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viernes, 2 de diciembre de 2022

MADAME GAUGUIN

 

Madame Gauguin

Fietta Jarque

FCE

 Madrid, 2022

280 páginas

 

 


Entre Flora Tristán y Paul Gauguin, está Aline Gauguin, que fue hija, madre y persona. Vargas Llosa quiso acercarse un poco en El paraíso en la otra esquina, pero es esta novela de Fietta Jarque la obra que mejor nos acerca a esta figura, a esta mujer.

«

Seguir adelante. Eso es lo que tengo que hacer. Qué remedio. Cada día comprendo mejor algunas de las actitudes de mi madre. Ser independiente, trabajar, valerte por ti misma sin deber nada a nadie. A ningún hombre. No depender de la fortuna de los otros. Esas eran las recomendaciones de Flora antes de despedirse y dejarme olvidada, mientras ella iba en pos de una misión superior. “No te puedo llevar, querida, esto debo hacerlo sola”, me dijo antes de emprender su largo viaje proselitista por todo Francia. Por entonces yo estaba orgullosa de ella. Era una diosa, la verdadera mujer-mesías. Al final vino la decepción, la traición. No soy más otra víctima de Flora, de su gesta superior. Fui desechada, dejada de lado
».

El comentario surge hacia la mitad del libro, que ha transcurrido, en buena medida, en la ciudad de Lima, en la que se tejen relaciones que cabalgan entre el interés por la construcción del personaje y la vacuidad del ambiente de tertulias políticas, las conversaciones y poses entre supuestos intelectuales, en momentos en que sólo caben seres diletantes interviniendo.

Más adelante crecerá el pequeño Paul, ese admirable salvaje, y volveremos a Europa, donde la vehemencia del artista impone un nuevo ritmo de vida. De hecho, a medida que transcurre el libro su intervención será más definitiva.

Aunque está narrado en tercera persona, Jarque permite intervenir otras voces, sobre todo la de la propia Aline, que nos muestra sus dudas ante la lucha por vivir. Todos los que intervienen pueden dar su testimonio y así ayudar a crear una atmósfera elegante, que acompaña a ese estilo académico, a veces demasiado académico, con que está resuelta esta novela biográfica. Aunque tal vez lo más interesante sea volver a leer la lucha de una mujer por el empoderamiento, que debería haber sido natural desde los tiempos de Eva. La reivindicación de sororidad entre la autora y la protagonista es el mayor valor de esta historia que, por lo demás, se lee con agrado.

sábado, 12 de noviembre de 2022

ODIO

 

Odio

José Manuel Fajardo

Fondo de Cultura Económica

Madrid, 2022

106 páginas



 

La propuesta es volver a la narración. Tras diez años sin crear obra propia, un relato, una novela, José Manuel Fajardo (Granada, 1957) regresa con esta novela breve, o con esta combinación de relatos largos, una experiencia que pretende narrarnos cómo se construye el mal. Fajardo despliega dos situaciones en paralelo, ubicadas con más de cien años de diferencia, centrándose en un protagonista de dos acontecimientos horribles: un atentado y un asesino en serie. En el primer caso, el atentado, un acontecimiento reciente, comienza hablándonos de un mundo marginal, entre inmigrantes que profesan el islam y se mueven en el ámbito de la droga, en un barrio de París. En el segundo, reconocemos enseguida a Stevenson y un poco más tarde a Oscar Wilde, y nos lleva al Londres de cerca de 1900, y tal vez sea el que mejor defina el proyecto literario de Fajardo, que aspira, como el autor escocés, a convertirse en un narrador puro. Y es, todo hay que señalarlo, uno de los escritores españoles que más cerca está de conseguirlo.

