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viernes, 15 de diciembre de 2017

TIEMPOS DE SWING

Es poco frecuente, y muy improbable, que tomemos prestada una reseña para publicarla. Pero hoy lo haremos porque creemos en el talento de Zadie Smith.

Tiempos de swing

Zadie Smith

Traducción: Eugenia Vázquez Nacarino
SALAMANDRA
432 páginas
HOLLY BASS (THE NEW YORK TIMES BOOK REVIEW) | 03/11/2017
Hay algo hermoso en la manera en que las chicas eligen a sus mejores amigas. Es una experiencia de amor a primera vista que rara vez tiene en cuenta las jerarquías sociales o las expectativas del entorno. Además, puede ser decisiva y cimentar una relación que dure décadas. Así es como la narradora anónima de Tiempos de swing, la última novela de Zadie Smith (Brent, Reino Unido, 1975), conoce a su mejor amiga, Tracey.
Las chicas -las únicas morenas de la clase de danza local- forman una alianza antes incluso de intercambiar una palabra. Y si bien no sabemos la primera impresión que Tracey tiene de la narradora, ésta queda cautivada por ella, que posee, además, un prodigioso talento para la danza del que la narradora carece a pesar de su intensa pasión. Durante su infancia pasan las tardes y los domingos viendo cintas de vídeo con números clásicos de musicales, entre ellos la película de Fred Astaire y Ginger Rogers que da título al libro. Juegan con muñecas y escriben apasionados dramas que se desarrollan entre bastidores, en los que intrépidas heroínas de ojos azules salvan la situación.
Aunque las dos viven en edificios de protección oficial, Tracey vive en un bloque de apartamentos peor con su permisiva madre blanca y soltera. La narradora reside en una construcción más bonita con su padre blanco y su madre negra jamaicana, una mujer autodidacta y ambiciosa. A medida que las niñas crecen y sus caminos se separan, estas sutiles diferencias de estructura familiar y de clase se van agrandando.
Con Tiempos de swing, Smith inaugura el uso de la tercera persona. La narradora no se limita a contarnos una historia; en distintos momentos nos informa de que lo recuerda todo y lo está “poniendo todo por escrito”. Efectivamente, lo que leemos son sus memorias. La novela zigzaguea a través de un cuarto de siglo, desde la primera clase de danza de la narradora a los siete años hasta el escándalo que acaba con su carrera en 2008.
Smith no es ajena a estos marcos temporales tan amplios. Dientes blancos, su brillante primera novela, recorría desde mediados de los 70 hasta 2000. La autora también ha examinado los entresijos de las uniones íntimas en novelas anteriores, ya se trate de gemelos (Dientes blancos), cónyuges (Sobre la belleza) o compañeros del alma (NW London), así como las numerosas maneras en que la familiaridad engendra menosprecio.
En Tiempos de swing capta además las delicadas intersecciones de clase y raza, y brilla al captar el mundo de la preadolescencia, con sus rituales no escritos y su franca sexualidad. Una de las escenas describe cómo Tracey dirige su furia contra la narradora, la cual, en vez de volverse a casa, opta por ordenar un revoltijo arrugado de vestidos de Barbie, “la clase de juego al que nunca se le permitía jugar en casa porque reflejaba la opresión doméstica”. Arrepentida, Tracey acaba por unirse a la tarea. “Juntas pusimos en orden la vida de esas diminutas mujeres blancas”. La escena es divertida, aguda y elocuente. En el siguiente capítulo, la novela da un salto hacia delante, hasta unos meses después de acabar la universidad. La narradora se convierte en ayudante personal de una estrella mundial del pop conocida por el nombre de Aimee, un evidente alter ego de Madonna, incluidos sus dos hijos de diferentes padres, su colección de novios más jóvenes que ella y su bebé africano adoptado por medios dudosos.
