jueves, 20 de septiembre de 2018

INFILTRADA

Infiltrada

D. B. JOHN

Traducción: Javier Guerrero Gimeno
Salamandra
Barelona, 2018
464 páginas

Tras un viaje al país más inexpugnable del mundo, el galés D.B. John firma el primer gran thriller ambientado en Corea del Norte con una agente de la CIA encubierta como protagonista y con una misión suicida.

La génesis:
D.B. John y su editor inglés se reunieron para tomar medidas extraordinarias de cara al lanzamiento de Infiltrada. Para entonces el sello Harvill Secker ya había reforzado la seguridad de su página web contra posibles ataques cibernéticos. Decidieron que no colocarían una foto de solapa y que limitarían la información biográfica. Ante la posibilidad de que los lectores tomaran por delirios ficcionales algunos de los elementos de la novela, incluirían una “Nota del autor”, donde, por ejemplo, se informara de que el programa de formación de espías de raza mixta mediante el secuestro y violación de mujeres extranjeras, o el contrabando de oro, marfil, dólares, productos farmacéuticos y drogas duras por parte de diplomáticos como único modo de financiar los costes de sus embajadas, se extraían de la realidad, por demenciales que se antojaran. “Al principio teníamos miedo y decidimos cubrirnos las espaldas. A fin de cuentas, el régimen norcoreano se sustenta en la paranoia. Luego hemos entendido que se enfrenta a problemas mucho más urgentes que buscarle las cosquillas a un escritor desconocido”, señala David John (lo de las iniciales D.B. no es recurso profiláctico, sólo un ardid para facilitar la localización de su nombre por internet) en su piso del barrio londinense de Islington.
El germen de la novela estuvo en una visita en el 2012 a la que califica de “tiranía perfecta que, por suerte, carece de los recursos económicos para ser un riesgo global”. Alojado en el decrépito hotel Ryanggang, en desuso desde su inauguración con motivo de la celebración del Festival Mundial de la Juventud Comunista de 1989 –fastos que llevaron al país a la ruina y que surgieron como respuesta celosa a los Juegos Olímpicos de Seúl del año anterior–, D.B. John asistió al orquestado ritual de ofrendas florales a los líderes de la patria y visitas a colegios y fábricas donde abundaban las sonrisas, teniendo que escuchar las consabidas proclamas propagandistas sobre cómo el vecino del sur había iniciado la guerra civil y, por descontado, las gestas del padre fundador de la patria, Kim Il Sung (Portador de la Luz), que iban desde la invención de la hamburguesa a la escritura de doscientos libros, pasando por haber completado 18 hoyos en uno la primera vez que pisó un campo de golf (la apostilla oficial, comenta el escritor, fue aún mejor: “Habiendo completado una actuación perfecta, el Presidente Eterno no ve motivos para seguir practicando este deporte”).
A su regreso a Londres, D.B. John empezó la labor de desintoxicación con una inmersión en profundidad en la historia del país y entrevistas con activistas por los derechos humanos y desertores en Seúl –incluyendo Hyeonseo Lee, con quien coescribió el bestseller La chica de los siete nombres (Península)–, amén de una estancia en Washington para familiarizarse con algunos de los protocolos de reclutamiento y formación de agentes de la CIA. Por el camino fue aprendiendo sobre materias que van del taekwondo a las neurotoxinas mortales pero lo que más le anonadó fue “comprobar la imposibilidad de todos los supervivientes de entrar en los episodios más crudos, el trauma produce una suerte de agujero o borrado. He tenido a un soldado de 27 años delante incapaz de explicar la ausencia de varios dedos de la mano”.
El valor:
D. B. John quiere que el lector sea consciente de la veracidad de su novela. Un glosario de términos norcoreanos y un epílogo en el que se explica cuáles son las fuentes con las que ha construido las diferentes partes de su relato cierran el libro. A D. B. John le preocupa que sus lectores crean que las atrocidades y desvaríos de los personajes son invenciones sin información. “No, aquí tenéis de donde he sacado todas esas extrañas historias”. Para ofrecer una visión de todas las capas sociales de Corea del norte utiliza a un personaje relacionado con las altas esferas, el coronel Cho, encargado de demostrar las técnicas y mecanismos del poder y a una ciudadana campesina, la parte más pobre del proletariado coreano, la señora Moon, que se mueve entre las clases más lumpen, jóvenes abandonados, drogadictos, vendedores ambulantes… Al personaje de Moon le concierne mostrar la opresión y la miseria del pueblo.
Los dos personajes son títeres de las voluntades caprichosas de los amos del régimen: La tesis de D. B. John es que no hay esperanza en Corea del Norte: pobres y prósperos, proletarios y familias influyentes, militares y campesinos, todos son vulnerables ante las veleidades de la familia de los dictadores: se ha construido un régimen en el que nadie sabe cómo comportarse, nada te garantiza que no te caerá encima la deshonra, la prisión o la muerte.
Estos son los dos anhelos del autor: veracidad y análisis completo de la vida social en Corea del norte. D. B. John ofrece un muy correcto ritmo narrativo hasta un inesperado y atrevido final y tres tramas que aumentan en interés y tensión hasta que acaban convergiendo: las vidas de Cho, Moon y las gemelas mestizas. Personajes principales y secundarios bien construidos que mantienen una historia ambientada en uno de los territorios más desconocidos del mundo. Un entretenimiento de calidad que permite asomar la cabeza a una terra ignota.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

