lunes, 30 de octubre de 2023

VIAJE TERRIBLE

 

Viaje terrible

Roberto Arlt

Medusa

Valencia, 2023

141 páginas

 



Hace varias décadas que se confundió el viaje con el viento en las sandalias, y el viento en las sandalias con la libertad. Aunque si eliminamos el factor intermedio, obtenemos que se siguen identificando viaje y libertad. Pero viajar puede ser una brutalidad: te aleja de los conocidos, te arroja a un mundo que puede ser ingrato o al menos incómodo, te deja sin el suelo familiar bajo los pies. Y no digamos nada si este viaje es por mar, como los de Melville, como los de Conrad, como alguno de los descritos en relatos de Poe. El mar, que desde la orilla es otro símbolo de vida, es otra expansión de la libertad, se convierte en las paredes de una cárcel si se convierte en lo único que te rodea. Es demasiado extenso y resulta imposible habitar en él. A uno no le queda más remedio que permanecer dentro del barco y aguantar lo vaivenes que decida tener el mar, hasta que llega a tierra. Y entonces sí, entonces podrá emprender otro vuelo. Aun así, mantenemos el sueño del mar y de la armonía del mar porque sin él nos sentiríamos derrotados.

Gracias a esta idea de que el mar aísla, Roberto Arlt (Buenos Aires, 1900-1942) se permite construir un relato en el que no sabemos bien si se impone lo terrible o lo propio de las caricaturas. En un barco se reúnen una serie de personajes que a medida que se van desgranando nos remiten, casi sin darnos cuenta, a los que más adelante crearían Rafael Azcona o Berlanga. Cabe preguntarse cómo funciona la cabeza de alguien que construye a estos seres a partir, sin duda, de la observación a su alrededor, para luego idear exponerlos a una situación que debería ser angustiosa. En buena medida, el relato funciona como una obra teatral con un fondo en remolino. Podríamos haber dicho Maelström, pero hemos utilizado la palabra remolino, porque el propio Arlt lo describe como una espiral mucho más grande que la que se produce en el mar noruego, pero comparándola con la que observamos en la bañera al levantar el tapón.

Con este fondo, asistimos al efecto acumulación que surge de encadenar la presentación de cada uno de los personajes, que apenas tienen tiempo de actuar, y que cuando lo hacen nos demuestran no haber madurado, ser infantiles. El tono en que se nos habla nos lleva a dudar si las impresiones que recibimos tienen, o deberían contener, algo de humor. Arlt siempre escribe de forma muy seria: «La música, el fraseo del estilo de Arlt está como condensado en su apellido: cargado de consonantes, difícil de pronunciar, inolvidable», nos recuerda el autor del prólogo, Antoni Martí Monterde, que esto dijo sobre Arlt el escritor Ricardo Piglia.

Viaje terrible pudo haber sido un relato fantástico, pero la inmadurez de los personajes y el estilo material de Arlt hacen de él una experiencia que nos recuerda lo que podría parecerse a la realidad, si dejamos que la realidad se deforme o la percibimos deformada. La realidad, pensamos, es lo que observamos en la vigilia. Y, sin embargo, las sensaciones de los sueños son tan intensas como las de la vigilia, tan contundentes como las que sufrimos despiertos. Los grandes narradores lo saben y se sirven de ello para reflejar que la fantasía, la imaginación, lo cotidiano, lo maravilloso, lo sucio, lo ingenuo, la denuncia, la psicología y tantas otras cosas, forman parte del humus sobre el que es posible relatar. Y Roberto Arlt pertenece a esa estirpe, a la de quienes nacieron con talento para contarnos historias.


Fuente: Zenda

viernes, 27 de octubre de 2023

LOS VIRTUOSOS

 

Los virtuosos

Yasmina Khadra

Traducción de Wenceslao-Carlos Lozano

Alianza

Madrid, 2023

473 páginas

 



Así se expresa nuestro narrador hacia el final de la obra: «No creo haber llevado luz a ninguna parte y espero no habérsela apagado a nadie». ¿Es esto sabiduría? ¿O es renunciar a la sabiduría? La filosofía se agota a medida que uno desciende dentro de sí mismo, que es lo que hace este anciano al relatarnos su vida. Yasmina Khadra (Kenadsa, 1955) es un narrador y apenas se permite alguna digresión como conclusión a la vida que ha creado. Pero en esta vida uno va encontrando la reflexión que se nos impone: no vamos a hallar solución al tratar sobre el destino de la vida. Khadra nos trae un relato en el que la espiritualidad es de carne y hueso.

