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jueves, 17 de enero de 2019

ESCALAR LA MUERTE

Escalar la muerte

Particularísima narración esta de Ricardo Martínez Llorca, experto en viajes aventureros que dio anteriormente obras como El precio de ser pájaroe Hijos de Caín en los que el tránsito y su peripecia tenían tierra y aire también de ficción. En Después de la nieve, el autor va más allá con un protagonista, álter ego que, en entornos periodísticos, se ha dedicado a bucear en aquellos hombres aguerridos que se enfrentan al poder de la naturaleza y que tienen tras ellos una vida que coquetea con la muerte. Aquí surgen muchos, desconocidos para el profano en la materia, sin que ello importe en absoluto, pues la descripción de la heroicidad o el fracaso de turno sostienen un argumento que en realidad son varios: los perfiles de ciertos montañistas, incluido el de Carlos Marín, escalador casi legendario que lleva una vida vagabunda; varias personas callejeras que buscan buscarse su destino, su sustento y su camino y su porqué, como Muchacho, Burkina y la prostituta Laura; o el mismo narrador, que tiene una suerte de visión en el hospital al que va a visitar a su hermano y que solo puede despertar una sospecha, una evocación montañera: la de un hombre subiendo por la pared hasta tocar el cristal de la ventana donde ha dejado sus huellas.

Así precisamente da inicio el relato un Martínez Llorca que, hace escasas fechas, contestaba en este blog a la entrevista capotiana en la que dejaba traslucir algunos detalles biográficos de corte aventurero, cuando no peligroso, e incluso trágico en verdad emotivos. Es la emotividad, qué otra cosa, más la curiosidad, la empatía, lo que mueve al periodista a la hora de querer saber lo que ocurrió con el prometedor Marín, de interrogar a gentes inadaptadas o con futuro incierto, de hacer de sus días un enigma que preguntarse y una investigación que llevar a término. Eso –la atmósfera de incertidumbre, a veces de derrota o melancolía del narrador que busca y encuentra, que se pregunta y se responde– es lo mejor de un libro breve que se ensancha por lo mucho que sugiere, tanto en lo que respecta a alusiones literarias –en especial el Lord Jim de Conrad, pero también grandes autores viajeros como Chatwin– como al desconcierto, yo diría que casi hasta existencialista, que transmite el espontáneo investigador a medida que indaga, se mueve, descubre al fin que, en palabras del objeto de su estudio, “negar que somos naturaleza es negarnos la felicidad”.


INFORMACIÓN DEL AUTOR: Ricardo Martínez Llorca es autor de los libros Tan alto el silencio (Debate), El paisaje vacío (Debate, premio Jaén), El carillón de los vientos (Alcalá), Después de la nieve (Desnivel), Cinturón de cobre (Pre-Textos), Al otro lado de la luz (La Línea del Horizonte), Hijos de Caín (Xplora) y El precio de ser pájaro (Desnivel). Es crítico literario en las publicaciones QuimeraRevista de LetrasFronteraD y La Línea del Horizonte, y dirige la sección "Viajes y libros" en Culturamas.
Fuente: ALMA EN LAS PALABRAS

miércoles, 16 de enero de 2019

DESPUÉS DE LA NIEVE en LIBROS QUE VOY LEYENDO

Editorial: Desnivel
Número de páginas: 96
Encuadernación: Tapa blanda 

Año de edición: 2016




Sobre el autor: Ricardo Martínez Llorca



La nieve quema, es áspera, dura, a veces corta y nos hace sangrar. Sin embargo, es necesaria, sin nieve no hay calor, sin oscuridad no hay luz, sin sufrimiento ni dolor, no hay esperanza.