La narradora conserva el puesto nueve años -algo inaudito-, durante los cuales no tiene vida propia, amigos o relaciones amorosas, ni ambiciones ajenas a su trabajo. Aimee se convierte en “una persona para la cual concertaba abortos, contrataba a paseantes de perros, reventaba granos, enjugaba las muy ocasionales lágrimas de una ruptura, y otras cosas por el estilo”. La narradora, en otras palabras, ponía “en orden la vida de esa diminuta mujer blanca”. Al adueñarse de la existencia de la narradora -y de la novela-, Aimee la convierte en una especie de empleada doméstica del siglo XXI no muy diferente de las “caricaturas de trovadores, doncellas y mayordomos” que poblaban sus amados musicales. Pero este adueñamiento resulta poco afortunado. Es cierto que hay ideas cuyo origen hay que buscarlo en la realidad desconectada de los ricos y famosos, sobre todo cuando Aimee y su equipo se embarcan en construir un colegio en un pequeño país africano. Sin embargo, estas apreciaciones palidecen en comparación con los sentimientos viscerales que la autora experimenta en relación con los personajes corrientes del noroeste de Londres, como el padre de Tracey, o Tío Lambert, el pariente de la narradora fumador de marihuana, cuyo frondoso jardín “era Jamaica para ella”.
Las indagaciones de la novela en la vida cotidiana de las comunidades de Londres y África contienen ímpetu y especificidad. Es un universo que transmite sensación de realidad. En cambio, los capítulos centrados en Aimee nos arrastran a un lugar parecido a un programa de telerrealidad, entretenido pero apenas digno de recordar.
En las películas musicales, como señala la narradora, la trama nunca es lo importante. “Los reveses de la fortuna, el encuentro entre el raro y la guapa… Para mí no eran más que caminos que llevaban al baile. La historia era el precio que pagabas por el ritmo”. Lo mismo se podría decir de Tiempos de swing. El argumento actúa como vehículo de las cadenciosas digresiones y las poéticas cartas de amor de Smith al cancionero estadounidense, a los genios de la danza negra como Jeni LeGon, a los Nicholas Brothers o a Michael Jackson, y al paisaje nublado del propio Londres.
El primer viaje de la narradora a África en el papel de avanzada de Aimee brinda una de las escenas más vívidas de la novela. Allí ve con sus propios ojos al kankurang, un flautista danzante que se lleva a los chicos al ritual de paso a la edad adulta. Esa “forma naranja que se sacude salvajemente … cubierta de un montón de hojas chasqueantes superpuestas” le parece “un árbol en el resplandor de un otoño de Nueva York que se arrancase a sí mismo del suelo y bailase calle abajo”. Todos los que participan en la escena abandonan sus quehaceres -el taxista, las colegialas, la narradora- para unirse a la procesión. “Aquí está la alegría que he buscado toda mi vida”, proclama. No obstante, la contemplación de esta celebración de la masculinidad le hace preguntarse: “¿Y quién viene a buscar a las chicas?” Una pregunta potente. Su respuesta se manifiesta en la manera en que Tracey y la narradora se convierten en personajes secundarios de un libro que, al principio, parecía que trataba de ellas dos. Nadie viene a buscar a las chicas, por lo menos no a las negras ni a las morenas.
Cuando la narradora pierde el favor de la estrella del pop, no pierde solo su estilo de vida sino también la poca conciencia de sí misma que tenía. “Se me reveló una verdad”, confiesa: “que siempre había intentado pegarme a la luz de otros […]. Me veía como una especie de sombra”. Aunque, ni por su edad, ni por la época, pueda ser calificada de milenial, la narradora de Smith encaja en el actual espíritu de los tiempos, caracterizado por los jóvenes protagonistas perdidos y absorbidos en sí mismos que proliferan en la literatura y el cine. De vuelta a Londres en pleno escándalo sensacionalista, ni siquiera se da cuenta de que su madre, que sufre cáncer terminal, ha sido trasladada a cuidados paliativos. Un vecino al que apenas conoce le da la noticia.
Los personajes antipáticos pueden ser cautivadores, por supuesto, al incitar al lector a seguir adelante por la pura fuerza de su personalidad y por el deseo de ver qué sucesos deliciosamente inadmisibles van a tener lugar a continuación. Pero en Tiempos de swing, hasta Aimee, la diva del pop, se cansa de que su ayudante se pase la vida disculpándose. A los lectores puede pasarles lo mismo. La novela no se sirve del argumento, sino de una serie de pasajes elaborados con destreza, para impulsar la historia a medida que esta oscila adelante y atrás a través del tiempo.