A un muchacho le proponen, bajo extorsión y con premios fingidos, sustituir al hijo de un cacique como soldado en la Primera Guerra Mundial. Es una supuesta cuestión de honor, de la que uno sólo puede salir escaldado: ¿qué tiene que ver el honor con la guerra? Ya sabemos que en esa atmósfera es una farsa. Pero durante su etapa en el frente francés, este joven argelino creará una hermandad con otros muchachos, con otros desesperados que apenas se enteran de qué trata el conflicto, pues parecen vivirlo desde la periferia a la que sí llegan el horror y la muerte. A su regreso, lo que se encuentra le obligará a exiliarse dentro de su propio país, a emprender una huida sin alejarse, pues a la vez que se esconde busca a su familia. Durante una buena parte de la novela asistimos a un Bildugsroman en el que no faltan elementos que ya hemos conocido: ser amante de una mujer adinerada, prófugo de la justicia, guerrillero, vendedor o convivir con los desheredados. Todo lo que puede ir aprendiendo surge de las relaciones crudas. Así se impone un conocimiento de la condición humana que debería ir modificando al personaje, pero su ingenuidad permanecerá. En algún episodio confiesa que se ha visto obligado a huir por una mentira, pues antes de cumplir los veinte años jamás había escuchado otra.

Seguiremos a este hombre desterrado a través de una geografía en la que hay muchos más humillados y ofendidos que ganadores. Vamos comprobando cómo cada vez que intenta hacer el bien, recibe a cambio una injusticia, le sobreviene el mal. Pero jamás se autocompadece. La vida no le da tregua y lo que le pone por delante es una lucha detrás de otra. A lo largo de cada una de ellas, que dan pie a una sencilla estructura encadenada, van reapareciendo los personajes que le acompañaron durante la guerra. Ellos también son seres afectados, con limitaciones a la hora de apoyarle. Pero como han conocido su parte buena, no pueden dejar de ayudar, y el grado de esta ayuda va incrementándose, pues a medida que transcurren las páginas la intensidad de esas intervenciones se agrava.

La vida va decidiendo por nuestro protagonista, cuya vida vamos conociendo como si nos hubiéramos subido a un viaje. Recorremos la cartografía de un país muy desconocido, la Argelia de hace un siglo, pero no la recorremos al completo: sólo se nos muestran los callejones y los desfiladeros, los rincones donde uno puede esconderse o, para ser más exactos, apartarse del mundo y desde ahí seguir fisgando, pues nuestro héroe tiene un propósito claro: encontrar a su familia y, más adelante, recuperar a la que él ha creado. Hemos utilizado la palabra héroe, no porque nos recuerde a un personaje homérico o de película de acción, sino porque nos remite, en buena medida, a esos chicos que se veían obligados a abandonar su hogar para buscarse la vida en los clásicos cuentos de hadas, con una mano por delante y otra por detrás. Y en su camino se toparán con ogros y magos, con brujas y hadas. Pero Khadra no quiere expresarse con metáforas ni alegorías: vivir sigue siendo una experiencia ruda.


Fuente: Zenda

jueves, 26 de octubre de 2023

EL ARTE DE COLECCIONAR MOSCAS

 

El arte de coleccionar moscas

Fredrik Sjöberg

Traducción de Marc Jiménez y Petronella Zetterlund

Libros del Asteroide

Barcelona, 2023

232 páginas

 



Hay que construir un olimpo personal, y en él podemos meter lo que queramos, pero no se aconseja colocar en lo más alto la basura que sale por televisión ni los posts ácidos colgados en redes sociales. Estar en el mundo no debería suponer reconciliarse, porque no deberíamos sufrir ataques constantes. Estar en el mundo debería ser bonito desde el inicio, debería ser precepto sagrado saber que la vida es hermosa. Unos pocos seres sensibles no dejan de enseñárnoslo constantemente, desde Marco Aurelio y Lao Tsé hasta un entomólogo sueco que ama a las moscas y quiere compartir con nosotros esa pasión que genera calma.

A Fredrik Sjöberg (Vástervik, Sucecia, 1958) convendría hablarle, eso sí, de Antonio Machado: «No sé de ningún poeta que haya escrito poemas en honor de la mosca del narciso. O de los sírfidos en general. La literatura universal está llena de moscas, pero casi siempre son anónimas, moscas sin atributos». Machado escribió un hermoso poema a las moscas en el que reconocemos cuánto bienestar nos ocasionan los estímulos que sacan a flote las buenas emociones de la memoria. Al margen de este detalle, Sjöberg escribe un delicioso libro sobre los insectos más extendidos, en el que destaca la capacidad para reírse de uno mismo, manteniendo siempre la sonrisa en el lector. Las moscas pueden no ser sólo insectos, sino una forma de estar en el planeta, o de reconciliarse con él si a uno le han agredido. Sjöberg reconoce la preciosa inutilidad de su entrega, y es el adjetivo lo que hace que sea tan interesante, una fuente de aprendizaje para los demás. En un momento de la narración nos recuerda el cuento de Andersen en el que el personaje encuentra una corneja muerta en la carretera, y decide llevársela, pensando que uno no sabe cuándo podrá ser de utilidad un pájaro muerto. Y resulta, entonces, inevitable, acordarse de aquel pistolero de Los siete magníficos que cuando le preguntan por qué decide embarcarse en esa aventura, comenta que una vez conoció a un hombre que decidió arrojarse sobre unas zarzas, y al salir, respondiendo a quien le preguntaba por qué lo había hecho, contestó: En ese momento me pareció una buena idea.

