lunes, 27 de noviembre de 2023

CONTRA EL TURISMO

 

Contra el turismo

Rodolphe Christin

Traducción de Salvador Cobo

El Salmón

Alicante, 2023

170 páginas

 



Señala el sociólogo y antropólogo francés Rodolphe Christin (1970) que los rasgos característicos de la mentalidad contemporánea que nos empujan al viaje son la falta de discreción, el gusto por el alboroto, el espectáculo y la vanidad vulgar. Y al hablar de viaje, no cesa de recordarnos que por mucho que lo vistamos, por mucha intención que pongamos en ello, no deja de ser turismo, con todos los males que ello conlleva, que son los mismos que existen en cualquier explotación salvaje cuya intención es recaudar beneficios. Participar del viaje se asemejaría más a ser accionista de una compañía petrolífera que a protagonista de una aventura de aprendizaje. O al menos, sus consecuencias tendrían mucho que ver con lo primero y apenas nada con lo segundo. Los argumentos que expone en esta obra ya los habíamos conocido en la anterior, Mundo en venta, donde se abordaban los orígenes de la turismofobia, ese movimiento de la gente local contra el destrozo y la imposibilidad de vivir en sus hábitats por culpa de la explotación turística, de la industria turística. En este nuevo volumen, se amplían las razones a través de entrevistas y un pequeño ensayo acerca de la glorificación de esta forma de consumir el mundo, y a qué obedece la creación de esta consumición como una necesidad.

Durante las entrevistas, el autor reitera las ideas que componen su ideario, que son bastante convincentes, pero, sobre todo, son muy inquietantes. Hemos sacralizado el viaje y nos aturde pensar que estamos contribuyendo al malestar y a la liquidación del planeta: el turismo es parte de la sociedad productiva, un servicio que busca rentabilidad, que se rige por la lógica del rendimiento y que pretende generar ingresos. Y, por otra parte, una forma de control social integrada en una sociedad de consumo. Las motivaciones del turismo ya no son el descubrimiento ni la evasión cultural, y será imposible que así sea porque está matando la realidad que pretende buscar. Convencido de que una vez que el turismo se vaya volverá la vida, Christin se convierte en militante de una causa contra el fenómeno que ha provocado la creación de los no-lugares, según la definición del filósofo Marc Augé: sitios como los aeropuertos, los centros comerciales, las calles igualadas por el comercio, etc. Se opone a la idealización del destino por encima del itinerario y a la idea implantada, cree que artificialmente, de que para ser feliz es imprescindible salir de casa. En realidad, el turismo ya no ofrece nada que no sea un estilo de vida turístico, comercial, y esto está desgastando el planeta.

Pero Christin no se detiene en denuncias y elabora un proyecto, filosófico, sociológico, que resume en la segunda parte del libro un ensayo inédito en el que define el viaje como un proceso de transformación de lo lejano en cercano, de lo exótico en cotidiano, que ha generado una estandarización de la superficie del mundo. Ahora bien, a lo que considera que debemos atender es a las causas que nos empujan a viajar, tanto las que creemos personales, que él atribuye a la ansiedad, como las de presión social. Aboga por una nueva forma de convivencialidad en la que se imponga lo natural, por reformular la vida atendiendo a una ecosofía salvadora, a una reintegración de la naturaleza opuesta a las leyes del Estado y del Mercado. Para ello será preciso cambiar los paradigmas del trabajo y del tiempo libre, y entender que la relación con la naturaleza, y deberíamos entender la parte de naturaleza que subyace en todo, debe ser más creativa. La expresión que él utiliza es la de ecología poética. Tal vez vivir consista en no hacerse preguntas, esas que generan ansiedad, y evitar todo lo que provoque residuos o inclusión en el sistema, como la congestión en las carreteras o el incremento de los niveles de ruido. Christin nos desafía, y no le faltan motivos para hacerlo, porque nos elimina las ganas de participar de aquello en lo que creíamos ver una tabla de náufrago.


