domingo, 24 de diciembre de 2023

PERROS DE PAJA

 

Perros de paja

John Gray

Traducción de Albino Santos Mosquera

Sexto Piso

Madrid, 2023

223 páginas

 



A la humanidad conviene pasarle el plumero de vez en cuando. Y para ello hace falta un talento como el de John Gray (South Shields, Inglaterra, 1948), invertido en una forma de saber que se identifica con la sensatez: «La idea de progreso no es más que el ansia de inmortalidad con un toque tecnofuturista. No es aquí donde se puede encontrar la cordura, ni tampoco en las eternidades apolilladas de los místicos», nos dice, para concluir con una pregunta: «¿Tan inconcebible nos resulta que el objetivo de la vida sea sencillamente ver?».

Perros de paja es una recopilación de reflexiones en las que uno se asoma a todos los abismos: la ciencia, la filosofía, la sociedad, la economía, la religión… Es un libro que nos coloca frente a todos los espejos cuestionando los valores que se han ido convirtiendo en lugares comunes a lo largo de tantos siglos de pensamiento acumulado. Aunque su especialidad, donde Gray se muestra más hábil, especialmente sensato, es en los temas filosóficos, en los conceptos de verdad derivada de las ramas de la ciencia o la ética. En realidad, Gray critica constantemente el solipsismo con el que hemos ido creciendo, y que nos hace sentir un cierto orgullo por pertenecer a la especie elegida: «El avance científico nos hace creer que somos diferentes del resto de animales; ahora bien, nuestra historia nos enseña que no lo somos». Para Gray deberíamos tener en cuenta, a la hora de pensar, que no dejamos de ser una especie más, que estamos condicionados por las fórmulas de pensamiento religioso, que ahora vemos expresadas en el humanismo, y que la vida de acción no es más satisfactoria que la vida de contemplación. Los ejes sobre los que gira su pensamiento son sencillos, y la forma que tiene de expresarlos es divulgativa, pero, utilizando un término que él odiaría, científica.

John Gray se apoya en todo tipo de textos, populares, míticos o literarios, para centrar sus ideas, añadiendo al ensayo un tono que no nos permite descanso y nos arroja satisfacción. Se pregunta sobre lo irracional, mientras también duda acerca de la veracidad de las conclusiones humanas que extraemos de las ramas más racionales de nuestros saberes, que son las científicas. Considera un error separarnos del resto de los animales o atribuir a la hipótesis de Gaia una tendencia poética. Revisa el pensamiento antropocéntrico, marcado por el cristianismo, de la línea filosófica que atraviesa desde Hume a Wittgenstein, pasando por Kant, Schopenhauer, Nietzsche y Heidegger. Se centrará en el yo y la ilusión del yo, en la ilusión de identidad individual a partir de Lord Jim, del budismo y de la tendencia religiosa que él parece entender que nos respeta mejor, que es el taoísmo: «Para los taoístas, la vida buena no era más que la vida natural hábilmente vivida. Se trata de una vida que no tiene ningún propósito particular. No tiene nada que ver con la voluntad y no consiste en la realización de ningún ideal concreto».

Nos va a hablar acerca de la moral como obediencia y como ficción, de la tragedia y el sentido de justicia, de la libertad de elección, a la que califica de fetiche, y de la espontaneidad. Tratará acerca de la idea de salvación, de las necesidades que sentimos y que creemos satisfacer gracias a las drogas o la tecnología. Irá repasando los hitos de la historia que nos llevaron hasta este «supermercado cultural» en el que vivimos, caracterizado por el capitalismo de la distracción, por unos medios de comunicación a los que lo único que les importa es la sugestión, y por una globalización que «es un amontonamiento caótico de nuevas tecnologías. Si algún efecto general tiene, no es el de difundir “los valores modernos”, sino el de consumirlos». Han transcurrido algo más de veinte años desde la publicación en inglés de este libro. Pero, hoy en día, sigue siendo un texto que uno no para de subrayar, porque encuentra en él una sobredosis de cordura. Y eso resulta de lo más satisfactorio.


Fuente: Zenda

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