El
mensaje
Ta-Nehisi
Coates
Traducción
de Paula Zumalacárregui
Capitán
Swing
Madrid,
2026
159
páginas
Siguiendo
la estela de autores como James Baldwin o Angela Davis, Ta-Nehisi Coates
(Baltimore, 1975) elabora su proyecto literario con una clara intención
política: «Pero soy escritor y abanderado. Soy escritor y representante».
Preocupado por lo que le atormenta y por qué le atormenta, así como por el
sonido y el ritmo de las palabras, sabe que el trabajo de un escritor que
pretende dar voz a quien no la tiene, herederos de quienes no la han tenido, es
el de esclarecer. No pretende deslumbrar, sino encontrar y transmitir las
explicaciones, y oponerse a los embusteros. El mensaje nace bajo el auspicio
de unos encuentros con alumnos de periodismo a los que habla en términos literarios,
planteando que todos los recursos narrativos y estilísticos están en función de
la necesidad, de la historia tormentosa, de afectar al lector con la
importancia de lo que nos estamos jugando. Coates es un activista, como lo eran
Baldwin y Davis, y, además, nos demuestra en la transcripción de estos tres
viajes, un autor de garantías, con potencia, con sobriedad, con recursos.
Procede, confiesa él, de una estirpe de escritores autodidactas que sintieron que
alguna verdad se les imponía y creyeron su deber atestiguarla.
El
primero de los viajes le lleva a Dakar, el puerto desde el que salieron
tantísimos barcos cargados de esclavos, de los que desciende él. Es una estancia
breve, pero en la que va tomando conciencia de dónde procede y desde donde
llegaron los que sufrieron la injusticia de la esclavitud. Hay un trasfondo de
inseguridad en su relato, que proviene del hecho de mostrarse como un ser
sensible, como alguien que ha ido allí para sentir el lugar y para sentir a la
gente. Y después de visitar los lugares principales y encontrarse con el tipo
de gente con el que se encuentra el viajero, terminar por hallar al tipo de gente
que le enamora, activistas que luchan contra la corrupción del Estado o ahondan
en la homofobia.
El
segundo viaje le lleva a Carolina del Sur, donde defenderá su posición
antirracista en un lugar donde se dieron las leyes más terribles contra ciertas
razas. Mientras tanto, nos habla de su educación, formal o no, defendiendo que
esta debe de producirse mediante el asombro y no utilizando la fuerza. Y
enuncia los principios sobre los que se centra su proyecto como escritor, que
tienen que ver con utilizar la palabra contra cualquier movimiento opresor,
defender valores éticos que considera absolutos, como los defendía bell hooks,
que es otro de sus referentes.
Finalmente,
Coates llega a Israel cargado de unos principios intensos acerca del
sufrimiento del pueblo judío y una necesidad que hay que reparar, pues con la
redención no basta. Todo esto está muy bien, pero se da de bruces con la perpetración
salvaje de otra injusticia, esta vez sobre el pueblo palestino: «se me ocurrió
que seguía habiendo un sitio en el planeta —bajo patrocinio estadounidense— que
se parecía al mundo en el que habían nacido mis padres». Su alegato será contra
el colonialismo, su conversación con todos los que le salen al paso, en la que
destacan los arrepentidos; su investigación se centrará, al margen de en lo
vivido, en el relato que ha ido amparando al sionismo, y sobre éste lanza palabras
enérgicas, pero el punto justo de cordialidad como para pensar que no le faltan
razones: «Quiero deciros que vuestra opresión no va a salvaros, que ser víctima
no os iluminará, que pude engañaros igual de fácilmente (…). Así pues, esta es otra
historia sobre la escritura, el poder, los ajustes de cuentas; una historia no
de redención, sino de reparación». Coates da una lección de periodismo y
literatura a un grupo de alumnos, y una lección de defensa del que padece la
injusticia a cualquier lector que se acerque, que ojalá sean muchos.
Fuente: Zenda

No hay comentarios:
Publicar un comentario