lunes, 12 de junio de 2017

Libro de la feria: más Luz

Esta entrada en Culturamas la han leído más de 1.000 personas. Gracias a todos ellos. Espero que el libro no os haya defraudado. Y que sea un buen compañero de viaje para vosotros y para vuestros amigos.


El equipo de literatura de viajes, o de literatura, viajes, viajes literarios, testimonios vitales y viajes, etc, ha recopilado con paciencia las reseñas publicadas en medios desde la anterior Feria del Libro de Madrid, para concluir con una recomendación de la que, podemos presumir, fuimos los primeros en descubrir. Aquí va una selección de testimonios:


Librazo, que me ha hecho pensar por qué se le da tanta cancha a libros como por ejemplo El año del  pensamiento mágico de Didion sin siquiera mencionar a obras como la tuya, una referencia “autóctona”, que sin duda juega en la misma división. (Gabi Martínez, escritor)
Es un libro honesto, conmovedor y valiente (Luis Fernando Moreno Claros, Babelia)
Mientras tanto, el autor juega con el presente, la situación que lleva al narrador a afrontar este texto, esta carta de despedida, donde se desgrana la lucha por sobrevivir. Poco a poco se van imponiendo los diferentes relatos de viajes y montaña hasta centrarse en los más importantes episodios de su vida de aventuras. Esta nueva obra tiene un altísimo nivel literario. (Pilar Martínez, Culturamas)
Uno de los destinos que no quise, pese haber tenido como asturiano la tentación tan cerca, fue el de ser alpinista. No quise y no fue por no quererlo mucho: demasiada era la luz que me proponía la mano en el vértigo donde nacía, imposible, una flor nacida entre las rocas. Hoy me llega «Luz entre las grietas», de Ricardo Martínez Llorca, y lo leo conmovido en mi cabaña. Otros están arriba, desde donde se ve el fin del mundo: en mis dedos, sin embargo, está el paso difícil, la geografía mínima del tacto; de pastor, persiguiendo la cabra de la luna, mis pasos sobre la tierra. (Xuan Bello, escritor)
Esta es la clase de obra que nos hace más humanos, porque nos da a conocer el dolor de otros. Es dura, hermosa, reveladora. Valiente: el autor llora el desamparo familiar. Y aunque con solo 50 años dice haber renunciado al éxito literario, Luz en las grietas debería alcanzar a muchos miles de lectores. (Román Piña, Revista de letras)
Leer este talento de las letras, Ricardo Martínez Llorca, brillante y creativo (Wishars, la web de arte)
Me proponen reseñar un libro en medios que no están muy por encima de lo que puedo hacer (S.S. colaborador en Libros y Literatura)
Es realmente hermoso (Jesús del Campo, escritor)
“El libro tiene palabras que viajan de la sombra hacia la luz para sumergirnos en el interior de su protagonista dejándonos hacer un recorrido vital doloroso, hermoso, aventurero”. (Pati Blasco, escritora y escaladora)
No soy de desear nunca el mal a nadie, pero tengo que reconocer que algunas veces he agradecido ciertos males que han sufrido escritores a lo largo de sus vidas porque gracias a estos han salido libros geniales. Eso me ha pasado con este libro: ‘Luz en las grietas’, de Ricardo Martinez Llorca. (Víctor González Molero, crítico literario)
Luz En Las Grietas, ha sido una experiencia sobrecogedora. Ha sido una lectura especial, con sobresaltos, pero, sobre todo, para mi muy enriquecedora y especial. No podía imaginar que este libro me haría descubrir y disfrutar de un narrador ejemplar. Cuando coges este libro, no puedes ni intuir lo que te vas a encontrar, y a cada hoja que pasas más trabajo te cuesta cerrar. Saber quién hay detrás de cada línea o palabra de este libro, a través de esta narración, te hace conocer la fuerza natural de Ricardo Martinez Llorca a través de sus, viajes, vivencias, escaladas, montañas y sobre todo su vida llena de grietas… llenas de luz. (Noel González, alpinista)

