Almas
libres y joviales
María
Belmonte
Acantilado
Barcelona,
2026
297
páginas
No
es nada sencillo organizar el mundo. De hecho, tal vez no merezca la pena
intentarlo, porque cualquier fórmula lo hace menos interesante. Y organizar el
mundo significa, en buena medida, catalogar a los seres que habitan en él,
sobre todo a los humanos. No es una buena idea, porque lo que resulta atractivo
tiene que ver con las pasiones y los catálogos son fórmulas demasiado intelectuales.
Nuestra altura moral tiene que ver también con la zona de sombra que arrojamos
y, en algunos casos, hasta con la doble vida. La pasión, la sombra, el doble,
todo ello puede ser una obra de arte, si uno añade al guiso la imaginación. A
veces uno tiene la impresión de que todo esto tiene que ver con la capacidad de
fingir que tiene el contador de historias, ese que sabe crear aventuras de cualquier
gesto, incluidos el de la propia aventura, ese que sabe de la importancia de
transmitir riesgo hasta cuando habla de situaciones fáciles, ese que sabe que
lo interesante de los otros está en lo que tienen que ocultar. De lo contrario,
todos seríamos planos, aparentes, iguales. De ahí el valor que tiene rescatar a
quien se ha mostrado tan diferente, libre y jovial, como reza el título de este
magnético libro que ha escrito María Belmonte (Bilbao, 1953).
Nos
vamos a enfrentar a cuatro perfiles más bien largos, pero no tanto como para
considerar que estamos frente a biografías. Nietzsche, George Sand, Edward Lear
y Gary Snyder no tienen, en un primer vistazo, demasiado en común. Pero de lo
que se trata, lo que ocupa a Belmonte, es un sistema de valores, un renegar sin
coger las armas. A riesgo de utilizar una expresión cursi, nos atreveríamos a
decir que Belmonte indaga en el alma para buscar los puntos que tienen en
común, esos que nos espolean a las rebeldías diarias, esos que nos incitan a no
aceptar lo común, lo vulgar, lo que nos lleva a dar chillidos tipo «¡Vivan las
cadenas!». Las expresiones que utiliza para referirse a ellos a lo largo del
libro son bastante significativas y hacen referencia a ignorar las
convenciones, hacer enemigos con sutileza, la dificultad del camino por muy
brillante que sea tu talento, o la expresión con que se refiere a Nietzche: «Es
un pirata que ha venido a sacudir la somnolencia, para que creemos, al fin, un
mundo nuevo de valores». Ese pirata que pretendía fundar escuelas al servicio
de los espíritus libres, inventando nuevas posibilidades de existencia, como
las protagonizadas por sus compañeros de volumen. «¿Cómo vivir una vida propia
en un mundo que quiere que seas como los demás?». Partiendo de esa pregunta
Belmonte se adentra en unos perfiles que traza con mucho magnetismo, con un
pulso sereno y sin demoras innecesarias. Va siguiendo las vidas de aquellos a
los que a medida que conocemos iremos considerando modelos, maestros en la
voluntad de vivir, de modo que lo que nos presenta es aquello que más tarde
podríamos rastrear en su obra.
Los
perfiles terminan con un detalle autobiográfico, con un viaje de la propia
autora hacia alguno de los lugares que fueron más significativos en la vida de
las personas señaladas. Decimos personas y no personajes, porque la complicidad
que conseguimos al leer sobre ellos nos acerca más a querer entablar relación
con ellos como amigos que como ideales. Belmonte ha escrito, en definitiva, un
libro de perfiles que nos lleva a considerar que este género, tan poco
divulgado, debería comenzar a considerarse como una de las mejores posibles
aportaciones a la literatura en un mundo que precisa de ser explicado, no de
ser organizado, porque la organización excesiva acaba con la libertad y la
jovialidad del mundo.

