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martes, 27 de junio de 2017

'Viajar es muy difícil', de Nuria Amat

Publicada en Quimera, por idea de Jorge Carrión

Viajar es muy difícil
Nuria Amat
Bruguera
Barcelona, 2009
236 páginas

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Publicado por primera vez en 1995, en la extinta editorial Anaya & Mario Muchnik, Bruguera recupera este libro de Nuria Amat, uno de los textos que dieron pie a la introducción en el mercado español de los géneros híbridos, esos que pretenden combinar la ficción con el ensayo, el libro de viajes con la poesía. De entre la relación de autores que han cultivado este modelo, creando un género a partir de la combinación de los ya existentes, cabe destacar el éxito de Sergio Pitol –El viaje- o de W.G. Sebald –Los anillos de Saturno-, quienes entendieron que el buen hacer literario radicaba en conseguir un mestizaje y no un mero cóctel de párrafos con origen más o menos singular, más o menos sofisticado.
Leído después de este tiempo, cuando ya no hay lugar para la sorpresa, el libro de Nuria Amat resulta ser una mera selección justificada de sus escritores favoritos del siglo XX, un canon subjetivo que es bien difícil de cuestionar: Proust, Pessoa, Kafka, Nabokov, el matrimonio Bowles, Joyce, Svevo, Kavafis, Anna Frank, Borges y Gombrowitcz. El asunto del viaje queda supeditado a la biografía de cada uno de ellos, encajando las piezas en ocasiones con una soltura fácil de comprender, como en el caso de Bowles, o forzando la asociación con una reconocible arbitrariedad, para lo cual basta leer el capítulo “Imaginar La Odisea con un Ulises imposibilitado para moverse”, dedicado a la inmovilidad aparentemente voluntaria de Kafka y Pessoa.
Con intención de sacralizar el oficio de escribir, la primera parte del libro es una digresión no exenta de un narcisismo corporativista. Considera que los grandes escritores han sido exiliados sociales, malditos en su temperamento nómada o antinómada, apartados del hombre común: “La vocación del escritor y la vocación del proscrito son inseparables”. Para ello se refugia en la búsqueda, dentro de distintas ciudades vinculadas a su canon, de elementos anacrónicos, casi siempre heredados de la literatura clásica del siglo XIX: las sombras, los tranvías, los artistas alcohólicos, las prostitutas envejecidas, los empleados de banca y oficinistas humillados, e incluso las farolas de gas. Amat se muestra convencida de que la causa militante del escritor posee una doble vertiente: el compromiso con lo más literario de la propia literatura y la denuncia social. En consecuencia, el escritor se ve sometido al conflicto que surge de meter dentro del mismo cuerpo la escritura y la vida. De ahí que establezca unas categorías muy cuestionables, como la que crea en el capítulo “La casa de atrás”, en que trata de encajar a sus autores preferidos en dos bloques: los que eligen la clandestinidad y los de actitud solidaria.
De mayor interés y osadía narrativa es el segundo bloque de textos, unos saltos a través de la literatura y la geografía que van emparejando a los autores. Y para cada uno de los doce capítulos elabora un recurso diferente: a través de un lector común, mediante una misiva, enlazando locura con locura, inventándose un encontronazo o compartiendo tertulia. En todos los casos, la prosa de Amat es de una calidad irreprochable: precisa, limpia y rica en matices de talante sensitivo, como explica Ana María Moix en el prólogo. Pero no en todos ellos la narración es suave, no siempre la transición está lograda. En alguno de los capítulos, como el que vincula a Pessoa con Svevo a través del tabaco, se notan demasiado las costuras, pues resulta una asociación evidente.
El libro termina con un arrebato de cólera, con un texto producto de la impotencia que produjo en la autora la guerra de los Balcanes, la matanza de civiles, los argumentos con que se justificaron y la connivencia de la comunidad internacional. Sin embargo, la razón noble que lo llevó a redactarlo no impide al lector reconocer un pedestal burgués desde el que se emiten los tópicos pacifistas. A este canto nostálgico al exilio del escritor, al miedo a volar y al autoritarismo que desencadena guerras, que pretende ser el libro, cabría revisar la oportunidad y pervivencia de estas páginas.