Mostrando entradas con la etiqueta Toni Montesinos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Toni Montesinos. Mostrar todas las entradas

jueves, 4 de mayo de 2017

“El triunfo de los principios”

El triunfo de los principios. Cómo vivir con Thoreau

Toni Montesinos Gilbert

Editorial: Editorial Ariel
Cómo vivir. Cómo sacarle el mayor partido a la vida. Cómo libar la miel de la flor del mundo. Ese es mi trabajo diario.
Se asocia frecuentemente a Henry David Thoreau tanto con la desobediencia civil, en un contexto de lucha contra la esclavitud y la guerra en unos Estados Unidos que se estaban formando, como con la atracción que sintió por la vida de los indios. Pero lo cierto es que este observador de la naturaleza y el comportamiento humano abordó en su día todo lo que hoy es importante para nosotros. En Walden, pero también en el resto de sus libros, diarios y cartas, habló desde una perspectiva autobiográfica de la amistad, el amor, la economía, la educación, la política, la religión, la hipocresía social… Siempre asentándose en ideas firmes y practicando la austeridad, confiando en los sentidos y la intuición, con la voluntad de hacer de su presente algo que le trascendiera.
El triunfo de los principios es una biografía de Thoreau y a la vez un recorrido por sus reflexiones y experiencias, un cuestionamiento de nuestra vida actual desde la ocurrida a mediados del siglo xix en un pequeño pueblo de Massachusetts, Concord, donde también residieron Emerson, Hawthorne y L. M. Alcott. La inteligencia y belleza de sus escritos, en los que destaca el tono irónico o contundente sobre sus conciudadanos, su fe en la autoconfianza, en la bondad como la mejor inversión, en la eliminación de las necesidades autoimpuestas, nos sugerirán comprender, por decirlo con sus palabras, la esencia de la vida, y hacer del carpe diem, la sinceridad y la sencillez un faro de comportamiento y pensamiento cotidiano.
Misantropía y soledad
El narrador estadounidense William Saroyan, en su novela sentimental y antibelicista Las aventuras de Wesley Jackson (1946), dijo algo sobre la soledad, la lectura y la vida que ahora nos atañería especialmente: «El hombre es una criatura solitaria. Está solo pese a toda la compañía que tiene en el mundo. Está tan solo que a veces se aparta de la compañía del mundo y busca la de los muertos: lee los libros que escribieron hombres que vivieron hace mucho tiempo. O bien busca la compañía del campo y del cielo y de sus criaturas, siguiendo el ejemplo de Thoreau».1 El recuerdo que tenemos de Thoreau si no hubiera tenido la determinación de pasarse más de dos años en una casa en los bosques sería bastante diferente. Sí, seguiríamos viéndolo como un hombre que paseaba a solas y se alejaba del bullicio de las gentes y las ciudades, al que le encantaban las excursiones de varios días de duración y dormir al raso, sublimando la parte animal y vegetal por encima de la humana, pero la experiencia y la escritura de Walden —los hechos y las palabras que decía Alcoriza— marcan su trayectoria y convierten aquella decisión en un hito personal, incomparable, único. Es la apuesta total por el alejamiento y la soledad persistentes, aunque tuviera contacto frecuente con los habitantes de Concord y su familia estuviera a dos kilómetros de distancia. Thoreau no es un Robinsón gratuitamente desdeñoso sin ni siquiera un Viernes que le pueda hacer compañía, pues en su casita recibirá gustoso visitas de amigos o gentes que van de 46 paso; es un solitario que disfruta de ser y de ser solitario, y que se aparta voluntariamente para colocarse de cara con lo que la vida tiene que decirle o enseñarle sin filtros, sin obstáculos o condiciones regidas por decisiones sociales. No está en una isla. Se diría que él mismo es una isla, impenetrable para los demás, o la cima inaccesible de un monte al que nunca se podrá llegar del todo por culpa de una niebla de fría severidad. Tampoco es el tipo de misántropo que popularizó Moliè- re en su obra teatral de 1666, con su protagonista Alcestes hipocondríaco y enamorado de una mujer coqueta, veleidosa y frívola que al final, con su desdén y burla, lo lleva a reflexiones de corte misógino después de que hayamos ido conociendo sus altas miras morales y el desprecio que siente por la sociedad circundante. La misantropía de Thoreau es más sutil y compleja; por supuesto, fiel a su metódica individualidad, no depende de nadie salvo de sí mismo; no busca el consuelo del amor romántico como excusa en la que apoyarse dentro de un sistema en el que no encaja con vistas a albergar esperanzas; no se limita a denunciar lo que le repele sino a proyectar remedios personales que, sumados uno a uno, se harían globales y mejorarían el mundo al final del año poco a poco.
Toni Montesinos (Barcelona, 1972) es escritor y crítico literario. Ha publicado más de veinte libros de diversos géneros: poesía, novela, ensayo y crónicas viajeras, además de editar o prologar obras de una docena de clásicos españoles, latinoamericanos y estadounidenses.