La idea de nuestro autor es buena a corto, medio y largo plazo: «Podría sin duda nombrar una serie de razones muy buenas y completamente sensatas por las cuales se debe coleccionar moscas. Razones científicas y de política ambiental. Tal vez lo haga, más adelante, pero sería una hipocresía empezar por hablar de algo que no sea pura diversión (…). Es más bien la soledad lo que nos lleva a buscar motivos que los otros puedan entender. Si digo que colecciono sírfidos principalmente para cartografiar los cambios en la fauna local, cualquiera podrá entenderme, e incluso apreciar lo que hago. Pero es mentira. Porque la pura alegría es demasiado compleja». Sjöberg ha encontrado su paisaje en una isla, en una pequeña extensión en la que la vida sucede en formas tan pequeñas, que todos sus años no bastarán para conocerla por entero. Pero de llegar al conocimiento absoluto sabe que perdería el encanto. Nuestro autor se comunica así con la naturaleza, y lo hace de una forma mucho más serena y sensata que lo que supone afrontar la vida junto a los demás humanos: «Algunos de nosotros no podemos seguir el ritmo, quizá sea así de sencillo. Es demasiado. Ya nos damos cuenta en la escuela. Y como tenemos que bailar al son de quienes están encantados con la rapidez y son capaces de domar la sobreabundancia, perdemos el compás y nos hundimos en un sentimiento de inadecuación. Parte de ello es debido al sórdido mercantilismo, pero ni mucho menos todo ello. La vida cultural también es como unos grandes almacenes, al igual que la ciencia vista desde lejos».

La historia de este amor que profesa Sjöberg se entrelaza con la empatía por otro entomólogo sueco, René Malaise, creador de la mejor trampa para capturar insectos. La vida de su compatriota es una combinación de entrega a la naturaleza y fracasos sentimentales, que ayuda a entender el mensaje que pretende transmitir nuestro autor en este hermoso libro, que la belleza puede ser algo muy físico, pero no es para nada superficial.

 

OBRAS ESENCIALES

 

Obras esenciales

Michel Foucault

Paidós

Barcelona, 2023

1095 páginas

 


Noam Chomsky llegó a decir que Michel Foucault le pareció una persona amoral, porque no entendía su rechazo a la posibilidad de que existiera una moralidad universal, a su rebelión contra la idea de que el concepto y las estructuras de justicia pudieran estar arraigadas en la razón humana, sosteniendo que no existe la naturaleza humana fija, y por tanto no existen facultades humanas ingénitas. Las estructuras innatas frente a las estructuras sociales fue el tema del debate que mantuvieron en 1971. «Me parece que la verdadera tarea política en una sociedad como la nuestra es criticar el funcionamiento de las instituciones, que parecen ser a la vez neutrales e independientes; criticar y atacar ellos de tal manera que la violencia política que siempre se ha ejercido oscuramente a través de ellos sea desenmascarada, para poder luchar contra ellos», sostuvo Foucault.

Crítico con las instituciones sociales, crítico con la medicina, con las ciencias humanas y con los sistemas de internamiento, estudioso de la sexualidad humana, Foucault no cesa de aportar dudas y convicciones, convenciéndonos de que ambos son lo mismo. Dudas porque aporta ideas que hacen tambalear nuestros prejuicios. Convicciones porque tras su lectura, esas ideas son difícilmente rebatibles desde el momento en que nadie duda de que el poder es un ejercicio, es conocimiento y es discurso. El pensamiento de Foucault se centra en el ser y en las relaciones que se establecen entre seres, y está fundamentado en la observación crítica de la actualidad, de la sociedad, del mundo contemporáneo. En su estructura de pensamiento el cambio resulta un engranaje inevitable, pues trabajar sobre la realidad le obliga a uno a modificar sus esquemas en tanto la realidad es móvil y la comprobación de los juicios la altera todavía más. Lo importante, a su juicio, era ser mejor al final de lo que uno era al principio. Su obra, confesó, está concebida como una caja de herramientas donde cualquiera puede buscar la adecuada para profundizar con ella en su propia área de conocimiento.

