domingo, 3 de abril de 2022

LO QUE PASA DE NOCHE

 

Lo que pasa de noche

Peter Cameron

Traducción de Catalina Martínez Muñoz

Libros del Asteroide

Barcelona, 2022

272 páginas

 



Son el hombre y la mujer, sin que lleguemos en ningún momento a conocer sus nombres, porque no se trata de ponerles rostro, sino de saber que podríamos ser cualquiera de nosotros. Y, como cualquiera de nosotros, ante una situación de crisis buscan una salida que está más en el mundo de los deseos, de las imaginaciones, de las ilusiones, de las fantasías, que en las de la realidad. A la muerte se la combate con la vida, parecen pensar, y a la amenaza de muerte con la promesa de vida. Ella padece un cáncer de útero de mucha gravedad y la opción de sanar sus vidas, de arrojar algo de luz dentro del túnel, es la adopción de un bebé. Dada las dificultades que supone en su lugar de origen, Nueva York, han encontrado un lugar alejado, un sitio de lo más inhóspito, para intentar llevar a cabo algo que, a medida que vamos leyendo, comprobamos que pertenece más al terreno de las hazañas que al de las dificultades.

Lo que viven estos personajes en el confín de la Tierra, donde apenas parece que existan leyes, organización, autoridad o cualquier atisbo de orden, se enmarca en las hazañas que rozan lo cotidiano y se internan en el extrañamiento. Estamos en un lugar donde no llega la luz, donde apenas unos pocos personajes pueblan de algo semejante a vida el entorno: una anciana brasileña, un barman rígido, una especie de predicador escondido en una especie de convento, los secos vigilantes de un orfanato o un hombre de negocios que no sabemos si es un inteligente criminal o un tipo sencillamente estúpido. En cualquier caso, la excentricidad está servida al poner en funcionamiento los engranajes de las relaciones.

Esa atmósfera opresiva y ese lugar sin aparente salida limpia, reproduce la situación que está viviendo la pareja, con una relación al límite de lo posible, en la que la tristeza ha impuesto sus normas. Hay bastante de desesperación en sus decisiones, porque cuando a uno no le queda nada más a lo que agarrarse, aún tiene el asa de la desesperación a su alcance. De hecho, la ilusión de la cura para la mujer, y no la mala fortuna o la mala salud, será el detonante de las acciones finales, en las que los personajes cambiarán de una forma tan definitiva que produce vértigo: ¿será esto lo que nos sucedería a cualquiera que viviéramos algo tan límite?

Peter Cameron (Nueva Jersey, 1959) vuelve a construir una novela con pocas fisuras, o ninguna, en la que todo se explica a sí mismo y en la que se nos propone un pacto lector asequible. Decimos construir, porque estamos frente a un autor que sabe que lo importante es la estructura, el edificio del relato, y que no es necesario que éste abarque al mundo para que lo represente. Al fin y al cabo, somos seres pequeños, pero vivimos nuestras tragedias con la misma intensidad con la que podrían vivirlas los dioses.

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