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jueves, 22 de junio de 2017

Razones para leer 'Luz en las grietas': un resumen





Uno de los mejores libros de los últimos doce meses.

Aquí algunas de las razones 


Es un libro honesto y valiente (Luis Fernando Moreno Claros, Babelia)
Mientras tanto, el autor juega con el presente, la situación que lleva al narrador a afrontar este texto, esta carta de despedida, donde se desgrana la lucha por sobrevivir. Poco a poco se van imponiendo los diferentes relatos de viajes y montaña hasta centrarse en los más importantes episodios de su vida de aventuras. Esta nueva obra tiene un altísimo nivel literario. (Pilar Martínez, Culturamas)
Esta es la clase de obra que nos hace más humanos, porque nos da a conocer el dolor de otros. Es dura, hermosa, reveladora. Valiente: el autor llora el desamparo familiar. Y aunque con solo 50 años dice haber renunciado al éxito literario, Luz en las grietas debería alcanzar a muchos miles de lectores. (Román Piña, Revista de letras)
Leer este talento de las letras, Ricardo Martínez Llorca, brillante y creativo (Wishars, la web de arte)
Es un relato  especial, escrito a corazón abierto, por eso va más allá de las confidencias de un gran escritor y también un  gran amante de la montaña y los espacios abiertos. La vida siempre anda discreta en las grietas, en los pliegues de las cosas aparentemente importantes. Cuando se mira atrás, cuando el temor impide mirar hacia un futuro desdibujado, es cuando encontramos el valor de los recuerdos, y las emociones  que el tiempo superpone como las hojas pródigas del otoño. A veces la vida está hecha de pequeños instantes que nos traen la plenitud gracias a las cosas y las personas que amamos. Todo forma parte de la aventura de vivir. (Pilar Rubio Remiro, crítica literaria)
“El libro tiene palabras que viajan de la sombra hacia la luz para sumergirnos en el interior de su protagonista dejándonos hacer un recorrido vital doloroso, hermoso, aventurero”. (Pati Blasco, escritora y escaladora)
No soy de desear nunca el mal a nadie, pero tengo que reconocer que algunas veces he agradecido ciertos males que han sufrido escritores a lo largo de sus vidas porque gracias a estos han salido libros geniales. Eso me ha pasado con este libro: ‘Luz en las grietas’, de Ricardo Martinez Llorca. (Víctor González Molero, crítico literario)
Es realmente hermoso (Jesús del Campo, escritor)
Luz En Las Grietas, ha sido una experiencia sobrecogedora. Ha sido una lectura especial, con sobresaltos, pero, sobre todo, para mi muy enriquecedora y especial. No podía imaginar que este libro me haría descubrir y disfrutar de un narrador ejemplar. Cuando coges este libro, no puedes ni intuir lo que te vas a encontrar, y a cada hoja que pasas más trabajo te cuesta cerrar. Saber quién hay detrás de cada línea o palabra de este libro, a través de esta narración, te hace conocer la fuerza natural de Ricardo Martinez Llorca a través de sus, viajes, vivencias, escaladas, montañas y sobre todo su vida llena de grietas… llenas de luz. (Noel González, alpinista)
Aún no os habíamos recomendado el libro de Ricardo Martínez Llorca, lo hemos leído, paladeado, sufrido…LITERATURA con mayúsculas. Creemos que ni el propio Ricardo sabe el inmenso talento que tiene para la escritura.
Por favor no se lo pierdan (Charo Ruano, escritora)
Me ha hecho sentir, más que cualquier compasión, orgullo. (Juan Luis Conde, escritor)
Lo pierde, como tantas otras cosas, y lo cuenta con un baile excelso de oraciones que van y que vienen, que se alargan como laberintos borgianos y se reducen aforísticamente. Del aforismo al flujo de conciencia, de la sentencia a la oración. Y todo regido por unas leyes poéticas que convierten al relato en el solo de violín que busca ser Martínez Llorca en la vida. (Víctor G. Molero, Todoliteratura)
