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domingo, 25 de marzo de 2018

UN LUGAR PAGANO


Un lugar pagano
Edna O’Brien
Traducción de Regina López Muñoz
Errata Naturae
Madrid, 2017
250 páginas

Que exista algo parecido a un género llamado novela autobiográfica es de un rigor dudoso. Adjetivo y sustantivo son casi un oxímoron. Al lector le quedan demasiadas dudas en la cabeza si trata de encajar lo leído en el género. Como novela, no cabe discusión, esta obra contiene mucha, muchísima vida, lo cual le da valor suficiente. No precisa de otro encaje. Respecto a qué parte del contenido es autobiográfico, eso carece de importancia. Es evidente que el relato se sostiene sobre lo vivido. Lo vivido, en este caso, por Edna O’Brien. Aunque bien pudiera haber tomado prestada la memoria de otra persona para construir su obra. Para que fuera autobiográfica, los detalles se deberían corresponder con los de la vida de O’Brien. Algo que desconocemos, pero que ni añade ni quita valor. Aquí lo que se impone es el doloroso retrato de un pasado, escrito con una memoria que ha consagrado hasta el mayor pecado padecido. Como si la narradora, que habla de sí misma en segunda persona, se hubiera reconciliado no con su vida, pero sí con lo que es ahora. Y esto que nos relata fuera un auto de fe sobre cómo se construyó su personalidad. Hay algo terapéutico y hay algo cauterizante. Nada de ello se muestra con desmesura.
La primera parte de la obra narra una infancia rural, en la que la niña todavía no está en edad de cuestionar nada. Quedan en el aire lo vínculos y las consecuencias de los vínculos entre las personas, incluso el grado de alcoholismo del padre. Pero se trata de una niña a la que no se le escapa nada, alguien que va haciendo de todo memoria y la narradora, ya adulta, tiene a la memoria como algo tan bondadoso como triste. La intuición de la locura, de la falta de serenidad familiar, del mundo rural como un cautiverio, de hombre malhumorados y mujeres sumisas, el pudor, el exceso de pudor de una sociedad aislada, católica, machista en la que apenas asoma el sol, todo ello configura la infancia, en la que una hermana mayor no es suficiente consuelo.
Con el paso a la pubertad, la adolescencia y lo que viene después de la adolescencia, el aislamiento toma forma clara y el cerco, la distancia respecto al resto del mundo, es una maldición. El cosmos es la aldea. Pero surgen cambios de emociones, de interés y se asoma al mundo adulto ya con las preguntas a flor de sentimiento. Las leyendas, las tradiciones se cuestionan. Su hermana mayor huye a la gran ciudad y gracias a ello, gracias a que junto a su madre se acerca a visitarla, la protagonista conoce antes de vivir. La situación en la familia se había vuelto insostenible: un embarazo, un aborto, mil mentiras, la violencia física del padre. Todo es demasiado agresivo para la protagonista que, a pesar de ello, a pesar de narrar desde el dolor, no responde con la misma alevosía. El choque que en una chica de campo produce el tratar de interpretar la ciudad desde las leyendas rurales, marca la narración: saca a la luz los prejuicios con que se crio y los trata con cierto aprecio y cierto desdén.
Más adelante, entrada en la juventud, conocerá de primera mano la enfermedad y deseará morir antes que recibir el trato que dicta el tirano de su padre para una niña enferma. Recibirá una paliza de su padre a cuenta de una seducción, y hallará el mutismo de su madre, siempre sumisa, cuando pide ayuda. Se dará cuenta de quién es cada uno en ese hogar y en ese cosmos que se le va quedando estrecho. En el mismo día ha conocido el amor pasional y el desuello y su único refugio posible está en el campo que le rodea por todas partes, el mismo que aísla su hogar, el único sitio a su alcance y fuera del malestar de una familia de la que tendrá que despedirse. Debemos advertirlo: la despedida que relata nos araña el corazón. Pero no es esa la sensación que queda tras la lectura del libro. O’Brien es amable y sincera. Pero por encima de cualquier cosa es vital. Tal vez por eso se cataloga Un lugar pagano como una novela autobiográfica. Un error, porque en realidad es un trozo de vida. Y eso es mucho.