Con Después de la nieve, Ricardo Martínez Llorca muestra ante nuestros ojo el conflicto interno de Carlos, el protagonista de esta flamante novela. Un escalador de solo integral respetado por la comunidad montañera que ha decidido vivir como un indigente en la ciudad por ciertas razones dolorosas. Es en la calle donde conoce a Burkina, el inmigrante, y al muchacho. Poco a poco, el narrrador va descubriendo la vida del personaje: su infancia vinculada a un primogénito tirano; su juventud, vivida con el claro objetivo de lanzarse a la aventura al aire libre; sus primeros escarceos con la montaña; su matrimonio, etc. A través de diferentes pasajes de su vida, relaciones con los compañeros de la misma, el análisis de sus emociones y pensamientos, conseguiremos desgranar los elementos más ocultos de dicho personaje.

Con pinceladas suaves de emoción, la combinación magistral de licencias literaria y una pugna interior brillantemente interpretada, Martínez Llorca presenta los miedos ante la vida que todas y todos compartimos en algún momento de nuestra existencia. Hundir la nariz en las páginas de Después de la nieve es reconocer nuestras angustias, alegrías y temores, y descubrir otros muy distintos. Es observar una disección de nuestros más profundos pensamientos, trasladar las emociones de Carlos, a la pura realidad. 96 páginas las que componen esta novela, para muchos apasionados de la literatura, auténticos devora_libros pueden parecer escasas, sin embargo, al sumergirnos en ella su profundidad en contenido y emoción pueden trastocar y derrumbar los más firmes pilares de nuestra identidad y persona.

De una manera pausada, en algunos momentos casi poética, el autor nos impregna de todos y cada uno de los espacios en los que desarrolla la vida los diferentes personajes que hacen las delicias de auténticos adictos a la lectura. Sin lugar a dudas Después de la nieve nace con un propósito claro, componer y mostrar ante nuestra visión aquellas disidencias emocionales de las que muchas veces ni siquiera somos conscientes. Un propósito que Martínez Llorca consigue ejecutar a la perfección.

DESPUÉS DE LA NIEVE en LA LÍNEA DEL HORIZONTE

Después de la nieve

‘Después de la nieve’ es el nuevo libro de Ricardo Martínez Llorca, finalista del Premio Desnivel 2015. Literatura –en mayúsculas– de montaña. Pero aunque en sus páginas aparezcan nombres como Catherine Destivelle, John Bachar o los hermanos Pou, no es necesario ser montañero para leerlo.


29 de febrero de 2016
Admiro sin disimulo a quienes cuentan algo haciendo con ello literatura, poniendo en la tarea todo el esfuerzo necesario para escribir bien, buscando la belleza que acompaña a algunas palabras y huyendo en cada línea de la forma, plana y aburrida, en la que se redactan los telegramas, aunque a veces contengan noticias capaces de cambiar una vida.
Libros de montaña
Felix Haller, Flickr.
La primera idea que me ha venido a la cabeza nada más terminar la novela, ha sido que acababa de alcanzar el punto y final de uno de esos libros en los que la forma vence abrumadoramente al fondo e inunda de belleza cada rincón de la narración. Inmediatamente, he recordado aquello que dijo Banville: “El estilo es el rey y camina dando triunfales zancadas. La trama es soldado raso y le sigue detrás arrastrando los pies”Pero, al momento, he reparado en que esta primera apreciación –aun siendo bien cierta– no era del todo verdad. No era ni tan siquiera suficiente, y voy a intentar explicarlo. Como me ocurre cada vez que leo una novela de montaña, me he encontrado muy cómodo conforme me topaba con nombres de hombres, o de lugares, que para mí significan mucho y también –al igual que me sucede cada vez que leo algo de este género, si es que existe como tal– me he preguntado qué podría hacer yo, qué estaría en mis manos, para convencer a un buen lector de que no es necesario ser montañero para leerlos. Me gustaría saber explicarles que, aunque entre sus páginas aparezcan Catherine Destivelle o los hermanos Pou, la aguja Dibona, los paredones de Yosemite o John Bachar, si miramos con detenimiento al fondo, no es de ellos de quienes trata la novela, sino de personajes tan de carne y hueso, tan cercanos y humanos, como los que encontramos recorriendo las páginas de Dostoievski. Prostitutas y africanos sin papeles varados en los aledaños de la ciudad y prisioneros de ella sin remedio. Personas que, aunque parezcan caminar, en realidad sólo pueden –como dice Ricardo Martinez Llorca– nadar entre la estopa, y a eso están condenados.Y de entre todos ellos, sobresaliendo entre mendigos y dueños de bares sórdidos, encontramos a Carlos, un apasionado de la escalada en solitario, un amante de la intensidad de la vida, que cuando no escala inventa juegos arriesgados frente al tren y que, cuando se detiene, lo hace para leer a Conrad.
Y lo cierto, es que a mí siempre me han gustado los personajes que se sienten culpables aunque no sepan de qué, los que creen que tener conciencia es un infierno. Esos mismos que, a la luz escasa de una lámpara frontal, recogen las páginas de Lord Jim que un tren, tras arrollar a un amigo, ha dejado desperdigadas entre las vías de una estación de mala muerte, perdida en cualquier parte. Y cuando encontramos un libro así, qué importan las montañas si es una radiografía de la vida lo que tenemos delante.