La novela se despliega con un estilo tan sereno como natural, con los tiempos perfectamente medidos y dos estructuras redondas que van alternándose. No cabe ningún reproche de estrategia narrativa. Y comenzamos conociendo a unos seres que sienten en su existencia el deseo de cambiar, que no logran ser felices y lo lamentan. Uno de ellos fabrica bastones artesanalmente y tiene por cliente a Míster Hyde, el reverso oscuro del Doctor Jekyll. El otro profesa un amor desmesurado por una modelo mientras trata de sobrevivir entre la mala fortuna del inmigrante. Ambos se cuestionan qué elecciones hicieron mal en la vida para no tener la fortuna de ser felices y comprobamos cómo van abocándose sus momentos para deslizarse hacia el mal. Y encuentran en él una ocasión que consideran que no deben desaprovechar. No es complicado ir enlazando los datos que poco a poco afloran, para saber que estamos frente a dos tipos que odian porque no les queda más remedio. Tal vez no sean psicópatas, tal vez su mal no tenga un origen genético, no sea congénito; tal vez sean los factores ambientales los que orientaron esa desviación que terminará en sendas tragedias. No es sencillo encontrar tu lugar en el mundo, lo cual explica, pero no justifica, que uno termine llegando a convertirse en la peor versión de uno mismo. En ese sentido, no hemos evolucionado tanto como especie, al menos en el espacio que recorren los ciento veinte o ciento treinta años que separan los dos relatos que componen esta atractiva novela.

jueves, 14 de abril de 2022

NOCTURNO URBANO

 

Nocturno urbano

Cristina Peri Rossi

Fondo de Cultura Económica

Madrid, 2022

172 páginas

 



Uno se siente tentado, constantemente, a entrar a debatir qué es el ingenio y qué es la imaginación. No sabe bien si existe una frontera y, de haberla, cómo de permeable resulta. Tal vez la imaginación sea algo muy personal, una creación de mundo propio, mientras que el ingenio puede bien surgir de una acción de cocinero: con unos grandes ingredientes conseguir el mejor de los resultados. Pero eso sería limitar el trabajo de los cocineros. Tal vez no exista apenas otra diferencia que no sea la de cómo nos afecta, siendo la imaginación un mar de fondo y el ingenio el oleaje.

Esta duda renace al leer el primero de los volúmenes que conforman este Nocturno urbano. Nos encontramos frente al grupo de relatos que en su día se publicó en 1994, bajo el título Cosmoagonías. Son piezas en general bastante breves y muy ocurrentes, que surgen de cuestionarse detalles que van configurando la realidad. La extracción de los detalles bien puede surgir del paseo, de la lectura de periódicos o de los tópicos con que creemos que se configura la realidad. Uno reconoce a los maestros de Cristina Peri Rosi (Montevideo, 1941) en esta distancia: Borges, Italo Calvino, Kafka o Dino Buzzati. En realidad, son escritores a los que todo autor quiso emular en alguna ocasión, y todo autor bien avenido, todo autor sincero, será siempre un autor en formación. Cuestionarse la realidad y tratar de mirarla a través de los ojos de los grandes, es una propuesta de la que Peri Rosi sale con acierto. No deja de ser un grupo de relatos consistente, que se complementan como se complementan los segundos individuales para ir sumando el tiempo, por muy diferente que sea cómo vivimos cada uno de ellos.

Junto a estos relatos, se ha reunido el poemario Habitación de hotel, que en el año 2006 obtuvo el Premio de Poesía Ciudad de Torrevieja. Nuestra autora, nuestro último Premio Cervantes, comienza hablándonos con una poesía que busca explicarse a sí misma. Las referencias a su vida, comprometida con la literatura y sin saber si debe terminar de arraigar en algún lugar, son constantes. De ahí que nos hable sobre poesía y sobre detalles biográficos. De ahí este registro en el que se elogia a la literatura que, tal vez, no sirva para salvar vidas, pero sí para justificar con dulzura más de una, entre otras la de la autora.

