lunes, 14 de septiembre de 2026

SIETE CONSEJOS PARA ESCRITORES

 

Siete consejos para escritores

Javier Argüello

Folch & Folch

Barcelona, 2026

109 páginas

 



Tras veintitantos años de siglo XXI, cabe hacer una selección de los mejores narradores del siglo pasado. Allí pueden estar Faulkner, Borges y un puñado de ellos más, a discreción y según criterios bastante personales. Todo cabe. Pero también podríamos intentar elaborar la lista de los narradores más importantes: Kafka. A lo mejor la enumeración se cerraría ahí. Porque Kafka cambió la forma de entender la literatura y las posibilidades del relato sin intentar ninguna modificación. Kafka no buscó estructuras llenas de rizomas, intertextos sesudos, variaciones musicales con las palabras, juegos gramaticales ni redacciones con interminables subordinadas. Lo que Kafka hizo fue limitarse a ser Kafka, inventar a Kafka.

En cierta medida ese es el espíritu, la reivindicación de este pequeño ensayo de Javier Argüello (Santiago de Chile, 1972). Siete consejos para escritores reúne párrafos cortos en los que se puede resumir toda una filosofía de la creación bastante sencilla: si tienes algo que decir, no encuentres excusas para no hacerlo. Pero si lo que vas a contar no mejora al silencio, es mejor estar tranquilo y seguir escuchando.

La obra no pretende ser un ensayo que diseccione, ni una elaboración argumental. Quien se acerque al libro no tendrá entre manos nada parecido, por ejemplo, a El arte de la ficción, de David Lodge. Lo que va a tener es algo muy a su alcance, algo que, nos atrevemos a decir, se aproximaría más a lo que sería una mirada estoica hacia el impulso creativo. A Argüello lo que le preocupa es la honestidad, la mirada interior, la conciencia temática, el pensamiento que estructura, reconocer la literatura como el medio idóneo para la transmisión de lo que nos embriaga, el relato puro, la empatía con la creación y la humildad. En buena medida, coloca la creación literaria al alcance de todos. Es sencillo, es optimista, es el ensayo de un amigo, no de un erudito.

Por otra parte, Folch & Folch inaugura una colección de breves ensayos, Siete consejos, con una edición muy cuidada, de coleccionista, con ilustraciones de Federico Stempler que nos remiten a collages también sencillos, pero sorprendentes. Incluso cuando uno pretende simplificar las cosas, la imaginación es nuestra aliada. Tal vez, de hecho, sea esa la mejor forma de aplicar la imaginación a todos los aspectos de la vida.

FILM HABLADO

 

Film hablado

Irène Némirovsky

Traducción de Daniel Soriano Rebollo

Nórdica

Madrid, 2026

101 páginas

 



Entre el Génesis y el Apocalipsis, caben todos los puntos que al final se pueden resumir en uno: el alma es un paréntesis entre dos nadas, y nada proviene del latín nulla res nata, que significa algo así como ninguna cosa nacida. En ese paréntesis se encuentra la vida de todos y cada uno, pero la vida que cabe destacar, como expone la historia de la narración, es la de la derrota. Ahí está el mismísimo Evangelio, por seguir con la comparación bíblica: la victoria sucederá en otro mundo, en otra existencia, porque te prometen que habrá algo diferente al nulla res nata. Todo esto podría ser creación divina o un intento de comprender algo más divino de lo que jamás llegaremos a alcanzar. Pero los que crearon la narración crearon también el otro tema, el asunto que complemente a la perfección a la derrota y que es sobre el que versa buena parte de nuestra historia relatada: la dignidad. Derrota y dignidad, qué otra cosa, subyace en El Quijote, Lord Jim o Mientras agonizo.

