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viernes, 7 de noviembre de 2025

MÁS ALLÁ DE LOS LÍMITES

 

Más allá de los límites

Kilian Jornet

Now Books

Barcelona, 2025

216 páginas

 



Mientras la mayoría nos preocupamos por los problemas de aparcamiento, o por la posible multa que nos caerá si nos excedemos en los minutos en que hemos aparcado el coche subido a la acera, hay quien se dedica a enviarnos mensajes que contienen la carga de que es posible vivir. Estamos embarcados en una espuma de los días en que aguardamos a que deje de suceder lo que está sucediendo y venga, por fin, la vida. La vida es eso que sucede mientras uno espera a que llegue la vida. A no ser que se apodere de ti la alegría de vivir, que es algo que sucede bailando, pero sólo durante un corto espacio de tiempo, o en la naturaleza, donde el tiempo deja de existir, porque lo que se impone es el momento. Lo que nos lleva enseñando Kilian Jornet debería colgar, en buena medida, el aviso de que no debemos intentarlo en casa, porque los actos son una barbaridad, un portento físico, pero su espíritu debería llegarnos como llamada de atención: todavía es posible hacerse uno dueño de lo que está por venir.

No podemos elegir muchas cosas, demasiadas, que nos van a condicionar, pero tenemos arcilla suficiente entre las manos como para construir lo que sea que nos ayude a ser dueños de nuestros días y nuestras noches. En esta ocasión, Jornet nos lleva a los Alpes, donde realiza uno de esos proyectos que son exclusivos de alguien con sus capacidades físicas y su iniciativa: ascender las 82 cumbres de más de cuatro mil metros en el menor tiempo posible. Lo consigue en 19 días. Una barbaridad. Para ello se vale de su talento y de un material estupendo, pero también de una planificación apropiada, aunque planificar el clima de los Alpes más allá de unas horas es casi imposible. Pero Jornet, y su equipo, sabrán adaptarse. En su relato, comprobaremos los detalles de lo que va haciendo, la descripción de la ruta y la toma de decisiones, pero llama también la atención las apariciones constantes de viejos amigos con los que se reencuentra y emprende parte del proyecto. Como siempre, a pesar de los detalles técnicos y de precisiones físicas, a pesar del desarrollo cartográfico, lo que se impone es la alegría de vivir. Esa es la enseñanza que transmite, con garantías, Jornet, una vez más. En ese sentido es ejemplo, porque uno va leyendo la hazaña y no puede dejar de preguntarse si este muchacho no se lesiona nunca.

Aunque lo que a Jornet termina por preocuparle es el deterioro de la montaña. Él ha vivido en los Alpes, y en su regreso constata lo que está suponiendo para la naturaleza el cambio climático y los destrozos ambientales. En apenas veinte años, se ha perdido gran parte de la riqueza natural. De ahí que este libro también tenga la intención de ser una llamada de atención, un empuje a la acción por una causa que a todos nos afecta: no podremos luchar por la alegría de vivir si no tenemos un mundo sobre el que luchar. Y para ello nos ofrece un libro hermosísimamente editado, en el que la belleza de las imágenes puede sobrecoger por momentos, pero siempre resultará de un magnetismo que nos empujar a querer estar ahí, aunque sea viajando más despacio de lo que lo hace Jornet, pero con la misma satisfacción.