Aún no os habíamos recomendado el libro de Ricardo Martínez Llorca, lo hemos leído, paladeado, sufrido…LITERATURA con mayúsculas. Creemos que ni el propio Ricardo sabe el inmenso talento que tiene para la escritura.
Por favor no se lo pierdan (Charo Ruano, escritora)
Me ha hecho sentir, más que cualquier compasión, orgullo. (Juan Luis Conde, escritor)
Lo pierde, como tantas otras cosas, y lo cuenta con un baile excelso de oraciones que van y que vienen, que se alargan como laberintos borgianos y se reducen aforísticamente. Del aforismo al flujo de conciencia, de la sentencia a la oración. Y todo regido por unas leyes poéticas que convierten al relato en el solo de violín que busca ser Martínez Llorca en la vida. (Víctor G. Molero, Todoliteratura)
Igual que las palabras, cuando nacen, crean el silencio de la confusión, la memoria es un manto de niebla sobre el reflejo de nuestras vidas. Ricardo grita suavemente mientras pinta a trazos de un pincel de agujas las curvas de su vida. Que como las piedras de un pueblo abandonado de la sierra se resisten a las dentelladas del viento del puerto y los arañazos eternos de la hiedra. Pero el destino no es un sueño y es el que nos llama por el nombre cuando estamos solos en el rellano de la escalera. El autor es de aquellos hombres valientes que se visten día a día con la hoja del calendario para llevarse la vida puesta. De aquellos humildes y generosos que nos regalan su corazón desnudo en tinta. “Luz en las grietas” es el viaje de un valiente, de uno de aquellos que encuentra un rayo de luna en el fondo de una callejuela una noche de tormenta. Un viaje por la vida a través de las montañas, de los libros, de la música, de las emociones. No diría que es un libro de viajes sino un libro de vida. (Jordi Tosas, guía alpino)
Con la duda del mañana, pero con la responsabilidad y la necesidad de ser contada, Martínez Llorca logra tejer un texto intenso y muy emotivo. Con una notable prosa, con un pulso directo pese a sentir cerca una posible despedida, y con el deseo de seguir soñando con la vida, Luz en las grietas conmoverá al lector que se deje llevar por las emociones, por el sentido de la amistad, por la soledad. (R.G., Másjerez)
Es una historia de dignidad, es una historia sobre la imposibilidad de olvidarse de la vida, que está siempre ahí, clavándose como un punzón en los riñones y que es lo que hacemos cuando todo va bien. El narrador cuenta lo que le pasa, con mucha más fuerza que compasión, y la sinceridad se impone. (Carlos Marín, Culturamas)
Frente al acoso escolar y la defensa del débil, que le supondrá un derribo tras otro, Martínez Llorca nos abre una ventana en cuanto entra en la pasión. La vida sin pasión es menos vida. Y en su caso, tras una infancia forzosamente contemplativa, conoce el verdadero amor en la amistad al aire libre, en los grandes viajes que protagoniza, hasta que se rompe en uno de los episodios que da más temor leer, o en la montaña, donde perdió la vida su mejor hermano y sobrevive a situaciones límite. (Teresa Rivas, Quimera)
Y así continuamos luchando, “siempre en derrota, nunca en doma”. Porque la vida es lo único que tenemos, lo único que nos queda. (Koldo CF, Un libro al día)
Olvidamos en la mayoría de ocasiones en las que cogemos un libro que el que ha hilvanado esas líneas es alguien y no algo, pensamos que con poner la atención al producto ya bastará sin dejar ningún momento nuestro al artesano. Pues bien, si eso es lo que solemos hacer, con Luz en las grietas no nos quedará opción porque producto y productor se funden en un mismo relato. El relato es el relator, el cuento es el cuentista, lo escrito es el escritor. (V.G., Libres de lectura)
Acabo de terminar Luz en las grietas y ahora ya sé que no habrá una sola página que me ofrezca aunque sea una pequeña tregua, sino que todas y cada una de ellas no harán más que enfrentarme a verdades dolorosas. Sé que he alcanzado las últimas palabras, las últimas letras, casi con la lengua fuera, sin poder sobreponerme del todo a la profunda impresión que supone su lectura y de la que no es fácil recuperarse. (Jokin Azketa, La línea del horizonte)
El libro es estupendo. El autor, además, deja algunas frases en distintas páginas, que nos invitan a reflexionar tal y como lo hace él. Es por ello por lo que el libro necesita un momento de tranquilidad, un lugar en el que leer con sosiego. (Gabriel Ramírez, El Correo de Andalucía)
Una historia de superación que dura toda una vida dónde el protagonista se arriesga a vivir para superar sus miedos conmocionando al lector constantemente. (Nonstopes)
Porque Luz en las grietas es un canto a la vida. (Alberto Piernas, Actualidad literatura)

Una podría llegar a pensar que el oficio de escritor consiste en no 
correr riesgos innecesarios. Pero con este libro creo que los has 
corrido todos. Supongo que es esa alma de montañero que llevas dentro y 
que tanto me cuesta entender, pero no has dejado precipicio sin 
explorar, ni ha habido abismo al que no te asomaras… y eso es mucho 
para un hombre que elige el gesto de levantar el pie para no pisar una 
hormiga.
(Anónimo)