¿Qué
buscas, lobo?
Eva
Viežnaviec
Traducción
de Andréi Kozinets
Gatopardo
Barcelona,
2026
169
páginas
Lo
primero es el alcohol y el porqué del alcohol. El personaje que nos presenta de
inicio Eva Viežnaviec (seudónimo literario de Sviatlana Kurs, Minsk, 1972) es a
una mujer alcohólica, en un grado que la lleva a tener problemas para la
integración social, y lo primero que nos preguntamos, nada más empezar la
lectura de este impactante libro, ¿Qué buscas, lobo?, es a qué se debe tanta
necesidad de alcohol. Ryna, la protagonista, sin querer, de la historia de su
aldea, regresa varios años después de una emigración que a medida que avancemos
en la lectura nos daremos cuenta de que es un exilio que se impone a sí misma.
Pero ni el alcohol, ni el exilio, ni los años han conseguido curar la gran
herida que supuso la vida de la aldea. Enseguida nos daremos cuenta de la
tristeza incómoda del lugar, y poco a poco iremos conociendo la violencia que
allí se ha sufrido durante un largo periodo del siglo XX.
Comenzamos
en una época en la que apenas había medios de comunicación, en la que las cartas
tardaban semanas en llegar, lo cual permite hacer verosímil este lugar, que Viežnaviec
reproduce tras una atenta investigación. Es un microcosmos, una aldea aislada, como
lo era Comala o Macondo, solo que este lugar ha existido. Viežnaviec trabaja
sobre algo tan real como es la memoria de quienes allí habitaron, para retroceder
en el tiempo junto a Ryna. Lo que consigue es un efecto de ficción, de crónica
inventada, pero lo que nos aturde es saber que se trata de un testimonio. Otro
autor se habría valido de este material para escribir una saga familiar o un voluminoso
libro plural, pero Viežnaviec reduce todo lo que ha obtenido a lo que
impresiona. Ni siquiera hay adjetivos. Narra sin recursos estilísticos, porque
el estilo se pega a lo importante como la piel a los huesos del cráneo. Hay que
sobrevivir a tiempos de sangre, de plomo, a las guerras y a las entreguerras, a
los pogromos y a las revoluciones. Estamos rodeados por el bosque, que es la
marca de la frontera, y así protegemos nuestras costumbres, nuestros
prejuicios, pero corremos el riesgo de quedarnos sin aire cada vez que entre
una nueva violencia. De hecho, el lugar tiene mucho de los entornos clásicos de
los cuentos de hadas que vinieron del Este, pero aquí se ha sustituido
cualquier posible magia por un realismo de lo más crudo.
Contamos
con el apoyo de seres marginados, entre los que destaca la abuela de Ryna, la
curandera, que no debe hacerse notar porque ya pesa demasiado su fama. Todos
ellos son seres que ven como su vida se decide desde otro lugar, más allá del
bosque, donde están los poderosos. A ellos apenas les queda otra certeza que no
sean las viejas supersticiones. Ni siquiera la memoria es un buen refugio, como
nos damos cuenta cada vez que Ryna recurre a ella y se encuentra, por ejemplo,
con un padre sanguinario o con la trágica ausencia de una madre, pues quedó
huérfana desde muy joven. ¿Qué pasa, lobo? es un viaje a los que sufren
el efecto de lo miserable. El efecto es de lo más desconcertante, porque uno se
da cuenta de que está leyendo algo con forma de apuntes —subcapítulos cortos, toques
de atención, miradas breves hacia uno y otro lugar— y, sin embargo, sale de la
obra con la impresión de haber estado tratando con alguien que tiene un
conocimiento profundo, y ese conocimiento es contagioso. Y es que esta obra
contiene, sobre todo, un fuerte impulso vital.