sábado, 29 de diciembre de 2018

NADA ES IMPOSIBLE


Nada es imposible
Kilian Jornet
Now Books
Barcelona, 2018
237 páginas


El éxito no está en conseguir un sueño, sino en soñarlo. Este principio, sobre el que se sostiene el libro de Kilian Jornet, se ha enunciado numerosas veces. Recordemos que en el párrafo final de sus memorias, Lionel Terray reclama el derecho a soñar, incluso, como don Quijote, a soñar con retirarse a ser pastor para pasar el final de sus días. Terray es, sin duda, un de los maestros del buen espíritu en las montañas, del que se contagia Kilian, o lo hereda o, sencillamente, lo comparte por una suerte de mutación genética. No importa. Kilian nos revela que, eso sí, lo legítimo es soñar, pero una parte de esos sueños debe ser emocionalmente inteligente, es decir, ser posible. Las taras con que uno nace son muchas: no a todos se nos regala las capacidades atléticas de Michael Jordan ni las del propio Kilian. Pero uno puede elegir vivir sobre las cualidades que le faltan o sobre las que tiene. Un cojo todavía está en condiciones de vivir sobre la pierna sana.
Junto a esa pieza de sabiduría, Kilian nos va advirtiendo, sin dejar de deslumbrarnos, de que lo que él hace es, con frecuencia, un disparate. Ponerse en riesgo puede ser necesario para uno, pero no para los demás. Y en este libro nos va narrando quiénes son los seres queridos y, lo que es más meritorio, cuál es el efecto de quererles. La obra está inundada de una amistad sana, incondicional, de esa propia de quien parece reconocer carencias afectivas y se entrega sin medida a los demás, con lo cual recibe sin medida de los demás. Es posible que querer y ser querido sea la misma cosa. Por comodidad, inventamos esa palabra abstracta que conocemos como amor. El ese concepto también incluye la pasión que le desborda, su territorio salvaje, allí donde se reconoce y tiene la suerte de poder vivir. Sobre este punto cae la pregunta que uno se hace con frecuencia y que Kilian no termina de enunciar, pero se interroga: ¿por qué me gusta lo que me gusta? Cuando uno se detiene a reflexionar sobre ello, se da cuenta de que se va tropezando con lo peor de uno mismo. En este sentido, Kilian va desvelando que incluso toda su libertad, ganada con esfuerzo y con talento, supone unas barreras, unas limitaciones. No hay batalla sin cadáveres. Pero no ha nacido para someterse a otra religión que no sea la que él va creando y está dispuesto a pagar el precio. Algo que, se cuestiona, tal vez no compartan los demás. De ahí que se rodee de gente con una pasión, y unas capacidades, similar a la suya.
De ahí, también, que no pueda abandonar los comentarios al uso, como los que brotan a la hora de elegir entre la montaña y la chica, entre el buen hogar sedentario y el mundo por hogar. De ahí esa actualización que hace del debate entre el nómada y la civilización, que es mayormente urbana. Sus pensamientos, lo reconoce, no son universales ni siquiera para él, pues el tiempo es materia del universo y sabe que va creciendo, madurando y, por qué no, envejecerá. Es sensato, tanto como para sugerir que lo que sí cabe aplicarse a cada caso, al menos entre los lectores que se harán con este libro, es el tipo de pensamiento, el carácter, el temperamento, pero no lo concreto. Por ejemplo, lo más repetido es que el compite para entrenar y no entrena para competir. Esa fórmula estaría bien aplicarla en cualquier faceta de la vida. En una época en la que a los profesionales de la educación les obligan a programar por competencias, lo ideal sería que pudieran dedicarse a entrenar: las pasiones, las emociones, la inteligencia, la autoestima, la solidaridad, la amistad y todas esas ideas tan hermosas que se han creado, en lugar de destrozar poniendo a los alumnos, y a los hijos, a cultivar herramientas para competir en matemáticas, filología y demás materias que no hacen a nadie feliz.
Para Kilian, la montaña es el terreno ideal donde hallar las buenas cosas y las buenas personas. La montaña es la metáfora del aire libre, de lo auténtico, de lo no contaminado. Una y otra vez se cuestiona por qué no se integra en la sociedad y si su ruta vital no está equivocada. Se pregunta si merece la pena la vida que ha elegido, aun conociendo la respuesta: la sensación de felicidad delata que de haberse acomodado, la ética sobre la que se asienta sería distinta, sería, con toda probabilidad, peor, en el sentido en que existen peores personas.
Es ese sentido ético el que propugna, sobre todo con las proyecciones sobre sus compañeros de viaje, teniendo al viaje como metáfora de la vida. Se sabe afortunado por poder tener esta metáfora. Otros tienen a la lucha, y sufren más de lo que cualquiera debería sufrir. De ahí las continuas advertencias sobre ciertas hazañas que, dicho sea de paso, no se deberían imitar alegremente. Lo que sí se puede perseguir son las sensaciones que nos va transmitiendo, sobre las pisadas en el campo, sobre la respiración, sobre la fatiga, sobre el tiempo, sobre el aire en la piel, sobre los sonidos. Se trata de una forma extraña de hedonismo, extraña, decimos, pero natural. En el siglo XXI se ha impuesto una única forma de hedonismo, la de agarrar un buen vino y una cena exquisita y pensar que ese es el mejor placer, cuando no es otra cosa que el más cómodo. Kilian le da la vuelta al calcetín, que ya va oliendo mal, para airearlo en los Alpes, en Nepal, en Noruega y en cientos de carreras en las que ha participado sin dejar de sonreír. Es un tipo hiperquinético, incapaz de estarse quieto, y agradecemos su presencia. De hecho, nos permite vivir donde él vive a través de sus experiencias, que comparte con una suerte de amor universal. Un amor que se va fraguando en una educación sentimental, de la que este libro es testimonio.

