domingo, 9 de septiembre de 2018

¡ABSALÓN, ABSALÓN!

¡Absalón, Absalón!
William Faulkner

Un comentario



Ante la edición que nos regala Navona, y una nueva lectura de esta obra, se me ocurre algún comentario.
En primer lugar, debo avisar que soy un fanático de Faulkner desde que leí 'Mientras agonizo'. Se trata de una de las diez mejores novelas del siglo XX. Y Faulkner, tal vez, del mejor escritor de los últimos 120 años. El mejor no quiere decir el más importante. Esa corona es para Kafka, quien cambió la literatura que se escribiría posteriormente, e incluso toda la literatura anterior. Y también la manera en que entendemos ciertos sucesos de lo cotidiano. Kafkiano supone ir más allá de imposible o increíble.
'¡Absalón, Absalón!' es la obra más Faulkneriana de toda la carrera del escritor. Más incluso que 'El ruido y la furia', porque aquí no despieza los sucesos en tres parte. En la edición de Navona, en papel hueso y con caracteres que nos permiten que el ojo lea relajadamente, con una traducción impecable, resulta que la lectura nos permite descubrir lo que se nos ocultó en ediciones anteriores, donde el esfuerzo por leer se sumaba al esfuerzo por desentrañar lo leído. La prosa es tan dura, tan de borracho sabio, que uno ha necesitado cinco intentos para llegar hasta el final. Pero ha merecido la pena. Con todo, en ciertos instantes uno pierde la concentración. Pero, por otra parte, el enigma que es la forma de escribir y de narrar, pues es una novela narrada por personajes, nos atrapa y solo embarcarse en la aventura de leer es una proeza de la que nos sentiremos orgullosos. Faulkner, pues, apuesta por el orgullo del lector. Y por un acto de fe del lector. Uno tiene que estar muy seguro de que Faulkner conoce la tierra que crea, para comulgar con comparaciones como las que hace un granjero analfabeto, entre algún personaje y algún mito griego. Con todo, es una novela efímera. El personaje central pasa de manera efímera por el condado de Yoknapatawpha, pero deja una llaga inmensa en sus pobladores. La novela es una herida y seguir a este enigmático y brutal, muy brutal, tanto como para condicionar la vida de los demás con su mera presencia, aunque esté fuera de plano, es lo propio de Faulkner. Porque no escribe para que el lector se relaje y sonría. Escribe para hacer daño o para representar el daño que se ha hecho. Kafka está incluido en la novela, pero hay que pasar a través de las zarzas de la prosa para encontrarlo. A diferencia de Kafka, a Faulkner le faltaba sentido del humor en su literatura. Aunque leyendo a cualquiera de los dos no se nos antoje que la broma que nos presentan sea exactamente eso, una broma. Son escritores serios, lo más serios. Faulkner se tomaba muy en serio su trabajo, quizá sin tener en cuenta al lector. De ahí que seamos nosotros los que creemos a Faulkner, de ahí que '¡Absalón, Absalón!' sea una obra difícil para que nosotros no cesemos de debatir. Por ejemplo: ¿existe racismo en la obra? ¿Existe una estructura o es escritura mecánica? A mi juicio, debo confesar que sí existe racismo en la obra, al igual que xenofobia y clasismo y tantas otras vanidades y males. Pero la intención de Faulkner es tan espesa, que uno no sabe si lo apoya o lo denuncia. Y en esta lectura me he dado cuenta de que sí, que existe una estructura que solo estaba en la cabeza de Faulkner, pues parece escrita de un tirón, algo totalmente imposible. Lo que es seguro es que él tenía muy claro a dónde pretendía llegar. Y llega. Al desafío. Por eso es necesario que si uno intenta leer esta novela lo haga en una edición como la de Navona. Y que se olvide de toda la literatura que se ha escrito acerca de ella. Cada lectura será diferente. De hecho, yo me he propuesto volver a leerla en la vejez, para saber si esta obra maestra sigue conservándose tan fresca y rocosa como la primera vez que intenté leerla, allá por los veinticinco años. Será exigente, pero merece la pena. Ánimo y a por ella.

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