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martes, 30 de enero de 2018

INSULARIDAD

Insularidad
Ralph del Valle
Desnivel
Madrid, 2014
127 páginas



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“¿Por qué nos caemos?” “Para aprender a levantarnos”.
La pregunta y la respuesta padecen de ese maldito tono de libros de autoayuda, o de película de Hollywood. Y, sin embargo, sigue siendo el mejor de los criterios para darse cuenta de que si no aprendes, no vives.
Desnivel acaba de publicar un libro, Insularidad, de Ralph del Valle (Madrid, 1978), en el que se dibuja y colorea esa lección en un tono en el que no hay nada que quepa reprochársele. Sin seguir un orden del todo cronológico, a mitad del libro nos relata qué le llevo, a los doce años, a convertirse en un corredor de fondo, pero negándose a ser una estrella entre los corredores de fondo. Algo que él vive como un fracaso a una edad en la que la sensibilidad se confunde con la piedad, algo que le lleva al desconsuelo, a una autocompasión tan pueril que uno podría acabar arrepintiéndose, con el tiempo, de haberla padecido. Pero Ralph del Valle la relata sin pudor, sin vergüenza, aunque con un atisbo de rencor que ayuda a darle un poco de potencia al hecho. Y, sobre todo, a reconocernos en él. Nadie se ha librado, en algún momento de su vida, de ese rostro bermejo que es un grito que significa “quiero desaparecer”.
Aún así, no olvida esa deuda pendiente con su dignidad. Y durante algunas páginas en las que relata qué significa para él correr, da la impresión  de que pretende saldar deudas. La dignidad trata en buena medida sobre la imposibilidad de olvidarse de la vida. Que es lo que hacemos cuando todo va bien. Y para el autor todo va bien cuando calza sus zapatillas y sale a correr a 5 o 12 grados bajo cero. Pero la dignidad no es algo que se conquiste colgándose medallas. Eso apenas genera una sugestión de un sucedáneo de dignidad. La dignidad sale sola, no hay forma de obligarla a salir a base de conquistas. Ahí el autor gana, pues no se propone batir ningún récord. Cuando intenta mejorar sus marcas en una media maratón no está batallando por algo tan tópico como la superación personal, sino por sobreponerse, por darse cuenta de que hay algo en la vida que raya con la vida, y eso es lo que menos incordia de todo lo que vamos a encontrar en el paso por este planeta.
No hay mucha fuerza en su lírica, hay algo de compasión bien entendida, esa que significa padecer con los otros. Porque al reconocer cada sensación, cada momento del aprendizaje sensorial, reconoce la existencia y el valor de las demás personas. Ralph del Valle es un narrador sincero, pero además es un escritor dotado para la metáfora, para el ritmo de una prosa que no cansa. Eso ayuda, sobre todo en los momentos en que da la impresión de repetir alguna idea ya recibida en páginas anteriores. Un mal menor.
Insularidad es una demostración de que hoy, tal vez, sea el momento de hablar de la realidad y no de inventar más historias. No hay imposturas en el libro. Todo lo que sea correr se relaciona con una vida que va poco a poco enumerándose. Y a lo largo del texto, el protagonista va evolucionando. Al principio cree que corre para huir; después cree que corre para meditar o cree que corre para pensar mejor, lo cual sería una contradicción; más tarde cree que corre para reconocerse porque ahí están tantas y tantas sensaciones. En definitiva, Insularidad es una reflexión en la que hay algo de urgente: deberíamos leer este libro cuanto antes.

Fuente: La línea del horizonte