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miércoles, 5 de julio de 2017

Historia de una mujer que caminó por la vida con zapatos de diseñador

Historia de una mujer que caminó por la vida con zapatos de diseñador

Margo Glantz

Anagrama
Barcelona, 2005
190 páginas
15 euros

Calzado, Inglaterra y mamografía


Los diez episodios que configuran esta obra de Margo Glantz hablan sobre una mujer mejicana, Nora García, a quien su afán por alejarse de parecer una escritora mejicana, con todo lo que eso supondría de reducir su universo a una provincia, le supone un esfuerzo que se nota demasiado. Tanto que cualquiera tendería a calificarla, rápidamente, de una escritora de aldea. En primer lugar, y como demostración de sus licencias literarias, que pretende manejar con soltura, está una construcción metaliteraria, en la que el libro va explicando como se fabrica el propio libro. Esta táctica pretende alejar al lector de otro mundo que no sea el literario. En idéntica dirección reman todos los guiños eruditos, las constantes menciones cultas a referentes sociales como diseñadores, datos cinematográficos, literatura francesa, pintores ingleses, la música de Bach, etc. Una estrategia fácil de encajar en una obra literaria, pero que hace falta ser muy Borges para que pase desapercibida, y si no pasa desapercibida es sospechosa de estar tapando con conocimientos enciclopédicos una sabiduría restringida. Hay una aspiración al cosmopolitismo reflejada, mayormente, en la anglofilia no definitiva de una narradora que escribe algo que sólo cabe calificarlo de novela ateniéndonos a la definición de Cela: novela es todo aquello que sucede tras la palabra novela. Historia de una mujer... no es una novela, pero eso no tiene importancia.
Lo cierto es que con muchas dificultades podría dar a luz a una novela una mujer como Nora, que experimenta el mundo por parcelas que delimitan las partes de su cuerpo. Practica una extraña versión del solipsismo: sólo puede ser conocido lo que afecta a mi propio yo. Basta con hacer una enumeración de las cosas que le interesan a la narradora: los zapatos de diseño y su juanete, tres o cuatro pintores ingleses del siglo XX, los perros (muchos) de compañía o que la acompañan, la calidad culinaria por encima de los modales en la mesa, la primera consecuencia de la sospecha de un cáncer de mama que es el estirado pero denso flujo de pensamiento que le empacha durante la espera. Siete de los diez apartados podrían considerarse relatos, en tanto que los otros tres pertenecen al arte del gesto, son apuntes que el lector agradece dada su brevedad lo cual, en los tiempos que corren, es un detalle digno de alabanza. En cuanto la extensión supera las dos páginas, Margo Glantz da pie a una sucesión digresiva en la que se alternan asociaciones con historias de conocidos, valoraciones subjetivas de parcelas minúsculas de la existencia, un variado registro de casos vinculados a la obsesión concreta de cada episodio, incluso cuando este se limita a maldecir la coartadora educación británica en la mesa. Y el mérito de sus viajes por Europa, sobre todo a y desde Inglaterra, con la percepción abierta, lo cual quiere decir dispuesta a registrar los detalles de lo que sucede cerca de ella, en contraste con las anteojeras que caracterizan a la mujer inglesa que en el episodio titulado Englih Love la visita en su casa de México.
Como la narradora confiesa: “con solemnidad... sentada como franciscano seráfico a la máquina de escribir o frente a la computadora, fumándome un cigarrillo, oyendo a Bach, comiendo turrón de yema y bebiendo un oporto, comienzo el acto más heroico de mi vida: escribir la historia de una la mujer que caminó por la vida con zapatos de diseñador”. Pues bien, no resulta complicado suponer qué tipo de cosas rellenan la existencia de alguien que parte de esa pose a la hora de escribir. Para el que le interesen esas cosas se ha escrito este libro, estas piezas de un microcosmos.

Fuente: Quimera