Fuente: Zenda

viernes, 24 de noviembre de 2023

TODAS LAS CRIATURAS GRANDES Y PEQUEÑAS

 

Todas las criaturas grandes y pequeñas

James Herriot

Traducción de Pablo Álvarez Ellacuría

Blackie Books

Barcelona, 2023

294 páginas



 

Los días eran más dulces cuando la vida estaba sometida a los ciclos agrarios, cuando el sol y la lluvia gobernaban las cosechas y decidían qué aspecto tendría esta temporada el bosque. La vida era más sencilla, necesitaba menos explicaciones, cuando sabíamos que dentro de una semilla se contenía todo el tiempo de la existencia, que debíamos cuidarla, mimarla contra parásitos, regarla, para que a su vez se transformara en arroyo de vida. Cosechar, segar, vendimiar eran verbos que nos remitían al sudor y a un cierto bienestar, como en los cuadros de Millet. Ahora se trata de regirnos por ciclos comerciales, por periodos de rebajas, en lugar de atender a cómo varía el clima y el aspecto del planeta a medida que se suceden las cuatro estaciones. Ahora el tiempo nos lo marcan las necesidades creadas en anuncios publicitarios, que sostienen que debemos impedir que transcurra el tiempo, al menos el que nos atraviesa, y mantenernos adolescentes.

Es, en buena medida, un adolescente el que llega a un campo del condado de Yorkshire, en esa época que echamos de menos, para crecer allí a base de encuentros y trabajo, el protagonista de estas deliciosas memorias de James Herriot (Sunderland, 1916 – Thirsk, 1995). La obra había sido publicada anteriormente, recordamos las ediciones de Grijalbo o Ediciones del Viento, pero ahora Blackie Books opta por una nueva traducción, que resulta muy acorde a la historia que estamos leyendo, amable, grata y divertida, y la entrega de las memorias en varios volúmenes. El primero podría ser visto como de formación, porque nuestro protagonista se ve obligado a ser el observador que aprende para luego poner en práctica, pero no es un veterinario cualquiera, sino un veterinario entregado a su profesión y con los conocimientos bien actualizados. Estamos, eso sí, en los años treinta del siglo pasado, cuando desde esta época podemos considerar que la vida estaba sometida a los ciclos agrarios y no había pantallas. El cosmos al que se enfrenta Herriot parece poseer reglas propias. Sin embargo, estas reglas no son firmes, a no ser que consideremos como rígida la regla que supone moldear a partir de la demostración de capacidades, humanas y profesionales. Herriot se va abriendo camino en un entorno que es casi aislado, que por momentos, al revisitarlo actualmente, nos puede recordar a la serie Doctor en Alaska. Y lo hace con un tono que es inevitable asociar al de Gerald Durrell. En buena medida, estas memorias podrían ser los antecedentes de una y de otro. Pero el maestro podría estar comiéndose a los alumnos, por mucho que estos nos deleiten. Herriot consigue ocultar la maldad dando formato de error perdonable a cualquier deslizamiento incómodo, y construye figuras necesarias para descubrir el mundo y tener ganas de habitarlo, incluso cuando se tiene que enfrentar a la muerte. Herriot demuestra que ser un gran hombre no supone hacer cosas que sean celebradas a lo grande o recordadas bestialmente. Ser un gran hombre significa entender que los demás tienen debilidades y virtudes, y entregarse a ellas con comprensión y una mirada tierna a la vez que alegre. El optimismo que desprende este libro es una de esas virtudes que necesitamos recuperar.

miércoles, 22 de noviembre de 2023

LA CASA DE CARAMELO

 

La casa de caramelo

Jennifer Egan

Traducción de Eugenia Vázquez Nacarino

Salamandra

Barcelona, 2023

430 páginas

 

 


Llamaremos casa de caramelo al cebo utilizado para atraer a las personas, con intenciones de que luego queden atrapadas en nuestras redes. En este caso, se trata de convertir, en buena medida, nuestra existencia en una farsa sabiendo que estamos entrando a formar parte de ella. Entraremos voluntariamente, convencidos de que el programa que instalamos dentro de nuestro organismo nos llevará a un conocimiento adecuado del entorno y, como consecuencia de ello, a un dominio de la vida real. Pero esta exacerbación de un metaverso sólo puede terminar por generar paranoia, enfermedad. Este planteamiento, como del del Gran Hermano de George Orwell, sólo puede confrontarse con la lectura metafórica de las distopías, que son un malestar sobre el sustrato contemporáneo.

