miércoles, 4 de noviembre de 2026

ALMAS LIBRES Y JOVIALES

 

Almas libres y joviales

María Belmonte

Acantilado

Barcelona, 2026

297 páginas

 



No es nada sencillo organizar el mundo. De hecho, tal vez no merezca la pena intentarlo, porque cualquier fórmula lo hace menos interesante. Y organizar el mundo significa, en buena medida, catalogar a los seres que habitan en él, sobre todo a los humanos. No es una buena idea, porque lo que resulta atractivo tiene que ver con las pasiones y los catálogos son fórmulas demasiado intelectuales. Nuestra altura moral tiene que ver también con la zona de sombra que arrojamos y, en algunos casos, hasta con la doble vida. La pasión, la sombra, el doble, todo ello puede ser una obra de arte, si uno añade al guiso la imaginación. A veces uno tiene la impresión de que todo esto tiene que ver con la capacidad de fingir que tiene el contador de historias, ese que sabe crear aventuras de cualquier gesto, incluidos el de la propia aventura, ese que sabe de la importancia de transmitir riesgo hasta cuando habla de situaciones fáciles, ese que sabe que lo interesante de los otros está en lo que tienen que ocultar. De lo contrario, todos seríamos planos, aparentes, iguales. De ahí el valor que tiene rescatar a quien se ha mostrado tan diferente, libre y jovial, como reza el título de este magnético libro que ha escrito María Belmonte (Bilbao, 1953).

Nos vamos a enfrentar a cuatro perfiles más bien largos, pero no tanto como para considerar que estamos frente a biografías. Nietzsche, George Sand, Edward Lear y Gary Snyder no tienen, en un primer vistazo, demasiado en común. Pero de lo que se trata, lo que ocupa a Belmonte, es un sistema de valores, un renegar sin coger las armas. A riesgo de utilizar una expresión cursi, nos atreveríamos a decir que Belmonte indaga en el alma para buscar los puntos que tienen en común, esos que nos espolean a las rebeldías diarias, esos que nos incitan a no aceptar lo común, lo vulgar, lo que nos lleva a dar chillidos tipo «¡Vivan las cadenas!». Las expresiones que utiliza para referirse a ellos a lo largo del libro son bastante significativas y hacen referencia a ignorar las convenciones, hacer enemigos con sutileza, la dificultad del camino por muy brillante que sea tu talento, o la expresión con que se refiere a Nietzche: «Es un pirata que ha venido a sacudir la somnolencia, para que creemos, al fin, un mundo nuevo de valores». Ese pirata que pretendía fundar escuelas al servicio de los espíritus libres, inventando nuevas posibilidades de existencia, como las protagonizadas por sus compañeros de volumen. «¿Cómo vivir una vida propia en un mundo que quiere que seas como los demás?». Partiendo de esa pregunta Belmonte se adentra en unos perfiles que traza con mucho magnetismo, con un pulso sereno y sin demoras innecesarias. Va siguiendo las vidas de aquellos a los que a medida que conocemos iremos considerando modelos, maestros en la voluntad de vivir, de modo que lo que nos presenta es aquello que más tarde podríamos rastrear en su obra.

Los perfiles terminan con un detalle autobiográfico, con un viaje de la propia autora hacia alguno de los lugares que fueron más significativos en la vida de las personas señaladas. Decimos personas y no personajes, porque la complicidad que conseguimos al leer sobre ellos nos acerca más a querer entablar relación con ellos como amigos que como ideales. Belmonte ha escrito, en definitiva, un libro de perfiles que nos lleva a considerar que este género, tan poco divulgado, debería comenzar a considerarse como una de las mejores posibles aportaciones a la literatura en un mundo que precisa de ser explicado, no de ser organizado, porque la organización excesiva acaba con la libertad y la jovialidad del mundo.

SERVICIO INTERIOR

 

Servicio interior

Katixa Agirre

Tusquets

Barcelona, 2026

266 páginas

 



Este Servicio interior es una interpelación directa al lector. Katixa Agirre (Vitoria-Gasteiz, 1981) idea una voz que está llamando la atención constantemente, como la llamaría una voz en off en una película, una voz diseñada para que no se pierda la concentración en la historia. La idea de Agirre es la de crear una etapa de una escaleta de guion cinematográfico, en la que la idea del guion queda apartada para dar pie a una narración que bien podría convertirse en una novela. Se alude constantemente a recursos narrativos del cine, de tal manera que la impresión que se extrae de la lectura es la de que la autora, que está emocionalmente implicada en la narración, nos detalla que un relato cuenta con una intención, sí, pero también con una serie de decisiones narrativas que se irán desplegando a medida que uno va avanzando sobre el terreno.

El asunto que provoca en Agirre tanto interés es el de unas vidas en las que está presente la derrota, porque sobre derrota es sobre lo que cabe escribir cuando afrontamos episodios de la guerra. Nos encontramos en tiempos de la Guerra Civil y de la Segunda Guerra Mundial, y nos encontramos con cuatro mujeres cuyo fin parece que va a ser trágico. Hay una trama, que parece pasar a un papel secundario, en la que estas mujeres actúan junto a otros personajes, una trama en la que cierta información comprometedora se debe ir ocultando, en la que quienes están fuera de la cárcel se comprometen a ayudar a causas a las que el primer franquismo persigue. Y decimos que la trama se antoja secundaria porque lo que se impone es la distancia documental con que está narrada la época. Este punto de vista ayudará a dar verismo a una historia en la que la realidad alimenta a la ficción y, posiblemente, la ficción esté alimentando a la realidad: allí donde solo hubo derrota ahora se consigue colocar una bandera de dignidad.

Agirre nos hablará sobre la traición sin entrar de lleno en temas de espionaje, hablará sobre la cárcel y lo patibulario, sobre las condenas a muerte, sobre las checas y la tortura, y hasta sobre la historia del país vasco, sobre un gobierno en el exilio y sobre la maldad de un tipo capaz de cualquier cosa con tal de dar salida a un odio engendrado en quién sabe dónde. En realidad, nos habla de algo tan duro como es la supervivencia y nos lleva a preguntarnos cuál es la materia de la que está hecha la supervivencia humana. La dignidad, que es lo que nos gustaría que fuera el sustrato del tema, es mayormente deseo, porque no cabe en otro lugar. Queda, con toda probabilidad, el asunto de la resignación o, en este caso, de la no resignación. Como Ethan Edwards, el personaje principal de Centauros del desierto, uno puede dar al mundo por perdido, saber que no hay marcha atrás en su causa, pero negarse a hincar las rodillas. Pero, a diferencia de lo que sucede frente al personaje que creó John Ford, aquí nos identificaremos sentimentalmente con los perdedores, incluso llegaremos a preocuparnos por su futuro, que forma parte del pasado, de nuestro pasado, lo cual provoca el efecto de que el relato se convierta en un triunfo.

Agirre ha compuesto una interesante novela que nos habla de ese momento crítico, ese momento que cambió el país y el mundo, del que todavía quedan muchas cosas por conocer, sobre todo las que se construyeron sobre los hombros de la gente involucrada en sacar adelante proyectos que suponían bienestar y vidas humanas. Acudiremos de nuevo a lo clandestino y a la persecución para adentrarnos, con un ánimo entre documental y narrativo, en lo mejor y lo peor de la condición humana.


Fuente: Zenda