Y así vamos viendo que en el volumen se recogen dos formas de mirada complementarias: la de los relatos enfoca al mundo exterior, y la de la poesía al mundo interior. Ambas se refieren al acontecer. Y es que tal vez no exista nada más real que eso, por mucho que uno se empeñe en utilizar la imaginación y el ingenio en el arte de vivir, de escribir.

lunes, 14 de febrero de 2022

UN DÍA DE GUERRA EN AYACUCHO

 

Un día de guerra en Ayacucho

Fermín Goñi

Fondo de Cultura Económica

2021

184 páginas

 



¿Puede entonarse un hecho bélico como un acto heroico? La pregunta surge al intentar definir la épica. Respecto a la Odisea no nos cabe duda, se trata de épica. Como no nos cabe duda si leemos un relato de conquista de una gran cumbre o una travesía en la Antártida. Incluso en las novelas de crecimiento, del paso a la madurez, tratamos con el género épico. Pero al entonar un canto que se refiere a la guerra, ¿cuánto hay de mejora humana en la batalla? ¿Cuánto de resiliencia, o de definición del alma? El dibujo sobre la civilización atañe a las fronteras, por ejemplo, o a la visión del otro como enemigo, no como persona, lo cual no sabemos si terminará de ser una aportación a la épica, que es un género que nos traza rutas para ayudarnos a crecer en lo que nos hace buenos, en el buen sentido de la palabra bueno: cooperación, amor, generosidad, humildad, sabiduría.

Leemos Un día en la guerra de Ayacucho, de Fermín Goñi (Pamplona, 1953), preguntándonos si existe una intención de relato épico. Sabemos que es una obra coral, en la que los personajes trazan, a ráfagas, dibujos de humanidad, aunque parece interesarse más por un mapa cronológico de lo que fue aquella gran batalla. En Ayacucho se libró el enfrentamiento definitivo con la independencia de América del Sur en juego, el que dará pie al nacimiento de Perú. Se despliegan todos los recursos de estrategia bélicos, que el autor va refiriendo con pulcritud, de manera que resulta sencillo seguir los acontecimientos. En cierta medida, es como si asistiéramos a la batalla desde una distancia prudente, pues por dentro, ya lo demostró Stendhal en La cartuja de Parma, son un caos. Nos acercaremos a los personajes, a la dimensión cercana, cuando aparezcan mujeres, niños, o personajes marginales. Respecto a los que visten uniforme, si asistimos a algún conflicto cuando cobran presencia, ese conflicto tiene que ver con la batalla.

Es irreprochable en trabajo de documentación, que nos hace dudar sobre qué punto es ficción y cuál se adhiere a la historia. Como lo es el estilo de Goñi, que elige una prosa cuidada, discreta pero con un sonido lo bastante cano como para transmitir el ambiente de época. La novela resultará de lo más atractiva a los aficionados al género. Y a quienes tenemos demasiados huecos por rellenar en los conocimientos de historia, nos ayudará a completarlos. Pero que nadie espere encontrar en el general Sucre, por ejemplo, a un miembro de la tripulación de Ulises. Es un tipo de lucha diferente, lo bastante diferente como para que dudemos si este género es épico, al menos en el sentido en que eran épicos las grandes cantares de gesta: las virtudes del héroe serán leyenda porque son el faro que nos guía en la oscuridad.

miércoles, 16 de enero de 2019

ROBINSON Y LA ISLA INFINITA


Robinson y la isla infinita
Rosa Falcón
Fondo de Cultura Económica
Madrid, 2018
250 páginas