Jenifer Egan (Chicago, 1962) nos ofrece un retrato social con forma de patchwork, un diseño a partir de piezas cosidas, de voces múltiples. Nos habla de una época, que se figura sucederá dentro de muy poco, en la que para reafirmar la identidad uno debe recurrir a las esferas virtuales. Esta paradoja, la de sentir que uno es algo en la realidad a partir de lo que se figura que es en la creación de un mundo paralelo, se fundamenta en la extensión de un programa llamado Aprópiate del Inconsciente. Esto supone la configuración de algo que los técnicos llamarán Conciencia Colectiva, y que supone, entre otras cosas, un incremento del dominio sobre las personas a partir de la predicción de los comportamientos. Todo ello parte de la publicación de un libro, titulado Patrones de Afinidad, en el que se desvelan las claves de la empatía que son manipulables. Como consecuencia de todo ello, será imposible que los numerosos personajes que pueblan la novela tengan una vida privada, y de la tensión de querer tenerla brotarán más enfermedades, todas ellas de carácter neurótico. Es inevitable, porque no cabe otro planteamiento que cuestionarse qué es el mundo real, cuáles de los episodios vividos pertenecen al mundo real.

Egan nos concede un reposo, confiando en que una de las partes del mundo real siga vigente y tenga un peso convincente sobre nuestro comportamiento, sobre nuestros afectos, y este reposo se nutre de las relaciones entre padres, madres e hijos. En la vida cotidiana, que es la parte que seguimos de cada personaje, se libra una confrontación en una escala variada entre realidad y fantasía. No se trata de algo ajeno, ni siquiera de algo que jamás a dejado de existir, pues el amor seguirá siendo una lucha entre la realidad y el deseo, entre lo que es y la ilusión, pero el volumen de voz ha subido, al menos entre estos personajes de clase media o clase media alta. Y aquí también se mantienen estructuras del patriarcado, como se reflejan en el paréntesis que hace la novela para presentarnos unas instrucciones para salir adelante, destinadas a las mujeres, en las que se advierte contra la violencia o contra esta metamorfosis en la que estamos destinados a convertirnos en unos pequeños cíborgs, pues parte de nuestra esencia no será natural. Un segundo paréntesis, más adelante, nos colocará frente a la desdicha de comunicarnos con mensajes de texto breves, que llevan a desencuentros en los que actores o publicistas protagonizan, a intención, la farsa. En una obra de teatro no somos los que pensamos, sino que el personaje piensa por nosotros, se impone, nos entregamos a él. Ese espíritu tan inquietante está presente a lo largo de toda esta novela, en la que uno debe desconfiar de lo que tiene dentro de la cabeza. Al final, desconocemos en qué medida somos los que tienen una idea o si esta idea nos la ha instalado alguien en la materia gris. Pero sólo Jennifer Egan se atreve a novelar algo así sin que nos demos cuenta de qué es lo que estamos leyendo, pues nos entregamos totalmente a la suerte de los personajes.


Fuente: Zenda

lunes, 20 de noviembre de 2023

BREVIARIO PARA CIUDADANOS LIBRES

 

Breviario para ciudadanos libres

Henry David Thoreau

Traducción Mauricio Bach

Austral

Barcelona, 2023

137 páginas

 



