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jueves, 5 de julio de 2018

Tratado de geología personal

Posiblemente sea un instinto humano (o animal) el que nos lleva a volver a nuestros orígenes para tratar de encontrar respuestas. Eso es lo que hace Amy Liptrot en su último libro: regresar a las Orcadas, las islas salvajes del norte de Escocia, en las que la autora pasó la infancia.

En Irse de casa, una de las últimas novelas de Carmen Martín Gaite, su protagonista volvía muchos años después a la ciudad de provincias donde creció para buscarse a sí misma. Lo mismo hace la protagonista de Una suerte pequeña, de Claudia Piñeiro, y las de tantas y tantas novelas. Se trata en realidad de uno de esos temas universales en la literatura, porque posiblemente sea un instinto humano (o animal, quién sabe) el que nos lleva a volver a nuestros orígenes en busca de algo que nos falta, a tratar de encontrar respuestas, a sanarnos de algún modo, y eso es lo que hace Amy Liptrot en su En islas extremas.
En su caso, su enfermedad es el alcoholismo y una espiral de conductas autodestructivas que le lleva a tener cada vez un menor control sobre su propia vida. El libro, en este sentido, es de una gran crudeza y honestidad. No nos oculta episodios que con el tiempo llegarán a avergonzarle profundamente, ni disimula esa sensación de fracaso que se instala en ella cuando su novio, después de recaídas constantes, la deja por imposible y finalmente la abandona. A partir de ese momento, Amy entra en caída libre...


“En los momentos grandiosos, ebria del aire fresco y la libertad de la colina, estudio mi geología personal. Mi cuerpo es un continente. Hay fuerzas que actúan por la noche. Como sufro de bruxismo, cuando estoy dormida aprieto los dientes como si fueran placas tectónicas. Cuando pestañeo, el sol parpadea, mi respiración empuja las nubes por el cielo y las olas rompen en la orilla con la cadencia de mis latidos. Cae un rayo cada vez que estornudo y cuando llego al orgasmos se produce un terremoto. Los promontorios de las islas se elevan sobre el mar, como mis extremidades en la bañera; mis pecas son lugares emblemáticos y mis lágrimas, ríos. Mis amantes son placas tectónicas y catedrales de piedra”