Walter Bonatti
Mi hermano en
el alma
Reinhold
Messner y Sandro Filippini
Traducción
de María Eugenia Frutos
Desnivel,
2015
288
páginas
El
lector se enfrenta a este Walter Bonatti.
Mi hermano en el alma confiándose al relato romántico de la montaña. Porque
un guerrero como Reinhold Messner,
coautor junto a Sandro Filippini,
pero ingeniero de la obra, indagará en aquello que le hermanaba con Bonatti en lo que a falta de otro
nombre llamaremos aventura, aunque el término quede un poco incompleto y, tal
vez, demasiado arriesgado. El hilo de Ariadna que recorre la obra hermanando a
uno y otro podría ser la soledad. Con algo de desacierto, hablan del espíritu
de medirse con uno mismo como parte de la vivencia plena de la montaña.
Desacierto, porque la competición aniquila la obra romántica y porque si esta
se ejerce contra uno mismo sugiere la lucha a brazo partido por aceptar uno
quién es. Con sabiduría, sin embargo, trazan el deseo de saber y esa dimensión
de la montaña y los espacios abiertos como un hogar, como el hogar de la niñez,
rodeado de un paisaje purísimo, al que los especuladores le rompieron el alma.
Y así también rompieron la suya. Todos los lugares son santos para mucha gente,
de ahí la necesidad que tenían los antiguos de inventar un dios protector para
sus hogares. Una vez perdida la santidad, los ejercicios deportivos en la
montaña los ejecutan almas muertas que deambulan pisando muy fuerte. Esa parece
ser la conclusión.
Una
conclusión que nos lleva a pensar en el gran mito del aventurero solitario que
viaja con el anhelo del hogar grabado a fuego sobre su alma. Y este es el
espíritu de Ulises. En tanto que Jasón se vio acompañado de los argonautas,
hasta el punto de que su búsqueda del Vellocino de Oro les hace inseparables,
porque se arrojaron al desafío de la inmortalidad con un tanto de avaricia, a
Ulises se le puede entender sin sus navegantes. Todos ellos pretendían lo
mismo, encontrar el hogar, con lo cual solo es necesario mitificar a uno, al
líder, para comprenderles. Ulises termina por ser un navegante solitario.
Messner y Bonatti también.
Pero
Messner, de un espíritu mucho más práctico que Homero, señala con precisión los
momentos de mayor soledad de Bonatti al retratar su biografía. Sobre todo el
polémico vivac por encima de ocho mil metros, cuando la expedición italiana
hizo cumbre por primera vez en el K2. Y los años consecuentes, en los que la
versión oficial hizo sufrir en silencio a Bonatti unos injustos reproches. Hoy
en día, nadie ignora que él se comportó como un héroe. El relato de la
expedición se introduce al inicio de cada capítulo, de un libro que no sigue un
orden cronológico y en el que podemos seguir la historia del alpinismo, hasta
la llegada del fragor de los guerreros. Lo importante, en esta deslavazada
estructura, es la asociación de ideas, y estas saltan aquí y allá, de la
anécdota de la infancia al encuentro entre los personajes, de la entrevista al
relato del oficio, del desafío alpinístico a la otra cuestión que recorre el
libro de cabo a rabo: la de si, finalmente, Bonatti fue un hombre que estuvo en
paz.
Por
parte de Messner, siempre queda ese instinto de supervivencia que se delata en
todos los escritos, al que no es ajena la obsesión de desagravio o el orgullo.
Dos cualidades que han hecho de él, en contra de lo que pueda parecer, un
narrador con potencia. Al igual que la leyenda del hombre solo. Ulises, como
hombre solo a pesar de navegar con lo que en el ambiente de montaña llamaríamos
compañeros de cuerda, representa mucho mejor los valores humanos que Jasón.
Como también lo representan las expediciones a la naturaleza que protagonizó
para la revista Época Walter Bonatti.
Durante quince años, escribió acerca de los sueños y de la curiosidad,
demostrando que somos más sinceros cuando somos más naturaleza.
De
esa calidad es la esencia de valores humanos que destilan los emocionantes
relatos de una vida, la de Bonatti. Y cualquier emoción, una vez pasada por el
tamiz de la inteligencia, una vez que se ha dejado reposar el agua turbia para
que la arena acabe en el fondo y se vea clara, se transforma en un sentimiento.
Este es un libro sentimental en el que el alpinismo es el símbolo de la
aventura. Un libro que nos deja con la impresión de la dificultad que seguirá
siendo, para siempre, eso en lo que puede resumirse la sabiduría: separar el
trigo de la paja y dejar que las pequeñas cosas se las lleve el viento.
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