viernes, 2 de febrero de 2018

LA MONTAÑA DENTRO

La montaña dentro
Hervé Barmasse
Traducción de Rosa Fernández-Arroyo
Desnivel
223 páginas

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Que la vida es un cuento contado por un idiota lleno de ruido y furia, o algo por el estilo, queda muy bien sobre los escenarios del teatro donde, sobra decirlo, lo que se hace es una representación de la realidad, no mostrar la vida. Para mostrar la vida hay que saber dar fe de la propia y mostrar compasión al menos por la de quienes te rodean. La vida es una tragedia si uno elige la tragedia como emoción primaria. Y es muy frecuente tropezarse con gente que desea sentir esa emoción para sentirse vivo, desea el drama, el enfado, la desdicha, la autocompasión, la miseria moral, el alma gris y la cruz de las cejas marcada con un surco muy profundo, trazado por su costumbre de hacer teatro para llamar la atención, para ser el centro del universo. Hay mucha gente, demasiada, que ante las tragedias lo que les preocupa no es resolver, acompañar, las caricias, que son la marca de amor en cuerpo ajeno. Creen que lo que importa es su angustia.
La reflexión viene a cuento de la lectura de este libro autobiográfico de Hervé Barmasse (Aosta, 1977), uno de los grandes y modestos alpinistas italianos del momento. La reflexión viene al caso porque, frente a esos episodios que tantos de estos aficionados o profesionales de la aventura nos han narrado, algunos con más acierto que otros, uno se plantea qué es lo que Barmasse aporta. Y lo que aporta es una sensación de humanidad que no habíamos disfrutado en libros anteriores. Ahí están sus inicios en la montaña, sus primeras competiciones de esquí, la resiliencia para superar las graves lesiones, la búsqueda de una forma de vida que entone la misma canción que su música interior y que termina hallando en el alpinismo. Y luego sus conquistas, siempre relatadas con modestia, sin alardes, dando la impresión de que es más lo que oculta de la hazaña que lo que nos muestra.
Pues Barmasse, durante esos episodios, se centra en la sensación que la actividad le fatiga en los pulmones antes que en la definición de los grados de dificultad. Casi con seguridad por culpa del Cervino, la montaña perfecta para tantos alpinistas. Porque un día, como él comenta, el Cervino, una cumbre bajo la que maduró, le creció dentro. El Cervino será, a partir de entonces, símbolo de todas las cosas que ama. Y aquí es donde entra el debate más enquistado respecto a quienes consagran su vida a este tipo de actividad, que es todo lo que tiene que ver con el egoísmo. Los apuntes sobre el tema que entona Barmasse son cortos y están repartidos a lo largo del texto. Pero muestran a una persona que cada vez que sale a la montaña piensa en sus seres queridos, es capaz de reflexionar sobre su ansiedad al tiempo que lo hace sobre la necesidad de seguir soñando. Dos sentimientos a los que riega con fertilizante natural a diario.

Barmasse no es un visionario del alpinismo, pero sí un ácrata. Aprende a conocer la soledad y tiene la suerte de poder elegirla. ¿Otro detalle de egoísmo? No. Barmasse sabe cerrar ese debate con una contundencia de la que él mismo probablemente no sea consciente: “La hipocresía, la presunción, la falta de honestidad y la falsedad son cosas mucho más peligrosas que el alpinismo extremo”. ¿Alguien es capaz de rebatir esa afirmación? La hipocresía, la presunción, la falta de honestidad y la falsedad son parte de la obra de teatro que tanto idiota lleno de ruido y furia suelta en la vida cotidiana. “Todos deberían vivir la montaña a su propio nivel, aprendiendo a desarrollar el arte de la renuncia”. Por primera vez, tras leer cientos de libros de escaladores y alpinistas, alguien osa mencionar la renuncia como parte de la humanidad que uno debe aprender en la montaña. Y además la define como un arte. Porque es parte de vivir, y vivir es un arte, o lo que uno hace, entonces, no es vida. Sí, Barmasse habla de la decepción sin disimulo y también de la amistad. Son párrafos pequeños, pero son en los que el lector se detendrá para coger aliento. Son párrafos que hablan de la dificultad de ser uno mismo en este teatro lleno de ruido y furia en el que nos obligan a existir. Donde uno debe mostrar el verdadero coraje comportándose como un hombre, aunque sea el mejor alpinista del momento. La afirmación también es de Barmasse.

Fuente: Culturamas

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