lunes, 14 de enero de 2019

DESPUÉS DE LA NIEVE en CULTURAMAS

Por Adolfo Muñoz.
Después de la nieve
Ricardo Martínez Llorca
Desnivel
Madrid, 2016
96 páginas
Ricardo-Martínez-Llorca-presenta-nuevo-libro (1)La contracubierta de Después de la nieve (Desnivel, 2016), el último libro de Ricardo Martínez-Llorca, termina diciendo que “como en los clásicos de la literatura, esta obra no se sostiene sobre ningún tipo de trama, sino sobre el conflicto”. Esto es una exageración palpable en lo que se refiere a la primera parte la afirmación (entre los clásicos de la literatura hay una enorme cantidad de obras que se sostienen sobre la trama), pero no lo es en lo que se refiere a Martínez-Llorca, cuya literatura procede de Melville y de Faulkner, pero sobre todo, creo yo, de Joseph Conrad. Literatura de conflicto reducida a su más pura quintaesencia, pues el conflicto que aflora en las obras de Martínez-Llorca no es primordialmente social sino personal: el conflicto de un hombre enfrentado a su existencia. Ese hombre contempla el mundo como contempla el mar de nubes el viajero de Caspar David Friedrich: como una plasmación de su propio ser, de su propio conflicto.  
La literatura de Martínez-Llorca es una literatura de personajes o, más bien, de personaje, pues, del mismo modo que cada nuevo libro suyo parece una profundización del anterior, sus protagonistas parecen en el fondo uno solo, y su comportamiento particular, una variación del comportamiento extraño de sus anteriores personajes. Carlos Marín, el lobo estepario, el holandés errante de esta novela, es un escalador de solo integral, especialidad que es a la escalada lo que la ruleta rusa es a la ruleta. Después de ganarse el respeto del mundillo escalador, Carlos se convierte en un sin techo, viviendo en los descampados de la ciudad sin pertenecer a ella. Es un ejemplo más de ese personaje que vive una vida al límite, como proyección de un conflicto interior que nunca se resuelve.
Sospecho que en la vida de Ricardo Martínez-Llorca ha habido dos días especialmente importantes: el día de la muerte de su hermano en los Alpes, que dio origen a su primera novela, Tan alto el silencio, y en cierto modo a todas las demás; y el día en que, en un largo viaje por Mongolia, sintió una especie de ataque de angustia, o de vértigo, relacionado con la lejanía a su tierra y, más contundentemente, con la ausencia de una tierra propia; es una sensación que puede producir la contemplación de las estrellas y la ausencia de una verdadera casa.
Se acaricia la muerte para darle celos a la vida, objeto casi imposible de nuestros intentos de conquista. Los personajes de Martínez-Llorca viven en ese mundo que el común de los mortales apenas alguna vez nos atrevemos a contemplar, viven entre la atracción de la muerte y la desorientación en el espacio.
Es curioso que, siendo este el mundo literario de Martínez-Llorca, lo haya afrontado siempre con un lenguaje muy barroco, cargado de metáforas que no siempre logran lo que pretenden, dar vida y color al conflicto. Con los años, el lenguaje de Martínez-Llorca se ha ido despojando de lo más superficial de ese barroquismo: hay, sobre todo, menos adjetivos en su prosa, y aparece aquí, como elemento muy destacado, la doble negación, un rasgo igualmente barroco que resulta en él mucho más interesante que la anterior abundancia de adjetivos, pues el enfrentamiento de espejos nos conduce, mediante la mise en abyme, al conflicto esencial de su literatura: a la caricia de la muerte y a la angustia de las estrellas.