ESPAÑA EN EL CORAZÓN

España en el corazón

Adam Hochschild

Traducción de Mariano López
Malpaso
Barcelona, 2018
520 páginas

El escritor, periodista e historiador Adam Hochschild (Nueva York, 1942), un prestigioso colaborador del diario The New York Times y de la revista New Yorker, ha investigado durante una década la gesta de aquellos miembros de la Brigada Abraham Lincoln. El resultado es el libro España en el corazón (Malpaso), un magnífico ensayo escrito con el rigor de un historiador y la amenidad de un periodista, que acaba de publicarse en nuestro país y que repasa el papel de Estados Unidos en la guerra. Desde la actitud de personajes famosos como el presidente Franklin D. Roosevelt o los reporteros Ernest Hemingway o Herbert Matthews, hasta empresarios profranquistas, como el ejecutivo de Texaco, Torkild Rieber, y pasando sobre todo por infinidad de historias personales de los brigadistas de la Lincoln.
Hombres y mujeres, blancos y negros, burgueses y obreros, sanitarios y periodistas integraron la amalgama de aquellos idealistas, la mayoría de ellos comunistas, que abandonaron familias, hogares y trabajos para luchar en las batallas del Jarama o de Teruel. “¿Qué los llevó a ir a España? ¿Qué aprendieron tanto de sí mismos, como de la guerra, del país que se habían comprometido a defender o del país que habían dejado?” se pregunta Hochschild en el prólogo del libro. A responder a estos interrogantes dedica el autor, muy esquivo con la prensa y que declinó una entrevista con este periódico, las 500 páginas de un libro apasionante.
Estas biografías de tantos brigadistas anónimos salpican todo el libro y contraponen el idealismo inicial con la terrible realidad de miseria, hambre, frío y enfermedades de una contienda muy cruel. A pesar de la imagen de la Brigada Lincoln como un nido de rojos, Otero insiste en que su llegada a España fue voluntaria y motivada por un anhelo de defender la libertad.
El libro de Hochschild muestra, en ese sentido, la presión de intelectuales yanquis que pelearon en España para decantar a Estados Unidos hacia el apoyo a la República. Un ejemplo muy significativo fue la insistencia de la periodista Martha Gellhorn ante Eleanor Roosevelt, partidaria del bando republicano. Pese a ello, la primera dama no consiguió convencer al inquilino de la Casa Blanca.
Sin embargo, y a modo de consuelo, España en el corazón demuestra que los estadounidenses que se implicaron en la guerra civil lograron ganar la batalla de la opinión pública en su país de origen. A partir del salvaje bombardeo de Gernika por la aviación alemana en abril de 1937, periodistas, escritores, artistas e incluso actores famosos de Hollywood impulsaron manifestaciones contra Franco, organizaron recogidas de fondos para la España republicana y dieron mítines a lo largo y ancho de Estados Unidos.”Desgraciadamente”, afirma Aurora Bosch, “la presión fue incapaz de cambiar la política de Roosevelt”.
De cualquier modo, las huellas de la Brigada Lincoln no desaparecieron y sus nombres no se han borrado de la Historia. De hecho, el título del libro de Hochschild, España en el corazón, representa todo un símbolo.
Adam Hochschild, el aclamado autor de El fantasma del rey Leopoldo, evoca este período tumultuoso a través de las vidas de los estadounidenses involucrados en la guerra, entre los que se encontraban ciudadanos anónimos e intelectuales de la talla de Ernest Hemingway.
Qué motiva a alguien para luchar por un país que no es el suyo? Desde los primeros compases de la Guerra Civil española, esta se convirtió en una cuestión política internacional. Hitler y Mussolini enviaron aviones, tropas y suministros a los generales golpistas empeñados en derrocar al gobierno electo de España. Ante esta situación, millones de personas en todo el mundo sintieron que el fascismo que asolaba Europa debía ser detenido en España. Más de 35.000 voluntarios de decenas de países ayudaron a defender la república española.
España en nuestros corazones muestra cómo las atrocidades de la guerra calaron en el espíritu de los voluntarios y reflejaron en sus palabras. Este libro muestra cómo un grupo de personas lidió con la guerra y la interpretó para sus contemporáneos; y como, en especial el periodismo y la correspondencia entre personas influyentes, modelaron la dirección y el resultado de la contienda.
«Los hombres de mi generación hemos tenido a España en nuestros corazones», escribía Albert Camus en L’Espagne Libre, dando título a este elegante compendio de diarios de soldados, memorias periodísticas, reportajes, estrategias de batalla y cartas de amor tempestuosas.

martes, 18 de septiembre de 2018

MI DEUDA CON EL PARAÍSO (CULTURAMAS)

Aquí os dejo algunos apuntes sobre la primera reseña de 'Mi deuda con el paraíso'. Gracias a los amigos de Culturamas y a Teresa Rivas, que ha tenido la inmensa paciencia de leerlo.


Mi deuda con el paraíso
Ricardo Martínez Llorca
Desnivel
Madrid, 2018
240 páginas



La vida ha permitido a Martínez Llorca terminar uno de esos proyectos para los que se Requiere mucha paciencia y mucho sacrificio. Mucha ilusión, aprendizaje y un alarde imaginativo sorprendente. Un escritor de oficio, un novelista puro.

Es una novela de aventuras al estilo más clásico.