Un mitema es una porción irreductible de un mito, uno de esos átomos sin los que el cuerpo pasaría a ser una masa amorfa, una gigantesca ameba, una mancha sin identidad. La necesidad del mito, y de los mitemas, es tan algo que tampoco ha variado nada con el orden impuesto por el paso del tiempo, el avance de la civilización y los descubrimientos científicos. Los mitos narran y en buena medida somos seres narrativos. De hecho, uno de los grandes avances científicos, el psicoanálisis, otro mito en sí, una experiencia que servirá para combatir la soledad del hombre moderno, que es uno de los temas que flotan en este ensayo, debe su éxito a este hecho: dado que no podemos reconciliarnos con nuestro pasado, al menos sí cabe hacerlo con su narración. Al final del libro, Rosa Falcón resumirá algunas de las actualizaciones del mito de Robinson en el cine y las series, donde proyectamos ahora nuestros mitos, que es tanto como decir lo que desconocemos, con sus temores y sus ilusiones. Pues la obra de Daniel Defoe trata ambas: Robinson Crusoe da con los huesos en el supuesto paraíso para tener que afrontar la inevitable supervivencia. La soledad, antes mencionada, es un arma de doble filo: por una parte, es un deseo frente a la neurosis de la vida moderna y la vida pública, pero por otra es una forma, en sí, de neurosis. Nadie que esté solo estará en buena compañía, nos recuerda Falcón que dijo, a su vez, Paul Valéry.
El drama es, probablemente, el tema que, sin especificarlo, flota durante este ensayo. El enfrentamiento entre los espejismos, la esperanza y la supervivencia, que se expresan en extremo en Robinson, y la relación con Viernes, tan necesaria como colonial o neocolonial, llevan este drama al extremo. Las tesis de Rosa Falcón orbitan alrededor de la actualidad, de la novela moderna que se inicia con el propio Daniel Defoe, pero más en concreto con la narrativa y la literatura contemporánea. Las robinsonadas son ya un género mestizo y se pueden leer en la filosofía creativa de pensadores y literatos. Kafka, nos sugiere, es el caso extremo, el escritor que coloca al hombre como impensable Robinson en una isla formada por él mismo. Pero antes de llegar a Kafka, donde aterriza casi todo análisis literario posterior al genio checo, se nos ha ofrecido, a través de los mitemas de Robinson -la soledad de la existencia humana, el deseo de libertad, el conflicto entre el individuo y la sociedad, la isla, el viaje, el mar o el naufragio-, una historia tal vez no del pensamiento, pero sí de las ideas imprescindibles. Si uno entiende la vida como viaje, no le faltarán ocasiones para pensarla como naufragio.
Falcón tiende al resumen, no a la extensión. Cada capítulo podría abarcar, a su vez, un libro entero. Pongamos por ejemplo los vínculos entre Utopía y la isla de Robinson. La idea común es la de la isla como un no lugar, es decir, la abstracción. De ahí todas las reseñas de obras del siglo XX que vendrán a continuación. De cada novela que estudia, desde García Márquez a Saramago, extrae una idea esencial, referida al mito de Robinson, a su principal mitema, que es el drama de la soledad y, tal vez, el triunfo sobre ella. Otro tanto hará con los poemas. En ambos ámbitos destaca América Latina, pues pocos lugares del planeta han destacado más por el impulso paradisíaco del deseo de una isla. Hasta hace cien años el Caribe tal vez fuera el lugar privilegiado a tal fin. Rosa Falcón olvida un poco, con intención, que el Pacífico tomado ese lugar, igualando a las islas de América, durante el último siglo. Pero el libro no pretende abarcarlo todo. A la hora de concluir, podemos decir que nos encontramos frente a un estudio de los mitos literarios, del gran mito literario a escala humana, pues Don Quijote o Ulises se enmarcan en ámbitos solares, el primero, o divinos, el segundo.

lunes, 12 de febrero de 2018

MAPAMUNDI DE LUGARES INSÓLITOS, MÍTICOS Y VERÍDICOS


Mapamundi de lugares insólitos, míticos y verídicos
Luis Pancorbo
Fondo de Cultura Económica
Madrid, 2016
495 páginas



