martes, 19 de abril de 2022

A MERCED DE UNA CORRIENTE SALVAJE

 

A merced de una corriente salvaje

Henry Roth

Traducción de Miguel Sáenz, Beatriz Ruiz Arrabal y Pilar Vázquez

Alfaguara

Barcelona, 2022

1389 páginas

 



Tras casi sesenta años de silencio literario tras la publicación de Llámalo sueño, Henry Roth comienza a escribir esta monumental (valga aquí el adjetivo tan llamativo como sobreusado) obra autobiográfica, que no cesaría de revisar hasta el día de su muerte. De hecho, el primero de los volúmenes apareció un año antes de su muerte, en 1995. El protagonista, trasunto del propio Roth, es hijo de inmigrantes judíos y sobrevive en un barrio de Manhattan donde la oscuridad vital es la dueña de los destinos. Salir de ese ambiente, dejar atrás a una familia tóxica que incluye una relación incestuosa, en la que sólo contrasta el cariño de su madre, será el camino empinado que emprenda el protagonista. La acción se sitúa entre los años 1914 y 1927, es un bildungsroman, pero narrado desde finales de siglo por un autor consciente del tiempo que ha pasado y cuyos registros afectan a la memoria. Además, introduce elementos de ficción con tanta sutileza que no sabemos distinguir qué parte es recuerdo y qué parte imaginación. En cualquier caso, la potencia emocional no sufre ninguna mella y será, eso sí, el gran impacto que consiga la obra.

La novela consta de cuatro libros. Aunque se considera que el primero de ellos, Una estrella brilla sobre Mount Morris Park, es el de menor calado artístico, la presentación de la familia, de la vida marginal de la inmigración, la recreación del ambiente y la dialéctica entre el niño y el adulto que recuerda, otorgan al relato tensión narrativa, drama y altura literaria. La suficiente como para emprender la lectura de los tres volúmenes siguientes, que jamás desfallece. Cada mudanza que sufre el niño protagonista representa algo parecido a la expulsión del Edén. Nada hay más terrible que la pérdida de las ilusiones, que la necesidad imperiosa de conseguir unas ilusiones nuevas. Por otra parte, se cuestiona la identidad, de origen judío, confiando en que sean los demás quienes le ayuden a asentar cimientos personales. La realidad humana volverá a enfrentarse con el deseo de humanidad, y la indefinición personal volverá a ser, como en tantas ocasiones, el origen de una obra maestra literaria. A partir de ahí, la épica estará servida: nada está por encima de la forja a que nos vemos obligados a diario, esa que nos obliga a renacer constantemente y a sobrevivir contra todo pronóstico.

El judaísmo, del que no consigue desprenderse entre otros por motivos sociales, pues la gente le mira como partícipe de tal, y el rastro sexual, marcado por su relación con la hermana, forman los coágulos de la psicología de este personaje, que no sabe si sentirse integrado o fuera de lugar. La flagelación surge así tanto desde el exterior como desde dentro de la propia piel. ¿Qué buscar a modo de consuelo? Los placeres serán insuficientes y en ocasiones da la impresión de confiarse a esta confesión. Considera que no es lo bastante bueno como para estar sobre la superficie del mundo y que el mundo no es lo bastante bueno como aceptarle. Uno es a la vez ave rapaz y ratón. Uno puede sentirse mal por la relación con la hermana pequeña, pero también sufrió acoso de pederastas. El sexo será una presencia venenosa para siempre. En la obra no existe el sexo sin violencia, aunque sea en forma de amenaza.

Como en tantas ocasiones, será la amistad el mejor refugio, el sentimiento más puro y más sano. Aquí se demuestra más novela de iniciación que nunca. Se nos irán presentando a un amigo tras otro, en una idealización que contiene tanto la memoria emocional del momento como la del anciano que recuerda. Los chicos que va descubriendo, le descubren, a su vez, algo que uno podría llamar el espíritu de América, o lo que le gustaría que fuera el espíritu de América. A través de ellos se amplía el mundo, hasta llegar a la poesía y a un mundo fuera de su entorno, de su ambiente, de su oscuridad. A estas amistades de muchachos, le sucederá la de una mujer que terminará por convertirse en su mecenas y su amante. Así dará cierto descanso a su malestar, en un ideal romántico sobre el que descansar tanto como para permitirse vivir y comenzar una producción literaria.

La huida, porque no se nos ocurre llamarlo de otro modo, de su barrio, será el momento culminante de la obra y, posiblemente, de la biografía de Roth. Y en esta huida están muy presentes los libros, ese mundo paralelo tan lleno de satisfacciones sencillas. De hecho, encontrará que en la suciedad de ese pasado hay mucho humus del que alimentar una producción artística. Estamos, en definitiva, ante una crónica salvaje de la vida de un marginado, una novela de iniciación en el que el descubrimiento de uno mismo funciona como un psicoanálisis y como una terapia compartida. La epopeya nos lleva de la presión de un padre intimidado e intimidante, a una liberación poética en la que la literatura de autores como Joyce cumplen su mejor función: desvelar sueños. Viajamos de los sentimientos de inferioridad y sumisión a la transformación en un hombre completo dentro de la sociedad americana, que ya sabemos que se trata de un poliedro con caras no siempre limpias. Estamos ante una gran novela que no nos arrepentiremos de haber comenzado y de haberle dedicado tantas horas de lectura.

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