Martínez Llorca no renuncia a uno de sus puntos fuertes: la descripción.
Nada se le escapa al ojo de la memoria de nuestro narrador.

Y están las figuras africanas, siempre dignas, a las que se trata con un respeto reverencial.

A los lectores de la literatura de piscina sentimos lastimarles: no hay una palabra barata.
Rogamos que nadie se acerque a él con prejuicios. Es pura novela, literatura científica y poética.

Artículo completo AQUÍ.







lunes, 17 de septiembre de 2018

EL FANTASMA DE LA VERDAD


El fantasma de la verdad
Toni Montesinos
El Desvelo
Santander, 2018
118 páginas

Hildur es una tragedia. Pero ¿qué o quién es Hildur? Hildur es el nombre de la protagonista de una novela que, al contrario de lo que figura en esta obra, publicó Toni Montesinos (Barcelona, 1972). Es una mujer hipersensible, atrapada en sus emociones, tímida y musical. Así nos la presento en la novela. Muy diferente a la mujer que hace levantarse al autor de la silla para salir disparado a buscar a su creación, recién llegada de Islandia. Llamaremos novela a esta obra de forma un tanto convencional, pues buena parte de ella es un diálogo entre un autor frustrado y su propia fantasía. Podría tratarse, incluso de una escenificación teatral con un punto de absurdo, de algo vanguardista en los años sesenta, en la que se intercalan párrafos de monólogo interior. El formato nos lleva, inevitablemente, a recordar Niebla, de Unamuno. Pero este El fantasma de la verdad contiene el existencialismo en la dosis justa de una especia. El autor pasa por un momento difícil de su vida y debe convertirse en crisálida para salir de él. Aparentemente, estamos frente a una obra seria. Sin embargo, el sentido de culpa aparece con un punto de desapego sobre la literatura. Da la impresión de que Montesinos nos dice que la literatura no debe ser algo tan solemne como se nos presenta. Es sueño, sí, pero eso de utilizarla como catarsis es un buen intento, pero un intento fallido en una proporción muy alta. ¿Alguien cree que la seriedad le salvará de los malos tiempos?
Durante la escritura de Hildur, que la voz del autor dice que le supuso dos años y medio de trabajo, el autor vivió dentro de la obra. Y, recordemos, es una tragedia. A la hora de la verdad, la escritura de una novela supone toda una vida conjurada para escribirla: uno escribe con todo lo que es y lo que ha sido, incluso con la premonición de lo que será junto a la de lo que quiere que sea el futuro. Uno escribe con la memoria y con la imaginación. Durante los diálogos entre los dos personajes, las referencias a ambas son continuas, son el eje de una obra de situación. La acción avanza dentro de un narrador que al comienzo de la novela se ha golpeado la cabeza en el cuarto de baño, pues en el exterior apenas nada se mueve. Así pues, la literatura que debe cauterizar un sentido de culpa por el destino trágico de Hildur personaje de novela, es una parte más de la conciencia del autor. Ese intento de redención nos muestra un punto de azúcar en la obra, como si Montesinos pretendiera que lo que se ha expuesto antes de manera vanguardista y existencialista, puede tener ahora una lectura con un sustrato de caricatura. Lo que sí sabe es que la literatura contiene vida. La ficción se alimenta de la realidad y la realidad se alimenta de la ficción.
El autor, el autor protagonista de la obra, no Montesinos, parece haber vivido con un trastorno obsesivo por el destino que ideó para Hildur, personaje de la novela que lleva su nombre. Muestra cierto desdoble de la personalidad, un deseo de estar ebrio de lo que sea, y otro de estar sobrio para afrontar lo que tristemente llamamos realidad. Pero la realidad no es única y si uno no aporta ficción, terminará enloqueciendo. Y los sueños del autor han ido cambiando. Como lo hace la necesidad de convertirlos en realidad, al menos en realidad para él. De ahí que no tenga otra solución que resucitar a Hildur o que Montesinos la resucite para redimirse. Pero una vez escrito un destino, la redención, maldita sea, es imposible. Queda, pues, la buena voluntad y la ironía, en el buen sentido de la palabra ironía: decir lo contrario de lo que se quiere decir, para ayudarse uno mismo a la hora de cargar con la cruz de la memoria y la imaginación.

domingo, 16 de septiembre de 2018

LOS ÚLTIMOS NIÑOS EN EL BOSQUE


Los últimos niños en el bosque
Richard Louv
Traducción de Begoña Valle
Capitán Swing
Madrid, 2018
430 páginas