Igual que las palabras, cuando nacen, crean el silencio de la confusión, la memoria es un manto de niebla sobre el reflejo de nuestras vidas. Ricardo grita suavemente mientras pinta a trazos de un pincel de agujas las curvas de su vida. Que como las piedras de un pueblo abandonado de la sierra se resisten a las dentelladas del viento del puerto y los arañazos eternos de la hiedra. Pero el destino no es un sueño y es el que nos llama por el nombre cuando estamos solos en el rellano de la escalera. El autor es de aquellos hombres valientes que se visten día a día con la hoja del calendario para llevarse la vida puesta. De aquellos humildes y generosos que nos regalan su corazón desnudo en tinta. “Luz en las grietas” es el viaje de un valiente, de uno de aquellos que encuentra un rayo de luna en el fondo de una callejuela una noche de tormenta. Un viaje por la vida a través de las montañas, de los libros, de la música, de las emociones. No diría que es un libro de viajes sino un libro de vida. (Jordi Tosas, guía alpino)
Uno de los destinos que no quise, pese haber tenido como asturiano la tentación tan cerca, fue el de ser alpinista. No quise y no fue por no quererlo mucho: demasiada era la luz que me proponía la mano en el vértigo donde nacía, imposible, una flor nacida entre las rocas. Hoy me llega «Luz entre las grietas», de Ricardo Martínez Llorca, y lo leo conmovido en mi cabaña. Otros están arriba, desde donde se ve el fin del mundo: en mis dedos, sin embargo, está el paso difícil, la geografía mínima del tacto; de pastor, persiguiendo la cabra de la luna, mis pasos sobre la tierra. (Xuan Bello, escritor)
Con la duda del mañana, pero con la responsabilidad y la necesidad de ser contada, Martínez Llorca logra tejer un texto intenso y muy emotivo. Con una notable prosa, con un pulso directo pese a sentir cerca una posible despedida, y con el deseo de seguir soñando con la vida, Luz en las grietas conmoverá al lector que se deje llevar por las emociones, por el sentido de la amistad, por la soledad. (R.G., Másjerez)
Frente al acoso escolar y la defensa del débil, que le supondrá un derribo tras otro, Martínez Llorca nos abre una ventana en cuanto entra en la pasión. La vida sin pasión es menos vida. Y en su caso, tras una infancia forzosamente contemplativa, conoce el verdadero amor en la amistad al aire libre, en los grandes viajes que protagoniza, hasta que se rompe en uno de los episodios que da más temor leer, o en la montaña, donde perdió la vida su mejor hermano y sobrevive a situaciones límite. (Teresa Rivas, Quimera)
Y así continuamos luchando, “siempre en derrota, nunca en doma”. Porque la vida es lo único que tenemos, lo único que nos queda. (Koldo CF, Un libro al día)
Olvidamos en la mayoría de ocasiones en las que cogemos un libro que el que ha hilvanado esas líneas es alguien y no algo, pensamos que con poner la atención al producto ya bastará sin dejar ningún momento nuestro al artesano. Pues bien, si eso es lo que solemos hacer, con Luz en las grietas no nos quedará opción porque producto y productor se funden en un mismo relato. El relato es el relator, el cuento es el cuentista, lo escrito es el escritor. (V.G., Libres de lectura)
Acabo de terminar Luz en las grietas y ahora ya sé que no habrá una sola página que me ofrezca aunque sea una pequeña tregua, sino que todas y cada una de ellas no harán más que enfrentarme a verdades dolorosas. Sé que he alcanzado las últimas palabras, las últimas letras, casi con la lengua fuera, sin poder sobreponerme del todo a la profunda impresión que supone su lectura y de la que no es fácil recuperarse. (Jokin Azketa, La línea del horizonte)
El libro es estupendo. El autor, además, deja algunas frases en distintas páginas, que nos invitan a reflexionar tal y como lo hace él. Es por ello por lo que el libro necesita un momento de tranquilidad, un lugar en el que leer con sosiego. (Gabriel Ramírez, El Correo de Andalucía)
Una historia de superación que dura toda una vida dónde el protagonista se arriesga a vivir para superar sus miedos conmocionando al lector constantemente. (Nonstopes)
Porque Luz en las grietas es un canto a la vida. (Alberto Piernas, Acualidad literatura)
Gracias por obsequiarnos con esa “desnuda” confesión que es “Luz en las grietas”. La leí y no fui capaz de nada más. Ni un comentario en RRSS, ni decir que la había leído. He necesitado tiempo para “entenderte” y para digerir todo lo que transciende de esas 171 páginas. (J.J.D.L.)