«Lo que hago es la historia de la manera en que las cosas se problematizan; es decir, la manera en que las cosas se vuelven problemas», su intención, por tanto, no es tanto decir algo que no se ha dicho como indagar en lo que está presente, pero a lo que prácticamente nadie presta atención. Al contrario que la mayoría de los pensadores, la mayor parte de su obra no se concentra en lo que puede aportar a una enciclopedia, sino en universos más periféricos, y hasta microscópicos, en las cárceles, en los internados para enfermos mentales, en las escuelas. Indaga en la locura, en las fallas del sistema legal, en la reclusión. Era un intelectual incómodo. Para él no existían los saberes que no fueran fruto de determinadas condiciones de posibilidad, de determinadas prácticas sociales, marcadas, a su vez, por las características de cada época. Los sistemas de ideas, dentro de los cuales nos creemos libres, se manejan dentro de un ambiente condicionado por circunstancias que deciden dónde concentrar los esfuerzos, cómo elaborar una escala de lo que debe ser conocido y lo que no. Preocupado por el concepto de poder, Foucault sostuvo que no era un ejercicio piramidal el que se imponía, sino una serie de relaciones de fuerza múltiples, porque el poder es ubicuo y está presente en cada gesto y recodo del entramado social, en los espacios productivos, en las organizaciones políticas, en los vínculos familiares, en cualquier institución. El poder conllevará, eso sí, ejercicios de resistencia entrelazada. Se rebeló contra la inscripción de la ley en las almas a través de la disciplina, que es un invento de la sociedad contemporánea para sustituir al miedo al castigo que evita que cualquiera se salga de la norma, que no respete los sistemas jerárquicos ni las normativas. Pero ¿cuál es el fin de esta disciplina? Sin duda la productividad y el pensamiento metódico adaptado a la sociedad, sea del corte que sea. Observar, seguir, medir, clasificar, jerarquizar… son verbos que atañen a la normalización de los integrantes del cuerpo social, formas de saber que configuran situaciones de poder, donde se puede administrar y controlar los procesos vitales. Hoy en día, los sistemas de vigilancia atraviesan lo digital, creando una sociedad controladísima donde la disciplina se impone a través de la seducción, el consumo, la seducción, y añoramos saber qué opinaría Foucault al respecto.

Foucault fue uno de esos pensadores que encienden la linterna dentro de la cueva para que podamos seguir huellas que nos orientan hacia la salida. Sobre todo en lo que atañe a sus diagnósticos acerca de las formas secretas del poder, más que en lo relacionado con el relativismo sexual, que fue su otra gran dedicación. El poder, que tanto lo obsesionaba, y que tanto debería obsesionarnos a nosotros, se refiere a cualquier actuación directa de autoridad, a las relaciones de dominación, que están ligadas a lo económico, a lo familiar, a lo productivo. Lo que le interesa a Foucault es el sistema de dominación: conocerlo supondrá poder rebatirlo, aunque los intelectuales, cree, también forman parte del sustrato del poder, son, en buena medida, su conciencia. Al fin y al cabo, el uso del lenguaje se interpenetra con las relaciones de poder, y ayuda a legitimar órdenes específicos de autoridad.

Si alguien afirma que no existe la objetividad, no podemos considerar que su sentencia sea objetiva. En esta paradoja se centran las críticas que se han hecho al pensamiento de Foucault. Pero la misma paradoja hace de quien emite la frase, conociendo su debilidad, un seductor. Esa capacidad de seducción, que volvemos a encontrarnos en esta nueva edición de sus Obras esenciales, hace que la lectura, o la relectura, sea obligada, no diremos necesaria, pero sí muy conveniente.

lunes, 23 de octubre de 2023

ESTATURA

 

Estatura

Daniel Díez Carpintero

Sloper

Palma de Mallorca, 2023

271 páginas

 



Uno se pasa veinte años de la vida creciendo, y a pesar de ello seguirá siendo bajito. En realidad, esto de la estatura tiene que ver con aquello que comentaba Pessoa cuando sostenía que «soy del tamaño de lo que veo» y no del tamaño de mi estatura. Ese «lo que veo» puede ser un rasgo permanente. El problema es que no somos muy dueños de elegir lo que vemos o cómo lo vemos, o que para conseguirlo, no nos quede más remedio que salir huyendo.

Aquí tenemos a un chico con el narcisismo blando, de hecho, por momentos se diría que está derretido o que es todo lo contrario al narcisismo que nos sana, que es un antinarcisismo. Es un muchacho crítico, engañado y que desde los ocho años hasta los veinte se somete a sí mismo a una estrecha vigilancia. Es alguien que se esfuerza en pasar por la vida con cuidado, vigilando mucho, porque no le ha quedado más remedio que aprender a sobrevivir moralmente así. Su padre es un energúmeno, un bastardo con el cerebro de un crío de dos años, un periodista que ha conseguido cierto éxito socioeconómico, un reconocimiento de esos que a todos nos importa un comino, excepto a él, y es muy violento. Su madre es un cero a la izquierda y a juicio de nuestro protagonista, ojalá esa pusilanimidad significara un poco de ternura. El deseo de amor desde la madre, por parte de la madre, tiene mucho de lástima, la que siente el hijo por ella, y de no haber podido ni siquiera atravesar un complejo de Edipo en condiciones.