Un niño esquimal de ocho, tal vez de seis años, es autónomo en su entorno. Sabe reconocer el hielo, sabe cómo sobrevivir en caso de tormenta y de hambre, conoce los peligros y los evita antes de que suceda. Un niño de la selva amazónica reconoce las plantas e insectos que son comestibles y los que son venenosos, caza pequeños animales, se orienta en el laberinto vegetal a la perfección. Una niña de seis años de una población africana, pasea por las calles con su hermano pequeño a cuestas. Conoce a todos los vecinos y a la extensa familia, conoce quién le facilitará pan o leche y lee su entorno a la perfección. Pero un niño de las ciudades occidentales, no puede salir solo de casa hasta haber cumplido doce años. Tal vez más en caso de tratarse de una niña. Algo no funciona en lo que conocemos como mundo civilizado, de algo les hemos privado a nuestros hijos. De algo que debería ser natural. Y en primer lugar, ese algo natural es la naturaleza, que es, al fin y al cabo, la sustancia de la que estamos hechos. Reconocernos en ella es una forma de sanar, una terapia que acabaría con buena parte del negocio de la industria farmacéutica. De eso es de lo que habla Richard Louv (Nueva York, 1949) en este ensayo.
La primera mitad del mismo es denuncia. Comenzando por esa extraña privación del juego en el exterior, algo que no es bienvenido, un fenómeno bastante reciente y que no solo viene provocado por el fracaso de la forma de civilización que es la ciudad, sino también por los miedos de los padres. El miedo, dicho sea de paso, es una emoción que provoca aquello que pretende evitar. En este caso, lo que se intenta imponer es lo que se conoce como orden. Lo dijo Eduardo Galeano: nada hay más ordenado que un cementerio. Así nos expone que la ciudad se ha convertido en una suerte de cementerio para el crecimiento de los niños. Todo lo que tiene que ver con su educación, desde la familiar a la institucional, se rige por el orden y el miedo. El orden de los exámenes, a los que se somete a los niños de siete años en Estados Unidos, que es el país que le sirve de ejemplo, su país, creándoles tensiones innecesarias, y el orden de la enseñanza universitaria, centrado en la microinvestigación biológica, para crear patentes. En ambos lugares se ha arrojado al olvido la Historia Natural. Y los padres no permiten que sus hijos se alejen de las casas donde viven, y mucho menos les llevan los fines de semana a la naturaleza, ocupados como están de poner en orden la casa, pues durante la semana apenas han disfrutado de un minuto de ocio.
Louv habla de una ecofobia que se ha interpuesto en nuestro camino casi sin darnos cuenta. Frente a ella, aboga por la ecopsicología como nuevo humanismo, por lo que llama el ejercicio verde, la meditación que supone el encuentro con lo natural, porque Nueva York es un estado de ánimo como mito, pero los bosques lo son siempre, lo son como realidad. Esta inmersión debería adoptar una forma no organizada, dado que, excepto en el desierto de Sonora, los parques nacionales norteamericanos se han convertido casi en parques temáticos, son lugares donde cualquier oso o búfalo está anillado y sus movimientos se siguen por GPS. De ahí que proponga otras formas de escuchar la naturaleza. Su apuesta es familiar, lo cual supone un descubrimiento para adultos y niños. En ese sentido, debemos dejar que la curiosidad tenga las puertas abiertas, ir a la naturaleza con la facilidad con que vamos al centro comercial, como si fuera parte de nuestra vida. No tenerla pánico, y recordemos que pánico viene del dios Pan, ese con las patas de cabra que se escondía entre el monte bajo para asustar a los pastores.
Llevar las actividades de la escuela al monte ayuda a la educación, incluso a la educación reglada, más que los exámenes. Lo que los niños aprendan asociado a una buena experiencia, jamás lo van a olvidar. Y los profesores no deberán temer enfrentarse a niños problemáticos, pues según la experiencia de Louv, y muchos de los estudios que él cita, sobre los que se cimientan sus denuncias y propuestas, allí los niños con déficit de atención se relajan, se transforman sin necesidad de litio. Pero también, dado el imperativo que suponen las dificultades para abandonar la ciudad, cuando el entorno es lejano, existen experiencias de creación de naturaleza en las urbes. Se puede integrar la naturaleza en el diseño urbano. Como siempre en su país, existen los riesgos legales y se afronta la necesidad de dar cobertura a quienes se atreven a llevar a niños al bosque. Y como suele ser habitual en este tipo de ensayos, la parte de denuncia es universal, un tsunami, en tanto que lo que se expone como salvación son pequeñas experiencias, iniciativas casi personales. Donde ha fallado la polis, puede salvarse el individuo. Hay un trasfondo de resignación en el ensayo, como si supiera que la lucha está casi perdida, al menos en Estados Unidos. Pero a quien quiera escucharle, que ojalá sean muchos, les garantiza que las ecoterapias están a su alcance, y que sanan más que la química. Lo que nos presenta este libro es algo más que la voz de Louv clamando en el desierto. Es una propuesta de rediseño vital frente a la crucifixión que suponen las pantallas led. Algo que todos intuimos, pero que muy pocos nos atrevemos a poner en marcha. Louv pide que seamos valientes una sola vez, aunque sea lo último que hagamos en la vida.

sábado, 15 de septiembre de 2018

SAL&ROCA, SEPTIEMBRE, 2018


Sal&Roca, septiembre de 2018


Diarios de una nómada apasionada
Isabelle Eberhardt
Traducción de Adolfo García Ortega
La línea del horizonte
215 páginas