domingo, 13 de enero de 2019

DESPUÉS DE LA NIEVE en LIBRES DE LECTURA

DESPUÉS DE LA NIEVE - RICARDO MARTÍNEZ LLORCA

Poco es tan cómodo y accesible para vivir otras realidades como lo es un libro. En Después de la nieve (Finalista Premio Desnivel 2015), del que hablamos hoy, Ricardo Martínez Llorca nos lleva de la mano – y nunca mejor dicho, ya que él es el narrador – por un paseo esclarecedor alrededor de la vida de un extraño a la vez que respetado escalador: Carlos Marín. Con ellos, nos introduciremos en el mundo de la montaña, en sus tecnicismos, su entorno y toda la filosofía vital que desprende y atrapa a tantos seres anhelantes de teñir de verde unos ojos poco acostumbrados al gris de la ciudad. 

Poniéndose en la piel de un periodista especializado en aventura, el narrador nos sumerge en una investigación acerca de la sombra de ese Carlos Marín al que ve en un hospital tras contemplar, atónito, sus huellas en la pared vertical del edificio. Lo que para el periodista será una locura – entrar al hospital escalándolo – se convertirá en la chispa que encenderá la llama de su curiosidad. De esa manera, dejando – eso sí – un poco de lado para la sensación del lector al hermano hospitalizado, Ricardo se da a la aventura, la de seguir el rastro e indagar todo lo posible sobre aquel introvertido escalador. Poco a poco, recabando información sobre la figura del montañista y encontrándose con las pocas personas de su entorno, el narrador irá descubriendo la realidad urbana de un personaje hecho para la montaña. Poco a poco irá dándose cuenta, a la vez que el lector, de que Carlos Marín ha dejado de bañarse en naturaleza para darse al asfalto, el cual recorre de vagabundo. Como una bajada al infierno para redimir los pecados. Como una expiación de algo que esconde. 

El porqué de ese abandono, la realidad que sacude el interior del escalador y el peso de las pocas palabras del reservado aventurero, son placeres que solo podrán degustar aquellos que se decidan a escalar este libro. Porque Después de la nieve es una escalada, en este caso horizontal, hasta el final de una narración que puede ser absorbida del tirón. Después de la nieve es una novela corta a modo de crónica periodística - «el relato del escalador atormentado» - a la que se le agradece una prosa que en ocasiones roza lo poético, descripciones pensadas y elaboradas tanto de la realidad social y el pesimismo que bañan las ciudades, como de la libertad y el fluir del tiempo en enclaves montañosos concretos. Mediante un narrador bebedor de té y siempre escudado por una imperante y en ocasiones incómoda humildad,Después de la nieve es un buen soplo de aire verde para todos aquellos que tenemos a los pulmones tratando de desprenderse del olor a gasolina. 

Víctor González.

ENTREVISTA CAPOTIANA

Entrevista capotiana a Ricardo Martínez Llorca

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Ricardo Martínez Llorca.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Como supongo que no puedo elegir algo del tamaño de un continente, no me queda más remedio que elegir algún sitio por el que pudieran pasar mis amigos a verme y donde pudiera conocer a gente nueva. Me veo abocado a la barra del bar.

¿Prefiere los animales a la gente?
Si los animales son los mosquitos, prefiero a la gente. Si la gente es George Bush, prefiero a los animales. Pero así, en general, como compañía, prefiero a la gente.