jueves, 1 de febrero de 2018

LA FRONTERA INVISIBLE

La frontera invisible
Killian Jornet
Traducción de Joan Lluís Quilis Sarsanedas
Now books
Badalona, 2013
210 páginas



¿En qué consiste eso que llamamos civilización?
Tal vez sea una sustancia gaseosa en la que viven seres que besan sin quitarse los colmillos. O un aire al que se escapan átomos de hormigón que se incorporan a la materia que respiramos. O una disciplina en la que se impone el registro que identifica a la comodidad con el relleno de plumas de los cojines. Una civilización es, para gente como Kilian Jornet, algo que se define por su propia reacción: el sitio que te provoca el deseo de huir o, para ser menos trágicos, el deseo de salir a buscar. ¿A buscar qué? Esa es la pregunta que viene haciéndose Kilian Jornet y que seguirá haciéndose tras escribir La frontera invisible. La respuesta sencilla, la que dicta que se parte para intentar hacerse con aquello que no se tiene y que se pretende integrar, no es suficiente si se recurre al planeta de las palabras. En ocasiones, el lenguaje es un escollo en la educación sentimental.
De Kilian Jornet conocíamos su alma de atleta, sus récords en los Alpes, sus victorias en las grandes carreras de fondo sobre el terreno áspero de las montañas, o sobre la nieve que invita al patinaje. Si uno lee su anterior obra, Correr o morir, puede hacerse a la idea de frente a qué persona nos vamos a encontrar: un hombre que en cincuenta y cinco kilos de peso y treinta y dos pulsaciones en reposo, sería lo más parecido a los superhéroes mutantes del cine, de no ser por la existencia del alpinista suizo Ueli Steck. Uno de esos ídolos a los que siempre imaginamos colgándose medallas, y que ahora se pregunta si se puede ser un hombre sin corona de laurel. Porque La frontera invisible es un estudio sobre la soledad y el silencio, a la vez que nos muestra un viaje al fin del mundo. Hay mucho de espíritu juvenil en el planteamiento de una obra que confiesa nacer de lo vivido, pero no pertenecer al mundo autobiográfico. Kilian, protagonista y narrador, se embarca en un viaje a unas montañas de Nepal por las que nadie jamás ha pisado. Le acompaña un viejo amigo irlandés y un veteranísimo alpinista soviético, que acaba de conocer. Se trata, en realidad, de culminar un proyecto muy especial, pero tratando de que no se entere nadie. Ha dejado atrás su otro amor, una mujer, pero le resulta inevitable volver la cara hacia la aventura, que en su caso se identifica con la independencia y con el riesgo, para darse cuenta de que vivir es hacerse preguntas y no encontrar respuestas. La vida al filo nos enseña que la seguridad es una ilusión mental, una trampa, para mantenernos atados a situaciones como las que se gestan dentro de eso que llamamos civilización. Los grandes dioses de la banca no sienten más seguridad que el bohemio pobre que vende pulseras en las esquinas.
A este joven que sale en dirección a las cumbres y al afán por darse de bruces con el vértigo, le sobra sinceridad y le falta, como él viene a reconocer, la necesaria aceptación para vivir sereno. Constantemente, tanto en los diálogos que crea como en las descripciones que refleja, hay un trasfondo de lugares comunes inconfundibles, con los que dejar bien claro cuáles son las condiciones que él exige para sentirse vivo: volar, silencio, el mundo rural, la naturaleza, el respeto, la paz interior, los sueños, la lucha, el enamoramiento, el sufrimiento físico, el ahora, las fronteras, la montaña, la adrenalina…
“La montaña no es terreno para héroes”, dice uno de los amigos del protagonista. Ya no se trata de ser un ídolo. Ya no hay ambición, el deseo de ser alguien, el deseo de ser diferente, es decir, de creerse mejor. Y “al no ser nada, solo soy yo”, expresa el narrador, expresa Kilian.