Este libro es una confesión. Se trata de una recopilación del pensamiento y en sentimiento íntimo de Isabelle Eberhardt (Meyrin, Ginebra, 1904 – Aïn Sefra, Argelia, 1904). Dictado sin cortapisas y con un afán juvenil, el mismo de quien se ve en la tesitura de hacerse adulto y elige hacerse adulto con todas sus consecuencias, es una obra maestra de la duda y la elección, de la observación y la integración del modo de vida elegido en eso que, a falta de otra palabra, llamaremos alma. Viajera y escritora suiza de origen ruso, Isabelle vivió, y murió cuando una riada inundó su casa, en el desierto argelino a la edad de 27 años. Hija ilegítima de Nathalie d´Eberhardt y de Alexandre Trophinowsky, sacerdote armenio amigo de Bakunin, recibió una educación nada convencional. Muy temprano tomó la costumbre de vestirse como un hombre para experimentar una vida libre y sin ataduras. Emuló a Alí-Bey (Domingo Badía) o al mismísimo Richard F. Burton. En 1897 viaja con su madre a Argelia y ambas se convierten al Islam, pero su progenitora muere a los seis meses en Bône y allí quedó enterrada con el nombre de Fatma Mannoubia. Poco después Isabelle se traslada definitivamente al país y comienza una vida en la que se mezcla sus correrías a caballo por el desierto vestida de hombre, sus crónicas de guerra, artículos para medios franceses, y hasta labores de espía para el general Hubert Lyautey. Su encuentro con el suboficial Slimène Ehnni, con quien se casó en 1901, le proporcionó la poca estabilidad emocional que tuvo en vida.
Los años finales de su corta, ambigua, e intensa vida en el desierto argelino son la médula de estas páginas escritas entre 1900 y 1904, el año de su trágica muerte. Cuando Isabelle redacta estas notas no tenía in mente su publicación, por lo que constituyen un documento veraz y espontáneo sobre sus preocupaciones, pero también su personalidad. Apasionada, rebelde, tierna, Isabelle se funde con el desierto y la cultura árabe con una exaltación romántica que lo impregna todo. Vestida de hombre y bajo la identidad masculina de Mahmoud Essadi recorre el desierto, da cuenta de su pasión por la Causa Árabe, se inicia en la espiritualidad sufí y ama locamente a Slimane Ehnni, el soldado argelino con quien se casó en 1901.
Su propia vida fue su mejor novela. Una vida que ha inspirado un par de películas, documentales, novelas y una ópera. Hasta el propio John Berger coescribió un guion sobre su fascinante historia.
“Nómada era ya cuando, de pequeña, soñaba al mirar las carreteras, las blancas carreteras tan atrayentes que conducen, bajo el sol que entonces me parecía más deslumbrante, directas a los encantos desconocidos... Y nómada seré el resto de mi vida, enamorada de los horizontes cambiantes, de las lejanías por explorar”.


Reporteras españolas, testigos de guerra
Ana del Paso
Debate
334 páginas

"Cuando una periodista es destacada a una zona de conflicto no viaja pensando en vivir o morir, sino con el objetivo de contar lo que sucede", afirma en Reporteras españolas, testigos de guerra Ana del Paso, doctora en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense y durante años periodista internacional en la agencia EFE. "A mí me ha costado mucho llegar a donde he llegado y me preguntaba si a otras compañeras les había pasado lo mismo: lo duro que es hacerse un hueco, ser enviadas o proponer y elegir temas", añade tras haber sido corresponsal en Oriente Próximo o enviada a la Guerra del Golfo.
Como respuesta nació esta obra, fruto de la primera tesis dedicada a las reporteras y enviadas especiales españolas que a lo largo de la Historia han informado sobre conflictos armados: desde Francisca de Aculodi, la mujer que en 1687 se convirtió en la primera periodista de nuestro país, y sus colegas de finales del siglo XIX y principios del XX Carmen de BurgosTeresa de Escoriaza o Josefina Carabias; hasta 34 periodistas contemporáneas, pioneras como Rosa María Calaf y Carmen Sarmiento, de TVE, o colegas de EL MUNDO como Mónica G. Prieto o Rosa Meneses.
"Han sido tres años de pedir datos, contrastar información, hacer entrevistas, elaborar fichas, comparar sus crónicas... Cada una en nuestra época hemos tenido problemas, mucha presión por parte de los jefes, las redacciones o los compañeros, pero ahí estamos", explica sobre el machismo imperante en la profesión.


Si levantase la cabeza Francisca de Aculodi, la española que en 1687 se convirtió en la primera periodista española, se quedaría perpleja al ver el número creciente de reporteras y enviadas especiales que informan de conflictos armados. Son testigos de excepción que trabajan al límite en situaciones de horror y muerte. Describen la guerra, la fotografían y la filman, la analizan, entrevistan a uno y otro bando, se esfuerzan para que no permanezcamos impasibles ante las injusticias humanas. Este libro habla de cinco siglos de periodismo de guerra hecho por mujeres que han informado de acontecimientos históricos. Desde las pioneras como Carmen de Burgos, Teresa de Escoriaza o Josefina Carabias, por citar algunas, hasta las jóvenes reporteras españolas que informan desde Oriente Próximo, África, América y Asia. Todas han conseguido romper moldes, hacerse un hueco en este difícil sector y convertir su vocación de periodista en su medio de vida; ser ellas, y no otros, las que informen del territorio hostil.
Esta es la primera obra que recoge testimonios de treinta y cuatro periodistas contemporáneas, que hablan alto y claro. Han sobrevivido a guerrillas, mercenarios, terroristas, sátrapas, dictadores, francotiradores, políticos corruptos y traficantes de personas. Han sido detenidas, expulsadas del país, amenazadas de muerte y tiroteadas, pero todas cuentan con el respeto profesional que se han ganado a pulso. Han demostrado su valía como nadie y, a pesar pertenecer a décadas tan alejadas, comparten muchos de los impedimentos que sufrieron las pioneras de esta profesión.