¿Es usted cruel?
No. ¿Serviría para algo?

¿Tiene muchos amigos?
Una docena. Lo que sí tengo son muchos colegas. Pero amigos, una docena. Creo que en eso soy un hombre afortunado.

¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Parece tirar la pelota contra la pared para que le rebote al entrevistador, pero busco la amistad. Eso implica, sobre todo, la lealtad. No importa cuánto te critiquen y lo equivocado que yo esté, se trata de que estén siempre junto a ti.

¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Sí. Y me alegro. No son personas divinas ni mascotas.

¿Es usted una persona sincera? 
Solo miento cuando puedo ayudar a alguien con la mentira, si es que ese alguien se merece que se le ayude.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Sería un lujo disponer de tiempo libre. Pero como la pregunta es sobre cómo prefiero ocuparlo, diré que estando con mis amigos.

¿Qué le da más miedo?
De niño tuve un accidente y estuve en coma. El recuerdo de esa experiencia es escalofriante. No hay nada. No sucede nada durante el coma, porque no hay un durante. Pensar que la muerte es como ese coma, pero sin despertar, da mucho miedo.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La traición. Que alguien te diga, por ejemplo, que estando enfermo no eres una buena compañía. Eso me ha sucedido.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
De no ser escritor me dedicaría al dibujo. Pero eso también es creativo. No, lo ideal sería una labor manual, tipo carpintería. O, lo que de verdad me hubiera gustado de haber tenido un buen tono físico, me habría dedicado a la escalada.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Lo he hecho durante años. Ahora se me ha venido el proceso de envejecimiento encima, demasiado deprisa, y estoy adaptándome a él. Pero sí salía a correr y a escalar en cuanto podía.

¿Sabe cocinar?
No. Ahora lo ponen demasiado fácil para los que no nos gusta cocinar. No entiendo el éxito de esos concursos de televisión. ¿De verdad le importa a la gente que la morcilla de burgos combine con espuma de berenjena tostada?

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Espartaco. Sin duda.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
No me cae demasiado bien la esperanza, tal vez por eso elija “espejismo”.

¿Y la más peligrosa?
Dócil, sumiso… Cualquier sinónimo de ellas.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No, tanto como eso, no. Pero sí partirle los dientes.

¿Cuáles son sus tendencias políticas?
Creo que ahora se llama socialismo libertario. Pero yo defiendo algo parecido a lo que defendía el personaje elegido: Espartaco.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Yo mismo, pero bien hecho, no con este conglomerado de fallos que me hacen tan impreciso como un colador para recoger agua.

¿Cuáles son sus vicios principales?
Pedir que me dejen tranquilo y querer estar con la gente al mismo tiempo.

¿Y sus virtudes?
Cualquiera de las parejas que he tenido te diría que ninguna. Pero creo que si la generosidad es una virtud, me apunto a ella.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
En una excursión, también de niño, me tiré a un río que corría muy deprisa porque mi hermano se había caído y se estaba ahogando. No pensé lo que hacía e inmediatamente comencé a ahogarme yo. Mientras tragaba agua y sentía que me llevaba la corriente, solo pensaba en mi hermano. Suena a tópico, pero él ha sido lo mejor que me ha pasado. Cuando lo perdí fue como perder la familia que tendría en el futuro, cuando luego cada uno hacemos la guerra por nuestra cuenta. De volver a ahogarme, volvería a pensar en él.

