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miércoles, 4 de julio de 2018

A LA DERIVA

Penelope Fitzgerald, una escritora a la deriva
Publicado en El Cultural
Impedimenta recupera «A la deriva», la novela que encumbró a Penelope Fitzgerald y supuso su consagración literaria haciéndole ganar el Booker Prize en 1979
Nenna James, una joven canadiense sin medios para alquilar una vivienda en el Londres de principios de los 60, vive con sus dos hijas en una barcaza anclada en el Támesis. Ninguna de las tres «pertenece ni al agua ni a la tierra firme», y comparten su existencia con unos vecinos que se encuentran, como ellas, a la deriva: Willis, un artista que intenta vender su decrépita nave a pesar de su pésimo estado; Richard, que vive a bordo del Lord Jim con su mujer, Laura, aunque ella preferiría mudarse a otro sitio, o Maurice, que ni siquiera protesta cuando su barcaza empieza a llenarse de objetos robados. Todos ellos van a contracorriente, en un espacio en el que podrían primar la sencillez y la libertad de la vida excéntrica, pero que se ve salpicado por los pequeños reveses cotidianos de cualquier existencia humana.
Inspirada en la vida real de Penelope Fitgerald, pertenece a su ciclo de inspiración autobiográfica, al igual que The Golden ChildLa librería (recientemente llevada al cine por Isabel Coixet) o Human Voices, A la derivarinde homenaje a quienes en los años sesenta emprendieron una azarosa aventura personal, una nueva forma de vida, pero terminaron por ser arrastrados por la corriente. Penelope Fitzgerald, ganadora del Man Brooker Prize y del National Book Critics Circle Awrad, goza de un bien consolidado crédito en Inglaterra, donde su trayectoria literaria, emprendida muy tardíamente, además de respeto y admiración despierta en general cierta perplejidad, debida a la dificultad de concretar su encanto tan peculiar.
Como comentaba hace tres años en su columna Ignacio Echevarría, «Julian Barnes destaca su sentido del detalle, resultado muchas veces de una documentación concienzuda, combinada con una asombrosa concisión. El mismo Barnes cita una frase de Sebastian Faulks que entretanto se ha hecho célebre: "Leer una novela de Penelope Fitzgerald es como salir de excursión en un automóvil impecable, en el que todo -el motor, la carrocería, el interior- inspira confianza, hasta que, recorridos unos pocos kilómetros, va uno y tira el volante por la ventana"».