Campo
visual
Jorge
Consiglio
Eterna
Cadencia
Buenos
Aires, 2026
118
páginas
Empieza
a resultar un problema confiar el magnetismo de un cuento a la potencia de la
bomba que suelta el escritor. De hecho, se corre el riesgo de llegar a ser
aburrido cuando este es el recurso. Es posible que al lector le enganche mucho
más, si uno tiene el pulso narrativo acertado, algo tan sencillo como que un
teléfono no suena. Cuando un escritor confía en la realidad como fuente de sus
relatos, debe saber tratar con todos sus ángulos, encontrarlos, girarlos,
buscar la magia de lo cotidiano, rascar en esa magia y deducir que sí, que
sigue siendo lo cotidiano y que por esa misma razón nos importa. Eso es lo que
explora, con acierto, Jorge Consiglio (Buenos Aires, 1962) en esta recopilación
de nueve relatos, Campo visual. Nos va a encarar con lo que ocurre, y lo
hará de manera directa, pero con una lejanía que nos llevará a preguntarnos que
si esto que nos cuenta podría ser lo que le sucede a mi vecino, ¿por qué lo
sentimos lejos?, por qué lo identificamos como literatura, como narración, como
ficción.
Hay
que tener en cuenta que la ficción sirve para ampliar los límites de la
realidad, que se trata de involucrarse en ella sorprendiéndonos por todas las
cosas que podrían suceder, no por lo que está sucediendo. De ahí lo inquietante
que supone leer algo que nos sorprende pero que bebe de las fuentes de lo real.
Una de ellas, en la que Consiglio parece convertirse en un especialista, es la
membrana que separa la cordura de la demencia. Si esto puede ocurrir, entonces ¿qué
será lo que impida que ocurra?: porque no sé si está bien que tenga lugar,
pensará el lector. Y es que Consiglio no deja de sorprendernos párrafo a
párrafo. Un relato puede comenzar indicándonos un suceso que daría pie a una
acción y a sus consecuencias, pero el cuento cambia constantemente, los
primeros indicios desaparecen y de repente nos enfrentamos a otro ángulo de la
realidad que vive el protagonista, a lo que podríamos calificar como diversos
mundos dentro del mundo minúsculo de cada personaje. No hace falta que
transcurra mucho tiempo para que cambien mucho nuestros asuntos.
Para
conseguir este efecto el autor se vale de un estilo aparentemente sencillo, y
utilizamos el adverbio aparentemente porque sabemos que cuando uno trabaja
mucho lo hace para hacer las cosas más sencillas. La redacción es impecable,
funcional, con frases cortas que nos llevan a galope atravesando las líneas sin
complicaciones. Todo esto está en función de algo tan significativo como es la
mirada, una mirada a la que le importa lo que selecciona, los detalles. Lo que
no terminará de aportar gran cosa, aunque nos ayude a definir el ambiente o la
psicología de tal o cual personaje, sobra. Vamos a lo que estamos tratando, a
los perfiles a que no cesan de actuar a su pesar, porque desearían estar más
tranquilos. Este fondo, el hecho de que a nosotros también nos apetece estar en
calma, conseguirá que nos entendamos mejor con los personajes. Pero, como hemos
dicho más arriba, la ficción sirve para ampliar la realidad, y así conocemos el
malestar sin necesidad de padecerlo. A partir de aquí deberíamos confiar no
tanto en el talento del escritor, que en este caso es un tipo muy solvente,
sino en el talento del lector. Campo visual lo pondrá a prueba, y esto,
que no deja de ser un reto, es algo que siempre se agradece cuando uno agarra
un libro y lo abre sin saber lo que se va a encontrar, pero desea encontrarse
con algo vivo.
Fuente: Zenda