Así pues, sólo le queda navegar en el olor a rancio de lo cotidiano, entre otros chicos y chicas de su edad, a lo largo de los años, preocupándose casi en exclusiva por algo tan animal como es el sexo. A pesar de ello, sueña con ser escritor, una actividad que le arroja a los libros, donde no existe el dolor de las presencias ni de las ausencias, y a una seguridad intelectual que de poco sirve a la hora de entablar relaciones con los demás.

Una novela de iniciación suele contener una aventura, que estructura la narración para el lector, dando sentido a la evolución del protagonista porque debe salir del enredo. En esta ocasión, Daniel Díez Carpintero (Madrid, 1979) elige sustituir la aventura por el sexo. A este hijo único ni siquiera le queda el consuelo de vivir su propio Bildungsroman como se les ha permitido a tantos otros muchachos en la literatura antes: tiene que mantenerse en lo marginal, cuando todo apuntaba a que podría haber sido uno más. Será él quien nos hable todo el rato, y parece estar describiendo unos años de vida, pero eso será lo literal, pues en realidad a lo que atiende es a sus miedos. Miedos, sexo, aprendizaje, marginación… lo normal será salir huyendo. Estatura es una novela que se libra de lo atosigante gracias al humor, a un acertado tono que nos remite a la dosis exacta de caricatura, pues de lo contrario sería difícil de leer como el relato de una vida. Ahí estriba su principal valor: nos muestra una ruta de escape, una propuesta de exorcismo.

viernes, 13 de octubre de 2023

HIDRÓGENO en ZENDA

 

En el aire de la buena ficción

En el aire de la buena ficción

Aníbal, padre de Sofía, protagonista de Hidrógeno, de Martínez Llorca (Lastura, 2023), no leía libros, sino que vivía dentro de ellos. Mientras leía, escribía con una letra diminuta entre las líneas y los márgenes de sus páginas pensamientos e ideas que se apretaban con los post-it de colores que colocaba. Recomponía su existencia en la realidad desde la ficción, aunque resurgió como ave fénix, quién lo sabe, gracias a la biblioteca que como profesor universitario tenía en casa. Era su manera de leer un libro, viviéndolo. Ricardo Martínez Llorca nos invita a socorrer a Sofía con sus primos, o no tan primos, Iñaki y Álex, de la amarga existencia a la que la abocó la hija de puta esa, su madre, Loreto, el hidrógeno, “la molécula básica, la que no se equivoca nunca, la que sabe de todo y tiene que ser la que más sabe de todo”. Y cuando escribo que Martínez Llorca “nos invita” es porque, desde el principio, acontece un cambio estilístico: el narrador de la historia se pergeña como primera persona del plural, encarnada en dos tipos, Iñaki y Álex, que nos invitan, en cierto modo como lo hacía Sherlock y Watson, a que vivamos y resolvamos esta historia junto a ellos.

Sofía presenta una mancha en la cara como la Isla de la Posesión del océano Índico. La comparación parece una hipérbole, pero el defecto no lo oculta ni el maquillaje. El rasgo físico es repulsivo y provoca asco así que Sofía trata de ocultarlo con su melena, sus gorritos y sus graciosas muecas cuando sale a la calle. Este es el motor de la narración. Esta es la isla que aísla a la protagonista, el quid de Hidrógeno. Original. Con esto, al defecto físico solo le queda repartir papeles para jugar a la ficción.

"Hidrógeno trata tantos temas como elementos tiene la tabla periódica. La combinación de elementos está salpicada con exquisitas referencias literarias, cinematográficas y musicales"

¿Es una mancha de nacimiento o fue provocada por un accidente? Los niños, sus primos, gemelos e hijos de una frutera, apodados de niños Conejo y Zanahoria, Iñaki y Álex, tratarán de convencer a su prima para que acuda a un dermatólogo. Este, finalmente, les remite, por la sospechosa etiología de la mancha, a un forense. No era previsible. Buen giro. A Sofía, que estudia o hace Químicas, se la ve con frecuencia ensimismada con los elementos químicos de la tabla periódica y un cuaderno, garabateando fórmulas y símbolos. Sofía parece tímida, pero reflexiona. Una química tímida a la que su madre, la hija de puta esa, ha domesticado para que se acostumbre y se acepte. Aníbal, su padre, que está separado de Loreto, también profesora de Derecho como él, antes de separarse, de divorciarse, quedó atrapado. Era un hombre feliz, melifluo en el trato con las mujeres, donjuán de escarceos amorosos con premio y embarazo. Incluso sin querer –sin querer dice, qué estupidez– se lo hizo a una Loreto recién licenciada, que quedó embarazada sin él llegar a saberlo hasta el día de la boda. En ese estado y desde ese momento, y con una clara intención por cambiar a su marido («pretender que la pareja cambie es un error»), empezó a chantajearlo. De hecho, hasta que nació Sofía, “antes incluso de que se besaran, con el bebé entre los dos, ella ya le había susurrado algo del estilo “ahora sí que tendrán que cambiar las cosas. Te vas a enterar”. Ahí Sofía no se refería todavía a su madre como la hija de puta esa, pero a Aníbal, su padre, se le acabaron las copas con los amigos, las cervezas, los partidos de fútbol y se atuvo a lo que dijese Loreto, puesto que ella le obligó “a ponerla por delante de todo lo que existiera en el mundo”. La hija de puta esa