Nuestra civilización se ha alimentado de profetas que representan deseos, entre ellos el de la piadosa vida en la naturaleza, esa que no buscamos para nosotros, que sólo queremos ver en sueños, porque donde se está realmente a gusto es en el sofá, pegado a la calefacción. Lo del Beatus Ille es ideal para los demás, porque para nosotros sólo lo es como idea. Estamos enganchados a la neurosis y cada vez va a resultar más difícil hasta volar con el pensamiento, porque las pantallas no nos permiten pensar de tan entretenidos como nos mantienen. El problema de los viajes a la naturaleza se resolvería habitando en ella, porque cualquier desplazamiento que no sea andando supone destrozarla. Nos queremos separa de los primates que fuimos, saltando por la selva de rama en rama, hasta que llegaron a la superficie menos arbolada y tuvieron que desarrollar unas piernas más largas para caminar en vertical. Decía Parmédines que Ser y Pensar son la misma acción y la misma sustancia, pero ahora la vida es realidad virtual y eso nos condena a una existencia sin pensamiento, que es tanto como decir sin sensibilidad. Podemos por fin estar en la naturaleza sin tener contacto con ella, gracias a esa realidad virtual, que es la antagonista de cualquier forma de santidad que podamos haber creado en el pasado. Convencidos de que así nos libramos de las preocupaciones que nos incomodan, nos hemos creado una vida que resulta ser mucho más complicada. No nos cansaremos de repetirlo: el paraíso del hombre moderno es un lugar donde se calzan sandalias, no hay otro vestido más necesario que unos gayumbos y nos volveremos a alimentar de plátanos. Por eso una recopilación de frases y párrafos de Henry D. Thoreau, como esta que ahora nos ofrece Austral, es tan conveniente. Y enseguida nos damos cuenta de que nos hubiera gustado sentarnos a leerla a la sombra de una parra o junto a un río. Thoreau es un pensador que demuestra que si uno piensa bien, lo que consigue es simplificar las cosas. Pero no se limita a reflexionar a partir de la naturaleza, como en Walden, Los bosques que Maine o Cape Cod, pues suyo es el concepto de desobediencia civil o la batalla contra la esclavitud, en la que significó como humanista. La selección representa con mucho acierto el resumen del sentido que tenía la vida para Thoreau, que es ya un mito entre nosotros, un profeta piadoso. No hay nada oracular en sus principios, ni se expresa en forma de alegato. Se sabe polemista, que es tanto como decir abierto al diálogo. Pero para nosotros, sigue siendo un consuelo, el mismo tipo de consuelo que encontramos pisando la hierba o escuchando las verdades sencillas. «Raramente el erudito escribe tan bien como habla el granjero», nos recuerda. Y luego volveremos a echarnos a caminar.

lunes, 13 de noviembre de 2023

LOS HECHIZOS PERDIDOS

 

Los hechizos perdidos

Robert MacFarlane

Ilustraciones de Jackie Morris

Traducción de Andrés Catalán

Nórdica

Madrid, 2023

240 páginas

 



¿Qué parte de la naturaleza queremos ser? Acostumbrados a solo coger trenes con destino, nos cuesta comprender que nadie nos espera en ninguna parte y que podríamos vivir como viven los seres del bosque, que parecen quietos, pero contemplan. La contemplación no es inferior a la acción. De hecho, según Platón es la mejor de forma de vivir, la más grata y la más intensa. Los únicos lugares verdaderos, dijo Melville, son los que no figuran en ningún mapa. La acción nos lleva a ubicaciones señaladas en los mapas, la contemplación a los lugares, a todos los lugares emocionales, a las sensaciones y de las emociones y las sensaciones, a los sentimientos. De eso trata este libro, que componen Robert MacFarlane y Jackie Morris, preciosamente editado por Nórdica. MacFarlane elige a varios de los seres del bosque, pequeños y feéricos, para entonar pequeños cantos que nos lleven a convivir con ellos. Elige un recurso distinto para cada uno de ellos, desde la cacofonía al ensalmo, pero todos unidos por un espíritu común, que tiene que ver con la belleza. Todavía estamos a tiempo de salvarnos, parece decir, si en lugar de encendernos de ira frente a la pantalla nos dedicamos a ver las pequeñas actuaciones que tienen lugar en la naturaleza. El zorro rojo, la polilla, la margarita o los vencejos nos irán acompañando, y les rendiremos cuentas, homenajes, a través de sencillas canciones. La palabra es un medio de comunicación exclusivo de los hombres, pero sabemos que ellos sí atienden a la música con que se les habla.

Estos cantos son, sólo pueden ser, acuarelas. De ahí la elección del ilustrador, que lleva a cabo un trabajo técnicamente envidiable y estéticamente encantador. Se trata de la compañía perfecta para unos textos que termina, siempre, con algo que podría apuntar hacia una lección, pero que se trata de sencillas muestras de cariño, de posibilidad es de aprendizaje. Lo que nos hace este libro, en esencia, es parecido a la compañía de los hitos que nos indican cómo caminar por la montaña: pero no se trata de caminar, sino de observar, de estar atentos. Y todos sabemos la relación que existe entre estar atento y sentirse vivo.






TAO TE CHING

 

Tao Te Ching

Lao-Tsé

Versión de Jordi Fibla

Austral

Barcelona, 2023

152 páginas

 



Se comenta que la última expresión de Goethe, a punto de morir, fue reclamar más luz. Lo que se ignora es si pedía que se abriera la ventana o su derecho a ver a Dios. Arrojar luz sobre algo no es deslumbrar, es esclarecer. Los sabios no deslumbran, esclarecen. Todo tiene que ver con la luz, pero no es lo mismo prender una antorcha dentro de la caverna para iluminar unos sencillo pasos que encender un foco en un estadio para permitir al cantante de turno regodearse en los gritos de la multitud. Está claro cuál es el carácter del Tao Te Ching, que ahora viene en una versión de Jordi Fibla, a la que Luis Alberto de Cuenca contribuye con prólogo y notas. Volvemos a darnos cuenta, al revisarlo, de que la sabiduría debería ser algo sencillo y un canto a una forma de vivir. La sencillez tiene que ver con abrir la ventana, no con reclamar la verdad de Dios. A partir de ahí, todo debería trenzarse para facilitar la vida propia, que es también la vida de los demás. Este es el carácter de este libro, que no cesa de contribuir a la formación de una forma que muy pocos han hecho, entre los que se podría encontrar Hojas de hierba, por ejemplo, o los ensayos de Montaigne.

En la traducción se elige la palabra Camino para sustituir a Tao, imitando a ciertas versiones en inglés. El efecto es el de caer en lo concreto. El Tao es algo que queda en nuestra imaginación, un señuelo y un ambiente, algo propio del éter y por tanto algo que se respira. El Camino no es menos poético que el Tao, pero nos pega más a la tierra, a la realidad física. ¿Cuál es la opción perfecta? Estamos frente a una obra cuyo gran sentido es la interpretación. Es conmovedora, pero serena, nos afecta y nos sostiene. Es breve, pero no cesa de crecer. Es abierta, pero sólo destila cosas buenas. Es espiritual, pero sin religión. Es una suerte de encantamiento, y no podemos, ni queremos, sino creer en él. Más que dirigirnos hacia ningún lado, lo que hace es recordarnos hacia qué direcciones debemos caminar, si es que caminar sirve como metáfora en cualquier forma de habitar en la Tierra:

 

«Si tuviera un ápice de conocimiento, al caminar por un gran camino, sólo temería extraviarme.

«El Gran Camino es muy llano,

«Pero a la gente le complace mucho los senderos tortuosos.»

 

Hay que agradecer esta iniciativa de la editorial Austral, esta biblioteca de libros que incluye a Marco Aurelio, a Séneca o Epicteto, y que en tiempos de guerra por estupideces, nos coloca frente a lo único que importa, que es la forma de querer para saber estar en el mundo con descanso.

jueves, 9 de noviembre de 2023

HONG KONG BAJO LA LLUVIA

 

Hong Kong bajo la lluvia

Blas Piñero Martínez

La línea del horizonte

Madrid, 2023

230 páginas

 



Que la lluvia es un fenómeno que siempre ocurre en pasado es una idea que expresó Borges en uno de sus mejores poemas. La idea de enroscar la lluvia a la memoria sólo nos puede remitir a la melancolía. Pero el fenómeno muta cuando esa melancolía se refiere a un acto presente, como es el de caminar, el de estar caminando por unas calles que uno va conociendo. Uno está aprendiendo a la vez que siente que ese aprendizaje ya forma parte de su pasado, de los buenos sentimientos que le han construido, que le están construyendo. En Hong Kong la lluvia sucede, sobre todo, en los meses de julio y agosto. Eso nos recuerda Blas Piñero en este maravilloso retrato de la ciudad, uno de los mejores libros sobre los nervios de una gran urbe que hemos podido leer. En verano, bajo la lluvia, reconoce los lugares y nos va dando buena cuenta de sus impresiones y de sus conocimientos. Es el libro de un flâneur, pero también de un intelectual: «El paseo, además, nos devuelve, y esto es importantísimo en la vida urbana, la experiencia física de la ciudad en un mundo como el de hoy, digitalizado y deshumanizado (…). Y tal vez es la creación de la calle o la promenade junto al mar loque origina constantemente un espacio de humanidad en Hong Kong». Y así Piñero nos devuelve a uno de los grandes sentidos de pasear pensando, que es el humanismo.

Conocido por sus traducciones de Mo Yan o Can Xue, ahora Piñero se muestra como un autor abierto a la sorpresa, que no cesa de recordar que los beneficios de la sorpresa no suceden sin esfuerzo. Para dar testimonio, para ser testigo, uno ha de moverse. No se puede dar fe quedándose quieto. Y así no sólo se mueve en el espacio de la ciudad, sino también en la historia y la cultura. Lo que importa es ir concibiendo a qué se debe esta identidad propia de Hong Kong, que es tan difícil de definir, que no sabemos si ha conseguido consolidarse más allá de la intriga que provoca. En estas páginas se nos hablará de la herencia cultural, muy plural, de la urbe y sus habitantes, por se China y por haber sido colonia. Se estudiará, y mucho, el urbanismo y la arquitectura, que configuran el paisaje sobre el que habitamos y, por tanto, nuestro carácter. Se destilarán las leyendas como ideales y se pisará el territorio donde habita gente que debería ser corriente, que es corriente en sus estándares, pero sorprendente en los nuestros. Piñero se muestra como un observador que no se esconde, que participa, que intenta trepar a todas las ramas del árbol, y que termina por confesar que no puede ser sino subjetivo, que a pesar de tanta idea acumulada, sólo puede hablar de impresiones, de lluvia en verano: «Ahora que lo pienso, los hongkoneses crean espacios que luego los crean a ellos, y esto crea a su vez la sensación de estar viviendo lo que se ha vivido: el aprendizaje de la resistencia».

Tal vez sea la soledad del narrador lo que obliga a configurar el libro en fragmentos, que son tan atractivos que resulta imposible obviar ninguno. O talvez se deba a la propia configuración de la ciudad y al tiempo roto que se impone en la ciudad. La única forma de averiguarlo sería viajar a Hong Kong y relatar desde allí, y después de varios meses de estancia, la experiencia propia. El libro nos invita a ello, y eso es el mejor elogio que se le puede hacer a un libro de viajes.

martes, 7 de noviembre de 2023

LOS HECHIZOS PERDIDOS

 

Robert Macfarlane

Los hechizos perdidos

Traducción de: Andrés Catalán

Nórdica



Los hechizos perdidos es una fascinante colección de poemas escritos por el máximo exponente del nature writing que evocan la magia del mundo natural cotidiano con preciosas ilustraciones


Cada hechizo de este libro conjura a un animal, árbol o flor, desde la lechuza común hasta el zorro rojo, la foca gris, el abedul, el arrendajo y la grajilla, con los que compartimos nuestras vidas y paisajes.

Conmovedor, alegre y divertido, Los hechizos perdidos da testimonio del poder de la naturaleza para asombrar, consolar y traer alegría. Escrito para ser leído en voz alta, está trazado con pinceladas que llaman al bosque, al campo, a la orilla del río y también al corazón.