“Una podría llegar a pensar que el oficio de escritor consiste en no 
correr riesgos innecesarios. Pero con este libro creo que los has 
corrido todos. Supongo que es esa alma de montañero que llevas dentro y 
que tanto me cuesta entender, pero no has dejado precipicio sin 
explorar, ni ha habido abismo al que no te asomaras… y eso es mucho 
para un hombre que elige el gesto de levantar el pie para no pisar una 
hormiga.” (M.C.L.)

Luz en las grietas

Ricardo Martínez Llorca @rimllorca

Desnivel
Madrid, 2016
176 páginas

Luz en las grietas nace como un libro maldito.
Sufrirá la primera maldición, la clásica, la de pasar desapercibido de cara al lector. Porque el tipo de poesía que destila es la poesía de los malditos. Si tuviéramos que emparentar el bellísimo trabajo de Ricardo Martínez Llorca (Salamanca, 1966) con alguien, sería más con Rimbaud, con Shelley, con Claudio Rodríguez, que con los escritores de su época. De hecho, cualquier párrafo de Luz en las grietas transforma las obras de sus contemporáneos en escritura plana. Muy plana. Delante tendremos lo que es un testimonio, pero también un testamento, una narración sincera y brutal, de una lírica desconcertante, que a lo que más nos recuerda es a Ebrio de enfermedad, de Anatole Broyard, o a Esa salvaje oscuridad, de Harold Brodsky. Solo la proximidad de la muerte da sentido al texto, que leemos con el corazón encogido, a la par que con el deseo de que no se termine nunca. Pocas veces se siente tanto como aquí el impulso de volver a leerlo, una vez cerrado el libro.
Pero el hecho de haberse publicado en una editorial de género, del género más respetable, que es la épica y por tanto la resiliencia, hará que se catalogue mal en las librerías y en los prejuicios del lector. Desde aquí sugerimos a quien nos escuche que se acerque al libro sin prejuicios. Se sorprenderá. Por poner un ejemplo con el que comparte cierto espíritu, se sorprenderá como se sorprendió con Hermano de hielo, de Alicia Kopff. La familia y las expediciones son ámbitos comunes a las dos obras. Lo que sucederá es que, Hermano de hielo, que es un libro producto del ingenio y de un buen oído, un libro estupendo y muy digno, empalidece ante el acoso y derribo de honestidad y valor de Martínez Llorca. Porque está escrito con la última sangre y el último aliento, saldando deudas. Por supuesto con los viajes y la montaña, que aparecen reflejados como una metonimia de la ilusión de vivir. Pero también con la familia, un tema recurrente en la obra de Martínez Llorca, que hasta ahora nos había sorprendido por ser el escritor que mejor describe, al menos entre los que hemos leído en mucho tiempo, y su creatividad. Basta echar un vistazo a ese díptico que es Hijos de Caín y Después de la nieve, sus obras anteriores.
Luz en las grietas también será un libro maldito porque el autor sigue viviendo. Y aquí cierra heridas, que quedarán abiertas para otra gente. Los hermanos aparecen en primer término, como ya lo hicieron en Tan alto el silencio. El buen hermano y el hermano canalla son una metáfora ética, del sentido de la ética que tiene Martínez Llorca. Pero hay algo más. El autor nace con un corazón destrozado, deforme, un demonio que le obliga a tener presente a la muerte en cada aliento. Y mientras tanto, la elipsis de los padres en su vida y en el libro es de lo más significativa. Uno no pretende jugar a ser un buen psicólogo, pero se deduce que sus padres sufrieron durante años y años la enfermedad de su hijo, a la que dieron la espalda creyendo que eso era tratarle como a una persona normal. Pero, en realidad, los padres no superan esa barrera y el dolor que sobrellevan es superior a sus fuerzas. Así pues, la relación entre padres e hijo está sobrevolada por una maldición, que consiste en que alguien tiene que tener la culpa de lo mal que lo pasan los adultos, del malestar que ocasiona esa enfermedad. Dado que a los padres no les cabe la idea de culparse entre sí, pero niegan la mutilación del hijo, solo cabe una solución: la culpa del sufrimiento de los padres la tiene el bebé. Y la ha seguido teniendo durante cincuenta años.