"El segundo asunto es el clasismo social, tan repugnante, que se muestra con tintes de esperpento, de deformación, desde mi punto de vista"

Hidrógeno trata tantos temas como elementos tiene la tabla periódica. La combinación de elementos está salpicada con exquisitas referencias literarias, cinematográficas y musicales. Muy pertinentes, por cierto, que dotan de una original cohesión al relato. Así, las relaciones familiares son el tema principal: las de la madre con la hija, desde el desprecio y el desdén hasta el sometimiento. La del padre con la hija, desde el cariño y la protección hasta la admiración. La de la madre con el padre, desde el odio, el interés y el poder, hasta la angustia y la alienación. Si bien me costó entrar en la novela, fue a partir de su página 25, cuando leí lo que transcribo a continuación, y ya no la dejé hasta el final: “Y cuando se elige querer a alguien se le quiere más que cuando uno está obligado a querer por la cochina tradición de los lazos de sangre […] ¿Por qué ha de ser obligatorio querer a un hermano, incluso querer a una madre? Incluso hay cientos de miles de madres que se quieren cientos de miles de veces más que a sí mismas que a sus hijos”.

Hidrógeno trata el alcoholismo, la violencia psicológica y el chantaje que ejerce la mujer sobre el hombre, las complejas relaciones entre padres e hijos «hemos venido al mundo a través de nuestros padres, no para ser una extensión de ellos», pero se plantean dos temas bisagra. El primero, la prostitución y las MILF (Mother’s I’d Like to Fuck) que sirven para mostrar algunos prejuicios que la sociedad aún mantiene: «tendrá que pagar para follar», «tendrá que acudir a un banco de semen si quiere tener hijos»… «No vengas. Es demasiado horrible. Huye, huye», como escribiría Lovecraft. El segundo asunto es el clasismo social, tan repugnante, que se muestra con tintes de esperpento, de deformación, desde mi punto de vista. La bambolla social traerá vicio que corrompe, infelicidad, desestructuración familiar, criadas pobres manoseadas y embarazadas y señoritos casados con ricas al grito de un «te lo juro por Snoopy».

Acabo con un último apunte. La escritura de Hidrógeno tiene mérito. Mérito por su cadencia narrativa, parsimoniosa durante las primeras páginas, pero fulgurante y dinámica después. Hidrógeno me recordó a lo que me dijo una vez un editor: «¿Quieres saber qué es lo que más les cuesta a los escritores? Dosificar la tensión de sus novelas, entregarle al lector lo que necesita en cada momento del libro». Es lo que se llama «la paradoja del lector», que consiste, básicamente, en jugar con los niveles de ignorancia que el lector tiene mientras lee. Pues bien, Ricardo Martínez Llorca ha aplicado esta técnica con la suficiente maestría que le ha permitido dotar de verdadera calidad narrativa a Hidrógeno, novela que pasará a formar parte como componente del aire que respira la buena ficción.

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Autor: Ricardo Martínez Llorca. Título: Hidrógeno. Editorial: Lastura. Venta: Todos tus librosAmazon y Casa del Libro.

domingo, 8 de octubre de 2023

CADILLAC RANCH

 

Cadillac Ranch

Antonio Tocornal

Sloper

Palma de Mallorca, 2023

194 páginas



 

El mundo está lleno de gente que no ha escrito El Quijote ni ha asesinado a nadie. Y lo más terribles es darse cuenta de que tienen voz, que nos pueden hablar con toda la carga de lo que sea que están viviendo. Tener sentido del humor y soportar el fracaso supone convivir con antagonistas, pero también fomentar una faceta creativa, tal y como exponía Gianni Rodari en su Gramática de la fantasía, cuando da por supuesto que de una pareja sorprendente sólo puede salir un relato muy vivo. Ese parece ser el principio sobre el que se asientan estos textos de Antonio Tocornal (San Fernando, Cádiz, 1964), a los que cabe añadir la carga de soledad que soportan. Narrados todos en primera persona, invitándonos a habitar durante unos minutos dentro de la piel y el cráneo de los protagonistas, nos sorprenderemos con la facilidad con que uno puede quedarse aislado en un mundo en el que la intercomunicación es la constante. Todos se comunican entre sí, menos yo. Eso conlleva que nuestros personajes padezcan la enfermedad de no entender nada, ni siquiera en las materias en las que se supone que son expertos.

