martes, 30 de enero de 2018

K2

K2. Enterrados en el cielo
Peter Zuckerman y Amanda Padoan
Traducción de Ricardo García Pérez
Capitán Swing
Madrid, 2015
306 páginas



Rara es la ocasión en que la literatura de montaña, entendiendo por tal no la ambientada en valles y cimas, sino la cercana al alpinismo, la escalada o cualquier otra forma de arrojo con la que acuden ejércitos de personas a las cumbres, muestra las dos posibles vertientes de la pasión: la del amor a la montaña y a los hombres y mujeres de montaña, y la de amor por la literatura. K2. Enterrados en el cielo, es una de esas escasas ocasiones en que la emoción empuja a no cerrar el libro hasta el final. En un trabajo de colaboración perfecto, en el que no se notan las costuras de qué parte de la labor pone sobre la mesa cada uno, Peter Zuckerman, periodista, y Amanda Padoni, alpinista, han escrito una obra que aporta una nueva forma de entender la literatura de montaña. En primer lugar porque los protagonistas que pasan a primer plano no somos nosotros, porque nos proponen identificarnos más con los himalayistas de allí, con los sherpas y montañeros de Nepal y Pakistán. En segundo lugar, porque nos presentan esa parte de la aventura que generalmente se pasa por alto, y que es tan necesaria como la propia ascensión: la cultura del lugar, su pasado, casi un estudio antropológico. En tercer lugar porque siendo una crónica aparentemente destinada a los expertos en montaña, se las arreglan para que cada término técnico, cada elemento especializado del alpinismo, quede explicado de manera que nadie tenga que recurrir a un manual para entender las dificultades y los méritos de las maniobras de alta montaña.

A modo de antihéroes, dos sherpas (con minúscula, pues dicho término se ha extendido para designar a hombres del Karakórum o el Himalaya sin que pertenezcan a la etnia Sherpa) sobreviven a una de las jornadas más trágicas que han sucedido en el K2. En este caso durante la temporada alta del año 2008. Hasta once escaladores perdieron la vida, y pudieron ser más de no ser por los riesgos que corrieron Chhiring Dorje y Pasang Lama. Pero antes de la épica, hemos conocido su cuna, pobre, austera, aldeana; y también hemos aprendido a respetar su cultura. Luego nos hemos adentrado en la caótica ciudad de Katmandú, que es un retrato de un lugar construido con la consistencia de una casa de palillos y revocado de suciedad. Y contra todas estas trabas, hemos atendido a la educación sentimental de Chhiring y Pasang,  y a una forma diferente a la del occidental de hacer de la necesidad pasión. Luego comenzarán esas páginas que agarran al lector por las solapas y lo sumergen en los sucesos con una intensidad más propia del cine que de la literatura. Porque el libro está escrito con la exactitud que requiere el relato: no sobra ni una pieza y la dosificación de acontecimientos es una cadena sin ningún eslabón roto ni oxidado. Escrito con una pulcritud impecable, con fluidez, bien traducido por Ricardo García Pérez, y acompañado por un aparataje inusual de notas, aclaraciones y documentación, respetando, por encima de todo, los testimonios de los supervivientes y la memoria de los fallecidos, K2. Enterrados en el cielo será uno de los grandes libros épicos del año. Imprescindible para los amantes del alpinismo, pero necesario para entender que existen formas de pasión, muchas formas de pasión, para cualquier lector. Incluso para que alguien no habituado a la lectura comprenda por qué la vida con pasión es más vida.

Fuente: La línea del horizonte

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