actitud nerviosa, pero sabiendo muy bien a dónde quiere llegar, cuáles son sus reivindicaciones, cuáles son las buenas causas. De hecho, va desplegando capítulos cortos entregándonos la impresión de que estamos frente a una autora que es intelectual, a pesar de no querer serlo, de no identificarse con los intelectuales, sino con los emigrantes y los hijos de emigrantes, esos que no saben en qué agua nadar, esos que podrían estar viviendo una vida fragmentada. A la pregunta constante que es de dónde venimos, ofrece la alternativa de quiénes somos, con lo cual nos quedamos en la duda, en la impresión de que la identidad no es algo estable. Así pues, el texto orbita entorno a los temas, sin llegar a otra conclusión que no sea la de declarar su memoria, que es propia y es, al mismo tiempo, plural. Nos hablará de su experiencia y de la de su familia, y también de la historia de los perdedores, esos para los que cada paso es también una forja de la identidad propia y plural.

Vasallo nos demuestra que para aprender hay que tener voluntad. Ha escrito un ensayo vehemente, ocurrente, propio de alguien que sabe que en este mundo hace falta mucha rebeldía y que una demostración de rebeldía es la indisciplina social, porque la disciplina social solo sirve para cortar alas, para colgar bolas de preso en los tobillos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario