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viernes, 2 de marzo de 2018

EL CARILLÓN DE LOS VIENTOS

El carillón de los vientos 
Ricardo Martínez Llorca
Alcalá Grupo Editorial
160 páginas 


Por Juan Luís Conde







Es necesario que haya novelas nada novelescas, novelas que cuenten historias difíciles de resumir o, mejor todavía, imposibles de resumir, porque dependen estrictamente de la literalidad del texto. El carillón de los vientos es una de estas novelas necesarias e irresumibles, que se alejan de la pequeña burguesía idealizada, sus conflictos para elegir el color de la cocina y sus rompecabezas sentimentales, tan al uso. Y no es que no nos podamos encontrar en ella: sus protagonistas tienen nombres incluso un poco demasiado convencionales –Jorge, Javier, Cristina- en los que uno puede reconocerse o reconocer a cualquiera. La cuestión es que no nos podemos hacer ilusiones sobre las formas convencionales en que hablamos de la vida. Desprovista de cualquier costra de peripecia o pasatiempo, la vida se transforma en subsistencia o en existencia, según derive hacia el hambre o a la angustia. Como en El extranjero, de Camus, o como en Mientras agonizo de Faulkner, de cuyas atmósferas respira el texto en cierto modo, todo arranca de la muerte de una madre, en pos de cuya tumba inicia el protagonista un viaje por el camino más largo posible: a pie, por el monte y con dos tornillos por meniscos. El movimiento o la parálisis, la mera posibilidad de la parálisis, la oportunidad o las formas alternativas del movimiento, sus medios y sus destinos –el esplendor de la naturaleza o el claustrofóbico urbanismo del lugar llamado Suburbia-: esos son su traducción particular de los problemas vitales de estos Jorges, Javieres o Cristinas.Los temas y los personajes de Ricardo Martínez Llorca son una prueba de su compromiso con la vida-vida y también contra ciertas formas de vida en las que nos intentan embutir. En este caso, es un repaso por los márgenes de lo que la buena sociedad considera vida sensata, pero sin apenas tocar esos otros “márgenes” que hacen las delicias de los peliculeros y que sólo consiguen suplantar los problemas reales por problemas de manpostería. Aquí, aparte alguna discreta concesión al morbo, hábilmente velada como si de un mal sueño se tratara, si acaso, el único atisbo de aventura convencional reside en la búsqueda por parte de unos jóvenes de un espacio para un cementerio nuclear en medio de las montañas – algo que, al final, no es muy distinto que alquilarse para cualquier “buena empresa”, pero da más juego a la capacidad descriptiva de su autor.
Y es que ésos son los fuertes de Martínez Llorca: una inusual potencia en las descripciones e imágenes cuajada en un “texto” que, me parece a mí, tiene más presencia que la “historia” en sí misma. La literatura debe agradecérselo. Suburbia es un lugar en que “hasta el viento, cuando atraviesa estas calles, las recorre horizontal y continuo y con un punto de polución idéntico en cada una de sus moléculas”. De los muchos pasajes que podrían subrayarse, yo creo que esa comparación de la impaciencia ante el paso de tiempo con “átomos de gas atravesando barriles de mantequilla” se lleva el premio.
Quizá sea sorprendente que en este contexto ideológico, la novela tenga un “final feliz”, si es que por tal puede entenderse el hecho de que el narrador “gana” y resuelve su vida accediendo de manera inesperada a la propiedad y sus comodidades. ¿O no? Al conformarse con ello, da la impresión de que su resistencia a todo aquello de lo que estaba huyendo (la ciudad, el aburguesamiento), en realidad era sólo porque le parecía inalcanzable; cuando la casualidad se lo pone al alcance, su debilidad consiste en tomarlo sin hacer ascos. ¿Es un mensaje de este tipo el que debemos leer? Podríamos hablar a este propósito, si no de obra abierta, al menos de obra “oscilobatiente”, entreabierta, por donde cada uno puede buscar resquicios interpretativos: que la suerte se enderece cuando el prota las ha pasado tan mal me parece a mí más bien un dato sobre la estabilidad biográfica del autor, que no ve razones para ensañarse ni siquiera con los personajes. Ojalá. 

miércoles, 13 de diciembre de 2017

CUBA EN EL CORAZÓN

Hasta los días de mi vida
Un comentario sobre el libro Cuba en el corazón, de Manuel Talens


Por Ricardo Martínez Llorca


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Que la imparcialidad es un mito burgués no es sólo una afirmación que esgrima el propio Manuel Talens para justificar el tono de este libro, se trata, además, de una certeza que le ha venido acompañando desde que comenzó su obra literaria, una valoración que ha plasmado en todos sus libros hasta alcanzar su máxima cota en esa novela militante titulada La cinta de Moebius, una obra que pretende despertar al lector, recordarle que tanto los Reyes Magos como El Ratoncito Pérez son los padres, aunque los padres no terminen de creérselo.
En esa línea está este ensayo, cuyo título obedece al mismo impulso que le empujó a escribirlo, esas razones del corazón que la razón no entiende. Ni falta que hace. De ahí esa pasión que no oculta, pero que, como el gran escritor que es, la contiene con un estilo limpio, el mismo que ha ido depurando a lo largo de su obra, en el que las frases nos resultan transparentes, pues considera que nada resulta más digno que elaborar un texto intelectual que pueda ser comprendido por todos.
Este ensayo se compone de siete capítulos, dedicados a la serie de siete DVD reunidos bajo el título Cuba: caminos de la revolución, preparados por el Instituto Cubano del Arte e Industria. Cada capítulo contiene una descripción y una valoración de un documental y de sus extras. Aparentemente, el lector se encontrará con unos textos a mitad de camino de la divulgación y la crítica narrativa, pues, a fin de cuentas, la diégesis de un documental también debe funcionar como artefacto narrativo, algo de lo que es muy consciente Manuel Talens en sus comentarios. Y aquí podría terminarse la glosa acerca de la obra, de no ser porque las virtudes de Talens como escritor rezuman de las páginas al resultarle inevitable expresar su compromiso con la literatura, que en su caso no sustituye a la vida, pues, parece considerar, vienen a ser lo mismo.
De ahí que en el primer capítulo, el dedicado a la figura de Che Guevara, detrás de los pormenores y parabienes que destaca en los documentales sobre el personaje, esté algo tan humano como el lamento por no haber conocido a la persona, por no haber trasnochado junto a él o viajado por la misma carretera, ni haber contemplado juntos una puesta de sol mientras liabas el último cigarrillo del día.
En el comentario sobre el documental titulado Antes del 59, en el que se maldice la desfachatez de los gobernantes de Estados Unidos, su demagogia, su ambición y su incultura, sobrevuela la sensación de que la Revolución ha sido el resquicio abierto por el que entra la balsámica brisa de aire fresco. Parecido planteamiento subyace en la interpretación de Los 4 años que estremecieron al mundo, si bien en este caso lo que se pretende transmitir no es la sensación de un alivio, sino la de la fortaleza, el valor de enfrentarse con reformas sociales, agrarias o educativas a la política militar del agresor, de un enemigo que es Goliat armado con la honda de David.
Por el contrario, al hablar sobre Una isla en la corriente, el apartado en el que se trata el asunto de los balseros y la emigración hacia Estados Unidos, Talens se dedica a reivindicar el pensamiento activo, algo que no es muy distinto de la inteligencia; sin recurrir a medios de información alternativos, limitándose a estudiar los mensajes de propaganda, una mente crítica percibe que los mensajes que nos transmiten no se sostienen, que pretenden engañarnos por el burdo sistema del bombardeo, pues es imposible ser hospitalario con las puertas cerradas.
A continuación se revisa la relación que la Revolución ha tenido con la cultura, el arte y sus agentes, analizando el documental Entre el arte y la cultura, y, sin rabia, Talens maldice la visión burguesa del arte por el arte, la que no deja el poso humano en la condición del hombre, y todo el mundo es hombre, todos los que configuran el pueblo son humanos y poseen espíritu.
Antes de terminar el libro con una apología de la figura de Fidel Castro, el hombre que pese a dirigir un país sabe que el mundo es uno y para salvarlo hay que concebirlo como tal, Talens se detiene en las estrategias solidarias del régimen cubano, incitando al pensamiento del lector a comparar esas fórmulas geopolíticas humanitarias con la labor de nuestros gobiernos y tantas ONGs que existen únicamente para que algunos comisionistas reciban dinero.
Este libro nos reconcilia, definitivamente, con la utopía, con esa idea que tanta gente da por muerta porque ignoran que no es que sea imposible, sino que alguien se empeña en trabarla, en partirle las piernas. Y ya está bien, coño.

Cuba en el corazón
Manuel Talens
Alcalá Grupo Editorial
130 páginas



Fuente: Rebelión.org