Cruz
del Sur
Claudio
Magris
Traducción
de Pilar González Rodríguez
Anagrama
Barcelona,
2026
161
páginas
Tal
vez exista la felicidad de la niebla en las ventanas junto a la de los vuelos de
las golondrinas, al igual que puede existir la felicidad de la música de la
verbena y la comer higos a la sombra de un árbol. Puede que existan muchas formas
de felicidad, algunas que nos resulten increíbles, algunas que tengan lugar en
lugares tan remotos y con un clima demoledor, donde respirar es un riesgo, como
sucede, o puede suceder, en la Patagonia. Sobre todo en la Patagonia de hace
unos cuantos años, en el tiempo en el que no estaban trazados todos los mapas y
el que llegaba allí, el que estaba descubriendo, podía inventarse mientras
inventaba el mundo. Eso es lo que les sucede a los personajes a los que presta
atención Claudio Magris (Trieste, 1939) en este libro, Cruz del sur,
que, como cabe esperar de cada obra del autor italiano, es una lectura
maravillosa. El adjetivo maravilloso no es un adjetivo cualquiera: se refiere tanto
a digno de admiración como a fenómenos mágicos. Magris mantiene su estrategia
narrativa intelectual para atraparnos con las historias de tres personas que
quisieron hacer de la Patagonia su tierra: fundando una cultura, como rey o
entregándose a ella religiosamente. Relata sus vidas sin dejar de mostrarnos
que está investigando sobre ellas. Es capaz de integrar las referencias y las
fuentes de información sin que nos demos cuenta de que ha interrumpido el
relato biográfico, porque la propia investigación es también relato.
Estamos
en un tiempo en que comenzó a inventarse el mundo moderno, en que se apuntaba a
formas de colonización —cultura, política, religiosa— que podían fracasar si se
intentaban en lugares inhóspitos. Se trata de un territorio donde campa la
pobreza, ingrato a causa del clima, en un tiempo en que no ha llegado ninguna
administración y se puede dar cualquier situación de injusticia. Allí vamos a
conocer otra cultura, que es tanto como decir, deduciendo del planteamiento de Magris,
otra sinceridad. Magris no oculta su admiración por ciertas pasiones, que
podrían antojarse difíciles de admirar, como la locura ridícula de quien
pretende hacerse rey por el sencillo hecho de nombrarse rey. «También los
grandes ríos desconciertan con frecuencia a los potamólogos», concluye al finalizar
su primer relato, el de Benigar, que luchó por construir una sociedad en lo que
el autor califica de ingenua utopía. Y es que la ingenuidad va quedando
entrelazada con la pasión en estas biografías. Pero hay que recordar la
etimología de la palabra ingenuo, que viene del latín ingenuus, que
quiere decir nacido libre. Magris escribe para recordarnos el significado de
esta palabra, ingenuo, para lo cual construye tres pequeños poemas épicos. Tal
vez de corte un tanto intelectual, pero poemas al fin y al cabo.
Magris
nos recuerda que vivir es plantearse una vida salvaje, es una combinación de
sensibilidad y resiliencia, es sostenerse en la última frontera. Y para llegar
a estas conclusiones practica otra pasión, la de la lectura. Se convierte en un
narrador que no olvida su condición de lector, nos recuerda que no es posible
crear, en este caso literatura, sin haber construido un sustrato en condiciones:
«Cada capa que se considera la última revela siempre otra debajo; del mismo
modo, cada historia abra una trampilla hacia otras historias más escondidas».
Así es como se estructura una investigación, que en algún momento cabe dar por
completa, o al menos lo bastante completa como para dar por bueno el relato con
todo lo que desea comunicar. Cruz del sur es un libro híbrido, mestizo e
intelectual, de difícil encasillamiento en ningún género. Pero eso poco
importa, cuando lo que tenemos delante es una obra que atiende a las pasiones y
a la inteligencia, sin decepcionar a ninguna de las dos.
Fuente: Zenda

No hay comentarios:
Publicar un comentario