T. M.

DESPUÉS DE LA NIEVE en Revista de Letras

DESPUÉS DE LA NIEVE

Juan Luis Conde11 marzo 2016CríticasPortada

Ricardo Martínez Llorca | Foto cedida por el autor
Ricardo Martínez Llorca escribe como una forma de fidelidad: fidelidad a una actividad, la del escritor, naturalmente, que nos ofrece cada poco, en un goteo permanente de opúsculos magros, rara vez por encima de las doscientas páginas y en ocasiones, como la presente, con menos de un centenar, una muestra de ese trabajo constante de quien cree en lo que hace, a pesar de maldecirlo con fundamento. Pero también fidelidad a sí mismo, lealtad a su experiencia personal y al sentido de esa experiencia. Por eso sus textos, desde el primero de todos ellos, Tan alto el silencio, al amparo de sus títulos, dan vueltas siempre alrededor de los mismos paisajes: los hermanos y sus relaciones, la montaña y sus aventuras, los grandes temas existenciales (la cobardía y la culpa y sus contrarios, el valor y la inocencia), los verdaderos temas de la actualidad, esos asuntos de los que hay por fuerza que hablar (las vidas que salieron fallidas y concluyeron en desahucios, las que se refugiaron en las drogas, la existencia de los cabezas rapadas como excrecencia del sistema, el tráfico de órganos como monstruosa realidad en la que se citan las vidas fallidas y las excrecencias del sistema). Girando sobre esos temas, orbitándolos como rapaces, sus textos han terminado por apropiarse de ellos. Quienes crean que la escritura esta hecha, como los colores, para entretener la vida variando, lo encontrará sin duda obstinado. Quien crea, al contrario, que la literatura no es un mero matarratos, sino una responsabilidad vital del escritor y un momento de iluminación para el lector, no podrá evitar la sensación de encontrarse ante uno de los pocos y buenos.
Desnivel Ediciones
En Después de la nieve, el lector que conozca su obra volverá a sentirse atrapado por las mismas armas que el autor nunca deja de emplear para enhebrar sus historias. Es un libro dedicado a sus hermanos en el que las conflictivas relaciones entre otro juego de hermanos marca el campo de acción. Su anterior entrega novelística, Hijos de Caín, constituía una estupenda sucesión de entrevistas ficticias a super-héroes derrotados, quitados de enmedio de un plumazo, aplastados como una mosca por la vida. Esas entrevistas y sus contenidos resultaban tan reales que, si el libro no llevase en la portada el rótulo de novela, podrían llegar a engañarnos. Quien leyera aquel relato de ficción periodística se dará cuenta de que el proceso de investigaciones aisladas ha cuajado en trama aquí. Gracias a la presencia de avalistas de lo real como los hermanos Pou, la guerra de Siria o las secuelas del ladrillo, y de la mano de un narrador que se llama inevitablemente Ricardo, volvemos a conocer a un personaje singular, Carlos Marín, una personalidad de la práctica montañera conocida como solo integral -la escalada cara a cara con la montaña, en solitario y sin ayuda de otros medios que los dedos, las uñas y unos mocasines que se llaman pies de gato. Si algo hubiera que destacar de él es su integridad y su bondad: como tantos otros de los personajes llorquianos (y perdón por el adjetivo), Carlos detesta el consumo, la productividad y la fama. Corroído por la solidaridad y la fraternidad, su empeño irresistible es ayudar a otros. Y padece, por así decirlo, las represalias del sistema, empeñado en combatir el mal ejemplo de esa pureza y desleír su integridad. Ricardo lo encuentra cuando es él, Carlos, quien necesita con urgencia la ayuda de sus hermanos.
Para abrirse camino por la narración, el lector volverá también a gozar de la misma poética en que los períodos se quiebran, atomizando las ideas y sacando de cada una de ellas voluptuosos relieves. Cada vez que Ricardo Martínez Llorca abre una comparación con el adverbio como al lector se le abren las pupilas a la espera de la sorpresa, la belleza y la fuerza. Para los amantes de la calderilla, siento decepcionarles: no hay ni una sola palabra barata.