Sobre lo que más merece la pena construir un relato se cimenta buena parte de la obra de Irène Némirovsky (Kiev, 1903 – Auschwitz, 1942). También este Film hablado, que nos cuenta un caso que bien podría estar sucediendo en este momento, a nuestro alrededor. Una joven regresa a casa de su madre para intentar recuperar una vida digna, y encuentra un posible amor verdadero. A partir de ahí, se produce la lucha por salir adelante, por tener que venderse por platos de lentejas, por tragar orgullo. Todo ello contado como si estuviera sucediendo, sin alardes, como si se tratara del último paso de una escaleta para un guion cinematográfico. Los personajes son sencillos y sus motivaciones comprensibles. Eso consigue tanto el efecto de crear una lectura fácil como el de que nos importe su suerte. Si el gran asunto de las obras narrativas es la relación entre derrota y dignidad, Némirovsky no entrega una pequeña muestra para que certifiquemos esta afirmación. Film hablado es una novela tan breve como intensa, por toda la humanidad que contiene. Qué otra cosa es más importante.

viernes, 11 de septiembre de 2026

LO QUE PODEMOS SABER

 

Lo que podemos saber

Ian McEwan

Traducción de Eduardo Iriarte

Anagrama

Barcelona, 2026

378 páginas

 



Lo mejor del futuro es que nos lo podemos inventar y nadie nos va a achacar nada porque no se produzca lo que vaticinamos. En 1984 no existió un ojo de Gran Hermano, aunque más tarde iría llegando el reguero de cámaras que sirven a la policía para seguir a los delincuentes en caso de delito, y los teléfonos móviles propagándose por el mundo para grabar incidentes y fotografiarse frente al Taj Mahal. En 2001 no se descubrió un prisma negro en la luna que llevaría a un astronauta a convertirse en un dios tras tocar a su gemelo a un montón de años luz de la Tierra. Y va a ser complicado que en el año 2119 la geografía de Europa se corresponda a estas islas que Ian McEwan (Aldershot, 1948) expone en su última novela, esta Lo que podemos saber, que es un artefacto intrigante y seductor.

En algún momento ha sucedido la gran inundación que ha elevado el nivel del agua de los océanos, y millones de personas han fallecido. Pero la vida parece haberse estabilizado de tal manera que a un profesor universitario le está permitido entretenerse en una investigación acerca de unos poemas escritos cien años atrás. Esto convierte a McEwan en un autor que está ideando a otro autor en el futuro, para hablar, eso sí, sobre nuestro tiempo, sobre el presente. Es como si estuviera diciendo que sus ideas, su imaginación, que son las ideas del narrador, serán certezas. Esa convicción nos lleva a emprender una lectura en la que esta distopía se expone con la contundencia del realismo. El contraste entre distopía y realismo, que el autor consigue que parezca armonía, crea la atmósfera más adecuada para que nuestro intelectual, el narrador, navegue exponiendo cómo es el trozo de mundo en el que se mueve, la isla, las islas. En realidad, la novela es una reflexión sobre qué es lo que más importa, y la conclusión parece indicar que lo que sea que importe estará relacionado con la cordura y, posiblemente, con su contrario.

Al fin y al cabo, estamos en un mundo en el que todavía se imponen los traumas y estamos frente a unos personajes que no se empeñan en combatirlos, sino en llevar una vida normal. Hay una pareja, hay un trabajo, hay unos alumnos, hay poemas de por medio. Es cierto que los niveles de lectura nos llevan, también, a preguntas ecológicas, a contextos políticos y a las soluciones sociales. Todo eso está bien encajado y perfectamente disimulado en un artefacto narrativo que McEwan ejecuta con oficio y talento. Llega, incluso, a aparecer el alzhéimer y la cura del alzhéimer, pero como algo que ha tardado demasiado en aterrizar, en afectarnos.

«Nunca lo habríamos consignado en nuestras propuestas ni reconocido entre nosotros, pero era precisamente nuestra juventud lo que nos llevaba a interesarnos en el periodo. Qué brillante inventiva y qué codicia tan estúpida. Qué música, qué harte de mal gusto, qué correrías disparatadas y sentido del humor: gente que volaba tres mil kilómetros para unas vacaciones de una semana; edificios que alcanzaban las nubes; la asolación de selvas enteras a fin de fabricar papel para limpiarse el trasero. Pero también desentrañaron el genoma humano, inventaron internet, arrancaron con la IA y situaron un hermoso telescopio dorado a más de un millón de kilómetros en el espacio». Dígannos ustedes si esta exposición, esta intriga, no es motivo suficiente como para empujarse dentro de una obra escrita con el buen pulso a que McEwan nos tiene acostumbrados. Un libro estupendo para comenzar el curso.