Tocornal escribe con una imaginación que nos remite en ocasiones a Juan José Millás, por ejemplo, pero también a Kafka. En realidad, se trata de una voz personal, un extrañamiento que bordea demasiado lo mundano: esto no puede estar ocurriendo, nos decimos durante la lectura, pero estas cosas sí ocurren. O seguro que ocurre algo parecido, pero a los demás, a los infelices. Y, sin embargo, la facilidad con que escribe Tocornal nos arroja dentro del relato en el que se transgrede, pero sin hacer daño, en el que se escruta la posibilidad de doblegar la imposible salud mental. Al fin y al cabo, ¿en qué consiste estar cuerdo?

Un tipo intenta emular a Jack Kerouac en On the Road y le sale una huida entre ambientes desagradables, con sexo y obsesiones vulgares. Otro vive la expansión de su hogar como la antítesis de la Casa tomada de Julio Cortázar, hasta acabar en el limbo. Un tercero no sabe qué hacer con la senectud y el siguiente se dedica a retirarse del mundo instalándose en el centro de él. O aislándose en el parque, a donde le lleva su muerte de éxito, y el éxito es absurdo. Un tipo se vende por un plato de lentejas que es algo frecuente y es algo absurdo. Así se mueven estos personajes en territorios que son fronterizos no por poco visitados, sino por encontrarse entre lo conocido y lo desconocido. La decadencia no tiene porque ser amarga y las musas bien pueden ser las moscas. Total, basta con cambiar alguna letra. De este cariz es el ingenio de Antonio Tocornal, que en estos relatos se muestra como un escritor en plena forma.

viernes, 6 de octubre de 2023

HIDRÓGENO en UN LIBRO AL DÍA

 

lunes, 4 de septiembre de 2023

Ricardo Martínez Llorca: Hidrógeno




Este es el cuarto libro que leo y reseño de Ricardo Martínez Llorca y, si bien se observan en él algunas de las constantes que pueblan sus anteriores textos, creo que este es el más arriesgado de todos ellos tanto en lo formal como en lo estilístico.

El principal riesgo que asume el autor es el de elegir como voz narrativa la primera persona del plural; apuesta arriesgada con la que no parece difícil descarrilar y de la que el autor sale, si exceptuamos algún pequeño desliz, ciertamente airoso.

El segundo riesgo del que debemos hablar es el alejamiento de la tradicional zona de confort del autor. Quien ya conozca algo de su obra sabrá que Martínez Llorca es un apasionado de los viajes y la escalada, pero Hidrógeno es, fundamentalmente, una novela negra y psicológica (o viceversa), plagada de referencias y homenajes siendo el de Raymond Chandler uno de los más claros. Eso sí, lo anterior no es óbice para que viajes y escalada aparezcan en la novela como si fuesen una especie de refugio.

...

Además de los dos aspectos ya citados, creo que el principal mérito de la novela radica en su personaje central, en Sofía. Creo que su evolución psicológica está bien trazada y que la exploración de sentimientos tales como la culpa o el miedo es bastante exhaustiva y completa.

...

el resultado global es más que satisfactorio y sirve para demostrar que Ricardo Martínez Llorca es un autor solvente y bastante más versátil de lo que inicialmente se podría suponer.

jueves, 5 de octubre de 2023

LAS FECHAS EXACTAS

 

Las fechas exactas. Sesenta días en Ghana

Mario Amadas

La Máquina

Barcelona,

215 páginas

 

 


Un día el mar recordará el nombre de todos los ahogados en el mayor ejercicio de memoria que se puede concebir, pero para nosotros guardar todos los hechos que nos han sucedido y todas las imágenes que hemos vividos se nos antoja una empresa imposible. Estamos demasiado limitados, aunque el adverbio demasiado es una redundancia: cualquier límite siempre es algo excesivo, algo de lo que desearíamos deshacernos. Este libro, Las fechas exactas, participa de esta maldición por parte de su autor, Mario Amadas (Barcelona, 1986), centrándose en el par de meses que transcurrieron en Ghana, a donde fue para cumplir una pequeña misión en una ecoaldea. Se le contrata para redactar un texto publicitario extenso, que refleje todas las bondades del proyecto, un objetivo que cumple a mitad de estancia para poder liberarse de las ataduras y visitar el país. Hemos dicho límites y ahora mencionamos ataduras. Al parecer, el proyecto que visita termina por mostrar muchas caras decepcionantes, incluso poco humanitarias, y el autor deja que nos volvamos a preguntar cuánto puede haber de farsa en estos proyectos de organizaciones no gubernamentales. El desencuentro nos remite, una vez más, a la pregunta de otro viajero vertical en África, Rimbaud, y su ¿qué hago yo aquí?