La vuelta al mundo de Lizzy Fogg
Elisabeth G. Iborra
Casiopea
530 páginas

El libro lleva el subtítulo de Consejos para mujeres que viajan solas. ¿Se necesita algo más? Sí, un sentido del humor y del compromiso con el lector, porque en este volumen Iborra nos hablará de los mejores tiempos, al menos de los mejores tiempos para sus viajes con la mochila. Y todos nos podemos identificar con ella.Creo que a todos suele acabar cambiándonos la vida porque, en tanto tiempo a solas contigo mismo y poniéndote a prueba cada día, aprendes realmente quién eres por dentro y vuelves con las ideas bien claras de lo que quieres y lo que nunca más volverás a aguantar. A todos los niveles”, ha dejado dicho la autora, que se propone realizar el sueño de dar la vuelta al mundo y sugiere, a quien lo tenga, que no se ponga escusas, que, sencillamente, se ponga en marcha. “Espero que mi relato os despierte la curiosidad, las ganas, la pasión por conocer lugares y gentes que os llenarán el alma sólo de leer cómo son, imaginaos si los conocierais en persona”. Durante su periplo se encuentra con gente impresionante que da lecciones de humanidad y generosidad. De país en país vive mil aventuras, descubre rincones mágicos que la llevan hasta las lágrimas y se descubre a sí misma en todas las situaciones, desde lo cotidiano al riesgo. Crece emocional e intelectualmente. “Para mí, esta vuelta al mundo ha sido mi Postgrado… en Inteligencia Emocional”.
No se sabe si emprendió antes la aventura de escribir o la de viajar. Porque Elisabeth G. Iborra lleva ambas cosas en las venas. Autora de un bestseller (Anécdotas de enfermeras), y de otros libros que han sido superventas (La medicina todo lo cura, El amor me persigue, pero yo soy más rápida, a ti te encontré en Internet, o Este año si!). Elisabeth, vividora, transgresora, con un sentido del humor que lo llena todo, periodista especializada en temas de sexología y en relaciones sentimentales, recuerda una de esas pioneras victorianas adelantada a su tiempo. Porque todo cuanto hace, o la forma en la que lo hace, tiene algo de rompedor. 

La trenza
Laetitia Colombani
Traducción de José Antonio Soriano Marco
Salamandra
208 páginas

Porque esta es una sección literaria, recomendamos algo de ficción. No es lo habitual, pero en este caso nos ha parecido que no carece de interés. Para construir esta hermosa y lírica novela, Colombani se sumergió a fondo no solo dentro de la piel de las tres mujeres protagonistas, sino también del mundo que les rodea. Las sociedades, el aspecto y las costumbres, la maldición de las tradiciones y la buena o mala suerte de no haber elegido dónde nacer, imponen el devenir de las protagonistas de esta novela. Una buena compañía para el viaje, al mar o a la montaña. Una obra sobre las bifurcaciones que nos presenta el hecho de vivir y el riesgo de la elección, sobre el coraje necesario para poner en marcha un orden diferente.

La trenza fue uno de los fenómenos editoriales de 2017. En esta narración vibrante y conmovedora, Laetitia Colombani —guionista, directora y actriz de reconocido prestigio— aborda las historias de tres mujeres que, nacidas en continentes muy dispares, comparten unas ideas y sentimientos que las unen en un poderoso anhelo de libertad.

INDIA. En Badlapur, la intocable Smita sobrevive recogiendo los excrementos de una casta superior. Resignada a su condición, está decidida en cambio a que su hija no siga sus pasos: la pequeña irá a la escuela y su vida será digna y provechosa, aunque para ello Smita tenga que desafiar las normas establecidas.
ITALIA. A Giulia le encanta trabajar en el taller familiar, el último de Palermo que confecciona pelucas con pelo auténtico. Hubiera podido ir a la universidad, pero dejó el instituto con dieciséis años para iniciarse en los secretos de este oficio. Cuando su padre sufre un accidente y Giulia descubre que el negocio está al borde de la quiebra, afronta la adversidad con valentía y determinación.
CANADÁ. Sarah es una abogada de éxito en Montreal que lo ha sacrificado todo por su carrera: dos matrimonios fallidos y tres hijos a los que no ha visto crecer. Un día, tras caer desmayada en el transcurso de un juicio, Sarah comprende que su vida ha dado un vuelco y que deberá escoger lo que de verdad le importa.
Smita, Giulia y Sarah no se conocen, pero tienen en común el empuje y el tesón de las mujeres que rechazan lo que el destino les ha reservado y se rebelan contra las circunstancias que las oprimen. Como hilos invisibles, sus caminos se entrelazan, formando una trenza que simboliza la voluntad inquebrantable de vivir con esperanza e ilusión.

viernes, 14 de septiembre de 2018

EL OGRO


El ogro
Doug Scott
Traducción de Rosa Fernández-Arroyo
Desnivel
Madrid, 2018
198 páginas