martes, 2 de mayo de 2017

LOS TRES DIOSES CHINOS

Fuente: Culturamas


Los tres dioses chinos
Toni Montesinos
Fórcola
Madrid, 2015
166 páginas
Por Ricardo Martínez Llorca
La mala prensa entre la población viajera se ceba, por encima de todo, en los viajes organizados. Cualquiera que haya pasado dos meses recorriendo Tailandia con una mochila de dos kilos que contenía una caja de aspirinas y un bañador, las chanclas y el cepillo de dientes, se denominará a sí mismo como viajero, o como mochilero si no ha superado los treinta años. A su juicio, esas parejas que emprenden lunas de miel en circuitos organizados se están perdiendo la esencia del viaje. Un recorrido programado desde una agencia es, a sus ojos, una cuarentena. Para conocer la India uno debe haber comido pescado podrido y saturado de especias en un mercado a las afueras de Nueva Delhi, y no limitarse a bajar de un autobús con aire acondicionado para fotografiarse delante del Taj Mahal. Los mochileros, los viajeros que abandonan su país con nada más que el billete de avión y la guía Lonely Planet bajo el brazo, creen que esos otros turistas no están cumpliendo sus verdaderos sueños. Que no se atreven a otra cosa que no sea traicionar los auténticos ideales.
Sin embargo, cualquier forma de viaje, cualquier recorrido atravesando geografías antes desconocidas, no deja de ser una forma más o menos sofisticada de turismo. Como indica Toni Montesinos, que en este libro en que relata su paso por Nueva York, Pekín, Xian, Shangai y Hong Kong en un circuito organizado, el formato no implica que las sensaciones sean más o menos laberínticas o despejadas. O, para igualar cualquier versión del viaje, cita a Schopenhauer: “La vida nómada, que caracteriza al grado más bajo de civilización, vuelve a aflorar en el más alto merced al fenómeno del turismo, que hoy todo el mundo practica. La primera nació espoleada por la necesidad; el segundo, por el tedio”.
Pero, necesariamente, esta elección lleva a Montesinos a un viaje en el que el protagonista es el “yo” que recorre los lugares. No hay apenas encuentros, no hay diálogos, no hay personas. Hay paisaje. Hay hedonismo, que se compensa con la sabiduría de Montaigne o de Thoreau, siempre presente en el pensamiento de Montesinos. Esa combinación es lo que le da su forma de ver, una estética que define cómo ha aprendido a vivir. Para llevarnos de la mano, relata en presente y a un ritmo veloz, con una prosa desatascada. Acumula datos, referencias, registros, sin pausa. Así se obsesiona por dar forma a una voz, porque es la que define lo que ve, que en buena medida son lugares comunes a cualquier turista, pero tamizados por una pequeña dosis de anhelo por ser crepuscular, y por mostrar admiración. Montesinos es consciente de que está visitando la máscara del país. Como ejemplo más claro de ello, se refiere a la transformación del budismo en atracción para los turistas. Así pues, no le queda más remedio que buscar los detalles que hablen del corazón del país: el respeto, la delicadeza. El libro se convierte, así, en un contraste entre la desolación y la ilusión. Una ilusión que implica incrustar digresiones subjetivas, divagar, ensoñar, reflexionar.
Toni Montesinos viaja a China sabiendo con certeza la fecha de regreso. Con demasiada certeza. De ahí esa necesidad de pasarlo bien por la conciencia de lo efímero. Y al igual que cualquier otro turista, en estos tiempos, ve más los paisajes a través del vidrio de la cámara de fotos o de la pantalla del Smartphone, Montesinos siente la compulsión de escribir con inmediatez aquí y allá; para él es fundamental esa sensación de objetividad que da el ser espontáneo. Gracias a lo cual, el lector puede relajarse con la frescura con que está escrito este libro.

martes, 25 de abril de 2017

Elogio a 'Después de la nieve'


En este enlace podéis descargar casi todas las reseñas que aparecieron sobre DESPUÉS DE LA NIEVE. Muy orgullosos de que gustara tanto.


El narrador, un periodista que ha trabajado elaborando perfiles de hombres entregados a la aventura, se enfrenta a un reto hasta el momento desconocido para él. En esta ocasión la casualidad hace que se tropiece en la ciudad con Carlos Marín, un escalador de solo integral que nunca llegó a ser una leyenda, pero que figura entre los más respetados, y que lleva bastante tiempo desaparecido de los circuitos de montaña. Por razones desconocidas, Carlos ha decidido convertirse en una persona sin hogar, alguien que duerme en los descampados y los solares y se alimenta de barritas energéticas. Y es en las calles donde conoce a Burkina, el inmigrante, y al Muchacho. Diferentes motivos les han empujado a esa vida maltrecha. Y también se intuye la necesidad de Carlos de pasar por una fase de algo que uno llamaría expiación. Por algún motivo descabellado, que el narrador se propone descubrir, la vida le ha llevado al centro y la periferia de una ciudad neurótica y oscura, lejos de los paisajes en los que se siente vivo, lejos de su pasión. Poco a poco, el narrador va descubriendo la vida del personaje: su infancia vinculada a un primogénito tirano; su juventud, vivida con el claro objetivo de lanzarse a la aventura al aire libre; sus primeros escarceos en la montaña; su matrimonio; sus encuentros con John Bachar, Alex Honnold, Alex Huber, Alain Robert, Catherine Destivelle, los hermanos Pou, etc.


Escrita con una estructura entre la crónica periodística y la redacción de perfiles, Después de la nieve es una novela en la que el lenguaje se permite licencias literarias para dar más color a la trama, a las descripciones, a los sentimientos de los personajes. Al tiempo que el narrador desvela el pasado y el presente del protagonista, se incrementa la intriga por las razones de su decisión. Como en los clásicos de la literatura, la obra no se sostiene sobre ningún tipo de trama, sino sobre el conflicto.