Que nadie se confunda. La frontera invisible no es una gran obra de la literatura. Ni lo pretende. A Kilian Jornet no se le pasaría por la cabeza la aventura de emular a Balzac. Él ya está trazando su ruta, y los demás seguiremos estando allí para admirar cómo va creciendo.

Fuente: La línea del horizonte

lunes, 4 de diciembre de 2017

SUMMITS OF MY LIFE

Summits of my Life

Kilian Jornet

Now Books
Barcelona, 2017
208 páginas

Un libro sobre la alegría de vivir. Un libro emocionante, en realidad, es una emoción trasladada al papel. Porque nadie contagia tanto en deseo de vivir, los valores de estar vivo, las ganas de sentir, de emocionarse, de enamorarse de saber que el aire libre es uno de tus mejores amigos, de tener compañero de cuerda, que es el cordón umbilical que nos ata con lazos de amistad.
Este libro es un regalo lleno de sorpresas. El proyecto completo de las grandes cimas mundiales corriendo, con sus gráficos explicativos y unas fotografías espectaculares. Como espectacular es el proyecto de disfrutar del mundo de Kilian. Pero todos tenemos que aprender a ser nuestro Kilian. Todos tenemos un Kilian dentro que se puede expresar en el grado de emoción. Carecemos de su talento, de su genética, pero no carecemos de alegría y el planeta está aquí, para todos.
Tal vez no hayamos podido saborear con él esta maravilla de la naturaleza y del deporte, de la aventura de vivir. Pero sí podemos vivirlo a través de él. Este libro es un regalo imprescindible de cara a las próximas fechas y de cara a seguir viviendo. Gracias, Kilian.
Antes de los veinticinco años, Kilian Jornet había ganado todas las carreras de montaña que se había propuesto y ya era una leyenda, alguien admirado en todo el mundo. Con el éxito, sin embargo, llega un período de reflexión, y de las brumas de los recuerdos y la búsqueda de nuevas ilusiones resurge con fuerza una imagen: el póster que presidía su habitación de adolescencia, la silueta de antiguo anhelo: la montaña Cervino.
El proyecto Summits of My Life empieza a tomar forma, y al Cervino se suman cimas que por su leyenda o su belleza hacen que las pulsaciones de Jornet aumenten: Mont Blanc, Elbrús, Denali, Aconcagua, Everest… Pero se necesitaba un porqué, una alma, un hilo conductor que dotara al conjunto de sentido. Y este motor no podía ser otro que unos principios y unos valores basados en la amistad y el respeto por la naturaleza que reunieron Seb Montaz, Emelie Forsberg, Jordi Tosas, Vivian Bruchez, Mathéo Jacquemoud y el desaparecido Stéphane Brosse bajo una misma bandera: el amor hacia la montaña.
Este libro habla de récords increíbles, de cimas legendarias alcanzadas y alguna que se resistió, pero también habla de vidas que la montaña se lleva, como la de Stéphane Brosse, o la de miles de personas que el terremoto del 2015 sepultó en el Nepal.

Kilian Jornet

Kilian Jornet nació en 1987. Pasó los primeros años de su vida en el refugio de Cap del Rec y, desde pequeño, la alta montaña se convirtió en su terreno de juego. A los cinco años culminó la ascensión al Aneto y los Posets, y a los diez años ya había completado la travesía integral de los Pirineos. Es cuatro veces campeón mundial de skyrunning, tricampeón de la UTMB (Ultra-Trail del Mont Blanc, 2008, 2009 y 2011) y campeón del mundo de esquí de montaña. Su palmarés es un récord para cualquier deportista de cualquier modalidad.
Kilian Jornet ya ha superado a sus ídolos de infancia, ha conseguido todos los retos que se ha propuesto y ha establecido récords hasta ahora inimaginables. Kilian Jornet es alguien que ya ha hecho realidad sus sueños, pero que quiere continuar soñando.