Para esta edición, Desnivel ha elegido integrar este libro en su línea literaria. Podría tratarse de un libro ilustrado, dado la abundancia de imágenes, tanto históricas como de la expedición, que se nos muestran y que hacen del volumen un libro para amantes de la fotografía, además de para amantes de la aventura. Doug Scott (Nottingham, 1941) es uno de los pioneros del alpinismo moderno, una de esas personas que iban a la montaña, en este caso para afrontar una gran cumbre en el Karakorum, cuando no había estructuras, cuando se estaban inventando las autopistas al cielo por vertientes más hermosas que altas. El Ogro es un pico cuya ascensión está considerada de las más difíciles del planeta, tanto por superar la cota de siete mil metros, como por el desafío de escalada: vayas por donde vayas, hay que ser muy buen alpinista y escalador de roca para superar los pasos que tendrán que inventar en la vía. El año es 1977, una época en la que los materiales de montaña estaban experimentándose, cuando todavía se abrigaban con algodón y lana, y los grandes avances que facilitarán el alpinismo no habían cuajado.
Pero lo más interesante del texto es la propuesta del Scott, pensada para que el lector no alargue más de lo debido una lectura cuya intención es depurar la aventura y sus consecuencias: el valor, la honradez, la amistad. Así pues, en lugar de intercalar en el texto de su viaje hacia el cielo páginas y páginas de documentación, como hacen con frecuencia, refiriendo la historia y la geografía a medida que el equipo avanza, con el fin de añadir páginas al libro, Scott lo divide en dos partes. En la primera da cuenta de la historia del Ogro. Habla sobre cómo llegaron los occidentales a interesarse por el Himalaya y el Karakorum, quiénes fueron los primeros en avistar las cumbres, en pisar los glaciares, en superar pasos de montaña. Habla sobre la geografía y cómo se van añadiendo datos, a través de gente brava que acude a la llamada de la exploración. Y también acerca de los primeros intentos de cumbre en la región. Y de los baltíes, los habitantes de los valles que serán contratados como porteadores y que, mientras halla dinero, serán trabajadores interesados, pero en caso de necesidad se entregarán generosamente. El trabajo enciclopédico se impone en estas primeras páginas.
Luego está su aventura. Scott menciona de dónde surge la idea de afrontar una montaña tan difícil, antes de explicarnos, en un apunte casi biográfico, quiénes eran sus compañeros de aventura. Todos ellos hombres valientes, algunos desconocidos y otros, como Chris Bonington, veteranos que será reconocido como uno de los mejores himalayistas de la historia. Bonington es, precisamente, el hombre que junto a Scott llegará a la cima. Sin atenerse a florituras ni entretenerse en el vuelo, el viaje por carretera, por caminos, la aproximación, Scott nos lleva en pocas líneas hasta el pie del Ogro y se lanza a describir cómo van ascendiendo, dividiéndose el trabajo por parejas. Esas cordadas ligeras irán superando los obstáculos de granito muy lentamente, pero Scott no se entretiene en detalles. Nos habla, eso sí, de las decisiones y las diferencias que surgen entre ellos a la hora de ponerse de acuerdo. Y también a la hora de relatar, pues cuando Scott recuerda algo que otro de los alpinistas ha descrito de forma diferente, se limita a exponer ambos pareceres, sin decantarse por su propia memoria.
Pero la intención de Scott, lo que le lleva directo en su relato de la ascensión, es hablar de la solidaridad de sus compañeros. Nada más comenzar el descenso, él sufre una caída que le producirá severas fracturas en ambas piernas. Al principio Bonington se las apaña, gracias a su experiencia, para ayudarle a descender, en ocasiones colgando de la cuerda, en otras arrastrándose a cuatro patas. Hasta que Bonington, a su vez, se golpea contra la pared fracturándose varias costillas. Es entonces cuando aparecerá la imposibilidad de abandonarlos. A esa altura, si uno está enfermo o discapacitado, es casi imposible hacer nada por él. Está condenado a morir. Clive Rowland y Mo Anthoine no están dispuestos a que la leyenda se cumpla. Y esta es la parte más estremecedora, por lo que tiene de emoción la amistad, del libro que tenemos entre manos. Una hermosa edición que, con acierto, Desnivel ha elegido colocar en su colección de literatura. No estamos hablando de Proust, estamos hablando de la épica de los buenos amigos.