Sobre el autor

Juan Luis Conde
Juan Luis Conde (Ciudad Rodrigo, 1959) es Doctor en Filología Clásica por la Universidad de Salamanca y en la actualidad es Profesor Titular de la Universidad Complutense de Madrid. Ha combinado actividades literarias como crítica, ficción o ensayo. Como autor de ficción ha publicado las obras 'El largo aliento', 'La ascensión al hoy', 'Un caso de inocencia' y 'Hielo negro'. Como ensayista destacan 'El segundo amo del lenguaje' y 'La lengua del imperio: la retórica del imperialismo en Roma y la globalización', premio Rosa María Calaf de investigación social, entre otros.

martes, 25 de abril de 2017

Elogio a 'Después de la nieve'


En este enlace podéis descargar casi todas las reseñas que aparecieron sobre DESPUÉS DE LA NIEVE. Muy orgullosos de que gustara tanto.


El narrador, un periodista que ha trabajado elaborando perfiles de hombres entregados a la aventura, se enfrenta a un reto hasta el momento desconocido para él. En esta ocasión la casualidad hace que se tropiece en la ciudad con Carlos Marín, un escalador de solo integral que nunca llegó a ser una leyenda, pero que figura entre los más respetados, y que lleva bastante tiempo desaparecido de los circuitos de montaña. Por razones desconocidas, Carlos ha decidido convertirse en una persona sin hogar, alguien que duerme en los descampados y los solares y se alimenta de barritas energéticas. Y es en las calles donde conoce a Burkina, el inmigrante, y al Muchacho. Diferentes motivos les han empujado a esa vida maltrecha. Y también se intuye la necesidad de Carlos de pasar por una fase de algo que uno llamaría expiación. Por algún motivo descabellado, que el narrador se propone descubrir, la vida le ha llevado al centro y la periferia de una ciudad neurótica y oscura, lejos de los paisajes en los que se siente vivo, lejos de su pasión. Poco a poco, el narrador va descubriendo la vida del personaje: su infancia vinculada a un primogénito tirano; su juventud, vivida con el claro objetivo de lanzarse a la aventura al aire libre; sus primeros escarceos en la montaña; su matrimonio; sus encuentros con John Bachar, Alex Honnold, Alex Huber, Alain Robert, Catherine Destivelle, los hermanos Pou, etc.


Escrita con una estructura entre la crónica periodística y la redacción de perfiles, Después de la nieve es una novela en la que el lenguaje se permite licencias literarias para dar más color a la trama, a las descripciones, a los sentimientos de los personajes. Al tiempo que el narrador desvela el pasado y el presente del protagonista, se incrementa la intriga por las razones de su decisión. Como en los clásicos de la literatura, la obra no se sostiene sobre ningún tipo de trama, sino sobre el conflicto.


lunes, 24 de abril de 2017

Después de la nieve

Aprovecho el día de resaca para recuperar una de las mejores reseñas que en su día se publicaron sobre 'Después de la nieve'. Salió en Quimera y la firma Adolfo Muñoz.
El libro, por lo que me comentan desde la editorial, sigue muy vivo.





viernes, 10 de marzo de 2017

DESPUÉS DE LA NIEVE

Ricardo Martínez Llorca escribe como una forma de fidelidad: fidelidad a una actividad, la del escritor, naturalmente, que nos ofrece cada poco, en un goteo permanente de opúsculos magros, rara vez por encima de las doscientas páginas y en ocasiones, como la presente, con menos de un centenar, una muestra de ese trabajo constante de quien cree en lo que hace, a pesar de maldecirlo con fundamento. Pero también fidelidad a sí mismo, lealtad a su experiencia personal y al sentido de esa experiencia. Por eso sus textos, desde el primero de todos ellos, Tan alto el silencio, al amparo de sus títulos, dan vueltas siempre alrededor de los mismos paisajes: los hermanos y sus relaciones, la montaña y sus aventuras, los grandes temas existenciales (la cobardía y la culpa y sus contrarios, el valor y la inocencia), los verdaderos temas de la actualidad, esos asuntos de los que hay por fuerza que hablar (las vidas que salieron fallidas y concluyeron en desahucios, las que se refugiaron en las drogas, la existencia de los cabezas rapadas como excrecencia del sistema, el tráfico de órganos como monstruosa realidad en la que se citan las vidas fallidas y las excrecencias del sistema).

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