Mario Amadas concibe el libro en orden cronológico, comenzando en los días previos al viaje, y lo narra todo con un estilo bastante enunciativo que funciona, intencionadamente, a medio galope. No hay diálogos ni ramas que nos evadan del tronco: el autor sabe que debe centrar al lector en los asuntos que le conciernen, que para eso les convoca, y recurre a lo efectivo, pues el contenido en sí ya es lo bastante valiente. Se irá cuestionando en qué consiste el viaje, las razones y efectos, y también, como en el caso de la ecoaldea, sus farsas. Nos mostrará cómo el visitante está expuesto al asombro compatible con la admiración, y elogiará la bondad de los desconocidos. Expondrá costumbres, pero no para aturdirnos con la sorpresa, sino para mostrarnos las cuestiones que atañen a la adaptación. De este modo, los paradigmas que parten del descubrimiento se referirán tanto a la vida en el lugar de destino como a la vida en el lugar de origen. En realidad, se siente como un paracaidista que cae del cielo sin tener muy claro dónde ha llegado. Eso sí, es un escritor muy consciente de cuál es el sustrato sobre el que percibe, y se manifiesta constantemente contra los errores de interpretación que tienen que ver con los prejuicios, contra ese fenómeno psicológico que no llega a nombrar y que conocemos como disonancia cognitiva, y sus malas resoluciones, tan propias del lugar del que viene.

Lo que importa es intentar entender, no entender. Si lo hubiera conseguido, no precisaría de tantas palabras. Lo que importa es ser buena persona, que es la demostración de humanidad más patente. Y esto lo apoya alguien que por momentos parece rozar la misantropía, de la que le libran los buenos actos de los demás y, por otra parte, que sería capaz de practicarla también consigo mismo.

«Hay un sufrimiento humano debajo de ese sol de aventura, de esas vacaciones africanas de leyenda, y nada de esto puede quedar oculto», dice, tras sostener que no puede escribir sobre lo que no ve y su compromiso sólo puede ser con la verdad. Esa verdad que responde a enunciados directos, a lo que viene del registro de nuestra actividad y que no siempre guardamos en la memoria, porque esta tiende a conservar los momentos más poéticos, más graciosos, más disparatados, más amorosos. Mario Amadas se ha resistido a considerar que cualquier tiempo pasado fue mejor, porque pudo ser mejor para él a través de una maravillosa experiencia, pero allí quedaron las demás personas.


Fuente: Zenda

lunes, 2 de octubre de 2023

MIL MILLAS HACIA LA LIBERTAD

 

Mil millas hacia la libertad

William & Ellen Craft

Traducción de María del Rocío Fernández Pérez

Consonni

Bilbao, 2023

95 páginas

 



Este libro no está escrito, este es un libro en el que se nos habla. El matrimonio Craft, que se expresa a través de la voz de uno de ellos, el marido, William, escapó de la esclavitud en el año 1848. Para ello urdió una treta, en la que ella, Ellen, que podía hacerse pasar por blanca, simulara ser la dueña del esclavo que la acompañaba, y se dirigirían en tren a Filadelfia. Pero ni siquiera en un estado abolicionista estaban seguros. Las legislaciones eran terribles en todo el territorio, y amparaban siempre al malhechor, que en este caso eran los dueños, los poderosos, los violentos. En el libro apenas se menciona el maltrato, no existe nada de recrearse en las condiciones infrahumanas de vida de los esclavos. Eso lo deja el narrador para otras voces. Aquí de lo que se trata es de enfrentarnos a unas costumbres, entrelazadas con las leyes, que impedían a seres humanos ejercer de tales. De hecho, el libro está escrito con algo que llamaremos piedad a falta de un término menos manipulado. Hay compasión y misericordia, y hay un espíritu religioso en estos protagonistas, que no cesan de invocar su confianza en que exista un buen dios. En algún lugar debería haber hombres buenos y ellos están dispuestos a recorrer medio planeta con tal de encontrarlos. Porque quieren asegurarse de que los hijos que van a tener no vayan a sufrir la suerte que padecieron ellos y sus padres y hermanos: una separación obligada, cruel, asesina, antes de tiempo.

Sorprende encontrarse con un país tan dividido como era Estados Unidos en aquella época, donde los principios básicos de relaciones sociales contrastaban en extremo. Pero las decisiones políticas cubrían las necesidades de los terratenientes, amparándoles en todo momento. Y sorprende el atrevimiento en el viaje de esta pareja, que parece hacerlo con serenidad a lo largo de varios días. Pero apenas se permiten dormir y no siempre encuentran benefactores. Pero lo que más sorprende, sin duda, es volver a visitar estos tiempos que hoy en día nos resultan inconcebibles, ese racismo que se entiende como una relación natural. La forma de mitigarlo, por no decir combatirlo, que tienen nuestros protagonistas es la voz del narrador: siempre firme, carente de ningún rencor, centrada en una supervivencia que no sucederá en caso de perder la compostura. Será esa entereza lo que destaque, la que haga de este testimonio algo muy especial, algo que merece la pena ser reconocido. Este se un libro valiente en el que no existe ningún atisbo de presunción de valor, pero sí mucho de ejemplo, de demostrar con actos qué es la dignidad.