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miércoles, 11 de abril de 2018

LA VIDA DE H


Esto es lo que dice Alejandro Gándara sobre su última novela:



Y esto dice la contraportada de La vida de H, a mi entender perfecta y a la vez tan difícil, escrita por la editorial:
"Este relato surge de una pregunta sencilla y terrible: la que, en algún momento de su temprana existencia, todo niño se formula alrededor del enigma llamado muerte. Bajo la tutela de un hada que la ayuda a forjar su carácter, H vive en una ciudad, pero también en un laberinto; recorre un tiempo que sólo avanza en una dirección, pero en el que todo ha sucedido ya; se cruza con personas, pero también con criaturas mitológicas y, en suma, observa la realidad como cualquier otra niña de cinco años, pero es capaz de articular preguntas que sólo los hombres y mujeres más sabios llegan a plantearse al cabo de su vida acerca de lo que no vemos y de cuánto y cómo nos atraviesa.".


"A consecuencia de la novela, me preguntan a menudo por qué considero tan importante el momento en que los niños descubren la muerte. En realidad, me parece crucial, puesto que es el desvelamiento fundamental de la estructura de la vida, que ocurre además cuando no se tienen demasiados recursos para asimilar semejante faena. No es que los adultos tengan muchos más, pero no se sienten tan traicionados como los niños al descubrir que sus padres les han traído a un mundo en el que han de morir y no solo eso: además esos padres suelen carecer de respuestas comprensibles al enigma de por qué morimos (y vivimos). El niño se encuentra, pues, ante una revelación dolorosa, a la vez que huérfano: todo su mundo de protecciones, así como todo su mundo mágico, se viene abajo de una sola tacada. De las respuestas que obtenga de los demás, o de las que intuya o imagine va a depender en gran medida su manera de sentir y de encontrar su lugar en esta tierra. Entonces y luego.

"No sé si en el futuro volveré a escribir un libro tan emocionante como La vida de H. Lo dudo mucho. Pero no emocionante mientras lo escribía (lo que a veces es síntoma de delirio, aunque algunos se lo tomen como un ataque de inspiración), sino después, por las cosas que me han dicho después, por las cosas que me han hecho ver en lo que había escrito y de las que no me había dado cuenta. Escribir es un parto: hay dolor e inconsciencia, miedo al comenzar, deseo de acabar y muy breves instantes de plenitud y confianza. El amor por la criatura viene más tarde, cuando descubres que no sabes del todo qué has hecho ni por qué lo hiciste; cuando descubres que el ser que salió de tu vientre y de tu alma (por lo general, de los dos sitios) crece por su cuenta, se hace diferente e inesperado y finalmente alcanza una cierta autónomía respecto de tu amor: adviertes que él también puede darlo a quien quiere, no solo a ti. Un libro es también una forma de prestar atención a los otros, que se revelan y desnudan su corazón cuando te ofrecen las emociones que creen que tú, como autor, les has dado.