miércoles, 20 de mayo de 2026

IDEAR LO INSÓLITO

 

Idear lo insólito

Mario Pérez Antolín

Instituto alicantino de cultura Juan Gil-Albert

Alicante, 2026

169 páginas



 

Reflexiones más o menos prácticas, fórmulas más o menos concisas, resumen de doctrinas en unas sentencias, cierto dogmatismo y un impulso a la reflexión, ampliando lo leído. Algo así debe ser un aforismo, separándose un tanto de las máximas y los proverbios. Que el aforismo deba ser concluyente no quiere decir que concluya cuando termina su lectura. El objetivo es abrir una brecha y entrar en algo que puede ser dogmático si no nos detenemos a reflexionar sobre ello, que es algo que podría llevarnos a una conclusión diferente a la expresada. De hecho, grandes aforistas han sido capaces de defender una idea y, unas páginas más tarde, su contraria. Se trata de epatar un poco, de sorprender. Para ello quien escribe aforismos debe ser alguien que cumpla una exigencia básica: escribir bien. Es decir, guardar los buenos sonidos de las palabras mientras estas se reúnen para crear ideas, dejándonos la impresión de haber leído un fuerte perfume. Y las mejores ideas son esas de las que uno necesita beber para vivir dignamente.

Mario Pérez Antolín (Backnang, Alemania, 1963) posee el oído y posee el ingenio. Y la convicción de que hasta un género tan aparentemente cerrado como es el aforismo puede estar sujeto a mestizaje. De hecho, en ocasiones buscará la aporía: «Nos deja sin libertad no poder ser libres», o «El ideal del deseo sería absorber sin que lo absorbido se extinga dentro de nosotros. Algo así como tragar sin digerir». No todo lo breve y potente es aforismo, para lo cual basta citar a Ramón Gómez de la Serna, pero puede rozarlo, orbitar alrededor del género y enriquecerlo: «Cruje el techo de madera de mi casa, el grifo gotea, el polvo adquiere formas extrañas… Ellos quieren comunicarse conmigo, pero no los entiendo ni cuando gritan, ni cuando lloran, ni cuando callan».

Hay que señalar, eso sí, que la escasa longitud del aforismo nos lleva a pensamientos que con frecuencia son blancos o negros: «La prepotencia del todo y la humildad de la nada. Acopio insaciable sin límite y despojamiento inevitable hacia el cero. La desmesura frente a la falta». No importa. Cualquier lector sabe que el mundo no se lee con maniqueísmo, que existen los grises, lo que nos aleja de los fanáticos. En buena medida, el único fanatismo al que parece acercarse el autor es al de la debilidad por el lenguaje, a veces demasiado culto, rebuscado: «El acaparamiento de macrodatos indexados por rastreo es solo el principio. La primera frase de un proyecto que pretende, en última instancia, controlar nuestra capacidad volitiva mediante herramientas de prognosis que nos van marcando la ruta con sistemas computacionales de asistencia virtual teleinducida. Algo así como “te lo ofrezco, antes incluso de que me lo pidas, porque conozco anticipadamente tus preferencias”. La magnum opus del capitalismo.» (El subrayado es nuestro).

La capacidad de cambio del autor, que nos lleva de las sorpresas al gesto de humor, es uno de los puntos fuertes de esta recopilación de aforismos, que termina sosteniendo que «La máxima cohesión se consigue entre partes heterogéneas que se consolidan. No hay nada más compacto que la mezcla de lo distinto. El refuerzo compatible de unidades abiertas a la pluralidad crea supercomponentes conectados que superan las estructuras básicas del simple equilibrio». Supongo que, a la hora de la verdad, el aforismo, como cabe concluir durante la lectura de este volumen, debería ser fruto de ensoñaciones de caminantes solitarios, fruto de los movimientos que se forman gracias a los momentos de solitud más lúcidos. Como demuestra esta colección.

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