YO TUVE UN SUEÑO


Yo tuve un sueño
Juan Pablo Villalobos
Anagrama
Barcelona, 2018
145 páginas

Con la sangre hirviendo y batiéndole las venas de las sienes, Juan Pablo Villalobos (Guadalajara, 1973), investiga todo lo que tiene que ver con el paso fronterizo entre México y Estados Unidos. El tema puede arder, pero su precisión a la hora de expresarlo nos transporta a protagonizar, más que a leer, este libro de crónicas, escritas en primera persona. Se trata de relatos reales protagonizados por niños cuyo sueño es llegar a Estados Unidos. En algunos casos han nacido cerca de la frontera y se ven acosados por los maras, las pandillas de matones que se adueñan de aquello y aquellos por los que se encaprichan. En otros son críos que viajan con lo puesto desde los países de América Central, gente que debería ser considerada como refugiados del hambre y la miseria. Las crónicas son breves y se leen con una velocidad inusitada, siempre y cuando uno esté familiarizado con el lenguaje de la región. A modo de apoyo, ofrece un glosario. Pero el logro de escribir tal y como se habla, tal y como se piensa, sin alardes, sin intervención de un narrador biográfico, de un periodista, es una proeza. Tal vez pequeña, pero cualquiera puede ser valiente en la gran guerra. Lo difícil es serlo en el anonimato. Por otra parte, lo que para nosotros es crisis, para ellos es realmente una guerra.
A un lado la expectativa de una vida tensa, con el filo de la navaja sobre la yugular siempre. Al otro, la patrulla fronteriza y la explotación ilegal. Para los que vienen desde el sur, están los viajes durante veinte horas en la bodega de un autobús o la Bestia, ese tren al que se suben al techo, sobre el que habíamos tenido noticia gracias al excelente libro El camino de la bestia (Pepitas editorial), de Flaviano Bianchini. También los documentales y las películas de Chema Rodríguez (Estrellas de la Línea, Coyote) nos habían informado acerca de las terribles situaciones en origen y del más terrible recorrido. Como en los documentales, la voz de quien crea se ausenta. El efecto es demoledor. Ya sabemos que un millón de trabajadores ilegales o dos mil muertes en la frontera son cifras. Pero la suerte del gordito con una cardiopatía, marcado por la Mara Santrucha, sí nos importa, la vivimos dentro de su piel. Como la pareja de hermanos guatemaltecos con la ropa hecha girones, a quienes ya no les queda sino confiar en la bondad de la gente. La bondad, por ejemplo, de esos campesinos que arrojan tacos y sándwiches a los que viajan a lomos de la Bestia. La bondad de quien los lleva por una ruta incierta para acercarles a la frontera. Y de un desconocido no te puedes fiar en esos lugares. Pero no les queda más remedio que echarse el coraje a la saliva y pedir cualquier modalidad de limosna.
Los episodios son breves, como lo son las frases y una reproducción hiperrealista. El sobrecogedor compromiso de Villalobos se completa con un análisis final que nos aclara ciertas situaciones y algo de la historia de la emigración y la frontera. Los clanes maras, por ejemplo, nacieron en Estados Unidos como defensa contra otros desheredados mexicanos o afroamericanos. Los estados fallidos de Centroamérica, que parecen abocados a la pobreza perpetua y la sumisión, a que la gente no pueda caminar tras caer el sol o por caminos poco frecuentados. Y también cómo se atiende a los niños ilegales que cruzan Estados Unidos, con cierta caridad, pero sin otorgarles el beneficio de un reconocimiento administrativo que les permita acceder a sistemas seguros de trabajo, al sistema sanitario o salir de los barrios marginales. Con ese estudio escribe, porque antes, en buena medida, lo que hemos leído está más cerca de la pintura, la fotografía, la conversación, el cine y la memoria prestada.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

EN LAS CIUDADES ESCONDIDAS


En las ciudades escondidas
Natalia Cerezo
Rata Books
Barcelona, 2018
175 páginas

Carver. Sí, Raymond Carver. Pero las referencias en relato son inevitables: uno es Kafka, Carver, Bowles, Chéjov o, tristemente y con ambición, Borges. El estilo de Natalia Cerezo es una escritura en los huesos, donde el protagonismo es el de todo lo demás que tenga que ver con la literatura. Sigue resultando un buen aliento el leer algo con tanta facilidad. Y a la hora de escribir, lo difícil es hacerlo sencillo. Una vez agradecidos, nos adentramos en un mundo más variado que el del autor americano. A Carver le podríamos calificar, con maldad, como un autor provinciano: solo habla de sus vecinos. Cerezo lleva alguno de sus cuentos más allá de ciertas fronteras. Es doblemente universal: en primer lugar, porque su estilo y sus personajes existen, son, están aquí o, en segundo lugar, porque también están allí, en otro país, en otra cultura, donde decir hola y adiós a los demás es también algo frecuente, cotidiano, expuesto a un punto de vista capaz de sacarle punta al gesto cotidiano. La suma de relatos es una Babel en la que reconocemos un centro, el mismo en el que, creemos, vive la autora.
Aunque no es solo el estilo lo que nos remite a Carver. Las historias que no tienen final, cercenadas, abiertas, o ese narrador que sabe que la gente tiene secretos, que conoce todo sobre sus personajes, pero que no expone los cadáveres que han enterrado en el jardín. Sorprende la ausencia de ancianos. La mayoría de los relatos nos hablan de gente en construcción, adolescentes, jóvenes, padres que estrenan paternidad o que estrenan hijos adolescentes. Gente con futuro y que ya puede lamentar un pasado, una infancia, a la que es imposible retornar. A la hora de la verdad, no somos dueños de nuestro destino. Por mucho que nos empeñemos, no volverán aquellos buenos tiempos. Verse obligado a construir uno nuevo, nuevo y bueno, es una proeza que afrontan los personajes de Natalia Cerezo.
Frecuentaremos veranos prometedores, formas humildes de contacto con la naturaleza, con el cámping, con la playa, con el bosque, y está la ciudad desdibujada, borrosa, como si la autora nos marcara sus filias y fobias. Así nos habla del primer brote de adolescencia, de la ausencia de una madre que decide desaparecer en el mar, de los vecinos que adoptan, aunque sea momentáneamente, a los niños huérfanos. Menciona reencuentros de antiguos novios o intenciones de ennoviarse, en unos personajes torpes para manejar la situación y que por ello hacen del momento un lugar aburrido. Habla de la familia que te anula como ser, como individuo, como autónomo, que te transforma en el padre de o en el hijo de. Y todo en territorios de cambios, en la problemática de crecer, algo que ninguno deseamos. De ahí que la entrada en la vida de otro, o la despedida de alguien, no sepamos si será efímera o permanente. De ahí que merezca la pena hablar sobre ellos y dibujar un conjunto realista, de vidas sin cuajar, en la que uno no puede fiarse de las emociones pues, como los niños, son vaivenes, nueces en la tormenta del mar. Pero en esa alma no entra Natalia Cerezo. Ese paso lo deja para que lo intuya el lector. Se trata, pues, de relatos que cambiarán en la medida en que cambie el humor con el que los leemos.