El verso de Yeats que sirve de epígrafe a la edición de esta enciclopedia de destinos –Y cosecharé hasta el final del tiempo / las plateadas manzanas de la Luna / y las doradas manzanas del Sol-, nos remite a varias referencias; una de ellas, que probablemente no estaba en las intenciones del poeta inglés, es la prueba de Hércules en que debe viajar a los confines del mundo, que eran las Hespérides, para recoger las manzanas de oro. Custodiadas por un dragón, la única forma de obtener la cosecha era sacrificar a la bestia que, por encima de cualquier otra, quiere decir terror. Un terror hacia lo desconocido, dado que nadie jamás ha visto los verdaderos ojos de los dragones. Superar el miedo que llevamos dentro, ir hasta más allá de la tierra conocida, recomponerse por dentro, hacerse adulto, no volver a temer cerrar los ojos en la oscuridad ni pisar el territorio en el que nos advirtieron que podríamos correr peligro, no sentirse intimidado, no temer violar las leyes de los demás, atreverse a entrar en las casas ajenas, en los pueblos lejanos, osar abrirse paso entre una multitud con la que creías que resultaría imposible entenderse, todo eso es el viaje. Y del viaje regresarás con apenas tres manzanas de oro, la fruta más sencilla, tanto que es necesario cubrirla de una capa de metal precioso para considerarla una golosina. Esa capa dorada es la memoria del viaje. Porque sucede que, a la hora de la verdad, no existe otro viaje que no sea a las Hespérides. Si a lo largo del tiempo que has pasado lejos del hogar no sentiste que te suponía un esfuerzo, el esfuerzo de afrontar algo a lo que uno teme, el viaje, es que en realidad no has salido de la cocina de tu casa.
Si bien es cierto que todo viaje existe para que exista Ítaca, ese lugar que para Thoreau era Concord y para un peregrino su aldea y los leños que arden en la chimenea, tras cumplir el rezo en Roma o completar la vuelta al monte Kailas, todos ellos han superado su anterior frontera para ver las Hespérides y darse cuenta de que el dragón es un ser con escamas que uno puede atravesar con la espada de la fantasía. Esta Tierra sigue colmada de sitios en “la raya de lo insólito, lo verídico y lo mitológico”, nos dice Luis Pancorbo (Burgos, 1946), advirtiéndonos que todo queda a merced del viejo espíritu del viajero. Para él no se trata de coleccionar postales, como hace tanta gente, sobre todo desde que se pueden disparar quinientas fotografías en una sola tarde. De ahí este Mapamundi particular que ahora nos ofrece en quinientas páginas y por orden alfabético. Si bien lo esencial de esta selección de lugares es ese afán de Pancorbo de eliminar de su aura y de los coloquios en los que pueda participar el “ellos”, para sustituirlo por un “vosotros”. Siempre resultará más sencillo querer a la gente que uno conoce, y ese amor se conquista viajando. No importa el nombre que lleven las Hespérides seleccionadas, desde la Aaranes sueca a Zuyderzee en los Países Bajos, dos lugares unidos por la brega del hombre en la colonización del agua, lo que importa es que los lugares están habitados. Ni siquiera importa que no se hayan visitado posando un pie sobre el lugar, sino que haya sido imprescindible la imaginación, esa herramienta tan generosa cuando de geografía se trata. Porque los lugares que Pancorbo selecciona no están únicamente en función de su experiencia, sino también de la experiencia de los demás, de los ellos que para él son, o somos, vosotros. La mitología está llena de Hespérides, de dragones, y de hombres que salieron a buscar el Dorado pero que al final del viaje, por muy inhóspito, mítico o verídico que fuera el viaje, regresaron con apenas tres manzanas: la primera siempre quiere uno guardarla para sí, y es esa la que pasa a formar parte de la memoria; la segunda, no quepa duda, será el regalo que entregaremos a los seres más próximos y contendrá los más cuidados de nuestros secretos; y la tercera pasará a formar parte del conocimiento colectivo, es la manzana que contiene lo que narraremos en las tertulias o, si uno dispone de tiempo y algo de talento para expresarlo de una u otra forma narrativa, podrá transformarla por ejemplo en un libro. Este Mapamundi de lugares insólitos, míticos y verídicos recupera cincuenta años de Luis Pancorbo recogiendo manzanas de oro en las Hespérides de todos los continentes.

Fuente: La línea del horizonte