Pero todavía nos queda, eso sí, comentar el libro: el libro no es una autobiografía, sino un texto sobre lo vivido con un corazón defectuoso, que ignora que guarda entre las costillas, mientras poco a poco, y a pesar de ello, ganan terreno las pasiones: la literatura, los viajes y la montaña. El autor refiere sus dificultades para no rendirse, en un libro acerca de las memorias sensoriales. Es una historia de dignidad, es una historia sobre la imposibilidad de olvidarse de la vida, que está siempre ahí, clavándose como un punzón en los riñones y que es lo que hacemos cuando todo va bien. El narrador cuenta lo que le pasa, con mucha más fuerza que compasión, y la sinceridad se impone.
Martínez Llorca ejerció de ángel de la guarda de sus hermanos pequeños en casa y en el patio del colegio, donde salía siempre derrotado en las batallas. Sobrevivió a un coma tras un accidente. Se impone la obligación de mantener el tipo, a costa de lo que sea, en los peores momentos que vive su familia, como tras el fallecimiento de su mejor hermano. Y a medida que avanzamos, la prosa se vuelve más reflexiva y el tiempo se vuelve más cercano. El narrador supera la adolescencia, llega a la universidad, se convierte en un adulto. Por fin encuentra un ritmo en el que sus pasiones puedan desatarse sin que peligre el corazón: la soledad y la literatura, la soledad y los viajes, los compañeros de cuerda en la montaña y el reconocimiento de la amistad. Será la amistad la tabla de salvación del náufrago, la representación generosa de la ética de Martínez Llorca, que se desnuda, identificando todo aquello que le transformó en un ser tímido, tal vez por la férula de un hermano mayor incapaz de superar el síndrome del príncipe destronado. La inmovilidad se convierte así en la única defensa frente a cualquier tipo de ataques de quienes son más fuertes que él. Y mientras tanto, el presente, la situación que lleva al narrador a afrontar este texto, que es a la vez una confesión y una carta de despedida, se describe la lucha por sobrevivir, a merced de una medicina más preocupada en controlar una enfermedad que en sanarla.
De alguna manera, la parte de la vida que uno no puede elegir le orienta hacia unas veleidades que ha podido extraer del tiempo libre, del aire libre. Aquí ya no se ocultan las filias y fobias que no llevan a ninguna parte. Aunque lo que predomina sigue siendo esa lucha por la vida, frente a unas enfermedades invisibles, crónicas, congénitas, que se han terminado por imponer y, definitivamente, modelan su temperamento. Pero ya a medida que se avanza en la lectura, se imponen los relatos de viajes y montaña. La sensación final es que se ha de ir librando batalla tras batalla, aunque seamos conscientes de que las posibilidades de derrota son superiores a nuestras fuerzas. Sin perder la orientación ni la conciencia de canto de cisne que implican las enfermedades, la última parte del libro, se centra en las narraciones de los más importantes episodios de su vida de aventuras: los momentos en que la muerte tocó de cerca a las cordadas de las que formaba parte o los agradecimientos a los grandes hombres del mundo de la montaña, que le apoyaron en sus primero pasos en la carrera literaria.
Y ya solo queda menciona a los autores que aparecen a lo largo de la obra, que son nuevos referentes vitales, pues leyendo Luz en las grietas uno conviene en que literatura y vida son sinónimos: Conrad, Montaigne, Whitman, Tolstoi, Pessoa.
Luz en las grietas es un libro híbrido, sin necesidad de aturdirnos con los fuegos artificiales que practican los autores tan en boca de todos hoy en día. Aquí no se lucha contra la complejidad de niveles textuales, metatemas y guiños cultos. Aquí nos sumergimos en relatos reales y reflexiones reales, que hablan de la aventura de vivir o de la intención de hacer de la vida una aventura, pese al tormento de la enfermedad. Huyendo del sentimentalismo, el miedo a la muerte queda vinculado a una vida que comparte pasión y aflicción. El resultado es un libro que consigue una hondura y una belleza que en lugar de iluminar, esclarecen. Una obra maestra, una obra maldita.