Servicio
interior
Katixa
Agirre
Tusquets
Barcelona,
2026
266
páginas
Este
Servicio interior es una interpelación directa al lector. Katixa Agirre
(Vitoria-Gasteiz, 1981) idea una voz que está llamando la atención
constantemente, como la llamaría una voz en off en una película, una voz
diseñada para que no se pierda la concentración en la historia. La idea de
Agirre es la de crear una etapa de una escaleta de guion cinematográfico, en la
que la idea del guion queda apartada para dar pie a una narración que bien
podría convertirse en una novela. Se alude constantemente a recursos narrativos
del cine, de tal manera que la impresión que se extrae de la lectura es la de
que la autora, que está emocionalmente implicada en la narración, nos detalla
que un relato cuenta con una intención, sí, pero también con una serie de
decisiones narrativas que se irán desplegando a medida que uno va avanzando
sobre el terreno.
El
asunto que provoca en Agirre tanto interés es el de unas vidas en las que está
presente la derrota, porque sobre derrota es sobre lo que cabe escribir cuando
afrontamos episodios de la guerra. Nos encontramos en tiempos de la Guerra
Civil y de la Segunda Guerra Mundial, y nos encontramos con cuatro mujeres cuyo
fin parece que va a ser trágico. Hay una trama, que parece pasar a un papel
secundario, en la que estas mujeres actúan junto a otros personajes, una trama en
la que cierta información comprometedora se debe ir ocultando, en la que
quienes están fuera de la cárcel se comprometen a ayudar a causas a las que el
primer franquismo persigue. Y decimos que la trama se antoja secundaria porque
lo que se impone es la distancia documental con que está narrada la época. Este
punto de vista ayudará a dar verismo a una historia en la que la realidad alimenta
a la ficción y, posiblemente, la ficción esté alimentando a la realidad: allí
donde solo hubo derrota ahora se consigue colocar una bandera de dignidad.
Agirre
nos hablará sobre la traición sin entrar de lleno en temas de espionaje, hablará
sobre la cárcel y lo patibulario, sobre las condenas a muerte, sobre las checas
y la tortura, y hasta sobre la historia del país vasco, sobre un gobierno en el
exilio y sobre la maldad de un tipo capaz de cualquier cosa con tal de dar
salida a un odio engendrado en quién sabe dónde. En realidad, nos habla de algo
tan duro como es la supervivencia y nos lleva a preguntarnos cuál es la materia
de la que está hecha la supervivencia humana. La dignidad, que es lo que nos
gustaría que fuera el sustrato del tema, es mayormente deseo, porque no cabe en
otro lugar. Queda, con toda probabilidad, el asunto de la resignación o, en
este caso, de la no resignación. Como Ethan Edwards, el personaje principal de Centauros
del desierto, uno puede dar al mundo por perdido, saber que no hay marcha
atrás en su causa, pero negarse a hincar las rodillas. Pero, a diferencia de lo
que sucede frente al personaje que creó John Ford, aquí nos identificaremos
sentimentalmente con los perdedores, incluso llegaremos a preocuparnos por su
futuro, que forma parte del pasado, de nuestro pasado, lo cual provoca el
efecto de que el relato se convierta en un triunfo.
Agirre
ha compuesto una interesante novela que nos habla de ese momento crítico, ese
momento que cambió el país y el mundo, del que todavía quedan muchas cosas por
conocer, sobre todo las que se construyeron sobre los hombros de la gente
involucrada en sacar adelante proyectos que suponían bienestar y vidas humanas.
Acudiremos de nuevo a lo clandestino y a la persecución para adentrarnos, con
un ánimo entre documental y narrativo, en lo mejor y lo peor de la condición
humana.
Fuente: Zenda

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