Robert Macfarlane es autor de libros sobre naturaleza, entre los que destacan Underland, The Old Ways, Landmarks y The Wild Places. Es miembro del Emmanuel College de Cambridge. Ha sido alpinista y, desde que tiene memoria, es coleccionista de palabras. Tiene tres niños que le han enseñado más sobre el mundo que cualquier libro. Si pudiera ser un pájaro sería un zarapito.









viernes, 3 de noviembre de 2023

EL TEJIDO DE LA NATURALEZA

 

El tejido de la naturaleza

Anne Sverdrup-Thygeson

Traducción de Ana Flecha Marco

Barlin libros

Valencia, 2023

267 páginas


 


La palabra está demasiado gastada, de tan mal uso como se ha hecho de ella, de tanto dispararla y tanto utilizarla para chantajes afectivos, pero es la palabra precisa: amor. Hay libros que son puro amor, y este, El tejido de la naturaleza, entra de lleno en esa categoría. Anne Sverdrup-Thygeson (Noruega, 1966) es una bióloga que conocimos en nuestro país a través de Terra Insecta, un libro que nos descubre las maravillosas funciones que tienen los insectos en el conjunto de la vida. Ahora se adentra en un ensayo muy divulgativo, increíblemente entretenido, que no desfallece jamás, en el que atiende a diversos aspectos de la naturaleza y nuestra relación con ella. Sverdrup fragmenta los capítulos y la atención, pero no pierde de vista que la naturaleza, y nosotros dentro de ella, es un asunto holístico. No se trata tanto de exponer la hipótesis de Gaia, como de descubrir para el lector todo lo hermoso que contiene la naturaleza. A la hora de la verdad, la mejor forma de concienciar, de combatir el deterioro ecológico, no es la reivindicación mediática, sino llevar a la gente al monte, a la costa, al desierto, al bosque, a cualquier lugar donde pueda identificarse con un poco de naturaleza, y permitirle sanar de este déficit, que está imbricado con muchas otras enfermedades.

Aconsejaríamos leer este libro disponiendo de algún medio que nos permita poner imágenes y movimiento a los temas de los que Sverdrup-Thygeson nos habla. Es imposible no sentir la tentación de conocer los hongos, los insectos, los microrganismos o las aves de las que va dando noticia. Su misión es conseguir que nos enamoremos de todo ello. Es cierto que no faltan los momentos en los que comenta la tristeza de la pérdida y los riesgos de hacer que esta sea irreversible, pero no desfallece a la hora de conseguir que el amor se imponga. Sverdrup-Thygeson escribe capítulos cortos, sencillos, con cierta ingenuidad, que viene a ser tanto como decir con cierta libertad, que nos recuerda, con frecuencia, a Edward O. Wilson, el entomólogo que acuñó conceptos como biofilia o eremoceno. Nos hablará de nuestros vínculos con las abejas, de la biónica en el diseño, de musgos y hábitos, nos hablará sobre el mar como catalizador del bienestar del planeta o de los recursos de los pequeños seres para reproducirse. Tratará también sobre usos que le damos a los recursos naturales y sus efectos, sobre los errores de la repoblación o del césped, sobre el cambio climático, pero siempre mirando hacia los seres vivos, hacia los seres que, a través de sus ojos, nos resultan feéricos. Hay algo de cuento de hadas en sus pequeños ensayos, que parten de la experiencia propia, que explica cómo se genera y se mantiene vivo el amor por la naturaleza. Este libro está lleno de descubrimientos, de esos pequeños detalles que catalizan toda una forma de bienestar y de los que todavía estamos a tiempo de disfrutar. No se menciona la ecofobia que se ha impuesto en la vida contemporánea, como si la autora quisiera obviar la posibilidad del ser humano de dar la espalda a las buenas cosas buenas en las que ella tiene tanta fe. En ese sentido, está más cerca de una ecopsicología, de una ecomeditación, de un humanismo que puede parecer nuevo, pero que se lleva practicando miles de años, porque si una ciudad como Nueva York puede construir el mito de ser un estado de ánimo, la naturaleza resulta ser un estado de ánimo como realidad. Debemos dejar que la curiosidad tenga las puertas abiertas y acercarnos a la observación de la naturaleza como Sverdrup-Thygeson hace. Y si la naturaleza no está a nuestro alcance fácilmente, debemos embarcarnos una y otra vez en esta deliciosa lectura.


Fuente: Zenda